Eco Diario de la Palabra
 

DIA INTERNACIONAL DE CONCIENCIACIÓN SOBRE EL RUIDO -¿Tu ruido interior es un agente contaminante?

El ruido interior es un agente contaminante “invisible”. Lo llevamos siempre con nosotros allá donde estemos, no hay escapatoria, y además, siempre ha sido así, porque así es nuestra naturaleza humana. Puede ser tan perjudicial como el ruido exterior, como otros agentes contaminantes.

Porque también puede producir efectos negativos, tanto fisiológicos como psicosomáticos. Su impacto en la salud individual y en la calidad de vida está aceptado y muchos son los estudios que lo investigan con rigor científico.

Por eso, ya en el siglo IV d. C. un Padre del Desierto creó una buena práctica sonora para sanear el ruido interior, un método para disminuir los pensamientos erróneos que no sólo hacen daño, sino que distorsionan la realidad.

Él decía que esta visión ilusoria, además de ser el origen de gran parte del malestar, no expresaba la verdadera naturaleza del ser humano, que era imagen y semejanza de su Creador. Su método consistía en sanear el ambiente interior contaminado, regándolo con algo que sería como un agua pura y cristalina. Era sencillo: consistía en repetir frases de la Sagrada Escritura que irían sanando el corazón herido además de afianzarle en su verdadera naturaleza.

Os propongo que, en los actos del Día Internacional sin Ruido, éstos finalicen con dos minutos de silencio en vez de uno. El primero para ser consciente del ruido ambiente que os rodea y el segundo, para tomar contacto con los pensamientos, y también con los sentimientos y con las necesidades que durante ese minuto tengas y sean como sean, que te lleves suavemente una mano a tu corazón y te digas: éste, ésta soy yo… y te sonrías.

ORAR EN CUARESMA #cuaresma #vivirdepie

La cuaresma comienza tradicionalmente con dos cosas de un matiz distinto: el carnaval y la invitación a adentrarnos en el desierto como Jesús, llevados por el Espíritu (Lc 4,1).

La oración en cuaresma podrá ser uno de los sustentos en esta nueva travesía por el desierto hacia la libertad, la Pascua. Un proceso purificador, como vivió el Pueblo de Israel, del que surge el más puro yo verdadero, sin agarraderos ni excusas.

Y es también una invitación a tocar mi realidad más profunda sin las máscaras del carnaval: mi debilidad y mi sed. Es la experiencia de mi existencia desnuda, pura y dura. Que busca un encuentro que me haga renacer, saque lo mejor de mí, me ponga de pie, me “estire…

Pero para este encuentro no tengo que ir “fuera” sino “dentro”, cada vez más adentro donde se puede escuchar una palabra de confianza que no tiene en mí su fuente, pero se pronuncia sobre mí: “eres mi hija amada… te basta mi gracia, mi poder se manifiesta en la debilidad” (2Cor 12,9). ¡Ahí puede haber vida!

Ir adentro no es encorvarme, porque ahí dentro brota inagotable el agua del Espíritu que sí sacia la sed (Jn 7, 38-39), que recompone y pone de pie porque es el mismo Amor de Dios (Rom 5,5) derramado en el corazón.

Sin esa experiencia de ahondar dentro, sin esa experiencia de lucha a muerte contra mis demonios, contra todo lo que me hunde y me mata… no habrá Pascua, no habrá Vida. Oremos desde lo que somos. Bebamos del agua de la Palabra de Vida. Comamos el Pan y bebamos el Vino. Ofrezcamos y recibamos un hombro amigo. Escuchemos el silencio. Practiquemos la misericordia. “Fijos los ojos en Jesús, nuestra Pascua”