Eco Diario de la Palabra
 

EL AMIGO DEL DESIERTO, Pablo d’Ors

Pablo d’Ors, sacerdote y novelista, es un escritor con el que podemos disfrutar y meditar a la vez. El amigo del desierto es una obra tan sencilla como hermosa y, aunque no tiene la envergadura de sus hermanas – El olvido de sí y Biografía del silencio -, nos encontramos ante una novela que nos ayudará a reflexionar sobre la vida y la vocación. Las tres forman parte de una trilogía relacionada con la vida de Charles de Foucauld y su espiritualidad, donde la filosofía de aprender a ser felices desde el goce de lo sencillo y el desprendimiento lo impregna todo.

El amigo del desierto es la historia de un hombre que siente cierta curiosidad por el desierto. Un hombre maduro, con una vida cómoda y anodina, decide contactar con una asociación llamada Los amigos del desierto. Con ellos establecerá una relación singular, algo extraña, diría. No son una asociación al uso. Para ser miembro deberá ser aceptado y superar la desconfianza que les produce el común de los solicitantes que, al parecer, no aman el desierto, sino simplemente sienten curiosidad por él.

En el caso de nuestro protagonista probablemente era uno de ellos, pero a fuerza de ser rechazado, su interés fue en aumento. Al parecer, en un principio fue por curiosidad, luego por obstinación, hasta enamorarse de él. Al final del libro, el lector comprende que el único protagonista de esta sencilla historia estaba en búsqueda, aún sin saber lo que estaba buscando. Es como si el desierto lo hubiese encontrado a él, y no al revés.

Pablo d’Ors construye con esta novela la alegoría de una vocación. Nos está hablando de la búsqueda de diferentes desiertos argelinos y de la belleza desolada de Benni Abbès. Sin embargo, al mismo tiempo, no nos está hablando de esto. En el fondo, d’Ors trata el tema de la búsqueda, la de cada uno de nosotros. No todos nos atrevemos a hacerla, pero cuando iniciamos el camino vocacional algo se va resquebrajando en nuestro interior, como si nuestra vida pariera otra existencia dolorosamente, pero llena de lucidez y esperanza.  

Cada uno tiene una vocación. Cada uno de nosotros está llamado a algo y el saber descubrirlo es cuestión de insistencia e interés. A veces, nuestra búsqueda puede parecer errática, pero Dios se vale de señuelos que nos son útiles para atraernos al principio, como si fuéramos niños.

Y al final, cuando uno encuentra su desierto, ya no es visto como antes. Ya no es lejano, ni doloroso, ni extraordinario… Es, simplemente, su lugar.

 

La vida con­sa­gra­da pre­sen­cia del amor de Dios

Jornada VC 2019

Los obis­pos es­pa­ño­les recuerdan  este año que “la vida con­sa­gra­da es pre­sen­cia del amor de Dios. Dice Papa Be­ne­dic­to XVI en el primer número de la Deus Caritas Est “Hemos creído en el amor de Dios […] No se co­mien­za a ser cris­tiano por una de­ci­sión éti­ca o una gran idea, sino por el en­cuen­tro con un acon­te­ci­mien­to, con una Per­so­na, que da un nue­vo ho­ri­zon­te a la vida…

 Me piden que, como laico, escriba sobre la vida consagrada. Para mí no existe la vida consagrada. No sé teorizar sobre ella. Para mí existen personas consagradas. Personas con las que he tenido muchos encuentros a lo largo de mi vida.

Hay quienes tuvieron ese encuentro con consagrados y les trajo oscuridad. A algunos esa oscuridad les acompañará y empañará el resto de su vida, no sólo de fe. Rezo por el ensombrecido y el que trajo la sombra…

No es mi caso. Consagrados y consagradas, amigos y hermanas, hermanos y amigas, han configurado en gran medida mi modo de creer en el amor de Dios. Decir eso es muy heavy, tanto o más que en el caso anterior, pero es completamente así. 

Recito el padrenuestro, poco a poco, y no leo teologías ni exégesis, veo encuentros, veo rostros:

Padre nuestro que estás en el cielo… y veo a quien me mostró que Dios no es mi padre, sino nuestro padre. Y que no es Padre, sino Papá… y Mamá.

Santificado sea tu nombre… y veo a quien, en su debilidad, se hace caridad, partiendo-se y repartiendo-se abandonandose en el nombre perfecto de Dios: el Amor.

Venga a nosotros tu Reino… y veo hombres y mujeres con fino olfato para casi pre-sentir las necesidades de quien tiene tiene frío, o hambre, o sed, o se siente solo, o desgraciada, o desplazado, o maltratada… y acudir al encuentro, dando vida, tiempo, silencio y palabra.

Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo… y veo consagradas castigadas, fatigadas, consagrados enjuiciados, envejecidos, pero que saben en Quién han confiado.

Danos hoy nuestro pan de cada día… y veo consagrados que, viviendo la Providencia, me enseñaron a CONFIAR.

Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…   y veo personas con hábito (de tela o de espíritu) a las que no se les caen los anillos por pedir perdón.

No nos dejes caer en la tentación… y veo hermanos y hermanas que, en situaciones muy concretas, han sido para mí rostro vivo de Dios Misericordia.

Y líbranos del mal… y veo amigos y amigas que se dejaron moldear, acrisolar, a veces por el fuego, a veces por silencio, a veces por las caídas, para vaciarse, para convertirse en puro recipiente.

Rostros de carne y hueso. Rostros débiles, algunas veces incongruentes y malhumorados. Otras, algo apáticos o un poco mandones. De barro al fin. Como nosotros… Pero ellos y ellas se fiaron. Dijeron sí. Fiat. Para toda la vida. Se nota. Y me gusta.

Cambia el mundo

El lema del Octubre Misionero de este año es “Cambia el mundo”. Como dice el director de OMP España: La apuesta es audaz y atrevida. Produce una cierta sonrisa de incredulidad”. El mundo está demasiado podrido, demasiada injusticia…
Últimamente se han puesto de moda las pelis y las series de superhéroes. Siempre destacan por algún superpoder. En mi casa hay una persona con superpoderes: es mi mujer. Y no hablo del superpoder de ver una pelusa de polvo donde ningún otro miembro de la familia puede llegar a verlo (que lo tiene). No: se trata de otro superpoder bien distinto.
Hasta en las mejores familias hay momentos de oscuridad. Momentos en los que se va la luz. Son momentos de dolor y confusión. Los hay de pequeñas tinieblas y de grandes oscuridades. Pues en mi familia tenemos un talismán. La “mama” (no la mamá), la “mama”, como la llaman de broma mis hijas.
El superpoder de mi mujer consiste en iluminar hasta la situación más enrevesada, complicada o dolorosa. Cuando ya todos en la familia -yo incluso- hemos tirado la toalla, llega ella dando luz, y paz…
Cambia el mundo. Puede parecer atrevido y audaz. Puede que produzca incluso una sonrisa de incredulidad. Pero yo sé que es posible. Ahí fuera hay mucha gente con “superpoderes” como los de “la mama”. Superpoderes domésticos, íntimos, que nadie conoce, puede ser. Pero con ellas el mundo cambia. Vaya que si cambia…

¡SALTA! aniversario Fundación Claretianas

Celebrar un aniversario: ¡salta! 

 

¡Toca saltar! Hay distancias que sólo pueden recorrerse saltando, lanzándote, arriesgando. 

El 27 de Agosto celebramos las Misioneras Claretianas nuestra Fundación en Santiago de Cuba, de la mano del P. Claret y de la M. París.  

Recuperamos esta sencilla imagen que publicamos en acompasando hace 4 años.  

¡Felicidades a toda la Congregación y a cuantos sois parte de nuestra familia y misión! ¡Toca saltar! 

PRESENCIA

Cada persona se mueve y sustenta gracias a distintos apoyos. Sin embargo, estos apoyos pueden caerse por distintas experiencias y circunstancias de la vida, como podría ser una pérdida unida a una determinada manera de gestionarla. 

También pueden caerse por un encuentro con el verdadero fundamento de nuestro ser, dejando en entredicho cualquier otro apoyo: 

 

Ante Tu Presencia 

nada me interesa 

todo cae 

ni danza, 

ni estudios, 

ni religiones, 

ni buenos propósitos 

esfuerzos o penitencias… 

todo es vacío 

nada calma 

todo es despropósito 

Solo Tú colmas 

Solo Tú eres 

Solo Tú 

Presencia 

Presencia que llenas 

el ambiente, la vida 

la carencia 

Presencia que colmas 

Presencia que me hace presencia. 

Ser que me hace ser. 

Lo demás, nada. 

Victoria Hernández, Diario espiritual 

22 noviembre 2011 

 

¿Dónde me apoyo? 

Puedo disfrutar de todo, sabiendo que todo es nada al lado de la Presencia, de Dios. Sabiendo que todo es fugaz, efímero. Hoy lo disfruto y mañana puede que no. Lo acojo y lo entrego. Si mañana se me vuelve a regalar vuelvo a acogerlo y vuelvo a entregarlo en un círculo sin fin que me permite vivir en libertad y en la paz de quien no pretende acaparar y hacer suyo lo que es un regalo de la vida, de Dios.  

¿Vivo desde el agradecimiento por lo recibido? ¿Puedo entregarlo?  

Me acojo, pueda o no pueda entregar lo recibido. O quizá puedo entregar algunos aspectos de mi vida y otros no. Me escucho, tomo consciencia de mi realidad, la acojo y la presento ante el Señor de la Vida. 

Ésta es la invitación: vivir desde el agradecimiento por lo recibido, y a la vez, vivir entregándolo. 

BUSCANDO EL NORTE

Caminar por la vida como un robot sin saber quién soy, por qué hago esto o aquello, hacia dónde dirijo mi vida, con quién hago el camino, de quién me dejo acompañar.

Llenamos la mochila de mil cosas. ¿Por qué?  ¿Para qué?

Vivimos consumiendo hasta la indigestión: tecnología streaming (audio y vídeo por internet a la carta), productos ecológicos, cocina de autor, productos on line.

Vendemos imagen en las redes sociales como si fuéramos maniquís de un escaparate. No importa la verdad, nuestra verdad, sino que lo que damos a entender.

Mantenemos relaciones interpersonales enfocadas en un@ mism@, controlando, demandando, anteponiendo el propio beneficio.

Nos gusta anclarnos en la preocupación, por todo y por nada.

Y al final, nos damos cuenta de que todo lo que hacemos, lo que llena nuestra agenda, nos provoca insatisfacción personal así que nos anestesiamos con la química del alcohol para evadirnos unos minutos.  Para escapar del vacío que palpamos en nuestro interior.

No vivimos, sobrevivimos. Hemos dejado de actuar para limitarnos a reaccionar.

Caminamos por la vida sin mirar hacia el interior. Sin buscar el sentido a la vida. Sin llenar la vida de sentido.

Nos dejamos llevar por la multitud, por la superficialidad y acabamos llenándonos de insatisfacción, desánimo y apatía.

Y ahora ¿qué?

Precisamos de tiempo para nosotr@s. Para pensar, para sentir, para elegir. Para descubrir el sentido de la vida. Para responder a las preguntas ¿qué llena mi vida de sentido? ¿qué sentido tiene mi vida?

Francesc Torralba desvela el misterio en su libro El sentido de la vida. Para este filósofo y teólogo el sentido de la vida “no es en ningún caso un bien de consumo, ni un objeto que se pueda comprar, vender, alquilar o adquirir. No es una cosa material. Es el horizonte que proyectamos, el norte de nuestras vidas: el fin.”

Buscar el norte. Mirar hacia dentro. Responder a la pregunta del sentido de la vida y ser valiente. Orientar la brújula hacia el norte, hacia la meta, hacia el horizonte, pero disfrutando “de la brisa que sopla aquí y ahora”. Este es mi propósito pero ¿y tú, ya sabes cuál es el sentido de tu vida? ¿sabes dónde está tu norte?

LUCES Y SOMBRAS DE LA COMPLEJIDAD HUMANA

Como una flor, así somos las personas. Desbordantes de belleza y hermosura. A la vez, delicadas, tiernas, frágiles y vulnerables. Desconocer un aspecto u otro denota ignorancia. Quedamos desalentadas si ignoramos el primero y resultamos peligrosas y prepotentes si ignoramos el segundo.

Quizá sea un buen momento para conocernos un poco más y resultar más completas y unificadas, en este camino de autoconocimiento que dura toda la vida.

Santa Teresa de Jesús invitaba a la oración acompañada de “conocimiento propio”, como solía decir ella. Describe al ser humano como un palacio todo de cristal, donde habita el mismo Dios. San Pablo nos describe como un templo. Imágenes de Dios en nosotros. Y a la vez, nada en nosotros puede quedar fuera de Dios, pues “en Él vivimos, nos movemos y existimos”. Imágenes esperanzadoras. Para Dios no es estorbo nuestra fragilidad, en Él todo cabe. Como el sol que ilumina a buenos y malos. En cambio, parece que tendemos a rechazar nuestras debilidades, a ocultarlas e ignorarlas y así nos fragmentamos.

Curiosamente el palacio que describe santa Teresa es de cristal, es decir, bien frágil, pudiendo romperse. O podría ensuciarse, dejando por tanto de reflejar al Dios que sigue habitando en la persona. Como la flor que hoy resplandece y embellece su entorno, y al día siguiente puede yacer en el suelo, ya sea porque acabó su tiempo, porque se secó ante la falta de agua, o porque fue pisoteada. Su propia constitución no pudo con esos aconteceres. A una hora del día está alzada hacia la luz. Al rato siguiente, al desaparecer el sol, inclinada hacia la tierra. ¿Nos parecemos en algo a ella? Santa Teresa nos invita a permanecer con la mirada en el gran sol que es Jesucristo, para que en toda circunstancia de nuestra vida tengamos un modelo de referencia y nuestro corazón sepa cómo situarse. Como también el de María, en relación permanente con Dios, a la escucha de su voluntad.

Te invito a que concretes estos versos en tu propia vida, a que añadas tus propios versos, o a que construyas tu propia composición. ¿Te resulta fácil encontrar tu belleza y tu fragilidad? ¿Cuál es tu tendencia? Acógela y ponla delante del Dios de la Vida y la Misericordia. Pues poseemos:

 

La hermosura de la dignidad, de saberme hija/o de Dios, castillo, palacio, templo, jardín donde el Señor tiene sus deleites

La fragilidad de olvidarme de Dios y ponerme yo en el centro

La hermosura de la oración y la contemplación, dejando que la savia divina fluya por todo mi ser y produzca frutos.

La fragilidad de mirar a otro lado ante el dolor de mi hermano/a

La hermosura de empatizar, acompañar y asistir a la persona necesitada

La fragilidad de ser capaz de hacerme daño a mí misma y a otras personas

La hermosura de la mirada misericordiosa hacia mí misma y hacia los demás

La fragilidad del orgullo o la incapacidad para reconocer mis errores, que me paraliza y me impide cambiar y avanzar

La hermosura de acoger mi propia fragilidad y debilidad, apareciendo entonces un gran tesoro: la humildad. Pegada a la tierra, conectada con la realidad

La fragilidad de tropezar una y otra vez con la misma piedra

La hermosura de mi vocación, llamada concreta a servir una y otra vez a la Humanidad