Eco Diario de la Palabra
 

LA RELIGIÓN EN EL AULA

Con los cambios de leyes, y siempre en boca de todos, la clase de religión, como la más pobre de entre las asignaturas, pero, al parecer símbolo de algo que debe o no desaparecer de la vida pública, vuelve a ser zarandeada, puesta en cuestión. Bandera discutida entre unos y otros, y polarizadas las posturas con intereses sumergidos por todos intuidos, y sin ánimo de agotar el tema, expreso una reflexión que quisiera enriquecer el debate en torno al tema.

En cuanto a las objeciones respecto a la clase de religión, los argumentos son más bien escasos y repetidos, tan inmutables casi como la descripción escolástica de Dios en el tratado De Deo uno, por lo menos desde el s.XIX[1]. Las cinco más importantes son:

  • el supuesto privilegio que suponen los Acuerdos Iglesia-Estado, por parte de una España constitucionalmente aconfesional, a un colectivo religioso concreto;
  • ello obliga, a su vez, segunda objeción, a la totalidad del alumnado a contar con una asignatura más en el currículo, teniendo en cuenta la obligatoriedad de la alternativa a religión;
  • el estatuto académico de la religión es puesto en tela de juicio, además, habida cuenta de su naturaleza eminentemente vivencial, con las correspondiente dificultades: la dificultad de la evaluación, etc.;
  • la percepción de la religión como transmisión vivencial privada, siembra la duda en torno a la financiación pública de dicha materia lectiva.
  • Y, puestos a enseñar religión, ¿por qué la cristiana católica romana y no otras?

No debemos, sin embargo, caer en extremos tan connaturales como erróneos. Y es que la aconfesionalidad del Estado no implica necesariamente el laicismo del mismo. La apertura de tal espacio permitiría plantear el estudio del hecho religioso en tanto que saber que trata de sistematizar y armonizar el discurso coherente brotado de la experiencia religiosa.

¿Qué supone esto en el conjunto de las asignaturas que componen el currículo escolar? Lo primero de todo, la necesidad de distinguir entre asignaturas y asignaturas. Fue, si no recuerdo mal, Círculo de Viena y el movimiento cientifista contemporáneo el que impuso en la mentalidad occidental la percepción de que lo verdadero es lo verificable a través del método científico y, por tanto, expresable alfanuméricamente. Si bien los intentos por establecer un sistema lógico formal coherente y subsistente en sí mismo fueron un rotundo fracaso. De hecho, la afirmación discriminatoria inicial no es demostrable, sin un planteamiento metafísico (literalmente, «más allá de la Física») concreto. Y éste no es consistente, a su vez, si no se apela, de un modo u otro, por lo menos a la posibilidad de la referencia última al Absoluto como fundamento, sostenimiento y horizonte de la realidad, a su ausencia de tal referencia (nihilismo) o al análisis de las posturas intermedias. Estamos, en este último campo, en el ámbito de la enseñanza de la asignatura de Religión, bastante más, como desarrollo a continuación, que dedicarse a contar su historia, como algún político actual ha gustado de decir últimamente.

En efecto, con Gabriel Marcel, podemos distinguir entre materias dedicadas a problemas (Matemáticas, Física, Química, Ciencias Sociales…) y saberes concentrados en metaproblemas o misterios[2] (Metafísica, Teología, Epistemología…). En ambos casos se asume la estructura racional de cuanto es (algo que, por cierto, es interesante de analizar), pero se distingue entre el ámbito externo de la realidad y el ámbito interno del espíritu humano[3]. B. Pascal hablaba de las razones de la razón y de las razones del corazón[4]. Hoy día y gracias a H. Gardner y a los aportes posteriores de Zohar y Marshall y de otros autores, las dimensiones humanas quedan plasmadas en inteligencias a desarrollarse. Se habla en la actualidad por lo menos de diez inteligencias diferentes (lingüística, musical, lógico-matemática, corporal y quinestésica, espacial y visual, intrapersonal, interpersonal, naturista, pedagógica y espiritual)[5]. Se aprecian en estas investigaciones dos puntos importantes: la imposibilidad real de separación y mucho menos de supeditación (ancilla) en el ámbitos de los saberes, entre los referentes a la razón objetiva y a la razón subjetiva y la necesidad de diálogo entre todas ellas para garantizar el desarrollo integral del ser humano. Lo subjetivo no es menos verdadero que lo objetivo y viceversa, si bien el tratamiento en ambos caso reviste de dificultades y tratamientos diversos como se ve en el ámbito del conocimiento y de la praxis correspondiente.

Hemos de reivindicar, como una dimensión más, con su metodología y sus peculiaridades, la necesidad de desarrollo de la inteligencia espiritual y de su correlativa competencia académica. No es casualidad que se hable de un «desierto espiritual» en la actualidad occidental, cuyos frentes principales, entre otros, serían, según F. Torralba: la búsqueda de sentido, el preguntarse últimamente, la capacidad de adquirir distancia, la autotrascendencia, el asombro, el autoconocimiento, la capacidad de valorar, el gozo estético, el sentido de Misterio, la búsqueda existencial de la Verdad, el sentido de pertenencia al todo, la superación de la dualidad, la capacidad de los simbólico, el discernimiento de intenciones y de la propia vocación, la construcción de los propios ideales, la capacidad de religación, la ironía y el humor, etc[6].

Apreciamos, además, que en el planteamiento de la asignatura de religión resulta imposible la «desconfesionalización» de la religión sin desnaturalizar la misma. La idea de una especie de esperanto de lo espiritual que, a su vez, conserve una anonimia en aras de respetar la aconfesionalidad de un determinado Estado es, simplemente, usurpar la esencia del hecho religioso y su lógica interna. Es enseñar una nueva religión creada en el laboratorio y no en el encuentro con el Misterio Santo, con las concreciones diversas que de éste se derivan. Y ante la crítica de por qué enseñar una religión y no otra, la sucesión de leyes educativas ha entendido muy bien a lo largo de la historia, no solo con religión sino con otras materias, que se trata de la formación de las capacidades humanas, algo que va más allá de la propia materia muchas veces, como pasa, exempli gratia, con la enseñanza de la Primera Lengua Extranjera, que en tantos casos se traduce directamente en la enseñanza de Inglés, pero que no tendría por qué. La elección, por tanto, de la religión a enseñar quedaría en manos del centro, teniendo en cuenta, por supuesto, la realidad circundante, y estaría destinada al desarrollo de estas capacidades que antes describíamos asociadas a la inteligencia espiritual. De fondo se advierte la lucha de una cultura postmoderna derivada de una concepción fragmentaria del ser humano público-privado, objetivo-subjetivo, alma-cuerpo… contra todo lo que a ello se opone. Y, en este caso, la clase de religión significa claramente una apuesta en esta última dirección.

Ciertamente, y frente al positivismo impuesto desde principios del s.XX en todos los saberes, no todo lo que es, es reductible a números. La evolución de los métodos de evaluación de lo que atañe al sujeto últimamente[7] nos dará pistas para ir acertando en la calificación de la asignatura, pero su dificultad no exime de su necesaria incorporación al currículum en aras de la integralidad de la educación.

Terminaría, por resumir el mensaje que se quiere transmitir en estas líneas, con dos llamamientos a través de sendas citas. La primera es del concilio Vaticano II

«Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas, es decir, dotados de razón y de voluntad libre, y enriquecidos por tanto con una responsabilidad personal, están impulsados por su misma naturaleza y están obligados además moralmente a buscar la verdad, sobre todo la que se refiere a la religión. Están obligados, asimismo, a aceptar la verdad conocida y a disponer toda su vida según sus exigencias. Pero los hombres no pueden satisfacer esta obligación de forma adecuada a su propia naturaleza, si no gozan de libertad psicológica al mismo tiempo que de inmunidad de coacción externa. Por consiguiente, el derecho a la libertad religiosa no se funda en la disposición subjetiva de la persona, sino en su misma naturaleza. Por lo cual, el derecho a esta inmunidad permanece también en aquellos que no cumplen la obligación de buscar la verdad y de adherirse a ella, y su ejercicio, con tal de que se guarde el justo orden público, no puede ser impedido»[8].

Y la segunda, a modo de consejo para nuestro sistema educativo y nuestra cultura, la tomo prestada de F. Nietzsche:

«Ida, no abandones la idea de Dios.  Yo la he abandonado, quiero crear algo nuevo y no puedo ni quiero volverme atrás. Voy a perecer a causa de mis pasiones, que me he arrojado de acá para allá; me desmorono continuamente, pero eso nada me importa»[9].

 

[1] Cf Carlos Esteban Garcés, El área de Religión en el sistema educativo LOE, SM, Madrid 2007;

Id., «Controversia e historia de la ERE», Aula de Encuentro: 9, Escuela de Magisterio Sagrada Familia Universidad de Jaén, 149-198.

[2] Être et avoir, Aubier, Paris 1935, 144ss.

[3]Cf. P. Tillich, Teología Sistemática I. La razón y la revelación. El ser y Dios, Sígueme 2009,104ss.

[4] B. Pascal, Pensées, § 277.

[5] Cf. F. Torralba, Inteligencia espiritual, Plataforma, Barcelona 2012.

[6] Ibid., 30-42.

[7] Cf. P. Tillich, O. c., 27.

[8] Pablo VI, Dignitatis Humanae, Decreto del concilio Vaticano II sobre libertad religiosa, Roma 1965, 2.

[9] Citado en H. Küng, ¿Existe Dios?Respuesta al problema de Dios en nuestro tiempo, Cristiandad, Madrid 1979, 539-540, tomado de C. A. Bernoulli, Franz Overbeck und Friedrich Nietzsche, Eine Freundschaft I, Jena 1908, 208.

OCTAVA CANDELA · JANUKÁ (VIII)

Octava Candela

Somos como ondas del mismo mar, perturbaciones que crean la apariencia de que nos hallamos ante olas individuales pero que no son nada sin otras olas, y no son nada sin el mar. Las olas existen porque existe el mar.

Sentimos que algo nos transciende e intentamos conectarnos, alinearnos con ello. En ocasiones la tarea es no desacoplarnos. Somos la fuerza que nos agarra por el talón. Somos Jacob. Sufrimos transformaciones, cruzamos el río Yabok, luchamos en la noche y nos sobreponemos. Luchamos porque ansiamos conectarnos a lo transcendente. Entonces nos convertimos en Israel (ישראל). Reconocemos que somos parte de esa realidad transcendente, nos sentimos determinados por ella, inmersos en ella.  

Esa realidad es nuestro Elohim. Esa realidad es Única, es la Existencia. Todo es Dios. 

Por eso tras encender la octava candela sólo cabe una rotunda afirmación: SHEMÁ ISRAEL, ADONAI ELOHENU, ADONAI EJAD. Comprende Israel, Adonai (=YHWH, la Existencia) es nuestro Elohim, Adonai es UNO. 

Y como siempre, en un murmullo, concluiremos: BARUJ SHEM KEVOD MALJUTÓ LEOLAM VA ED. Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre jamás. 

SÉPTIMA CANDELA · JANUKÁ (VII)

Séptima Candela
 

El anterior texto de Isaías hace referencia al tercer pilar que sostiene el mundo: gmilut jasadim. La traducción más habitual es “actos de benevolencia”. Jesed, la benevolencia o la bondad, es el cimiento de nuestra existencia. “El mundo está construido con Jesed”, reza el Salmo 89:2. Y en la lectura del Salmo 136, la congregación responde: ” ki l’olam jasdó” (pues Su bondad es para siempre).  

Jesed tiene por tanto la connotación de “servir de sustento”Jesed “da” y no espera nada a cambio: “Todo está en manos de Dios, excepto el temor a Dios” (Berajot 33b). 

Encendemos la séptima candela y recordamos lo escrito: “Es al Eterno vuestro Dios a Quien seguiréis…” (Devarim 13:5).  

Jesed es vestir al desnudo, alimentar al hambriento, proteger al desvalido.  

Jesed es luchar por la Justicia, la Verdad y la Paz, para que el mundo siga existiendo. 

Actuar “imitando” las acciones de Dios no nos convierte en divinos pero sí nos hace ser realmente “imagen de Dios”. 

SEXTA CANDELA · JANUKÁ (VI)

Sexta Candela

La oración parte de la aceptación de que hay una realidad que nos transciende y que en modo alguno podemos abarcar, una realidad a la que debemos nuestra existencia y a la que a su vez contribuimos.  

En palabras de rabi Nancy Flam: “la oración es una forma de transformar nuestra conciencia”. No en vano la palabra hebrea que designa a la oración es TEFILÁ, relacionada con el verbo reflexivo L’HITPALEL, juzgarse a uno mismo. A través de la oración procedemos a alinearnos con lo divino. Por tanto, la oración es un medio, una búsqueda, no un fin en sí misma. Y como ya fue señalado la búsqueda ha de hacerse dentro de cada cual.  

Tradicionalmente la oración judía tiene tres formas: shevah o alabanza, bakasha o petición y hoda’ah o agradecimiento. ¿Qué es la bakashá más que una búsqueda de crecimiento espiritual, de perfeccionamiento y de autorrealización? 

Está escrito:
“Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda (Isaías 1:16-17). 

Encendamos la sexta candela. 

QUINTA CANDELA · JANUKÁ (V)

Quinta Candela

Tres cosas sostienen, pues, el mundo:   

  • Torá o relación con uno mismo (por tanto, capacidad de evolucionar) 
  •  Avodá o relación con lo transcendente  
  • y Gmilut Hasadim o relación con los otros. 

Torá es en sentido literal, Instrucción. Supone estudio, análisis, reflexión. Sólo así podemos percibir lo que somos, o lo que creemos ser, lo que nos rodea, desde múltiples perspectivas.  

Encendamos la quinta candela. 

El programa de estudio de la Torá recibe el nombre de PARDES, acróstico de los cuatro niveles de análisis: 

  • PESHAT, la lectura simple y literal 
  • REMEZ, la lectura alegórica 
  • DRASH, la lectura interpretativa 
  • SOD, la lectura mística 

 Estos niveles son independientes entre sí, son completos y a veces conducen a conclusiones dispares. Rabi Meir decía: “El que se ocupa del estudio de la Torá, por amor a esta, merece muchas cosas. Y no sólo eso, si no que el mundo está en deuda con él. Se le llama amigo, amado, que ama a Dios, que ama a las criaturas humanas; agrada a Dios y agrada a la humanidad; y la Torá lo viste con cualidades de humildad y reverencia; hace que sea justo; piadoso, recto y fiel…” (Pirke Avot 6:1). 

Pero esa Torá de cuyo estudio hablamos no está en el cielo y así está escrito: “Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas” (Devarim 30:14). 

CUARTA CANDELA · JANUKÁ (IV)

Cuarta Candela

Viernes tarde. Dieciocho minutos antes de la puesta del Sol son encendidas las luces de Shabat. Ningún otro fuego será encendido hasta la salida del Shabat, hasta la havdalá, la separación de lo sagrado y lo profano. Por tanto y excepcionalmente, las candelas se encenderán durante el día y brillarán juntas las luces de Shabat y las luces de Januká: 

Simón el Justo fue uno de los últimos miembros de la Gran Asamblea. El solía decir: “El mundo SE SOSTIENE sobre tres cosas: la Torá, el culto y las buenas acciones” (Pirké Avot 1:2) 

Rabán Shimón, hijo de Gamliel acostumbraba a decir: “El mundo EXISTE por tres cosas: la justicia, la verdad y la paz…” ( Pirké Avot 1:18) 

TERCERA CANDELA · JANUKÁ (III)

Tercera Candela 

Los sabios se preguntaron acerca de las razones por las cuales el libro de Bereshit formaba parte de la Torá, si las mitzvot (mandamientos) empiezan a ser enumeradas a partir del libro de Shemot (Éxodo).  

Entre las múltiples respuestas quisiera destacar una de ellas, que sostiene que el libro de Génesis describe un marco general de las relaciones entre Dios y los seres humanos y entre ellos. En ese marco general se desarrollarán múltiples vías, una de las cuales corresponde al camino judío que no es unitario, sino que está lleno de matices en la búsqueda de la conexión con lo divino. Por tanto, todo en Bereshit es relacional. En Bereshit sólo hay situaciones, sólo hay preguntas. 

Dios pregunta al ser humano (Adam): Ayeka? (Gen 3:9). Es decir: ¿Donde estás?
Esa es la pregunta fundamental. Todo Bereshit son respuestas. Sólo cuando tomamos conciencia de que TODO está en relación,  de que no somos el centro del Universo aunque juguemos un papel en el mismo, sólo con esa humildad podemos proceder a encender la CUARTA CANDELA. 

Todo aquel que tenga estas tres cosas: ojo generoso, espíritu humilde y deseo modesto, pertenece a los discípulos de nuestro patriarca Abraham (Pirké Avot 5:22). 

SEGUNDA CANDELA · JANUKÁ (II)

Segunda Candela. 

La Torah es leída públicamente en Shabat así como todos lunes y jueves de cada semana  y durante Januká es la parashá Miketz (Gen.41-44:17) a la que prestamos atención. Y en el comienzo del día encenderemos la segunda candela.

En un fragmento antes mencionado, José es liberado:“Entonces el faraón hizo llamar a José, y le trajeron apresuradamente de la prisión….” Gn 41:14). 
José está presto a desarrollar todas sus capacidades. Sin libertad no podemos plantearnos ni siquiera ser. Del mismo modo, nosotros, tras el encendido de la primera candela, hemos situado una pequeña luz en nuestro camino y estamos preparados   para dar un paso más, hemos empezado a ser. Hemos salido, más bien. Dios nos ha sacado de nuestra prisión particular y es menester continuar con la misión para la que hemos sido llamados.

Encendamos la segunda candela.  

En un fragmento anterior (Gen 37) la arrogancia parece ocupar el primer plano.  Es la percepción por parte de otros lo que realmente la hace presente, alentada por actitudes propias o por el silencio. Y esa arrogancia real o sentida es fuente de conflicto y de violencia.

Volvemos a Miketz. El faraón solicita a José que interprete sus sueños: “Dicen que puedes comprender los sueños e interpretarlos”. La respuesta ahora es: “No yo, es Dios quien va a responder para tranquilidad del faraón” (Gen 31:15-16).El ego ha sido contenido. Ha entrado en juego la ANAVAH, la humildad.

Por el desarrollo de la historia vemos que humildad no es ser un “don nadie”, no es sentirse inferior a nadie, es simplemente ocupar el lugar en el que debemos estar y no pretender ser más que los otros. “Los jactanciosos no se presentarán ante Tu vista. Odias a todos los que obran iniquidad” (Sal.5:6).

Así pues, con ANAVAH (humildad), sabiendo que tenemos una tarea que realizar, una tarea para la que hemos sido llamados, estamos prestos a encender la tercera candela.  

PRIMERA CANDELA · JANUKÁ (I)

Primera noche: Primera Candela
 
Es hora de encender la luz del Shamash, la luz guía,   la Luz de la Torá: Luz transcendente cuyo propósito es ligar todos los fenómenos a lo divino. No en vano la palabra  OR (Luz) está contenida en la palabra TORÁ,  Enseñanza. 
En su interpretación del Salmo 19, el Maharal de Praga hacía notar que los SIETE primeros versos hacen referencia al mundo de la naturaleza, por tanto a los SIETE días de la Creación, mientras que los OCHO restantes versos se vinculan a lo Transcendente. 
Ocho candelas serán pues encendidas por medio del Shamash.  
Dos escuelas compitieron en cuanto al ritual. Bet Shamai sostenía que a medida que la Luz de la Torá se iba expandiendo, iría disminuyendo su brillo, al verse alterada por más y más receptores. Su propuesta consistía en encender todas las candelas el primer día e ir apagándolas sucesivamente.  
Bet Hillel , por su parte, mantenía que dicha  expansión contribuía a aumentar la Luz  y por tanto el encendido debía de ser ascendente, de la potencialidad a la Transcendencia.  
Por tanto, y dado que el grado de Santidad debe de ir en aumento, sigamos a Bet Hillel y encendamos la PRIMERA CANDELA. 

LA ISLA DE LOS MONJES

La isla de los monjes

 

1.- Ficha técnica:

Título original: De terugkeer van de monniken op Schiermonnikoog

Año: 2017

Duración: 69 min.

País: Países Bajos (Holanda).

Dirección: Anne Christine Girardot

Reparto: monjes del convento de Sión.

Estreno en España: 8 de diciembre 2017.

Etiqueta: Documental.

Etiquetas pastorales: Religión, vocación, cambio, desprendimiento, testimonio.

2.- Sinopsis:

Este documental nos acerca a la vida de ocho monjes trapenses, sexagenarios, que viven en el Monasterio de Sión, en la localidad holandesa de Diepenveen que, tras sentir que Dios les estaba mostrando otro camino, deciden poner en venta su convento e iniciar una nueva comunidad en la “Isla de los Monjes Grises”.

3.- ¿Por qué ver la “Isla de los Monjes”?

En una de sus “genialidades” dice el Papa Francisco: “Nunca he visto un camión de mudanzas detrás de un cortejo fúnebre, nunca. Pero existe un tesoro que podemos llevar con nosotros, un tesoro que nadie puede robar, que no es “lo que hemos ahorrado” sino “lo que hemos dado a los demás”.

¿Ha hecho alguna vez mudanza? Si no es así, imagínate que vives en el barrio de toda la vida y que mañana, por distintas razones te tienes que ir a otro lugar. Piensa: ¿Qué sentirías? ¿Qué te llevarías? ¿Qué dejarías? Probablemente empezarías a pensar en todas las cosas materiales que tienes y que, incluso, no sabes qué hacer con ellas. Pues bien, ahora piensa en un grupo de monjes, que viven en un monasterio de más de 150 años y por el que han pasado generaciones y generaciones de hombres, y que han hecho voto (promesa) de permanencia hasta la muerte, se ponen a la escucha de lo que Dios les está pidiendo y deciden marcharse a otro lugar. El documental, trata del valor del desprendimiento de lo necesario y de quedarse con lo esencial.

Probablemente solo le interesará a personas con cierta sensibilidad espiritual, pero puede ayudar a creyentes y no creyentes, porque es la historia de unos hombres que “en el ocaso de su vida” tienen que enfrentar nuevos desafíos.

¿Qué más nos enseña?

  • Que el desacomodo, los cambios no son sencillos. Estos producen dudas, temores y movimientos internos y externos (volver al ruido desde el silencio, comprar en el supermercado en vez de vivir de la tierra, subir a un autobús en vez del caminar pausado).
  • Que para seguir un sueño tienes que abandonar las seguridades.
  • Descubrir que algo que era esencial (vivir en el monasterio) deja de serlo, cuando la estructura misma les asfixia son capaces de liberarse de aquello que les sujetaba.
  • La relación con Dios en el silencio puede ser en cualquier momento y lugar, no necesitas un espacio concreto.
  • La importancia de hacerse preguntas para recuperar el sentido y encontrar la vocación a la que son llamados. El encuentro con Dios desde lo original de sus orígenes.
  • Hacernos significativos en una sociedad cambiante, ser una propuesta alternativa en un mundo que se ha ido vaciando de fe: “no tenemos ninguna utilidad, nuestra única razón de existir es ser presencia de Dios en el mundo”.
  • Ser conscientes de “lo importante que hemos sido y somos para la gente”. Nuestro testimonio marca a los demás.
  • Ante una sociedad tan materialista, nos transmiten un mensaje de esperanza: “tu valor infinito no está en lo útil que eres, o en lo que haces, sino en tu dignidad como hijo de Dios”.
  • La presencia constante de la muerte (cementerio de los monjes) y la serenidad con que se afronta.

Es un documental muy humano. Durante el mismo utiliza mucho la metáfora del faro. Este es una construcción quieta, erguida, que se mantiene firme con el paso de los años, produce luz para guiar a quien quiera mirar hacia él. En definitiva, lo mismo hacen ellos: el mundo cambios, pero ellos ahí están para que quien se cruce con ellos experimente algo de la luz y el amor de Dios.

3.- Reflexión personal:

 Una palabra con la que definirías el documental

  1. ¿Qué destacarías del mismo?
  2. Si tuvieras que hacer mudanza ¿Qué te llevarías? y ¿Qué dejarías?
  3. ¿Cómo afectan las pérdidas al corazón?
  4. Comenta las frases:
  • “Cerré los ojos y le pedí un favor al viento: llévate todo lo que no sea necesario. Estoy cansada de equipajes pesados que no me dejan avanzar. De ahora en adelante, solo quiero llevar lo que quepa en mi bolsillo y en mi corazón”.
  • «El coraje y atrevimiento de esos monjes me conmovió, pero sobre todo me imaginé que conocerían los dilemas, las dudas, el dolor que supone soltar la riendas de tu vida, la seguridad y el lugar que escogieron para el resto de su vida. Aunque hoy en día nos resulta difícil ponernos en los zapatos de un monje, sus problemas en este caso me parecieron universales: todos tememos abandonar nuestras seguridades para seguir un sueño, una vocación, un camino…».
  • “Ahora es cuando te das cuenta lo importante que hemos sido para ellos, a mucha gente le resulta inimaginable pensar que nos vamos”.
  • “Dios es el motivo por el que vine aquí, no se necesita nada más, el resto es superfluo”.
  • “El hecho de que estemos aquí es una señal muy clara de que no debemos dejar de rezar”.

 

  1. Trailer: