Eco Diario de la Palabra
 

MARTA TALAYERO: RESCATE EN EL MEDITERRÁNEO

MARTA TALAYERO: “de Madrid al Mar”

el testimonio de una médico en barcos de Rescate en el Mediterráneo

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Desde el centro juvenil he escuchado muchas veces que tenemos que buscar el “sentido de nuestra vida” o “lo que Dios quiere de cada uno de nosotros”. Eso que otras veces se han referido como vocación. ¡Cuántas veces me han hablado de la vocación! ¡Y cuántas he hablado yo después cuando he sido acompañante!. Y ahora puedo decir, porque así lo siento, que la vocación se va descubriendo a medida que te vas conociendo, como persona y desde lo más profundo, donde está Dios.

 

“mi vocación era la de ponerme al servicio del que sufre”

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Poco a poco, como digo, descubrí que mi vocación era la de ponerme al servicio del que sufre. Y de esta manera, mi forma de concretarla fue a través de la medicina. Fue un verano en Honduras con casi 17 años, donde y cuando decidí estudiar medicina. Acompañé a mis tíos, que estuvieron viviendo allí 10 años, y que iban a visitar a la gente que había sido su familia todo ese tiempo. Entre ellos estaba Julio, un médico hondureño que pasaba consulta en el pueblo y sus aldeas. Un día me preguntó si quería acompañarle y accedí. Al estar allí con él, mi corazón no paraba de decirme: “algún día yo quiero hacer lo que él está haciendo”.

Durante los años en el centro juvenil y después en la universidad, busqué otras maneras de concretar esta inquietud. Residencia de ancianos, chavales con discapacidad, voluntaria en ambulancias, BASIDA, trabajo con niños en Guinea Ecuatorial… todas ellas han sido experiencias de las que he aprendido mucho y que me han hecho crecer como persona.

Pero en los últimos dos años, a raíz de la crisis migratoria por el conflicto en Siria, para mí era imposible estar en paz en el sofá mientras salían noticias terribles un día tras otro, tanto en la televisión como prensa. Algo que poco a poco fue calando en mí hasta que vi un documental sobre la labor de una ONG española (PROACTIVA OPEN ARMS) que llevaba a cabo en el Mediterráneo central. En ese momento todo se removió.

Tres veces fueron las que vi el documental en cuestión de 10-15 días. Y muchas lágrimas. Vivo muchas situaciones difíciles en el hospital (trabajo en una UCI), pero nada me había tocado ni me había hecho llorar tanto de impotencia y rabia como aquel documental. Después de verlo por tercera vez durante una reunión con el grupo que he acompañado este curso, durante la oración, decidí escribir a la ONG y ofrecerme. No sabía muy bien qué podía aportar, pero así lo hice. Dos días después ya tenía fecha para embarcarme: 29 Mayo. Tres meses después de esa fecha y tras dos misiones a bordo, puedo decir que ha sido desbordante. (1119 personas llevadas a puerto, 758 más rescatadas que transferimos a otro barco…)

Desbordante a todos los niveles y difícil de poner en palabras.

 

“todo se removió… ha sido desbordante…”

A nivel personal ha sido un regalo descubrir un equipo humano maravilloso con un recorrido vital del que sólo puedes aprender. De repente un grupo de personas que no se conocen de nada, de todas las edades y procedentes de muchos sitios, se juntan 15 días (por misión) en un barco con un mismo objetivo. 15 días de convivencia en los compartes camarote, duchas, cocinas, limpias, haces guardias y tienes que aprender en tiempo record a trabajar de manera coordinada y efectiva en el rescate y acogida de cientos de personas. Y lo maravilloso es que sale.

Y a nivel profesional, pues sólo puedo decir que en estos días en alta mar me he reconciliado con la medicina. Esa medicina que descubrí en Honduras hace 16 años. Sencilla, cercana, de contacto. Sin necesidad de grandes avances tecnológicos. El momento del rescate es muy intenso. La prioridad es subirles cuanto antes al barco. Para mí el momento de recibirles a medida que van subiendo es de los más bonitos. Sus caras pasan del miedo y de la angustia tras horas en la oscuridad de la noche, en medio del mar, a la de alegría y agradecimiento por sentirse salvados.

Por suerte la mayoría de personas que atendí fueron por cosas menores. Menores en ese momento, pero muchas reflejo de lo que traían consigo. Heridas mal curadas por palizas recibidas. Dolores musculares por fracturas mal curadas. Quemaduras químicas por la mezcla de la gasolina y el agua del mar durante el viaje en la barca. Embarazadas fruto de la violación. Eran más graves las heridas del alma que las físicas.

En las 24-36h que pasaban a bordo hasta llegar a puerto, la locura de la logística me dejaba poco tiempo para sentarme a hablar con ellos, pero cuando pude hacerlo, fue tan intenso que en ocasiones me sentía bloqueada sin saber qué decirles. ¿Qué le dices a una chica de 24 años que se ha visto obligada a salir de su país porque vio morir a su hermana y su madre a manos de Boko Haram? Y tras ello te cuenta que viajó durante mes y medio por el desierto hasta llegar a Libia, donde trabajó año y medio como esclava en una casa donde fue maltratada y violada e incluso quemada con una plancha. Estaba embarazada de 2 meses. Cuando nos contaba a otra voluntaria y a mí todo esto, sólo nos salía mostrarle cariño y contacto humano. No hay palabras cuando alguien te cuenta algo así. O yo, al menos, no las tenía. Y esta chica, agradecida, no paraba de repetirnos que éramos buenas. En un intento de decirle que tal vez lo que le esperaba en Europa no era la tierra prometida que se pudiera imaginar, ella nos preguntó:

 

“¿pero en Europa te matan?”. Nosotras respondimos: ”no, eso no”. Y ella contestó: “ah, entonces todo bien”

En ese momento me di cuenta que vivimos otra realidad a la de estas personas, con otro umbral de prioridades en la vida. Y a partir de ese momento uno no se queda indiferente, porque poner rostro a esto, duele.

Y los niños, muchos, demasiados. Nadie debería de pasar por esto, pero mucho menos los niños. Desde pocos días de vida (20 días) a pocos meses, un año, cuatro, doce…da igual la edad, pero ya han vivido algo que jamás viviré yo o cualquiera de nosotros. Niños que tras unas pocas horas a bordo y tras darles un globo o ponerles música, son capaces de ser la mayor alegría. Y contagian al resto.

Estos momentos son los que me guardo en el corazón. Yo los llamaba “momentos de celebración de la vida”. Por un instante veía que niños y mayores, de muchas nacionalidades y religiones, eran capaces de dejar atrás lo vivido y sonreír, disfrutar. Casi con toda seguridad puedo decir, que por primera vez en mucho tiempo (algunos más de uno y dos años), eran tratados como personas con dignidad y cariño.

 

 “…después de todo, siguen confiando en Dios!”

Otra cosa que me ha hecho pensar mucho es escucharles dar gracias a Dios tras ser rescatados. ¡Qué fe más grande y fuerte que después de todo, siguen confiando en Dios! Y qué maravilloso ver cómo distintas culturas, religiones y procedencias, pueden convivir bajo un mismo techo (barco) y ayudarnos en las necesidades más básicas. Allí no hace falta nada más que comer, dormir y la compañía del que tienes al lado. Sentí que todo éramos hijos de un mismo Dios.

 

“Seamos la voz de los que no la tienen,

y que nuestro corazón no se quede indiferente ante esta realidad”

Pero también he vuelto con decepciones y sinsabores. Principalmente institucionales y políticas. No puede ser que la Europa donde vivimos permita todo esto. No puede ser que como ciudadanos y cristianos nos quedemos sentados. Decía un compañero en una entrevista: “si Jesucristo volviese otra vez, estaría en un barco como el nuestro trabajando por los desheredados del mundo”. Hay muchas cosas que cambiar en este mundo y muchas las luchas, pero yo siento que ahora este es mi sitio. Siento que hay que defender el primer derecho de todos, que es el derecho a la vida. Sin él, el resto deja de tener sentido.
Yo ya he puesto rostro a estas personas, con nombre y apellidos. Personas que pasan a ser números en cuanto pisan suelo italiano. Que literalmente no tienen nada más en la vida que su propia vida. Algunos incluso no tienen ni ropa. No tienen nada. Yo no sabía lo que era esto antes. No es que sean pobres como la gente que conocí en Honduras o Guinea. No. Es que no tienen nada. Absolutamente nada.

Y esto a mí personalmente me descoloca. Nos quejamos de cosas tan banales y superficiales. Es un bofetón tan grande que no te puede dejar indiferente..
Seamos la voz de los que no la tienen, y que nuestro corazón no se quede indiferente ante esta realidad. Que no nos pongan ni nos pongamos una venda en los ojos. Seamos revolucionarios como Jesús lo fue, al lado de los desheredados del mundo.

 

Marta Talayero

misionera en cataluña por consuelo ferrús

MISIONERA EN CATALUÑA 

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Cuando la gente sabe o se entera que vivo en Reus, siempre surge la pregunta: ¿cómo estáis viviendo la situación, este conflicto actual…? Me resulta muy difícil poder decir algo, porque es difícil poder decir-me algo a mí misma. La realidad es muy cambiante y de mucha complejidad. Cada día amanecemos con alguna “sorpresa”. Quizá estas reflexiones leídas dentro de unos días ya han perdido actualidad… Pero no es posible “pasar” del tema, no implicarse.

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Es mi segundo año viviendo en Reus. El curso pasado fue un curso muy feliz, de aterrizaje, de ir viendo, conociendo gente nueva, cultura, lengua, costumbres, comunidad, apostolados. Fue creciendo en mí el aprecio por Cataluña y su gente. Lo viví desde la sorpresa personal de lo que iba descubriendo y desde las sorpresas que Dios me iba preparando, pues Él me fue guiando y cuidando a través de las personas que ponía en mi camino.

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Este curso ha empezado con otras sorpresas, aunque la cosa viene de lejos. La misma gente cercana del curso pasado se iba manifestando, iba opinando y tomando opciones. Como persona no catalana hay decisiones que me costaba y me cuesta entender, quizá por falta de perspectiva histórica, pero sí he intentado escuchar, dialogar, comprender, preguntar, leer, informarme… como hace cualquier misionera cuando llega a una nueva realidad. No entendí posturas que van contra la legalidad, pero tampoco entiendo el uso de la fuerza para imponerla. Me duele la frustración por la falta y la dificultad del diálogo, la crispación, el no poder hablar con los más cercanos porque es un tema que se ha vuelto tabú, (mi comunidad por ejemplo…). Me duele la división, el vivir con etiquetas. Es dañino el clima de tensión, de inseguridad, de desconcierto… La fractura social que se ha creado será difícil de restaurar. 

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Y caigo en cuenta de lo realmente difícil que es el diálogo a todos los niveles. Muy difícil. Más cuando las posturas se radicalizan. Quizá por eso tiene tanto valor. 

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Es situación compleja, que coge mucho el sentimiento. He podido comprobar que al final, lo que más duele a todos, es el sentimiento de que el “otro bando”, si es que podemos hablar así, no nos quiere, no nos entiende, no nos valora, no cuenta con nosotros, no nos permite ser lo que somos… este sentimiento dificulta la relación y el encuentro, la salida al conflicto, pero no se puede obviar, es la base desde donde hay que restablecer la reconciliación, y hay que atenderlo.

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Ya me gustaría poder aportar alguna solución. No la tengo y si alguien habla alegremente de una solución fácil al conflicto es que no es buena solución, o no sabe de qué va el tema en verdad… Pero sí me planteo, evidentemente cómo actuar, qué hacer, qué decir… como persona cristiana, y como misionera, desde el aprecio, la valoración y el reconocimiento, el cariño al pueblo que he sido enviada. Busco respuestas en el Evangelio, en el corazón y en la razón, en el sentido común, y también en el Magisterio ordinario de nuestros pastores que han aportado su palabra.

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Más allá de posicionamientos y opiniones políticas, que las tengo como es normal, vivo esta situación como una llamada, pues no se puede pedir a otros lo que yo no viva a pequeña escala, en lo cotidiano: 

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A escuchar a las personas y ponerme “en sus zapatos” cuando dicen u opinan. A la aceptación de la diversidad y valoración de lo que cada persona aporta. A ser cauce de reconciliación, de paz, de diálogo en donde estoy y vivo. A apoyar los derechos humanos, y rechazar toda violencia, toda. A confiar en el poder transformador de la oración. A aprender el uso de un lenguaje inclusivo, pacífico y siempre de respeto. A practicar la acogida al que piensa distinto. A no alimentar sentimientos de odio o rechazo, y aprender a gestionarlo. A mirar más allá de las etiquetas. A no perder la esperanza en el ser humano. A bucear dentro con calma, para opinar con fundamento más allá de respuestas instintivas y viscerales. Aunque suene a sabido todo esto, el reto es practicarlo sin demora, a todo nivel, y animar a otras personas a vivirlo también. No podemos esperar todo de las decisiones oficiales, creo que el pueblo tiene una palabra, un papel decisivo en la tarea de crear un tejido social libre de enfrentamientos y rencores.

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Personalmente, todo lo que sea dividir, separar, romper, excluir, violentar no me “huele” a Evangelio. Tampoco creo que vaya acorde con los signos de los tiempos que nos llevan por caminos de globalización, de pluralidad, de apertura, de sumar y multiplicar…

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El otro día participé en una reunión de religiosos y religiosas de Cataluña y evidentemente se tocó el tema. Agradezco el ambiente de la asamblea y que se pudiera abrir un espacio para escuchar y compartir nuestros sentimientos y visiones sobre la situación sociopolítica, un espacio de serenidad, de profundidad y libertad que favoreció la escucha y la comprensión. Creo que ése es el camino.

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Pido a Dios el don del discernimiento para todos, que posibilite el cambio interno y una praxis cada día más evangélica, aquí y ahora, especialmente lo pido para las personas que tienen responsabilidad en decisiones decisivas que no tendrán marcha atrás.

MARÍA GARCÍA: MISIÓN EN HUMAHUACA, ARGENTINA

MARÍA GARCÍA: MISIÓN EN HUMAHUACA, ARGENTINA 

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Recuerdo de pequeña, en el colegio y en la parroquia, la visita de muchos misioneros y misioneras que viajaban a otros países y dedicaban un tiempo de su vida en misiones lejanas, normalmente en contextos de exclusión social, de mayor pobreza… Recuerdo su pasión, la emoción en sus palabras… y el deseo de aventura y de embarcarme en algo así que despertaba en mí.

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Con el tiempo, este deseo se fue reubicando en otro aún más grande: el de transmitir a los demás la alegría que recibo del Evangelio, el trabajar con otros en que Dios sea conocido y amado, vivir para Él… y hacerlo como Misionera Claretiana.

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testimonio María humahuacaY con el tiempo, resulta que también a mí se me ha ofrecido la oportunidad de salir de mi país, atravesar el océano y vivir la misión en otro lugar, lejos. En concreto en Humahuaca, una pequeña ciudad de la provincia de Jujuy al norte de Argentina, casi en la frontera con Bolivia. Fue en la experiencia misionera ofrecida por Korima ONG  y en la que participamos un grupo de once voluntarias procedentes de Italia, Polonia y España.

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Allí nos unimos, durante un mes, a la misión que las claretianas llevan a cabo en Casa de Caridad, atendiendo a personas de la Quebrada y Puna, con especial atención a los más pobres y necesitados, ya fuese en el comedor social y el albergue de la Casa, la farmacia, el ropero, en talleres de promoción humana, apoyo escolar, el proyecto mujer valiosa (en quechua: Warmi Chaniyux)…

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También tuvimos la oportunidad de visitar algunas localidades de la zona pertenecientes a la Prelatura de Humahuaca acompañando a los hermanos Claretianos, para animar las celebraciones, la eucaristía, funerales… y preparando algún encuentro formativo con niños, jóvenes, familias y agentes de pastoral. Así se nos abrió la posibilidad de conocer las comunidades rurales (Chucalezna, Uquía, Peñablanca, Nazareno, Poscaya, Coctaca, Miyuyoc…) y adentrarnos en sus casas, en sus costumbres, también en una forma nueva para nosotras de celebrar la fe que integra sus ritos indígenas y su amor a la Pachamama, nuestra madre tierra.

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testimonio María 2Al principio no fue fácil, para qué nos vamos a engañar… A cada paso la novedad, la diferencia y mi propio límite; el ambiente seco y de altura, las temperaturas tan extremas en un mismo día… Y sobre todo descubrirme a mí echando de menos ciertas comodidades, incluso pretendiendo evitar mirar algunas situaciones, escuchar ciertas palabras… Hasta que fui comprendiendo que la realidad superaba aquella aventura soñada; y que es mil veces mejor abrirse a esa realidad de la vida y a la mía propia, aunque nos desborde.

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Y es que lo humilde y lo sencillo me enseña, me ayuda a ponerme en mi lugar y a relativizar lo mío. Aprendo que vale la pena ponerse al lado de otros y trabajar con ellos sencillamente, sin tantos medios, porque no son tan imprescindibles, porque es alegre el ir ligeros, porque nos sobra…; y que vale la pena dejarse llevar, fiarse de quienes viven y conocen otras realidades, empaparse de ellas, y disponerse simplemente a estar y compartir lo que somos… ¡incluso el sabor del choclo y el api! y el silencio collo, la música de los sikus, el paisaje de cardones, los mil colores andinos… Por eso ahora quiero a la gente de allí, me siento más hermana de los que están lejos (en palabras de M. París: Todo el mundo es patria para el misionero…) y creo que he crecido un poquillo en humanidad.

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testimonio-maría-4Agradezco especialmente el haber podido vivir todo esto en comunidad, con nuestro grupo de voluntarias y las hermanas de Humahuaca, compartiendo aprendizaje, trabajo, descanso… y orando juntas: disponiéndonos cada día a ponernos al servicio de los otros, como Él, con entrega y valentía, deseo que también se ha reavivado en mí.

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Y ahora… me atrevo a decir que lo vivido allí me ha dado impulso en mi misión hoy y aquí; la que tengo en mi parroquia, con mi comunidad, en la pastoral de Claretianas, en el barrio… Procurando crecer en sencillez, servicio, entrega… Con confianza, sabiendo y sintiendo que es apasionante vivir así.

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el testimonio de los LIBROS. Por Josefer Juan

Leer a alguien este verano 

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Entiendo que hay muchas formas de aproximarse a los libros. Por obligación, no pocas veces. Otras por curiosidad, incluso por disfrute. Y también para dialogar, con hondura, sobre lo fundamental de la vida. En verano me he encontrado pacientemente con tiempo para entablar esta conversación no pocas veces. E invitaría nuevamente a ello. Con Agustín de Hipona en sus Confesiones, con Santa Teresa en sus Moradas o con San Juan de la Cruz en Subida. Huiría de los libros fáciles y ágiles, que sirven para un viaje en metro, y me dedicaría a los que han sido consagrados como referencia por la historia. Mujeres y hombres, mucho más sabios que nosotros, y que pasaron por estos libros dieron un vuelco a su vida. No hay extranjero de renombre cultural que no valore los tres libros antes mencionados. Por qué no.

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Entonces, ¿cómo conversar con un gran libro, sean estos o aquellos? 

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  1. La madurez del pensamiento alaba el genio de otras personas. No aprende simplemente con ellos, sino que agradece los pasos dados anteriormente y sigue sus sendas. De algún modo cabe decir que han abierto horizonte, ampliado el mundo en el que existimos de manera decisiva. Aunque nos falte por reconocer sublimes aportaciones, incluso las que han pasado más desapercibidas, estas columnas de la historia sostienen nuestras ideas y nuestras formas de vida más entregadas.
  1. El diálogo que se emprende nace, en estos casos, de la vida. Ni de la curiosidad por la acumulación del saber y el consumo de páginas, ni el placer siquiera de la lectura. La necesidad urge. Y en estas ocasiones se entabla una conversación muy fructífera en la que implicamos (introducimos) lo que estamos viviendo en la propia lectura, y se hace cierta luz, también un miedo importante. Quien haya leído alguna vez sabe que se produce una cierta interpelación y llamada. El acto de leer no es ajeno, lejano, ni estamos en “asuntos de otros”. Se despiertan deseos, se encuentran coincidencias, hay una cierta respuesta a las preguntas que nos sobrecogen.
  1. Conversar, estableciendo una referencia. Para muchos lectores, ciertos libros son casi sagrados. Rompieron en su momento la situación en la que se encontraban. Muchos lo expresan como cierto “despertar”, “tomar conciencia”. El libro y el autor son el gozne que conecta una anterior comprensión y el nuevo modo de percibir y acoger la realidad, el mundo entero y a uno mismo. Por qué no hacer la experiencia de esta ruptura y salto de nivel. El libro, quizá quien lo escribió, permanece dialogante y muy actual, mucho más de lo que habíamos creído al inicio. El autor quizá dejó constancia de todo esto pensando en el bien que haría a otros. Y las tres referencias citadas al inicio sabemos a ciencia cierta que tenían esta misma intención. Buscaban dialogar con otros.
  1. Eliminar resistencias, mantener una actitud de apertura. No sería la primera vez en la que, cuando un libro o una vida inquieta, se cierra el libro o se busca eliminar su palabra. La apertura a la hora de enfrentarse a un libro es decisiva. También esta resistencia. Intuyo que la mejor forma de eliminar una resistencia no es negarla, y seguir como si tal cosa, sino ponerla en evidencia, hacerla presente y consciente, e incluso tomar su hilo para seguir adelante sin huir. Las resistencias nos conectan con la propia vida, en su parte negativa, sea en sus miedos, sea en esas voces de la existencia y la historia que desearíamos que no tuviesen voz.
  1. Por último, lanzarse a escribir algo. Lo digo muy sinceramente, como también lo hacía Unamuno. Dejar constancia de nuestro paso por el libro, por mucho que cueste, y atreverse a escribir, siquiera al margen, aquello en lo que nos vemos interpelado. No queremos escribir porque no sabemos quién lo leerá o qué pasará. Pero he descubierto que es totalmente necesario, no necesariamente al margen sino en algún sitio. Escribir es enfrentarse a  uno mismo, en su luz y sus sombras.

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Dicho lo cual, para muchos cristianos su libro pendiente es el Evangelio. Lo han escuchado, han vivido de las predicaciones (explicaciones, opiniones) de otros, de las catequesis o clases, de los talleres, retiros… Pero falta crear necesidad por leer, con detenimiento y cuidado, el mismo Evangelio. ¿Cuántos cristianos, de los que se dicen tales, no han leído jamás en su vida un Evangelio, de los cuatro, del principio al final? ¿Cuántos se conforman con la “sabiduría” aprendida en facultades y libros de otros, y mantienen cierto miedo por descubrirse a sí mismos en este diálogo con la persona misma de Jesús? ¿Quiénes no sienten la necesidad de aproximarse a este pequeño libro, que el Papa Francisco ha recomendado llevar siempre encima, aunque sea en el móvil? ¿Cuántos, sin ánimo de crítica, sólo se acercan al Evangelio pensando en algo que decir a los demás, en lugar de escuchar radicalmente la búsqueda de aquello que Dios desea ardientemente decirles a ellos?

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José Fernando Juan

@josefer_juan

el testimonio de los políticos. Por Josefer Juan

Políticos, resistentes y con cierta indiferencia

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Tal y como están las cosas, a nadie recomendaría entrar en política. Y al mismo tiempo necesitamos a los mejores. Pero, sinceramente, son tantas las críticas, la sospecha y las exigencias que no cabe poner un pie en el escenario actual sin recibir antes comentarios de todo tipo. Siendo sinceros, la propia ciudadanía se está dejando llevar, hasta el extremo casi, por el rechazo más generalizado.

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Tal y como están las cosas, la prudencia no entra en el criterio de nadie. Se escucha, torpemente, una y otra vez a quienes proponen respuestas “casi mágicas”, instantáneas, que se indignan cuando todo no es perfecto, ni bueno. Hasta el punto de denostar y menospreciar la democracia, en lugar de acrecentarla. Lamentablemente, la respuesta extremista triunfa en toda Europa, con signos diversos, pero siempre radicalizada, consiguiendo adeptos entre quienes más sufren.

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Ante esta situación, ¿por qué no pensar lo que es un auténtico político? Aunque sea una reflexión personal, espero que sirva de invitación para que muchos otros piensen en lo que buscamos y realmente necesitamos. Saco algunas de las cuestiones de los aspectos más citados y de las críticas más duras que hoy se hace de cualquier persona que se dedique a la política.

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1. Tomar decisiones por el bien común.

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Las limitaciones son claras: ni puede decidir por su propio bien, ni por el bien de “los suyos”. Es decir, que un buen gobernante tiene que pensar en todos, no sólo en la mayoría. Y, por supuesto, deben ser buenas, es decir, conociendo qué es el bien e impulsándolo en la sociedad de forma general. Pero si los políticos tienen estos límites, los ciudadanos deberían responder igualmente a las mismas claves: valorar con altura de miras lo que se hace, no sólo pensando en si me conviene o si me favorece “a mí”; y conociendo qué es el bien, plantearse lo mejor e intentar alcanzarlo. Sobre esto último, una pequeña aclaración: las grandes decisiones no las deberíamos tomar entre lo bueno y lo malo, porque la respuesta estaría más o menos clara, sino entre lo bueno y lo mejor, donde las cuestiones son más difusas. De nada valen los razonamientos extremos de los adolescentes, que ven todo en blanco y negro.
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2. Rodearse de un buen equipo

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Si alguien ha tenido responsabilidad, del tipo que sea, y le ha tocado coordinar equipo (aunque sea en un campamento) que piense cuáles son las dificultades y las extrapole al gobierno de una nación. ¿Es importante rodearse de un buen equipo? ¿Será fácil tener un buen equipo de cientos de personas, dada la envergadura de la cuestión? Esto no lo puede garantizar ni el más honrado, honesto y bien dispuesto de los que se presenten a candidatos. Sin embargo, es absolutamente necesario. Luego la cuestión no está sólo en quién “pone la cara” en primera fila, sino en todos los que trabajan de un modo u otro en la administración y gobierno, y en última instancia de los ciudadanos. Ni siquiera un partido político puede garantizarlo dentro de sus propias “filas” (me gusta muy poco el lenguaje militarizado en política)
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3. Ser dialogante

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Por último, incido en una cuestión básica y esencial, fácil de nombrar y mucho menos de ejercitar. Todos, cualquiera de nosotros, puede encontrar los límites del diálogo auténtico, y al mismo tiempo reclamar, que dada la diversidad de las sociedades urbanitas actuales, sea absolutamente imprescindible. El diálogo se da, de verdad, cuando hay personas que están dispuestas a dialogar. Y es algo que, por tanto, no puede reclamarse sólo a los gobiernos sino a todos aquellos que dicen –expresión fea, donde las haya- hacer oposición –prefiero control, acuerdos, y tantas otras…-. Luego la política de diálogo no es reclamable a unos pocos entre el conjunto, sino a todos aquellos que hacen política. Y este sí es un indicador clave para la ciudadanía, que puede ver quiénes están más o menos dispuestos a dialogar con argumentos, y no tanto a escuchar reproches entre unos y otros sobre quién dialoga más o menos.

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Durante el siglo XX, quienes hemos estudiado nuestra historia más inmediata o estamos en ello, percibimos que se vació de auténticos intelectuales y que, quienes llegaron con sana intención, muchas veces se marcharon alarmados por la situación o viéndose impotentes al enfrentarse a las masas. En determinados caldos de cultivo sólo crecen las propuestas más exageradas, las promesas más absurdas, y todo termina en manos de intereses excesivamente ajenos al bien común. Sólo hace falta echar una mirada atrás, contando con una buena perspectiva, para percibir cómo en democracia no pocas veces el error y la manipulación afecta a la inmensa mayoría. Prevenirse de ello, con herramientas de pensamiento y juicio y diálogo personal, es hoy absolutamente necesario, aunque el esfuerzo siga llevando a muchos a elegir una y otra vez el error antes que el bien.

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José Fernando Juan

@josefer_juan

diálogo sobre vocación y vocaciones · VOCACIONa2 – JMOV17

LA ESPERANZA DE UNA VIDA AUTÉNTICA

VOCACIONa2

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Este año, con motivo de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, (7 de mayo de 2017) y situados en la Cuarta Semana de Pascua… queremos ofreceros un material en el que hemos estado trabajando con mucho entusiasmo…

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Se trata de seguir dialogando, discerniendo, buscando,… en clave de vocación,  de vocaciones,…

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Os proponemos:

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EL SHOW DE TRUMAN:

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4.TRUMAN

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¿Has visto “El show de Truman”? ¿Has visto el final de “El Show de Truman”? Si es que no, ¡te proponemos un rato de cine! Y si ya la has visto, puede ser un buen momento para recordarla desde una clave nueva: la vocación.

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Sí, sí… Llevamos toda la Pascua diciéndote que “Todo acaba bien y si no acaba bien, es que no es el final”. ¿No te suena mucho a proyecto de vida, a sentido, a confianza… ¡a vocación!?

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Te proponemos una excusa estupenda para dialogar sobre la vocación desde otra mirada:

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Aquí puedes descargarte un material con preguntas y reflexiones para trabajar en base a la película “El Show de Truman”

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DIÁLOGOS DE VOCACIÓN CON TRUMAN

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Y aquí puedes encontrar la reflexión que conecta la película con el evangelio de la Cuarta Semana de Pascua… nada más ni menos que El Buen Pastor…

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LA ESPERANZA DE UNA VIDA AUTÉNTICA #siNoNoEsElFinal

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VOCACIONa2

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Tres Diálogos vocacionales a partir de la película y aterrizados en la propia vida:

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  • Fernando Rivas y Begoña Costillo.

Él, sacerdote diocesano en Madrid;

Ella, contemplativa en las Agustinas

de la conversión de Ávila.

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  • Juanjo Raya y Clara Rodríguez.

Él, sacerdote misionero claretiano.

Ella, madre de familia e ingeniera.

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  • Sergio Calleja y Rosa Ruiz.

Él, padre de familia y educador.

Ella, misionera claretiana.

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¿Por qué no? ¿Acaso no todos buscamos un sentido a la vida, sea cual sea nuestra forma concreta de vivir?, ¿acaso no hemos tenido todos alguna vez la sensación de que vivimos en un decorado y necesitamos un plus de autenticidad?

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En los diálogos encontraréis experiencias personales, diversas visiones de cómo conjugar vocación y libertad, amor, alegría, búsqueda de sentido, toma de decisiones… Esperamos que este material os sirva y ¡¡¡pueda dar mucho juego tanto con adolescentes, jóvenes y adultos!!!

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Equipo Acompasando

 

Testigos de la Resurrección. Por Josefer Juan

Testigos de la Resurrección 

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El Papa Francisco nos ha vuelto a sorprender; si es que hay algo de sorprendente en volver la cabeza y mirar, qué menos que mirar, a quienes más sufren en el mundo. Durante la homilía de la Vigilia Pascual, desde un púlpito privilegiado, nos ha hablado de esas mujeres que son hoy, testigos de la Resurrección. Mujeres que llevan en su rostro heridas junto con esperanza, que cargan de verdad con otros a sus espaldas, y a las que una sacudida les transforma el corazón y en ellas comienza una larga historia. Mujeres, al fin y al cabo, que hacen de esta palabra mucho más que una categoría y la convierten en un auténtico título. Decir mujer, es decir mucho.

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Mirando el evangelio, encontramos testigos de la Resurrección que encarnan actitudes pascuales que todo cristiano está llamado a vivir. Me permito reflejar tres, quizá muy actuales, que ojalá nos sirvan e iluminen en este tiempo.

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  1. La incertidumbre de la Magdalena, en movimiento.

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Cuántas veces hemos sentido pesar, casi desesperación ante nuestras incertidumbres y pérdidas. Cuántas veces parece que nos dirigíamos hacia “un lugar” con las cosas claras y el paso firme, y sin embargo nos hemos reconocido desconcertados y perdidos. Cuántas veces, como María en este texto, buscábamos y… Encontrar, lo que es encontrar de forma pascual, es dejarse encontrar y estar dispuestos a dejarnos sorprender… No sea que hoy, con tanto leído y sabido sobre el Resucitado, creamos que está aquí o allí, y sin embargo… El Resucitado, mucho me temo, que ni nos ahorra la búsqueda interior ni la exterior, que está dispuesto al encuentro cuando nos dejamos encontrar y se deja ver en las lágrimas sinceras… María recuerda aquí, en la grandeza del momento, tanto al momento de la reconciliación del hijo pródigo como al deseo de quedarse y hacer tres tiendas de Pedro en el Tabor. Incertidumbre que se deja sorprender, que queda desbordada en sus cálculos.

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  1. Las dudas de Tomás, o el ausente. 

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Es más que curioso leer con cuidado el texto en el que se relata el encuentro de Tomás con el Resucitado. Muchos se han quedado con aquello de “si no lo veo, no lo creo”, sin reparar suficientemente en que aquel que está más ausente en el Evangelio es el propio Tomás. Ande andaría…  No ve, quien no está. Pero incluso estando, se conservan ciertas dudas, puede que por contraste con el resto. De quienes han creído en la Resurrección se dice más bien poco. Sus vidas, pese al impacto que debió provocarles lo vivido, es como si transmitiesen insuficientemente. Tomás, el que estaba ausente, se hace por fin presente en la comunidad y de nuevo el Resucitado se revela y le reclama para sí y dialoga con él. ¿Cuál es el camino pascual que deben hacer nuestras dudas, a la luz de esta Palabra? ¿Hacerlas presentes en comunidad y recibir Paz?

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  1. Las prisas de Juan, el que llega después.

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Antes que Pedro, aunque no entra. Pero después que María. Las prisas de Juan están motivadas y agitadas. Siempre me he imaginado el sábado santo de los discípulos como con cierto amargor, por la pérdida del Maestro, y comenzando a recordar unos y otros lo que habían vivido con él. Esa memoria alienta la esperanza, a medida que ellos vuelven una y otra vez sobre lo que despertaba en su interior, lo que supuso en su existencia. Sin embargo, es insuficiente por sí misma. El pecho se puede “calentar”, como se pueden igualmente acrecentar los deseos. Hacerlos realidad es otra cuestión. Faltaba lo definitivo, la palabra de confirmación que hiciera valer y diera consistencia a todo. Esa palabra, sin duda, fue la de María Magdalena al llegar y anunciar lo que había vivido. Entonces corrieron al sepulcro, ¡dónde si no! Y de camino, supongo, fueron comprendiendo el sin-sentido de lo que estaban haciendo, pues sabían que no estaba allí. ¿Por qué corrían tanto, por qué dejarse llevar de esta manera, qué les ha removido?

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  1. El amor de Pedro, un tanto humillado. 

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Es de dominio público que Pedro negó a Jesús (tres veces) cuando le preguntaron si lo conocía, si era de los suyos. El que la noche antes, durante la cena, dijo que mejor se lavado entero si con eso quería Jesús decir que tenían parte en su vida. Pero… A Pedro le faltaba, en los encuentros con los Once, su momento cara a cara con el Señor Resucitado. A Pedro le faltaba su reconciliación particular; la del amor y la misericordia, no la de la culpas. A Pedro le faltaba encontrar verdadero amor, amor humilde y humillado. Sin entrar en análisis, Jesús le pregunta hasta tres veces (¡con lo que eso significa!): ¿Me amas, estás conmigo, tienes parte conmigo? Una tras otra, responde: “Sí. Te amo.” ¿No suena eso a las veces que a lo largo de la vida vamos reconociendo qué amamos en el mundo y cómo lo amamos? ¿No es muy similar al camino hacia lo esencial, hacia la Vida? ¿No es el amor lo que nos alumbra y con amor iluminamos, focalizándonos más y mejor con los años, en lo único necesario?

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José Fernando Juan

@josefer_juan

3 testimonios para la cuaresma. Por Josefer Juan

3 testimonios para la cuaresma 

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Le pedimos a la Cuaresma que “nos haga vivir cosas” esenciales de la vida cristiana. Hablamos de profundizar y ser más exigentes estos días, pero no pocas veces nos detenemos en lo fundamental sin ir más allá. Decimos “intensificar” cuando lo que hacemos es “recuperar lo muy básico”, que o bien habíamos olvidado o bien teníamos perdido.

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1. Leónida Vázquez y la limosna  

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LEÓNIDA VÁZQUEZDesconocida por el nombre, archiadmirada por una foto. Ella es la que junto a las vías del tren alimenta a los viajeros-migrantes entregando bolsas de comida. Su destino, piensan ellos, es la abundancia, pero la travesía y el precio a pagar son la miseria y la desprotección. En todo su trayecto ella es una figura ejemplar de acogida y misericordia.

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Bajando a lo cotidiano. Esta mujer hace algo más, mucho más que dar de comer. Es sensible, mira y atiende, piensa en lo que puede entregar. Dedica tiempo, sensibilidad e inteligencia. Se entrega a sí misma, con una sonrisa. Ella cuenta, cuando le preguntan, sus tiempos de crisis y desesperación y cómo ha sido sostenida por la mirada de quienes van de paso. ¿Cuál será nuestra limosna cristiana?

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2. Pablo Raéz y sus ayunos 

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PABLO RÁEZDEP. Me pregunto de cuántas cosas ha hecho ayuno, con dolor y sufrimiento, este joven marbellí que ha hecho de su enfermedad un grito por la solidaridad. Y, por contraste, su imagen en las redes siempre sonriente, siempre esperanzada. Ejemplo admirable de aquello que el Evangelio dice: “Cuando ayunes, perfúmate.” Mucho que agradecer, en tanta autenticidad. Como ya se sabe, desde el minuto cero de su tratamiento, hizo bandera en las redes sociales por la donación de médula con el objetivo de alcanzar el millón de donantes.

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Bajando a lo cotidiano. Si algo aprendo, del carácter de algunos grandes hombres y mujeres en situaciones críticas, es a no esperar. Saber limpiar la vida de lo que no merece la pena y de lo que estorba la alegría. Ya imagináis en lo que estoy pensando: en esa multitud de preocupaciones absurdas a las que permitimos desgastar y quebrar la unidad, la paz, la libertad, la donación de sí mismo. El ayuno de Pablo, como el que propone el Evangelio y la Iglesia para cuaresma, no se queda ni en las limitaciones ni en las carencias. ¿Cuál será nuestro ayuno cristiano?

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3. Jorge Bergoglio y la oración  

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papa-francisco-JORGE-BERGOGLIOHe leído recientemente una entrevista a un antiguo discípulo jesuita del actual Papa, de cuando en Argentina era responsable de la Compañía. Le llamaba la atención que hablase de la oración como ese diálogo que se puede emprender en cualquier lugar y circunstancia, que no requiere de tiempos especiales sino que busca abarcarlo todo. De nuevo, lo básico nos sorprende y lo normal lo confundimos con lo extraordinario.

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Bajando a lo cotidiano. Que la oración sea diálogo, ya lo sabemos. Hace falta vivirlo. Pero así como tampoco conversamos con los demás a fondo, ese encuentro con Dios llamado oración se nos hace prescindible. De todo diálogo lo más complicado es ser capaz de hacer silencio para escuchar, y hablar usando las palabras para avanzar hacia el otro y no para defendernos. Calibramos interiormente, en lugar de mostrarnos libres y abiertos. Decimos que nos han hecho daño y entonces hallamos la escusa necesaria para cerrarnos a toda oración posible. Ni con el prójimo, ni con Dios. Aprendamos de Bergoglio a empezar por lo más sencillo, por aquello más inmediato que hay y aprovechemos para, en cualquier circunstancia propicia, romper las barreras del corazón. ¿Cuál será nuestra oración cristiana?

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José Fernando Juan

@josefer_juan

ciencia y resiliencia. Por Josefer Juan

Ciencia y resiliencia

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Mucho me temo que vemos la ciencia como magia, muy poco vinculada a lo humano. Que llega sin más, con aplicar dos o tres reglas. De modo que la investigación sería muy similar a conjuros y su efectividad estaría fuera de toda duda. Pero lamento decir que no es así, ni se parece. Quizá el fallo esté en cómo se presenta en la escuela, en los medios, y la poca profundidad con la que se habla de la exigencia de la investigación.

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Lejos de todo esto se encuentra la exigente y cotidiana realidad del científico, del investigador que dedica horas y horas diarias a su tarea, intuición, y en no pocas ocasiones se enfrenta al fracaso. Por decirlo de forma suave, no toda investigación termina en buen puerto. Es más, podríamos decir sin temor a equivocarnos que se trata más bien de lo contrario: de hacer cientos de pruebas hasta encontrar lo que se busca, de modo que en cierta manera el error entra dentro del mismo método científico.

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Para ello, la preparación del investigador no puede reducirse al campo intelectual y de los conocimientos. Debe estar preparado, trabajar en equipo, soportar con paciencia la lentitud de los tiempos, seguir soñando con ilusión, porque es el auténtico motor, y superar los contratiempos. A lo que añadiría, dada la coyuntura que vivimos, que en una labor tan poco cuidada por la administración, soportar la presión del resultado, de la necesidad de acierto, de la búsqueda de la verdad supeditada con tanta frecuencia a la burocratización y publicaciones obligadas.

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Conversando con un amigo y una amiga, que están directamente en el ajo sobre este asunto, trabajamos casi sin saberlo el tema de la resiliencia. Aquí comparto algunas de sus conclusiones, que bien pueden valer para tantos otros:

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  1. Frente a la sociedad del acierto, cultivar el aprecio por el camino hecho, por el mismo proceso. Porque ciencia es método, trayecto en un horizonte. Paso a paso. ¡Cuánto bien nos haría incorporar este cariño por caminar, en lugar de aplaudir sólo a quienes llegan a la meta! Mucha ciencia, mucha cultura, mucho arte y conocimiento se apoya en investigaciones e iniciativas previas que no llegaron a buen puerto. Ellos, los que fracasaron aparentemente, abrieron camino e hicieron que se creyera en lo hasta entonces imposible.
  2. Frente a las presiones del éxito, el universo de la propia vocación. Abocados como están a convivir con las reglas de las estructuras administrativas, no pueden perder la razón, el motivo por el que son lo que son. Trabajaron duro, se formaron con enorme exigencia, amaron lo que iban a hacer antes de poder dedicarse a ello. Lo suyo ya es una conquista, su gran logro. Estudiar e investigar con auténticas motivaciones humanas, universales, y no al servicio de no sé qué otras estructuras. Lo suyo es personal, lo suyo es original. ¡No permitir que el corazón se atrofie ni olvide lo esencial!
  3. Frente a la soledad del nombre, la constante de la relación y el equipo de colaboración. Ninguna investigación, lleve el nombre de quien lleve, es suya en exclusiva. En su tarea resulta fundamental la cooperación, el contacto. No son máquinas, son personas. El conocimiento hoy se crea en comunidad. Y es precisamente la comunidad, dadas las exigencias y los fracasos, la que soporta el peso real del avance y de la creación de nuevos horizontes. En diálogo, con un diálogo que trasciende lo profesional. Siempre hay alguien que está mejor, que puede calmar, dar paz, recordar los ideales por los que se trabaja. ¡Este vínculo es connatural a la ciencia hoy!
  4. Frente a la tentación de la reducción, que proviene incluso de dentro de la misma ciencia, apertura de nuevos horizontes. Según parece, no todo queda bien. Quien empieza no puede hablar de cualquier manera, tiene que cumplir con los requisitos que le exigen “pensar” en una dirección. Ellos, en su diálogo, se mostraban preocupados por la cerrazón de ciertas ilustres mentes, sin embargo aplaudían la apertura que se percibe en nuevos horizontes científicos, más humanos, más cordiales, más atentos a las preocupaciones y problemas reales en lugar de las necesidades de las industrias del ramo. ¿Quién decide, se preguntaban, qué es interesante investigar y desarrollar? ¡También aquí hay un enorme conflicto, que no pocas veces resulta empobrecedor, un fracaso adelantado de su tarea casi al empezar!

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Felicito a todos estos científicos, cuyo carácter y vocación impulsa su tarea. Y convierten esos resultados imprevistos en oportunidades para seguir adelante, descubrir nuevas cosas, seguir investigando y buscando la verdad como un verdadero servicio a las personas, a las sociedades, a las culturas, a quienes más lo necesitan.

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José Fernando Juan

@josefer_juan

 

gente de carne y hueso. JoseFer Juan

Necesitamos tu testimonio 

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Así de sencillo y claro: necesitamos tu testimonio. El tuyo, sí. Porque tú eres una persona de carne y hueso, con tu cotidianeidad y con tu historia, con tus fracasos y sueños, con tus éxitos y derrotas. Hablar de otros, y no de ti mismo, quizá sea una de las grandes apuestas de la época de los grandes titulares y de las personas relevantes. Pero al evangelio, a Dios le importas tú. Cada uno en particular. Por eso necesitamos tu testimonio, sencillo y claro, de que es posible seguir adelante. No sólo eso, sino salir fortalecido, con un aprendizaje hecho, incluso dando gracias. Atrévete a pensarlo y compártelo, porque quizá esa riqueza alcance a otros que andan desesperados sin saber qué camino tomar.

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Seguramente encuentres más de una ocasión en la que has respondido con valentía a acontecimientos adversos, y has sido levantada cuando muchos daban la situación por perdida. Así comienza todo, en el fracaso. Sin dejar, eso sí, que tenga la última palabra. Como aquello de la muerte y de la vida, como aquello de la división y la fraternidad. ¿Qué fue lo que te llevó a la muerte? ¿Qué te sacó de ella? ¡Necesitamos tu testimonio!

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maxresdefault (5)Es más que probable que, salvo que seas un superhéroe, no estuvieras solo. Quizá sí te sentías así. Aislado, incomprendido, alejado, como vagando por la existencia sin lugar donde reposar la cabeza. Pero algo hizo que girases tu vista y te fijaras en alguien de forma distinta. Sin medias tintas, porque todos lo hemos vivido: que pidieses ayuda y encontrases respuesta a tu llamada. Quién fue el que se acercó, cómo lo hizo, cómo llegó a ti. Y, más importante si cabe, cómo abriste tu corazón cerrado a la ayuda del otro. Aunque en principio te humillara algo, te vieras muy débil, muy poco hombre y mujer, niño o mayor. ¿Qué se movió interiormente? ¡Necesitamos tu testimonio!

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Después de aquel encuentro, de aquellos encuentros mejor dicho, cómo continuó la historia. Qué supuso para ti esa experiencia de empezar de nuevo. Hablamos poco de estas cosas, lo sé. Al final lo esencial queda invisibilizado, y tiene razón El Principito. Pero cuenta ahora que puedes, o cuéntatelo a ti mismo como mínimo, ¿qué se vive, cómo se afronta, qué miedos asaltan, qué dudas, qué consuelos y alivios encuentras en la tensión? ¿Cómo fuiste capaz de dar la cara, de no cubrirte una vez más el rostro sino de destaparte, y querer seguir? ¿De dónde nació tanta fuerza para emprender el regreso a la vida, con tantas heridas como produce esta batalla? ¿Dónde encontraste refugio en la tempestad, coraje en el desaliento? ¡Necesitamos tu testimonio!

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Sí, tengo más preguntas. Una última y ya paro. Mi interés no es remover mierda, ni asquear a nadie, sino devolver la dignidad a tantas personas sin titulares. A ti, al otro, a mí mismo. No aparecemos en los periódicos, ni en las revistas, ni en artículos digitales. Sin películas que no necesitamos, ni homenajes que nos harían sentir doblemente muertos. Necesitamos tu testimonio de cotidianeidad para que el mundo vuelva su mirada a lo pequeño, por valioso. Mejor dicho, para que sepamos mirar la grandeza no aparente ni falsamente creada de la existencia que se vive con exigencia, con rigor, con pasión, con ternura… ¡Necesitamos tu testimonio! Y me encantaría leerlo aquí abajo, en los comentarios. Hacer con él después algo, darlo a conocer, que sepamos mirar el rostro de la gente con nuevos ojos, con mayor profundidad, no con el vacío. Que nos fijemos atentamente los unos a los otros, porque vaya usted a saber qué hay detrás de cada nuevo paso. No juzgar, sino acoger. No hablar del otro, sino agradecer. No dar por supuesto, sino escuchar.

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El protagonista de este post eres tú. Si no lo eres, ¡toma la vida en tus manos! ¡Escribe, comparte, crea red, escucha y aprende! El primero sólo será el primero, después de él ojalá vengan mucho más.

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José Fernando Juan

@josefer_juan