Eco Diario de la Palabra
 

Sin perder la esperanza #nopierdolaesperanza

En 2013 me diagnosticaron un cáncer. Hablar de ello me provoca un enorme pudor. De los muchos tipos que hay, el mío era de buen pronóstico. Tocaba operar y comenzar la quimioterapia cuando antes, pero el horizonte que dibujó el médico fue desde el principio muy esperanzador.

Como digo, con mis circunstancias no cabía que todo esto fuera el centro de mi vida. Así que desde el inicio tuve que vivirlo en un cierto segundo plano, aunque era imposible. Esto me ayudó, y desde el principio lo supe y lo agradecí. Tenía que hacer una buena vida normal y aportar en casa lo mejor de mí. La esperanza que viví no fue, para nada, pasiva y condescendiente con lo que sucedía, sino exigente y en ocasiones dura.

No fue un acto valiente. Encontré personas que me acogieron desde el principio y me cuidaron. Especialmente en mi nuevo trabajo, que había firmado un día antes del diagnóstico. Y un día después me acogió el director dispuesto a darme todas las facilidades.

Además, el grupo humano de enfermeras del hospital de día, que siempre estaban ahí y nos conocían por nombre. Junto a las voluntarias de AECC, a quienes no siempre pude atender como debía cuando venían a interesarse en las horas de quimioterapia. Procuraba entrar en el Hospital con alegría, con entusiasmo y fuerza, a pesar de ir notando semana tras semana su peso. Lo primero, mientras se busca la vena que no siempre se puede encontrar a la primera, rezar mirando a mis compañeros de sala. No agachar la cabeza, sino mirar y dejarme mirar por Dios en mi situación. Agradeciendo siempre las posibilidades que tenía y otros no disfrutarían jamás. Por las tardes, la vida más normal posible. Y así, una y otra vez.

La esperanza que yo viví se la debo a otros, no a mí mismo.  

Abiertos a lo desconocido

Con el comienzo de un nuevo año, llegan también los buenos propósitos, los nuevos proyectos y los deseos de llevar adelante algunas de esas ideas que se han ido madurando a lo largo de los meses del año que termina. Con todo, y como parece que decía John Lennon, “la vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”. Entre los resquicios de nuestras intenciones y esquemas, se nos escapa una vida que no es tan fácil de controlar ni ordenar en “cajoncitos” y que, con frecuencia, trae lo más enriquecedor precisamente en lo incontrolable. Por más que desearíamos prever lo que nos va a suceder en los meses que tenemos por delante, la mayoría de esos acontecimientos se escapan de nuestro dominio.
Eso no significa que estemos abocados al riesgo de la incertidumbre, pues lo que nosotros no podemos prever por más que nos empeñemos está bajo la atenta y cariñosa mirada del Padre que cuida de los pajarillos y que nos tiene contados hasta los pelos de la cabeza (Mt 10,29-30). Quizá nos afanemos en tener todo planeado y programado, pero nuestras existencias no se escapan del cuidado providente de Aquél en cuyas manos estamos. Del mismo modo que Jesús dijo a sus discípulos cuando fueron enviados a anunciar la Buena Noticia, también ahora se nos pide que no tomemos nada “para el camino más que un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja” (Mc 6,8), porque Él se encargará de asombrarnos y de ocuparse de nosotros de modos sorprendentes.
Entre todos los planes que hemos trazado y todos los objetivos que nos hemos planteado de cara al nuevo año, podríamos preguntarnos qué espacio damos a la confianza en que Dios se preocupa por nosotros y, del mismo modo, si estamos dejando un espacio abierto a aquello que el Señor nos quiera regalar en este tiempo y que está fuera de cualquiera de nuestros programas trazados, porque lo mejor está siempre por llegar.

¿La esperanza es lo último que se pierde?

#yonopierdolaesperanza  en situaciones críticas

Todos nosotros en algún momento de nuestra vida nos hemos enfrentado a situaciones que no esperábamos, que nos han puesto sobre las cuerdas. A mí me ha tocado vivirlo hace tan solo unos meses…

A veces en esas situaciones inimaginables uno duda de todo; de si el propio mal es uno mismo, o es que vemos las cosas con perspectivas  tan divergentes, que nos separan. Y es que nuestra sociedad parece basarse en lo efímero; la amistad, el amor, incluso la Fe, tienen caducidad. Así que, ¿a qué puede uno aferrarse para buscar la solución?, ¿está todo perdido?

La Esperanza podría definirse como un estado de ánimo a partir del cual uno confía en que puede lograr lo que desea. Otra acepción sería, la figura en la que se deposita esa confianza; sin dudarlo, para los creyentes es Dios.

Si perdemos la esperanza, no habrá vida. Vivir esperanzados en que nuestro Padre está ahí, iluminando y protegiendo nuestro camino, ese que muchas veces no vemos, que parece se divide, borra, ensucia…

La solución es innegable: debemos vivir desde la esperanza.  Personalmente, me aporta plenitud en momentos buenos y fuerza para luchar y no rendirme en los malos; a veces, los malos momentos son etapas necesarias para conseguir las metas. Esperanza no es conformismo, es aceptación y superación.

Estamos llamados a renovar nuestra esperanza cada día, en cada nueva situación. Y al comenzar un nuevo año, más aún. Dios pone en nuestros corazones una y otra vez que por muchas piedras o flores que tengamos en nuestro “viaje”, una actitud esperanzadora es lo que nos hará elegir lo correcto.

Sin duda para mí,  la Esperanza tiene nombre: Dios.

#ponunsantoentuvida #sanfranciscodeasis: CUSTODIAR LO IMPRESCINDIBLE

  • ¿Qué santo has elegido?

 San Francisco de Asís 

  • ¿Por qué eliges poner este santo en tu vida?

Vivió en la más profunda austeridad. Desde su sencillez, nos ayuda a darnos cuenta de lo imprescindible.   

  • ¿Qué tuvo su vida de especial?

Con su vida nos hace ver que la verdadera felicidad se encuentra en las cosas pequeñas, en nuestro día a día y en las personas que tenemos alrededor. Ojalá podamos valorar y apreciar el maravilloso don de la vida desde el servicio a los demás y desde el amor más verdadero.

  • ¿Qué invitación nos haría hoy?

Tal vez sea el momento de hacer un pequeño sacrificio y proponerte algo a tí mismo. Eliminar algo que nos quite tiempo y fuerzas pero no consideremos esencial ni fundamental en nuestra vida.

También podemos dar las gracias por aquello que sí tenemos, ese amor que se nos brinda a diario por personas maravillosas con las que compartimos vida y que en la rapidez del día a día no nos paramos a valorar.

BUSCANDO: LA MUERTE HA QUEDADO ATRÁS. Por Santi Casanova

LA MUERTE HA QUEDADO ATRÁS 

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¡Hemos pasado el Tiempo de Pascua! El viaje que emprendimos hace ya unos meses parece que ha llenado todo de alegría, y se tiene que notar en nuestros rostros. La tristeza de otros tiempos ha debido quedar en alguna de las estaciones previas. No hay razón para la inquietud. Cuando el ángel dijo aquello de “no busquéis entre los muertos al que está vivo” nos dio la pista definitiva.

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Estamos llamados a la Vida. Llamados, que no obligados. La felicidad no es nunca una imposición, ni siquiera por el mismo Jesucristo Resucitado. La felicidad simplemente espera que optes por ella. Y como de optar va el juego no podemos dilatarnos en este momento clave del trayecto.

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Revisa tu vida y tus actitudes ante todo lo que te rodea. Revisa las relaciones que tienes establecidas con tu entorno, con las personas que te rodean y contigo mismo. Y que sea ahí donde acontezca el misterio de la Vida. No va a suceder en ningún otro sitio. Galilea es, justamente, donde tú estás. El camino de Emaús no es otro que el que recorres cada día. ¿No te das cuenta? No se trata de optar por nada extraordinario sino de convertir la mirada cotidiana y filtrarla con la potente Luz de la Pascua.

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¿Cómo te levantas cada mañana para ir a cumplir con tus tareas? ¿Cómo afrontas cada día el trabajo, los estudios, la carrera, las tareas en casa? Es momento de que la Luz inunde cada uno de esos rincones. Está en tu mano. Da gracias por lo que tienes y puedes hacer, sea lo que sea. Agradece el tiempo regalado y anímate a exprimirlo. Deja atrás las dinámicas que te hacen daño y ábrete a la libertad.

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¿Y con la familia? ¿Y con tu pareja? ¿Y esos amigos y amigas que te rodean? ¿Y tus contactos de las redes sociales? Aléjate de las personas tóxicas y reza por ellas pero no permitas que te consuman. Elige a aquellos que tienen algo que aportar, aunque no sea lo previsto. Busca en cada uno el bien y da gracias por los que caminan a tu lado.

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Y no te dejes fuera de la lista. Mírate el espejo y descúbrete nuevo y nueva. Redimido. Restaurado. Es tiempo de quitar caretas, de aceptarnos y de aspirar a ser yo mismo, querido, amado, modelado por el Padre desde la creación misma. Eres la criatura perfecta de tu Creador. Fuera maquillajes, muletas, mochilas, disfraces, sucedáneos de autoestima. No mendigues un amor que ya tienes. Simplemente, encuéntralo.

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Optemos por la Vida. La muerte ha quedado atrás.

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Un abrazo fraterno

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Santi Casanova

@scasanovam