Eco Diario de la Palabra
 

Poema voto Claretianas

Las Claretianas celebramos cada 15 de Agosto el impulso y el arrojo de las primeras mujeres que con Mª Antonia París, en Tarragona, “hicieron voto de cruzar los mares por amor a Jesucristo y no separarse”.

La unidad y la disponibilidad misionera requieren de mucho “viento”, de mucho empuje y solera para respirar y no amedentrarse, como decía el P. Claret, pues a un misionero, a una misionera, “nada le arredra”. ¡Feliz 15 de agosto!, ¡feliz travesía por la vida!

UN VIENTO, poema de Claudio Rodríguez

Sed de espacio

Dejad que el viento me traspase el cuerpo
y lo ilumine. Viento sur, salino,
muy soleado y muy recién lavado
de intimidad y redención, y de
impaciencia. Entra, entra en mi lumbre,
ábreme ese camino
nunca sabido: el de la claridad.
Suena con sed de espacio,
viento de junio, tan intenso y libre
que la respiración, que ahora es deseo
me salve. Ven
conocimiento mío, a través de
tanta materia deslumbrada por tu honda gracia.
Cuán a fondo me asaltas y me enseñas
a vivir, a olvidar,
tú, con tu clara música.
Y cómo alzas mi vida
muy silenciosamente
muy de mañana y amorosamente
con esa puerta luminosa y cierta
que se me abre serena
porque contigo no me importa nunca
que algo me nuble el alma.

¡Él alza nuestra vida, la llena y la traspasa! A veces se hace real esa sed de espacio, como una necesidad de salir de lo nuestro, de desenredarse, de tomar aire. Y me gusta pensar que su Espíritu puede actuar así en nosotros: como un respiro, que ensancha y sacia. O como un viento intenso, que aclara y despeja.

 

Y así como el aire se recibe, se respira… también a Él podemos acogerle dejando que por dentro nos dé anchura. Quizá entonces sea posible vivir sabiéndose libre. Y elegir la vida, y ser lo que estamos llamados a ser.

ALEGRÍA (José Hierro)

Llegué por el dolor a la alegría.

Supe por el dolor que el alma existe.

Por el dolor, allá en mi reino triste,

un misterioso sol amanecía.

Era la alegría la mañana fría

y el viento loco y cálido que embiste.

(Alma que verdes primaveras viste

maravillosamente se rompía.)

Así la siento más. Al cielo apunto

y me responde cuando le pregunto

con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza

ruego por el que he sido en la tristeza

a las divinidades de la vida.

COMER Y BEBER

¿Cómo puedo dar gracias a Dios,

si me da de comer y beber sólo a mí,

y mi vecino sufre hambre y sed…?

¿Cómo podré decir entonces:

gracias, Señor, por la comida?

¿Y debo alabar a Dios

si viste sólo mi cuerpo y da habitación a mi familia

mientras mi vecino está desnudo

y duerme en la calle?

¿Cómo podré decir entonces:

alabada sea la bondad de Dios?

¿Debería dar gracias a Dios

porque me ha elegido a mí,

mientras millones de hombres

viven en la oscuridad?

¿Debería rezar entonces:

te doy gracias, Señor,

por ser uno de tus elegidos?

 

Hijo mío: No te doy de comer y de beber

para que sólo tú puedas hartarte y estar alegre.

Te doy comida para que la compartas

con tu vecino que padece hambre:

satisfecho por ti, reconocerá mi cuidado

y me lo agradecerá.

Hijo mío: no te doy vestido y habitación

para que tú vivas en el bienestar

y te enorgullezcas.

Te doy para que tu vecino, que pasa frío,

esté protegido con tu vestido

y para que tu casa sea un refugio

para los que están en la miseria:

cuando sientan por ti mi bondad, me alabarán.

Hijo mío: no te he elegido

para que te sientas tranquilo

y seguro para siempre.

Más bien, te he elegido

para que seas mi colaborador.

Cuando des testimonio de mi amor entre

tus prójimos se darán cuenta de mi presencia,

su oscuridad se aclarará

y, junto contigo, me darán gracias,

me alabarán y me servirán.

 

A Dios nadie le ha visto nunca (Jn 1,18)

Sólo sabemos que es Amor,

que es Padre, Hijo y Espíritu Santo,

que es amante de la Vida y siempre vivifica, incluso en la muerte.

Sabemos que es Dios

sólo Él es Dios

y nosotros no lo somos.

Sabemos que crea,

que danza,

que embellece,

que ordena,

y que nos quiere.

Creo en Ti, Trinidad Santa.

Creo en Ti, Dios de mi Vida.

 

 

Alegría habitada

Paseo por tu jardín, a la hora en que sopla la brisa.
Huele a pan, a marisma y a cera.
Desnudo, desanudado, desdibujado mi nombre en tu orilla.

No más temor
Sólo temblor,
por despertar preñado de ti.

Y dices: sé yo.
Y soy tú.
Y ves que es bueno.

Descanso bendecido en el milagro.
Ya estoy en casa.

Hay Alguien que nos vive

En fin, en fin, tras tanto andar muriendo,

tras tanto variar vida y destino,

tras tanto de uno en otro desatino

pensar todo apretar, nada cogiendo,

tras tanto acá y allá yendo y viniendo

cual sin aliento inútil peregrino,

¡oh Dios!, tras tanto error del buen camino,

yo mismo de mi mal ministro siendo,

hallo, en fin, que ser muerto en la memoria

del mundo es lo mejor que en él se esconde,

pues es la paga de él muerte y olvido,

y en un rincón vivir con la victoria

de sí, puesto el querer tan sólo adonde

es premio el mismo Dios de lo servido.

(Francisco de Aldana, Soneto XLV)

Se le llamó «el Divino» al capitán Aldana. Cervantes y Quevedo lo admiraron. Cantó al amor, al amor sobre todo. Guerreó sirviendo a nobles y reyes, y con ellos encontró la muerte en la batalla. Cuarenta años, no más; después, silencio. El siglo de oro español fue tan descomunal, que apenas sabemos apreciar sus muchas plumas de plata…

No es del todo verdad que el tiempo haya pagado a Aldana solo con «muerte y olvido». Pero sí con silencio, como el que caerá también sobre nosotros. Un silencio, no obstante, que no le resta nada a la historia de este soldado, que no priva de valía su existencia.

Él mismo lo había adivinado «tras tanto acá y allá yendo y viniendo», tras tantos años de «pensar todo apretar, nada cogiendo»: al final, nos quedamos nosotros solos en un rincón, perdidos en la memoria de los siglos… Pero en ese rincón de soledad, ¿nos cabe alguna victoria o es todo una derrota insuperable? ¿Hay alguien allí que nos recuerde, que venga a pronunciar el nombre que poco a poco se va desdibujando?

El poeta creyó que sí. Que hay Alguien que nos vive por encima de la muerte, que hay algo de nosotros que siempre permanece: nada destruirá el querer que ponemos en Dios cuando solo le buscamos a Él, cuando buscarle a Él es ya la recompensa. Ese querer nos salva del polvo y la ceniza. Nos salva Dios, que es la memoria eterna de nuestro pobre nombre, el premio feliz de nuestra corta vida.  

A DIOS POR LA PALABRA (II) · DICKINSON

 

Certidumbre 
 
Yo jamás he visto un yermo 

y el mar nunca llegué a ver 

pero he visto los ojos de los brezos 

y sé lo que las olas deben ser. 

 

Con Dios jamás he hablado 

ni lo visité en el Cielo, 

pero segura estoy de a dónde viajo 

cual si me hubieran dado el derrotero. 

 

(Emily Dickinson, Certidumbre, versión de C. López Narváez). 

 

 

Conocemos a Dios aunque no lo sepamos: alivio. 

No saberlo es conocer menos a Dios: desgracia. 

Pienso, con Emily Dickinson, que caminamos a menudo en la certidumbre de la fe, aunque no nos demos cuenta de ello o no le pongamos ese nombre a la experiencia…; pero no darnos cuenta o no nombrar la fe nos empobrece. El resultado es una mezcla de anonimato y confesión; de alivio y de desgracia. 

Al menos sigue habiendo gente a nuestro lado que está segura del viaje que emprende… Certeza. Esperanza. ¡No es poco! Quién las tuviera siempre… 

Pero qué lástima viajar tan solamente, sin poder charlar con Aquel hacia quien vamos… Silencio. Soledad. ¡Cuánta estrechez! Quien pudiera acompañarse, ensanchar el camino de palabras… 

Y hablar con Cristo. Y visitar el Cielo. 

Se aprecia más el baile de las olas si se escuchan también los rumores del fondo… 

Mejor es la voz de Dios que solo su horizonte. 

A DIOS POR LA PALABRA (I) · ANTONIO MACHADO

Poned sobre los campos 

un carbonero, un sabio y un poeta. 

Veréis cómo el poeta admira y calla, 

el sabio mira y piensa… 

Seguramente el carbonero busca 

las moras o las setas. 

Llevadlos al teatro 

y solo el carbonero no bosteza. 

Quien prefiere lo vivo a lo pintado 

es el hombre que piensa, canta o sueña. 

El carbonero tiene 

llena de fantasías la cabeza. 

 

(Antonio Machado, Proverbios y cantares XXVI) 

 

 

Que venga Dios aquí por la palabra. Que vayamos a Él por la palabra. 

Eso quisiera ofrecer humildemente en medio de este mundo subyugado por la tiranía de la imagen. 

Para este viaje no sirve mi palabra, que apenas tiene recorrido y poso, pero sí la voz de los que han arañado el cielo con sus ecos, pues les ha sido dado el don de contemplar y transparentar la Belleza. La Belleza y la Verdad y la Bondad… ¡La Vida! ¡Dios! 

La Vida, sí. La Vida y Dios. Porque no nos interesa la capacidad que otros han tenido para admirarse o para decir las cosas hermosamente, sino que nos atrae Aquel a quien todos podemos admirar en nuestra propia vida, y la vida misma con sus cosas. 

Si el poeta y el sabio no llevan también dentro un carbonero, huera poesía, sabiduría vana. 

Saquemos del baúl de la poesía lo antiguo y lo nuevo. Convoquemos sus voces al camino. Quizá sin mucho tino, quizá con menos orden que concierto, rescatemos legajos de viejos poetas, cuartillas de poetas frescos… Vayamos hacia Dios por la palabra. Llena de fantasías la cabeza… ¡Y el capacho de moras! Y las manos tiznadas de carbón para encender el fuego. 

LOS CABALLOS DE DIOS de Mahi Bine Bine

loscaballosdedios (1)LOS CABALLOS DE DIOS

de Bine Bine, Mahi

(Ed. Alfaguara)

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Acaba de llegar a nuestras librerías y desgraciadamente, su argumento es uno de esos temas que hoy por hoy  llenan portadas en la prensa y titulares en los informativos, tras los acontecimientos vividos en Europa en estas últimas semanas.

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“Los caballos de Dios” narra la historia de un grupo de chicos marroquíes, cuyo día a día transcurre en uno de los barrios más pobres y marginales de la ciudad de Casablanca. Acuciados por las drogas, el hambre, la desesperanza y el desencanto y sin un entorno familiar estable, son captados por un grupo integrista y tras caer en las redes del yihadismo, acaban radicalizándose y protagonizando uno de los atentados suicidas más importantes de los producidos en esa ciudad a principios de este siglo.

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Seguramente todos hemos hecho algún comentario sobre lo vivido en estas semanas pasadas, pero es bueno conocer la realidad que en muchas ocasiones se esconde detrás de estas actitudes radicales, conocer el contexto en el que se mueven y del que se “nutren” muchos de estos movimientos violentos, porque son muchas las víctimas, de uno y otro lado… Quizá este Adviento sea un buen momento para reflexionar y ahondar en el verdadero sentido de la fe, porque más allá de los credos y de las diferencia entre las distintas culturas o religiones, todas tenemos un principio común, un Dios que es el Dios del amor….

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Jovita Álvarez

GITÁNJALI de R. Tagore

GitánjaliGITÁNJALI

de Tagore, R.

(Ed. Mensajero)

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Porque siempre es bueno hacer una parada, un alto en el camino que nos ayude a reponer fuerzas, a tomar conciencia de lo vivido… y nos impulse a  seguir adelante… Por eso, en este mes de noviembre, os recomendamos una “lectura reconstituyente”, de esas que nos ayudan a volver la vista hacia lo esencial, a cicatrizar nuestras heridas y a seguir avanzando con paso firme…

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Gitánjali es un clásico de la literatura y la espiritualidad oriental, una colección de poemas con un profundo sentimiento religioso y un estilo sencillo, una  buena lectura  para ir preparándonos para un Adviento ya próximo…

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POEMA 37

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Creí que mi peregrinación

había llegado a su término,

al límite último de mis fuerzas,

que el viaje había concluido,

que las provisiones estaban agotadas

y que ya era hora de recluirme

en algún oscuro rincón.

Pero ¡Qué buena noticia

me traen hoy tus designios!

Compruebo que no es mi final;

que, cuando las gastadas palabras

desaparecen de mi boca,

nuevas melodías brotan en mi corazón,

y, aunque se han borrado los camino de antaño,

nuevos y maravillosos horizontes se abren ante mí.

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Jovita Álvarez