Eco Diario de la Palabra
 

#tienegracia Tiempo de Adviento


ADVIENTO #tienegracia

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¿Cuánto hace que has usado la expresión “tiene gracia”? A veces para referirnos a alguien gracioso, que nos hace sonreír…. Otras veces para expresar asombro… Otras fastidio, estupor ¡y hasta enfado! Definitivamente, vivimos situaciones con gracia y otras que no hacen ninguna gracia.

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Este año, desde acompasando, os proponemos un Adviento para agradecer lo que nos parece gracioso y nos hace gracia (¡nos hace sonreír!) pero sobre todo, lo que es pura gracia (aunque no siempre sonriamos). La gracia da mucho juego. Y la gracia de Dios, ¡mucho más! En definitiva, Dios #tienegracia y está empeñado en que todo lo nuestro, todo lo humano, cada persona y lugar también lo tenga.

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¿Qué es la gracia?

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Antiguamente, en castellano, cuando se quería conocer el nombre de alguien, solía preguntarse de manera cortés: ¿Cuál es su gracia? De hecho, sigue siendo este uno de los significados de la palabra «gracia» en el diccionario de la RAE: ‘nombre de pila’. Y sabemos que el nombre de una persona expresa su identidad, lo que esa persona es y nadie más.

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Podríamos decir entonces que la gracia de Dios es su nombre, su esencia, es Él mismo. Contar con la gracia de Dios es mucho más que contar con pequeños o grandes “regalos” o favores de Dios concedidos tras determinadas prácticas u oraciones. No…. La gracia de Dios es Dios mismo dándose, comunicándose…

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Y, ¿cuándo nos damos de una manera más personal y más íntima? Cuando amamos, cuando queremos profunda y desinteresadamente a alguien. “Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos” leemos en Tito 2, 11-14. Es una de las lecturas que hacemos la víspera de Navidad. La gracia de Dios, su bondad y ternura, lo mejor y más propio de Él, aparecen en la carne de un Niño recién nacido que viene a nosotros y nos salva. Por eso su nombre es Jesús, que significa «Dios salva».

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La gracia del Adviento y La llena de gracia

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Y el adviento no es más que un tiempo para prepararnos a ese nacimiento, a esa gracia hecha carne, Dios hecho ser humano. Por eso el adviento #tienegracia. Porque todo lo humano, todo lo nuestro #tienegracia. Está “preñado” de Dios, de Cristo. Es sagrado. Y Adviento es un tiempo propicio para descubrirlo, hacernos consciente de tanto amor y ternura, y agradecerlo.

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ADVIENTO-INMAC-rev

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La gracia de Dios es Dios mismo dándose, “como un joven se casa con su novia … con la alegría que encuentra el marido con su esposa” (cf Is 62, 5). Así es Dios. Quizá por eso esta “historia” de gracia comienza con un encuentro libre y abierto. Comienza con el diálogo vital entre Dios y una mujer: María Inmaculada.

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Si algo tiene la gracia es que siempre nos sorprende (cuando nos dejamos sorprender). Nos reímos con un chiste, por ejemplo, cuando algo nos hace gracia porque nos descubre un sentido nuevo, que no esperamos. Nos descoloca y por eso nos hace gracia, ya sea para bien o para mal.

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María Inmaculada es “la que se deja descolocar” por excelencia. Es la llena de Dios, la que se deja sorprender hasta el punto de llenarse de gracia: ¡es “la-llena-de-gracia”! Y cuando la gracia te llena porque la has descubierto y la has acogido en ti, ocurre el primer milagro: dejas de estar lleno de ti mismo. Te des-centras de ti. Te dejas des-colocar para situarte en otra clave. La clave de Dios.

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Que el Adviento nos sorprenda #tienegracia

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El adviento nos descoloca (si te dejas) porque es tiempo de gracia. Cuando Dios actúa, siempre es exagerado, desproporcionado, sorprendente… ¿Acaso no #tienegracia que lo escabroso se allane y lo torcido se enderece o que aparezcan fuentes en la estepa y caminos en el desierto?

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Dice San Juan de la Cruz en el Cántico:

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Mil gracias derramando


pasó por estos sotos con presura;


y, yéndolos mirando, 


con sola su figura


vestidos los dejó de su hermosura.

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Ahí está la gracia. Se trata de vivir este Adviento descubriendo su paso, que hermosea lo que toca. Lo cotidiano, lo pequeño, lo habitual, lo decisivo. Esa gracia –su hermosura- que parece que se nos oculta tantas veces y miramos a nuestro alrededor, al mundo y a nosotros mismos ansiando belleza, gracia, bondad, ternura… ¡Ven, Salvador!, ¡lo necesitamos tanto!

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Puede ser una “graciosa” manera de vivir el Adviento: pasar también nosotros por la vida de otro modo, vistiendo de hermosura lo que tocamos, a quien tocamos. ¿Qué dejamos de nosotros mismos cuando nos damos? ¿qué doy de mí cuando “toco” a quien quiero o cuando participo en cualquier situación? ¿Gracia o des-gracia?

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Seguramente a María le hiciera poca gracia la misión que se le confía y sobre todo el “cómo” llevarla a cabo. Es bonito recibir la misión de ser la Madre de Dios, verdad? Pero eso de llevarlo a cabo siendo madre soltera, en pleno censo como extranjeros, recibiendo a tu hijo en un pesebre deshabitado… ¡¡¡eso no tiene gracia!!!

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La gracia del Adviento pone el foco en los cómos. Que Dios quiere salvarnos no tiene gracia. Es lo normal de Dios, ¿no? La gracia está en cómo lo hace.

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#tienegracia que se revele a la gente sencilla y se oculte a los sabios y entendidos…

#tienegracia que las prostitutas nos precedan y tengan los primeros puestos junto a El…

#tienegracia  que su yugo sea llevadero y su carga ligera…

#tienegracia  que ensalce a los pequeños y derribe a los poderosos…

#tienegracia  que coma con pecadores y baile en las bodas…

#tienegracia  que llame a los pecadores y no a los justos…

#tienegracia  que perdone más a quien más ama…

#tienegracia  que pague lo mismo a los jornaleros de primera y de última hora…

#tienegracia  que haga salir el sol sobre buenos y malos…

#tienegracia  que quien quiera ser el primero sea el último y el servidor de todos…

#tienegracia  que no quiera sacrificios, sino misericordia…

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La clave de Adviento es, al final, la clave del Evangelio: la gracia de Dios llenando la vida a nuestro lado y nuestra libertad para descubrirlo o pasar de largo.

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Renovar la esperanza en la humanidad y en el mismo Dios que actúa #tienegracia. No siempre es fácil. Tenemos un tiempo precioso por delante. Igual si nos dejamos sorprender, también nosotros seamos un poco más “llenos de gracia”, como María. Quizá es momento de gracia para convertirnos en allanadores de caminos y anunciadores de buenas noticias… ¡lo necesitamos tanto!

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Equipo Acompasando