Eco Diario de la Palabra
 

¿La esperanza es lo último que se pierde?

#yonopierdolaesperanza  en situaciones críticas

Todos nosotros en algún momento de nuestra vida nos hemos enfrentado a situaciones que no esperábamos, que nos han puesto sobre las cuerdas. A mí me ha tocado vivirlo hace tan solo unos meses…

A veces en esas situaciones inimaginables uno duda de todo; de si el propio mal es uno mismo, o es que vemos las cosas con perspectivas  tan divergentes, que nos separan. Y es que nuestra sociedad parece basarse en lo efímero; la amistad, el amor, incluso la Fe, tienen caducidad. Así que, ¿a qué puede uno aferrarse para buscar la solución?, ¿está todo perdido?

La Esperanza podría definirse como un estado de ánimo a partir del cual uno confía en que puede lograr lo que desea. Otra acepción sería, la figura en la que se deposita esa confianza; sin dudarlo, para los creyentes es Dios.

Si perdemos la esperanza, no habrá vida. Vivir esperanzados en que nuestro Padre está ahí, iluminando y protegiendo nuestro camino, ese que muchas veces no vemos, que parece se divide, borra, ensucia…

La solución es innegable: debemos vivir desde la esperanza.  Personalmente, me aporta plenitud en momentos buenos y fuerza para luchar y no rendirme en los malos; a veces, los malos momentos son etapas necesarias para conseguir las metas. Esperanza no es conformismo, es aceptación y superación.

Estamos llamados a renovar nuestra esperanza cada día, en cada nueva situación. Y al comenzar un nuevo año, más aún. Dios pone en nuestros corazones una y otra vez que por muchas piedras o flores que tengamos en nuestro “viaje”, una actitud esperanzadora es lo que nos hará elegir lo correcto.

Sin duda para mí,  la Esperanza tiene nombre: Dios.

Lo que hiciste a otro ser humano, me lo hiciste a Mi

Mateo 25, 25-34

Vengan benditos de mi Padre, porque tuve hambre, tuve sed…. Y me socorristes… ¿Cuándo? No recuerdo haberte visto hambriento, sediento… ¿ni siquiera recuerdo haberte visto? La verdad es que me paso la vida sin verte ni oírte, son tan pocas las veces que puedo percibir tu presencia y entonces la oscuridad de mi vida se ilumina con tu presencia, pero esto no sucede casi nunca… Siempre que lo hiciste para otro ser humano necesitado, me lo hiciste a Mi.  

Sí, podría recordar muchos rostros concretos, gente buena que da de lo suyo, se da  sí mismo a los más pequeños. Dios se lo pagará sobreabundantemente… siempre que lo hiciste a alguno de mis hermanos más pequeños… Son esas personas buenas que hacen realidad hoy la parábola del Evangelio.

Pensé también en la repercusión de cualquier obra buena en el corazón y en el recuerdo de quienes lo reciben. Tal vez a algunos les sirva para descubrir la presencia de Dios, a otros a despertar el deseo de hacer el bien cuando sean mayores, a otros cómo ser buenos y compasivos y acogedores con sus compañeros. El bien se propaga y nos invita a imitarlo. Gracias a todos los que os decidís a empezar una cadena de bondad y alegría en  nuestro mundo empezando siempre por los más pequeños.

 

El arte de Reparar

¿No os ha pasado que cuando os arrepentís de algo, cuando realmente lo sientes, el impulso es querer repararlo? Y ¡Qué impotencia cuando no sabes cómo! Es la parte que más me gusta de este evangelio, cómo Zaqueo pretende dar 4 veces más, porque cuando se rompe algo, es muy costoso arreglarlo, hasta cuatro veces más.  

Os invito a cronometraros y a comentar cuánto tardáis en romper un folio en trocitos. ¿Tres? ¿Cuatro segundos? ¡Venga… que yo tardo menos…!

Y ahora vuelve a cronometrarte ¿Cuánto tardas en volver a pegarlos? A mí aún no me ha quedado igual que estaba…

¿Y cuándo trato de solucionar algo? ¿Se me va más esfuerzo del que he necesitado para meter la pata?   

Crecer Agradecido

“En todo momento damos gracia a Dios por vosotros,
recordándoos sin cesar en nuestras oraciones”

1 Tesalonicenses 1,2.

El estudio de la gratitud no es algo reciente fruto exclusivo de la Psicología Positiva, sino que ya fue objeto de análisis en otras disciplinas, como la Filosofía y la Teología, en otras épocas de la historia.

El agradecimiento, la gratitud, es una emoción que permite a la persona agradecida tomar conciencia plena de sí misma, descubrir los dones que ha recibido, así como la generosidad de Aquel que los entrega. Es una fortaleza de la transcendencia, de la espiritualidad. O, dicho de otra forma, la virtud de la transcendencia se manifiesta en la fortaleza de la gratitud.

Desde esta perspectiva, el concepto de gratitud choca con la cultura actual que invita a enfocar la mirada más en las carencias que en los dones recibidos. Así, por ejemplo, en nuestra sociedad se piensa en el pasado como la oportunidad perdida, o lo que es lo mismo, lo que debió ser y no fue. Se focaliza el presente poniendo de manifiesto lo que a cada uno/a le falta. Y se proyecta hacia el futuro poniendo la meta en lo que uno/a debería ser o tener y que ahora no es o no tiene.

Es más, en ocasiones tampoco se entiende lo que implica el agradecimiento y acaba confundiéndose con dar las gracias. El agradecimiento es un proceso profundo que solamente se puede realizar en primera persona desde la contemplación de uno/a en la propia existencia y en la relación con los demás. Contemplar la vida invita a sentirse agradecido por lo que uno/a es, por lo que uno tiene y, también, por lo que los demás han recibido. Y es precisamente este sentimiento el que provoca que uno/a se sienta lleno/a, pleno/a y que necesite comunicarlo haciendo partícipe al otro de su felicidad y dándole las gracias.

Del mismo modo, también puede conducir al error pensar que agradecer es conformarse o resignarse ya que el agradecimiento permite reconocer el valor que ya se tiene, lo que ya se es y otorga un sentido positivo a la vida.

Participar en la cultura del agradecimiento entra en confrontación con hacerlo en la cultura de la queja, de la envidia y el ego pues éstos últimos impiden ser verdaderamente agradecido con los demás y con Dios. La persona agradecida aprecia todo lo que recibe, las bondades con las que ha sido bendecida y concibe la propia existencia y la ajena, como un regalo y se alegra por ello.

Tal es la repercusión del agradecimiento en la vida de las personas que hasta la neurociencia está estudiando cuáles son sus bases neurobiológicas. El agradecimiento tiene un efecto químico que provoca que el cerebro libere neurotransmisores asociados al placer produciendo efectos emocionales positivos, disminuyendo el dolor físico y mejorando el sistema inmunológico. Además, contribuye a reducir el efecto de la hormona asociada al estrés. Es más, según la neurociencia cultivar el agradecimiento puede hacer de ella un hábito que mejorará la existencia humana.

Estudios recientes realizados en diferentes etapas del desarrollo muestran los beneficios de la cultura del agradecimiento en aquellas personas que lo practican. De todos cabe destacar aquellos centrados en la adolescencia que revelan que la gratitud funciona como factor de protección frente a las conductas de riesgo (consumo de alcohol y otras drogas), las relaciones familiares o la actitud frente a los temas de índole académico.

 

“Padre, te doy gracias por haberme escuchado”

Juan 11, 41

Jesús de Nazaret.

Jesús también tenía un corazón agradecido. La vida de Jesús fue una continua acción de Gracias, una Eucaristía, como respuesta al Amor de Dios. Y en su camino por aquellas tierras de Palestina Jesús se encontró con personas agradecidas. Cabe recordar, por ejemplo, aquella mujer citada en los evangelios que le enjuagó los pies con un ungüento perfumado y que no podía dejar de llorar conmovida, seguramente agradecida, por cómo Jesús la acogió y perdonó sus pecados. O aquel hombre, considerado doblemente impuro, por samaritano y por leproso, que tras ser sanado por Jesús se arrodilló a sus pies y no podía dejar de darle las gracias. La gratitud invita al encuentro personal con Dios.

Ahora bien, es fácil agradecer en tiempo de bonanza, pero, en cambio, en circunstancias difíciles se puede llegar a cuestionar esta pedagogía del agradecimiento. Entonces ¿cómo sentirse agradecido en la desgracia? Quizás la respuesta a esta pregunta esté en contemplar cada obstáculo como una oportunidad para ir forjando la fortaleza interior de la persona. Transformar las adversidades en desafíos es una oportunidad de aprendizaje que posibilitará el crecimiento espiritualmente. Es una manera de crecer agradeciendo.

Agradece la vida como un regalo que se te entrega. Agradece cada día tus dones y los de las personas que hacen contigo el camino de la vida. Entrénate en este proceso reservando dos momentos del día, al iniciarlo y al despedirlo, para pensar en tres cualidades y/o circunstancias por lo que debes dar las gracias. Ora agradeciendo. Busca a Dios para darle las gracias.

 

PREGUNTA LA GRATUIDAD

¿Cómo podremos agradecerte si somos incapaces de saber todo lo que hemos recibido?

¿Por qué me escogiste para existir entre posibles seres infinitos?

¿Quién podrá catalogar ahora lo que Tú nos das en un segundo?

¿De quién fueron las manos y el cansancio que asfaltaron la calle en que camino?

¿Cuántas veces en lo oscuro detuviste nuestra vida al borde del abismo?

¿Cómo la vida eterna dentro de mí ya impregna de infinito mis instantes?

¿Si todos somos don unos para otros, bastará que entone yo solo mi canto?

¿Sólo Jesús resucitado podrá darte gracias y nosotros unirnos a su canto de alabanza?

SALMOS PARA “SENTIR Y GUSTAR INTERNAMENTE”

Una ayuda para la experiencia de los Ejercicios Espirituales

Benjamín González Buelta S.J

 

“Un cristiano que no sabe dar las gracias
ha olvidado el lenguaje de Dios”.
Papa Francisco.

BUSCANDO EL NORTE

Caminar por la vida como un robot sin saber quién soy, por qué hago esto o aquello, hacia dónde dirijo mi vida, con quién hago el camino, de quién me dejo acompañar.

Llenamos la mochila de mil cosas. ¿Por qué?  ¿Para qué?

Vivimos consumiendo hasta la indigestión: tecnología streaming (audio y vídeo por internet a la carta), productos ecológicos, cocina de autor, productos on line.

Vendemos imagen en las redes sociales como si fuéramos maniquís de un escaparate. No importa la verdad, nuestra verdad, sino que lo que damos a entender.

Mantenemos relaciones interpersonales enfocadas en un@ mism@, controlando, demandando, anteponiendo el propio beneficio.

Nos gusta anclarnos en la preocupación, por todo y por nada.

Y al final, nos damos cuenta de que todo lo que hacemos, lo que llena nuestra agenda, nos provoca insatisfacción personal así que nos anestesiamos con la química del alcohol para evadirnos unos minutos.  Para escapar del vacío que palpamos en nuestro interior.

No vivimos, sobrevivimos. Hemos dejado de actuar para limitarnos a reaccionar.

Caminamos por la vida sin mirar hacia el interior. Sin buscar el sentido a la vida. Sin llenar la vida de sentido.

Nos dejamos llevar por la multitud, por la superficialidad y acabamos llenándonos de insatisfacción, desánimo y apatía.

Y ahora ¿qué?

Precisamos de tiempo para nosotr@s. Para pensar, para sentir, para elegir. Para descubrir el sentido de la vida. Para responder a las preguntas ¿qué llena mi vida de sentido? ¿qué sentido tiene mi vida?

Francesc Torralba desvela el misterio en su libro El sentido de la vida. Para este filósofo y teólogo el sentido de la vida “no es en ningún caso un bien de consumo, ni un objeto que se pueda comprar, vender, alquilar o adquirir. No es una cosa material. Es el horizonte que proyectamos, el norte de nuestras vidas: el fin.”

Buscar el norte. Mirar hacia dentro. Responder a la pregunta del sentido de la vida y ser valiente. Orientar la brújula hacia el norte, hacia la meta, hacia el horizonte, pero disfrutando “de la brisa que sopla aquí y ahora”. Este es mi propósito pero ¿y tú, ya sabes cuál es el sentido de tu vida? ¿sabes dónde está tu norte?