Eco Diario de la Palabra
 

¿Por qué seguimos confiando en la Iglesia?

Todos nosotros tenemos una familia. Con sus defectos y sus virtudes,  reconocemos que es bueno amarla y construirla para que en ella podamos ser felices y aprendamos a crecer como personas.

No quisiera que sonara a “sermón” pero cuando me amenaza la desesperanza en la Iglesia recuerdo que el día de nuestro bautismo, el Espíritu Santo nos une a Jesucristo, haciéndonos hijos de Dios y hermanos entre nosotros. La Iglesia es una gran familia compuesta por personas, con virtudes y miserias, unidas en Dios. En ella buscamos la fuerza para ser más buenos, capaces de construir un mundo mejor.

Una sugerencia: reza el Salmo 42,11: ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré.

En Dios, como familia, ponemos nuestra esperanza. Él nos hará más santos y sabios en nuestros gestos y palabras para poder cumplir con nuestra misión de anunciar la Buena Noticia del Amor de Dios a todos las personas.  #Yonopierdolaesperanza

Acoger en nuestra vida al Señor que viene “de incógnito”

A estas alturas ya hace varios meses que los adornos de Navidad invaden los comercios y los villancicos se han convertido en la “banda sonora” de muchos lugares. En estas fechas los buenos deseos e intenciones pululan a sus anchas y parece que nos sentimos más cercanos entre nosotros. Y aunque en estos días escucharemos (e incluso “veremos” en alguna representación navideña) que José y María no encontraron lugar donde quedarse a pesar de su avanzado estado de gestación (Lc 2,7), quizá nos suene a acontecimiento pasado y lejano a nuestra vida cotidiana. ¡Nada más lejos de la realidad!

Del mismo modo que el Señor se hizo “uno de tantos” y pasó desapercibido entre sus coetáneos, también ahora sale a nuestro encuentro cada día buscando nuestra acogida de mil formas distintas. Y no me refiero solo a todas esas “Marías” y “Josés” a los que con frecuencia vemos en la pantalla de televisión huyendo de un presente sin futuro por el hambre, la guerra o la ausencia de libertad. Muy cerca de nosotros nos salen al encuentro personas que reclaman de nosotros, con frecuencia sin palabras, una acogida sin juicio, una mirada de ánimo o un tiempo regalado de escucha.

Nunca sabremos qué hubiese pasado si los dueños de las hospederías que rechazaron a la familia de Belén supieran Quién es el que, en realidad, les pedía posada. Pero lo que sí sabemos es que aquellos sabios que, según Mateo, vinieron de lejos siguiendo una estrella, cuando entraron donde ellos estaban se postraron ante Jesús adorándole y regresaron a su vida cotidiana por otro camino (Mt 2,11-12). Del mismo modo, acoger esa escondida presencia del Señor en las personas con las que tropezamos en nuestro día a día también nos puede “cambiar por dentro”, hacernos caminar por la vida en una senda distinta y volcar un corazón agradecido ante el “Dios con nosotros”. ¿Estaremos dispuestos a recibirle cada día en tantas personas?

ANDAR

Es un regalo releer a nuestros místicos y percatarse que incluso usan las mismas palabras para describir su experiencia más personal.  Aquella tan bella de San Juan de la Cruz, “el alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa”, resuena en la de Teresa de Jesús: “la humildad es andar en verdad”. Y viceversa.

Nos imaginamos lo espiritual como algo propio de gente quieta, estática… cuando en realidad, es lo que más dinamiza. Los místicos eran gente “inquieta y andariega, rebelde”…  Gente que se puso en  camino, en búsqueda. Lo subraya ese mismo verbo: “andar”. Moverse, desplazarse, ponerse en pie… Más pausado o más veloz, pero… “andar”. De acá para allá, en paz y alegría. ¡Andar, que no correr! Andar, como quien saborea las miradas, las flores y el aire. Andar, como quien sabe agradecer y sabe ofrecer. Andar, con aquella elegancia de Jesús, tan libre en su “movida” por Galilea y Judea…

La vida interior es andar en amor y andar en verdad. Es seguir ahondando en la propia experiencia.  Sobre todo, seguir dando de ella a los demás, dejando a un lado las teorías insulsas, las proclamas trasnochadas. Sólo así es creíble (y no cansino) nuestro hablar y acompañar. Sólo así es agradable (y no anodino) nuestro intento de vivir humildemente y en cristiano.

Andar se transforma así en transitar, recorrer, viajar. Y es como un notar cada pisada, cada paso, cada esfuerzo. Y es como ser más sensible a los contornos del camino, al rostro de los otros caminantes… Aprendiendo a ser el compañero/a que arrima el hombro en ese trecho durillo de la subida. Dejando que el hermano/a que te saluda gozoso desde la cumbre te regale allí su abrazo y su acogida.  

Andar de tal forma por la existencia, que se transforme en un descansar en los brazos del Padre. Ahí está la mística.

¿DÓNDE PONEMOS NUESTRA ESPERANZA? #nopierdolaesperanza

Por mi profesión de trabajadora social tengo la suerte de estar en contacto a diario con personas que sufren, que están en situación de dificultad, pobreza, exclusión… Son los rostros concretos de las grandes cifras que vemos en los telediarios: desempleo, migraciones, desahucios,… Y también las de otros sufrimientos más comunes y cotidianos: enfermedad, vejez, problemas familiares…

¿Cómo mantener la esperanza en medio de estas situaciones? A veces ocurren dentro de esta realidad pequeños milagros: los ciegos ven, los cojos andan, una familia que tenía fecha de desahucio consigue un aplazamiento o un alquiler social… a veces pasa. Nunca son milagros mágicos y fáciles. Suelen tener detrás mucho esfuerzo en medio de la incertidumbre. Es una esperanza activa, luchadora. Es el combate de aquellos para quienes la esperanza no es una opción, sino lo único que tienen y lo que les lleva a luchar. Es una esperanza activa, luchadora. Esa lucha por la dignidad es en sí misma motivo de esperanza. Y también lo es el trabajo de tantos que tratamos de acompañar esas esperanzas, tantas personas que conozco que con su vida tratan de construir eso que algunos llamamos Reino (para que otros tengan vida en abundancia) y otros llaman fraternidad, igualdad, justicia… ¿Será esto preparar el camino al Señor?

A veces los milagros no son tan tangibles. Buena parte de nuestro trabajo consiste en rastrear (¡velad! ¡estad atentos!) esos destellos de esperanza y de posibilidades de cambio donde parece que no las hay. Hay que rastrear tanto en las circunstancias como en las propias potencialidades de las personas que viven estas situaciones (no son solo gente con carencias, como solemos pensar). Porque nuestra esperanza no está solo en los resultados, sino en cómo vivimos estas situaciones. Una vez escuché a alguien que trabajaba en cuidados paliativos es decir que “no acompañamos estas situaciones porque la cosa vaya a salir bien, sino porque tiene sentido estar ahí”.

Acompañar estas situaciones te enseña que siempre tiene sentido estar ahí, acoger, acompañar, poner luz y amor…aunque no tengamos los resultados que buscamos. Nos toca entonces poner la esperanza más allá de nosotros mismos. Porque creemos en un Dios que tiene la último Palabra. Y sabemos de parte de quien está. #Yonopierdolaesperanza

#nopierdolaesperanza

¿No os da la impresión de que convertimos el sentido de la esperanza en deseos sin más?. Cuando está a punto de derrumbarse algo que sueñas o deseas profundamente, nos sale de dentro o de alguien cercano ese… “no pierdas la esperanza” “la esperanza es lo último que se pierde”. Y ahora pensaba, mientras escribía estas líneas… que traduzco muchas veces esperanza solamente como “espera”, como si nuestro día a día fuera una lucha constante entre las expectativas que tenemos y las realidades que se nos presentan. ¡Y creo que reduzco su sentido!

Por ejemplo, en mi vida, con mis hijos, mi mujer,… ¿qué esperanza tengo depositada en ellos, con mis alumnos, con mis proyectos…? ¿son sólo expectativas, o sea, lo que espero de ellos?

Me ayuda, para pensar qué tipo de esperanza quiero vivir y cómo de esperanzado quiero ser, buscar su significado real, o al menos el que más amplía su valor. Seguramente esperanza tiene que ver con esperar, con desear… pero de todas las interpretaciones posibles… elijo la que tiene que ver con vivir con confianza. Una vida esperanzada, la que yo deseo para mí, es la que confía. Por eso, no perder la esperanza, para mi significa no dejar de confiar… seguir mirando y no perder, la mirada de fe. Con los mismos ejemplos: a mis hijos, mi mujer, a mis alumnos, a cada uno de mis proyectos. Y con esa confianza en las manos… ¿cómo no desear? ¿cómo no seguir esperando? Con fe, con la alegría que se pueda. Con confianza. Con esperanza. #Yonopierdolaesperanza

“La nostalgia es buena pero la esperanza es mejor”

Cuenta el mito de Pandora que cuando esta bendita mujer abrió su caja todos los males se esparcieron por la tierra y sólo quedó dentro la esperanza. Sí, esa hermana pequeña de la fe y el amor que a veces tan poca atención prestamos y que, sin embargo, su sola presencia o ausencia puede cambiarnos la vida.

¿Tú estás como Pandora y sientes que alguien ha abierto la caja de los truenos en tu vida o en tu mundo?, ¿te quedan fuerzas para mirar al fondo de la caja y recuperar a la pequeña esperanza?, ¿la buscas?

Nosotros te proponemos aprovechar este tiempo para crecer en esperanza, para acogerla, para cuidarla ¡Es tan fácil desesperarse, desvincularse de la vida, de los sueños, de las ganas de amar y de fiarnos! ¡Pero necesitamos tanto este ejercicio de esperar contra toda esperanza…!

Ayudémonos unos a otros. Necesitamos elegir la esperanza. Que nada ni nadie nos la robe. Que ningún mal nos la arrebate.

#ponunsantoentuvida: AnaMogas

  • ¿Qué santo has elegido?

MARÍA ANA MOGAS FONTCUBERTA, un carisma al servicio de la educación desde la humildad y la sencillez.   

  • ¿Por qué eliges poner este santo en tu vida?

Su vocación y misión educadora siempre estaba dirigida a dar respuesta a las necesidades reales de la sociedad: enseñaba a los pobres y  dirigía su mirada a las ovejas perdidas, les tendía su mano para ayudarles a encontrar el camino.   

  • ¿Qué tuvo su vida de especial?

Seguía a Jesús y tenía como referente a María, la madre del Divino Pastor. Nunca se detuvo, y como buena pastora, caminaba acompañada por su cayado, que sostenía en una mano, el cual era firme y le permitía no doblegarse ante las adversidades. En la otra siempre llevaba el espíritu de San Francisco de Asís, con el que llevó la paz a los más sencillos y supo amar a todas las criaturas de la creación.

  • ¿Qué invitación nos haría hoy?

Vivió su vida desde la caridad y la entrega. María Ana era sensible, tenía mucha paciencia y educaba con cariño y delicadeza. Es un ejemplo para mí: una mujer que ama y educa con sencillez, y que transmite alegría y respeto por la humanidad. Especialmente dedicado a todos l@s profes, a esos que acompañan y se comprometen, a todos los que ponen un rayito de esperanza en la sociedad.

 

EL RETO DE SER COMO NIÑOS

Seguro que hemos oído muchas veces la invitación y el reto que nos lanza el Evangelio de ser “como niños”. Vivimos en un momento histórico y en una cultura en la que se tiene muy en cuenta a los más pequeños. Ellos son los primeros a los que atendemos en situaciones de urgencia o de necesidad, y su bienestar se busca por encima de todo. Este es el motivo por el que no nos sorprende tanto que Jesús diga a sus discípulos que dejen que se le acerquen los niños (Mt 19,14-15). Pero no nos imaginamos siquiera el asombro que tuvieron que experimentar los que escuchaban al Maestro que debían cambiar para asemejarse a un niño y que recibir a estos era como recibirle a Él (Mt 18,2-6).

Y es que en la época de Jesús, y aún hoy en muchos lugares, quienes no habían llegado a la edad adulta no contaban para la sociedad. Los niños eran considerados los últimos, unos “adultos sin cuajar” a los que no se debía escuchar hasta que no tuvieran los años suficientes como para adquirir voz propia. Por eso, los seguidores de Jesús sólo hacían “lo normal” cuando reñían a los que acercaban niños para que el Galileo los bendijera (Mc 10,13).  

La llamada a hacernos como niños implica renovar la inocencia, el asombro y la capacidad de admirarnos ante la realidad. Cuando nos hacemos mayores parece que todo “es normal” y ya no nos dejamos sorprender con cosas habituales como la belleza de un amanecer. Además se nos “retuerce” el colmillo y damos demasiada credibilidad al refrán “piensa mal y acertarás”.  

Pero, además, desde ese contexto cultural e histórico en el que predicaba el Señor, “ser como niños” adquiere unas nuevas connotaciones, pues supone también asumir nuestra incapacidad, aprender a recibir, reconocer que dependemos de otros y aceptar ser considerados “menos” que los demás. Lo más importante de nuestra vida siempre es don que se nos regala de forma inmerecida y no podemos arrebatarlo. Ser “niños” nos enseña a no pretender ser “súper-hombres” ni “súper-mujeres” y reconocer sin complejos nuestros límites, a acoger esos regalos inmerecidos, a vivir una libre dependencia con el Dios que nos cuida y a no sentir que “valemos menos” simplemente porque otros no nos tengan en cuenta. ¿No es un reto maravilloso?

#ponunsantoentuvida: EN EL CENTRO LA MISERICORDIA

  • ¿Qué santo has elegido?

 Santa Faustyna Kowalska, polaca, religiosa, canonizada por Juan Pablo II el día 30 de abril de 2000.

  • ¿Por qué eliges poner este santo en tu vida?

Faustyna (Helena de nacimiento) procede de una familia económicamente pobre pero rica en la fe. En su vida lo más importante fue la oración y entrega a los demás.  

  • ¿Qué tuvo su vida de especial?

A pesar de las dificultades que provocaba su condición física muy débil y de los muchos obstáculos que ponía la jerarquía eclesiástica, ella fue infatigable en la difusión de Jesús Misericordioso, una dimensión de Jesús que no era frecuente en esa época. Sus prácticas religiosas favoritas fueron la adoración del Santísimo y el vía crucis, con especial devoción a la Madre de Dios. De sus escritos sabemos que tenía un contacto peculiar con el Señor.

  • ¿Qué invitación nos haría hoy?

Con su vida muy corta pero eficaz Faustyna nos enseña que Jesús no permitirá que se pierdan los que confían en él. Durante una visión Jesús le encomendó la difusión del culto a la Divina Misericordia. Quizá no invite a eso: a repartir misericordia en todo lo que somos y hacemos cada día

NO, NO ES MAGIA

Miras la carretera, te distraes con el móvil dos segundos y ¡abracadabra! Atropellas a un peatón. Y es que Si miras el móvil de vez en cuando, solo ves la carretera de vez en cuando. Parece magia, pero no, no es magia y se podría haber evitado.

Esta es la reflexión a la que nos invita “Magia”, uno de los spots que ha elaborado la DGT para ayudarnos a tomar conciencia del peligro que suponen las distracciones mientras conducimos.

Cada tercer domingo de noviembre se celebra el “Día mundial en recuerdo de las víctimas de accidente de tráfico”. Su objetivo es reconocer a las víctimas de accidentes y el dolor que sufren ellas y sus familias, sensibilizar a la sociedad para que comprenda que los accidentes son evitables, e instar a los gobiernos a que apliquen políticas que aumenten la seguridad y eviten los accidentes.

Las distracciones al volante son ya la primera causa de los accidentes mortales. Mirar el móvil solo cuatro segundos mientras conducimos a 100km/h supone recorrer a ciegas un campo de fútbol.

El Papa Francisco, al referirse a la seguridad vial, ha señalado: “debemos enfrentar la falta de responsabilidad de muchos conductores, que a menudo parecen no notar las graves consecuencias de su descuido (por ejemplo, con el uso indebido de teléfonos móviles)”  es preciso una acción educativa que nos dé “mayor conciencia de las responsabilidades que tenemos con respecto a quienes viajan con nosotros.”

Recuerda a los que han fallecido por causa de un accidente y a sus familiares. Da gracias a Dios cada día por la vida y renueva tu compromiso por cuidarla no usando el móvil al volante.