Eco Diario de la Palabra
 

AL FINAL… TODO ACABA… BIEN. por Consuelo Ferrús

AL FINAL… TODO ACABA… BIEN. 

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La naturaleza es una gran maestra de contemplación. Para ejercitarnos en la evaluación de nuestro curso, no en clave de juicio y examen, sino de atención, de observación, de paseo gracioso (como gracia) por los acontecimientos, de superación, vamos a realizar previamente un ejercicio de pura contemplación de la naturaleza.

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  • Sal a la naturaleza y pasea. Por un jardín en la ciudad, un parque natural, un camino rural, una playa, un río, una montaña, un bosque… Simplemente pasea y observa. Puede que lo primero que te pongas a hacer sea… razonar. Que si quién habrá sembrado esta bella plantita, que cuántos años tendrá este árbol, de quién esta huella que veo en el suelo, que qué pena que la gente tire basura… No vayas por ahí. Observa solamente, y con atención. La creación lleva la huella de su Creador. Un Dios de vida, de armonía, de belleza.

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Vuelve una y otra vez a la pura percepción de lo que ves, hueles, sientes, oyes… escucha el pájaro cantar. Toca la tierra con tus manos. Abraza el árbol. Huele la flor. Prueba un fruto. Escucha el silencio. RESPIRA a pleno pulmón. No te dejes seducir por la razón. Si te distraes vuelve a recoger y centrar tu atención. Permanece en contacto también con tus sentimientos. No necesitas lograr nada, solo percibir, estar en contacto con la hermana naturaleza. No necesitas cambiar nada, todo está bien como es: el árbol anclado en sus raíces y moviéndose al ritmo del viento que sopla con total libertad, el agua cantando al manar y correr entre piedras, los animalitos trabajando, las flores haciéndose notar por su belleza y perfume… todo está bien. Es imposible observar algo, llegar a su corazón y hacerle daño…

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  • En otro momento busca un tiempo suficientemente largo como para evaluar el curso que termina. Para esta evaluación en clave de oración proponemos 4 momentos:

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  1. Repasa mentalmente el discurrir del curso. Pero sitúate no en plan analítico sino como cuando saliste a contemplar la naturaleza. No intentes razonar ni juzgar, solo deja que el curso discurra ante ti y contempla lo vivido. No razones todavía. Y si te distraes haciéndolo o juzgando tal o cual cosa, regresa a la observación. ¿Qué momentos, acontecimientos se te dibujan especialmente? Revive sentimientos, impactos afectivos. No tengas prisa en hacer este recorrido.
  1. Cuando hayas terminado, anota esas experiencias que se te han quedado en el recuerdo y que has revivido desde la observación, esas que han sobresalido sobre las demás.
  1. Míralas ahora con los ojos con que Dios contempla tu historia. Dios no observa sino que contempla su obra con amor, con bondad, con ternura, con alegría… Él sabe de qué barro estamos hechos (Salmo 103, 14), conoce bien nuestro corazón. “El mirar de Dios es amar” y porque te ama te hará sentir también alguna sugerencia de mejora. Al final todo está bien, y si no, no es el final… por eso podrás recomponer lo que Dios te haga sentir que no está bien, en etapas sucesivas de la vida.
  1. Escribe tu acción de gracias por lo vivido. Puede que pese más lo malo que lo bueno, y creas que no te sale nada que agradecer. El propio esfuerzo de tener que escribirlo hará que vaya surgiendo, e incluso caigas en cuenta de que es mucho más de lo que piensas lo que tienes que agradecer.

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CON MARÍA, TODO VA BIEN. por Consuelo Ferrús

TODO VA MEJOR CUANDO ESTÁ MARÍA 

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Para este mes propongo una pista de oración mariana. Ella no puede faltar en la vida de cualquier persona para que las cosas vayan bien como todos queremos.

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Una vez leí un comentario al texto de las Bodas de Caná que me dejó buena huella. El texto es Jn 2, 1-11. 

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Al tercer día se celebraba una boda en Caná de Galilea; allí estaba la madre de Jesús. También Jesús y sus discípulos estaban invitados a la boda. Se acabó el vino, y la madre de Jesús le dice: —No tienen vino. Le responde Jesús: —¿Qué quieres de mí, mujer? Aún no ha llegado mi hora. La madre dice a los que servían: —Haced lo que os diga. Había allí seis tinajas de piedra para las abluciones de los judíos, con una capacidad de setenta a cien litros cada una. Jesús les dice: —Llenad de agua las tinajas. Las llenaron hasta el borde. Les dice: —Ahora sacad un poco y llevádselo al maestresala. Se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde procedía, aunque los sirvientes que habían sacado el agua lo sabían, se dirige al novio y le dice: —Todo el mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los convidados están algo bebidos, saca el peor. Tú, en cambio, has guardado hasta ahora el vino mejor. En Caná de Galilea hizo Jesús esta primera señal, manifestó su gloria y creyeron en él los discípulos. 

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Ya es significativo que Juan presente los comienzos de la vida pública de Jesús asistiendo con sus discípulos a una boda, en la que también está María como invitada. Sabemos que el relato tiene una intención teológica y por eso interesa ofrecerla como pista de oración. Es un relato que refuerza la fe y la confianza de los discípulos, gracias a la mediación e intervención de María.

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Hay un cruce de miradas y palabras muy interesantes para nuestra vida:

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María mira a los novios, ve que se les acaba el vino y mira a Jesús: NO TIENEN VINO. María atenta a nuestras necesidades. Siempre. Nada se le escapa. María sigue mirando allí donde se le da entrada en la casa, en la familia, en la propia vida. Las cosas nos irían mejor con María en nuestra casa.

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  • ¿Cómo de presente está María en tu vida? 

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María mira a los sirvientes: no hace demasiado caso a lo que parece una negativa de Jesús, o discrepancia de intereses, confía en Él y por eso dice a los sirvientes: HACED LO QUE ÉL OS DIGA y ante la actitud obediencial de estos siervos Jesús no puede negarse.

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María sabe muy bien cuál es su lugar. No es Dios, por eso remite a su Hijo. Mucha gente hoy no sabe decir apenas nada de lo que Jesús dice, o lo dice vaga, difusa y confusamente… Conocer lo que Jesús dice es una buena decisión. Escucha el consejo de María, haz lo que Jesús te diga. Cuando tengas dudas de por dónde ir, pregunta a Jesús, y obedece. No te equivocarás.

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  • ¿sabes tú lo que Jesús dice? ¿qué palabra o palabras suyas te vienen espontáneamente a la mente y al corazón? ¿Quieres conocer más? 

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María te mira a ti. Te conoce bien, como madre que es. Y presenta tus necesidades a Jesús. Pero te implica en el remedio a tus problemas y necesidades: haz lo que Jesús te diga, con total confianza.

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Hay muchas maneras de orar con María: meditar con sus palabras, con los textos que se refieren a ella en el NT, rezar alguna oración vocal, acudir a un santuario… haz lo que te guste, pero ten presente a María en tu vida. Es la última sugerencia que hizo Jesús desde la cruz: Ahí tienes a tu madre. Acógela como hizo Juan, en tu casa, entre tus cosas más queridas.

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Consuelo Ferrús,rmi

@consuelormi

ORAR CON EL CRISTO DE LA SONRISA. por Consuelo Ferrús

ORAR CON EL CRISTO DE LA SONRISA

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Proponemos en esta pista un ejercicio de contemplación. La del Cristo del Castillo de Javier, que nos lleva al acontecimiento pascual de Cristo muerto y resucitado, el centro de nuestra fe.

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El Cristo de Javier es un Cristo humano, con un cuerpo bonito, armonioso, digno. No es un Cristo de esos cargados de sangre, dramático y doliente. Guarda las huellas de la muerte, sobre todo esa herida en el pecho, directa al corazón, pero está vivo, porque sonríe y sus ojos están discretamente abiertos.

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Podríamos decir que es un Cristo joánico: un Cristo sereno y victorioso asentado en la cruz como en un trono de gloria. Su contemplación da paz y alegre serenidad. Es famoso por su sonrisa, con lo que parece que puede ilustrar bien el lema de que todo va bien… ¿incluso sobre una cruz?

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CRISTO-SONRISA-2El Cristo de Javier acoge y sonríe especialmente al que se acerca desde abajo a contemplarlo, lo cual ya es una invitación a la pequeñez, a situarnos como Él al comienzo de su pasión: a los pies de sus amigos, amando hasta el extremo. El Cristo de Javier sonriendo, en su serena  majestad parece decirnos el secreto de la vida pascual: el amor es más fuerte que la muerte. La alegría brota de la entrega, no en vano la contemplación de este cristo debió marcar la infancia de un gran misionero, S. Francisco Javier.

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La alegría brota de la certeza de que al final todo acaba bien, porque la última palabra la tiene el Dios de la vida, que no podía permitir que se perdiera la vida del ser humano que más amó, haciéndose obediente hasta la muerte y  muerte de cruz. Por eso, levantado en la cruz atrae a todos hacia sí (Jn 12, 32)

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  • Contempla la imagen entera en primer lugar. Fíjate en los detalles: la postura, las venas, la llaga… ¿Qué sentimientos provoca en ti?

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  • Enfoca tu atención en la cara, lo más llamativo de esta imagen. Contémplalo, como si estuvieras presente ante él, desde abajo y por el lado derecho de la imagen, desde donde más se percibe el semblante sonriente. Contempla en silencio. Es impresionante. Luego dialoga con tu Cristo: ¿por qué sonríes? ¿dónde está el secreto de tu alegría, de tu confianza? Deja que te responda con calma. VIVE LA PASCUA desde esas claves.

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Consuelo Ferrús,rmi

@consuelormi

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ORACIÓN REPARADORA. Por Consuelo Ferrús.

ORACIÓN REPARADORA 

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Marzo va a coincidir con la CUARESMA. Se nos va a proponer desde muchos ámbitos un cierto clima, actividades, un camino a recorrer.

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Desde esta sección, y de nuevo en relación con el lema yo me preguntaba ¿Y si no todo va bien en mi vida? Por ejemplo, que no vaya bien porque hay una relación personal indigestada, alguien con quien estoy enfadada, disgustada, alguien a quien yo he hecho mal y algo me recome por dentro… no me siento tranquila, en paz. O un sentimiento de incomprensión, de haber sido injustos conmigo, sentimiento de rechazo hacia mí que me hunde, me lastima. Este es el tiempo de la misericordia, primero con una misma, y por eso también con los demás. Es el tiempo de reparar, de rehacer, de empezar de nuevo. ¿cómo podremos hacerlo?

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  1. Sitúate de pie, con las piernas ligeramente entreabiertas, a la altura de los hombros, bien enraizado en la tierra. Los brazos también abiertos, muy abiertos, estirados, en actitud de total receptividad a Dios, al universo. Como los brazos de Jesús abiertos siempre en la cruz…

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Cierra los ojos y respira profundamente, cogiendo aire desde tus entrañas. Imagina, siente que te llueve el amor misericordioso del Dios Padre Bueno, un gran abrazo que te acoge como el Padre de la parábola. Recibes Amor.

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Siente que se derrama sobre ti el perdón de Dios. Al expulsar el aire puedes cerrar lentamente los brazos sobre tu pecho y gozarte recibiendo ese perdón, ese amor tan grande del Padre Dios. Te das el amor de Dios. Si eres así perdonado, si así te empapa el amor de Dios, ¿cómo no perdonarte tú a ti mismo el mal que hayas podido hacer? Es de lo más difícil, perdonar el mal que hemos hecho, pero no imposible para Dios. Repite el ejercicio hasta que vayas sintiendo paz.

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  1. Otra variante de este ejercicio de oración puede ser el mismo pero ahora tomando conciencia y poniendo nombre a personas que te han hecho daño, que les debes tu perdón, aunque no te lo hayan pedido. Ese perdón lo necesitas tú.

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Sitúate en la misma postura de inicio. Coge aire desde las entrañas, inspira, recibe el amor y el perdón que nos vienen de Dios.

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Al expirar el aire extiende tus brazos hacia delante, con las palmas mirando hacia arriba, imaginando y pensando en las personas a quienes quieres perdonar y envíales el perdón que recibes de Dios. Puedes nombrarlas en alto si quieres y ofrecerles tu perdón.

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Es un ejercicio sanador y reparador.

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ORAR AL COMPÁS. Por Consuelo Ferrús.

ORAR AL COMPÁS. ORACIÓN 10 ANIVERSARIO 

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Proponemos este mes como pista la misma oración que realizamos en la celebración del pasado día 14 de enero.

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Las distintas intervenciones en la celebración tenían un denominador común. ¿cuál creéis?… pues la palabra ACOMPASANDO: con qué palabra se “traduce” en la Biblia, en la búsqueda diaria del querer de Dios, de felicidad, acompasando en la música, en la poesía y JPIC…

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Al tratar de sugerir una pista de oración caemos en cuenta de que la vida, la naturaleza, el cosmos tiene un ritmo inscrito, un compás. Se van sucediendo los días, estaciones, el año, también en la liturgia… En esta sección de acompasando habrá quedado ya claro que se puede orar de muchísimas maneras, en todo tiempo y lugar. Si se trata de acompasar nuestra vida con Dios, de caminar a su ritmo, vamos a realizar una sencillísima oración que es también una pista para cualquier momento.

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Todo en la naturaleza es ritmo, pero ¡no lo sabe!, simplemente lo vive. La grandeza del ser humano está en poder hacerse consciente de ello. Vamos a tomar consciencia de nuestro ritmo vital.

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En sus palabras de felicitación a la web, Miguel ángel Vázquez afirmaba lo siguiente: “Dicen que si dos personas se miran fijamente a los ojos durante el suficiente tiempo (no es necesario demasiado) los latidos del corazón de ambas se acompasan de forma automática”… ¿no os parece impresionante?

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Este texto nos da algunas pistas para la oración: Mirar y Acompasar latidos. 

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  • ImagenVamos a cerrar los ojos y concentramos la mirada del corazón en el corazón de Dios, que es todo amor“El mirar de Dios es amar” (S.Juan de la Cruz). “Mire que le mira. Y le acompañe y le hable y pida y se humille y regale con Él-” (Sta. Teresa de Jesús. V13). Mírale. Los ojos son el espejo del alma, transmiten diáfanamente lo que llevamos por dentro, lo que somos. Y así, con esta transparencia miramos a Dios y nos dejamos mirar por Él, que nos conoce bien, muy bien (Sal 138) y vamos alimentando nuestra mirada de fe.

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  • Puedes acompañar la mirada del corazón con un ejercicio de imaginación con los sentidos… métete en la escena de la última Cena en la que Juan apoya su cabeza en el pecho de Jesús. Lo más seguro es que escuchara su latido… descansa tú también tu cabeza en su corazón. Y escucha. Y acompasa.

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  • Por último escuchamos el latido de nuestro corazón, y concentramos la atención en la respiración. Un tiempo suficientemente largo, hasta ir percibiendo el sosiego y la paz de todo nuestro ser… hasta poder llegar a sentir que somos seres habitados, por Aquel que nos mira, nos cuida, nos sustenta.

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Orar sería eso: una mirada a los ojos, ¡durante el suficiente tiempo! Para que nuestro latido vital se vaya acompasando cada momento al de Dios, sin disonancias ni estridencias… suavemente, libremente, consentidamente. Es lo mejor que nos puede pasar. ¡Y podemos hacer prácticas en cualquier momento!

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¡BENDICE! PARA QUE A OTROS LES VAYA BIEN. Por Consuelo Ferrús.

PARA QUE A OTROS LES VAYA BIEN: ¡BENDICE! 

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No es la primera vez que como pista sugiero la bendición, pues es algo que yo misma valoro mucho y me hace bien vivir en esa clave.

Me parece sugerente que la liturgia de la Iglesia comience el año civil regalándonos una bendición

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EL Señor habló a Moisés: 
«Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel: 
“El Señor te bendiga y te proteja,  
ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. 
El Señor te muestre tu rostro y te conceda la paz”. 
Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré». 

(Números 6, 22-27) 

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Es una ayuda para empezar el año con buen pie, con confianza, sabiendo que Alguien está ya desde el principio (no solo del año, sino de tu propia vida) bendiciéndote, diciendo-bien de ti. Somos bien-decidos para ser bendecidores, y es evidente que eso ayuda a que a esa otra persona a quien bendecimos le vayan bien las cosas. Puedes saber por experiencia el daño que hace percibir que hay personas a quienes les caes mal, te envidian, te odian incluso… es como ir quitándote vida, a veces hasta físicamente. Por el contrario, bendecir es dar vida.

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La bendición nos sale espontáneamente con aquellos a los que amamos, aquellos que nos admiran y nos ven con buenos ojos. Pero eso puede hacerlo todo el mundo. Jesús nos pide ir más allá, más adentro de ti mismo, de ti misma para sacar de ti una bendición continua y convertir la bendición en un estilo de vida. Como Jesús que pasó por el mundo haciendo el bien (Hc 10, 38), es decir bien-haciendo, porque a la vez, bien-pensaba, bien-decía. Amaba no solo de palabra, sino con hechos (1Jn 3, 18)

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Rom 12, 14: bendecid a los que os persiguen. Bendecid sí, no maldigáis. 

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Lc 6, 28 (cf Mt 5, 44): bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os injurian y persiguen. 

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En el intento y la práctica de bendecir a todos, y especialmente a tus “enemigos” estás espantando dentro de ti el diablillo interno que te entretiene regodeándote en el mal que te hacen algunos y el que automáticamente les deseas a ellos. Bendecir es una manera de perdonar y encontrar la paz.

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Como pista para orar bendiciendo puedes realizar lo siguiente:

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Trae a tu memoria y a tu corazón las personas que quieres bendecir. Bendecir es dar gracias por las personas que quieres y orar por aquellas que deberías amar más.

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Recita sobre cada una de esas personas una bendición con tus propias palabras. ¿Qué deseas para esa persona? Es Dios quien antes que tú ya la ha bendecido y lo seguirá haciendo.

Si piensas en alguien que te ha hecho daño y te corroe el rencor, la rabia, deja que la bendición y la oración hagan su efecto en ella y en ti. Pronuncia sobre esa persona una oración de bendición, aunque no la sientas. Poco a poco irá surtiendo efecto. “Yo te bendigo…… te perdono, te deseo todo bien. Que algún día podamos ser amigos, mirarnos a los ojos sin rencor…”. Todo irá mejor para los dos si media el perdón y la reconciliación, la bendición.

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Puedes bendecir en tu actividad cotidiana, simplemente pronunciando una bendición interna ante cada persona con quien te cruces en la calle, en tu trabajo, en la tienda, en tu familia… convierte la bendición en una forma de vida. Todo irá mejor.

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ORAR BAJO LA LLUVIA. Por Consuelo Ferrús.

ORAR BAJO LA LLUVIA 

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ImagenEn el mes de septiembre orábamos con esta imagen. Es una imagen muy apropiada para el lema del curso: TODO VA BIEN.

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¿Todo va bien? Pero si llueve, pero si hace frío, pero si estoy agobiado por…

¿se puede cantar bajo la lluvia? Es una decisión, como decimos en el lema.

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En Adviento retomamos esta imagen y proponemos orar con ella, pero con una variante. En Adviento somos invitados a levantar la cabeza porque se acerca nuestra liberación. Pedimos con los cantos de la liturgia que LOS CIELOS LLUEVAN AL JUSTO, QUE LA TIERRA SE ABRA Y BROTE EL SALVADOR. Son imágenes preciosas. Todo el cosmos queda afectado por la venida de Jesús, el Salvador, el Libertador, el Alfa y el Omega de la historia, origen y meta de todo el Universo.

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Puede ser que andemos agobiados. Preocupados. No estamos bien. Pero podemos orar y disponernos para acoger esta Lluvia, que es el mismo Jesús.

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Disponte para un momento de oración.

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  • ImagenInvoca el Espíritu Santo para que te ayude a orar como conviene a tu vida. En este momento.
  • Respira hondo, pacifica todo tu ser. Al inspirar visualiza el mismo Espíritu que llena tu ser, te llena de su amor, su sabiduría… o recita el nombre de Jesús. Es el único Nombre que puede salvar (Hc 4, 12)
  • Visualiza en concreto la dificultad que te agobia, te entristece… e imagina que sobre esa dificultad llueve la gracia, llueve la misericordia,  llueve la bendición, llueve la salud,  llueve JESÚS. El que vino, viene y vendrá para dar vida, para dar la salud a los enfermos,  liberar a los oprimidos, a traer luz a los ciegos,  y a todos el perdón y la gracia (Lc 4, 16-21)
  • Imagina que te metes debajo de esa “lluvia”, que retiras cualquier paraguas que pueda bloquear, impedir que te empapes bien.  Contempla la imagen y métete en la escena.
  • Aviva la actitud de confianza en que podrás llegar a danzar bajo esa lluvia de gracia y bendición que viene con Jesús.
  • Da gracias porque “cualquier cosa que pidáis en mi Nombre yo lo haré” (Jn 14, 13; Mc 11, 24)

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ORAR – LA VIRGEN DESATANUDOS. Por Consuelo Ferrús.

LA VIRGEN DESATANUDOS

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En esta nueva pista de oración voy a sugerir simplemente ¡invoca a María! Para que todo vaya bien, lo mejor posible. Sé que es un tema complejo, discutido. Me estoy refiriendo a María de Nazaret, la madre de Jesús, la madre de Dios (Theotokos). Unos la endiosan, en el verdadero sentido de la palabra, la divinizan, olvidándose de que fue una mujer de carne y hueso, de nuestro pueblo… Otros la marginan de su vida, quizá afectados en contra de una devoción mariana sensiblera, “con flores de virtudes postizas” diría Mª Antonia París, que en nada afecta a una vida más evangélica.

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Esto no va a ser un tratado de mariología. Solo quiero transmitir algunas convicciones que tengan relación con la oración.

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VIRGEN DESATANUDOSHay muchas advocaciones marianas, muchas y variadas. Algunas unidas a leyendas, situaciones concretas de la manifestación local o actuación de María… ¿cuántas conoces? Normalmente hacen relación a lo que ella es: en ella tomó carne el Hijo de Dios, el Enmanuel, Jesús el Salvador (Lc 1, 35; 2, 11; Mt 1, 21-23) y lo que hace: es la Mediadora entre Dios y el ser humano (Jn 2, 1-11), siempre madre y todo lo que eso significa: refugio, auxiliadora, compañera. Por ella nos vino Jesús, ella es camino hacia Él. Ella no es Dios, pero es la criatura que más cerca ha estado y está de Él. Tal como leemos en el texto de las Bodas de Caná ¿qué puede negarle un hijo a su madre cuando ésta se lo pide. Jesús nos entregó al pie de la cruz a su madre (Jn 19, 25-27) y cada discípulo puede llevársela a su casa, si lo desea, tenerla entre sus cosas más queridas. María es madre de la Iglesia, ningún sufrimiento de sus hijos le resulta indiferente, por eso podemos invocarla para que ella presente nuestras necesidades a su Hijo, vivo y presente a todos los tiempos. INVOCA A MARÍA con fe, con confianza de hijo, de hija.

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Hay una advocación muy querida por el Papa Francisco que es la Virgen desatanudos. Él se encontró durante su estancia en Alemania con esta imagen, del pintor Johann Melchior Georg Schmittdner, realizada en torno al año 1.700 y comenzó a difundirla a su regreso a Argentina. Me parece una imagen muy sugerente. Aparece la Virgen Inmaculada, asistida por unos ángeles que le van pasando una cinta con nudos, para que ella los desate.

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¿Quién no tiene uno o varios nudos en su vida? Situaciones de lío, enmarañadas, complicadas… que nos hacen decir “las cosas no van bien”. Enfermedades, conflictos en la relación, penurias económicas… la pista para orar hoy es presentar esos nudos a María y permitir con nuestra fe y confianza que ella los desate presentándolos a su Hijo. Como en las Bodas de Caná, junto a la confianza en Jesús, nos pide también: “Haced lo que Él diga”, escucha Su Palabra y llévala a la práctica.

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Consuelo Ferrús, rmi

@consuelormi

ORAR – PARA QUE TODO VAYA BIEN. Por Consuelo Ferrús.

PARA QUE TODO VAYA BIEN 

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Es nuestro lema: TODO VA BIEN… así lo he decidido. La segunda parte es muy importante. No elegimos las cosas que nos pasan. Sí elegimos cómo vivirlas. Se nos repetirá por activa y por pasiva…

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Desde las pistas de oración queremos hacer una pequeña aportación para esto. Es la ORACIÓN DE INTERCESIÓN. Es decir, rogar por otra persona. Es precioso el episodio en el que Abrahám intercede por el pueblo de Sodoma, regateando ante Dios para evitar la destrucción de este pueblo (Gn 18, 16-33). También se nos recomienda en 1Tim 2, 1 “que elevemos oraciones por todos los hombres”. Vemos en el Evangelio al mismo Jesús intercediendo por otros: todo el capítulo 17 de S.Juan es una oración de intercesión por los discípulos, y por todos los que creerán a través de su testimonio y predicación. El Señor pide por cada uno de nosotros. Pide al Padre que cuide de nosotros. Pide sobre todo la UNIDAD, como el Padre y Él son UNO. Sabe que es algo costoso y que solo con ayuda de Dios podrán vivirla los discípulos.

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En la cruz vuelve a interceder, esta vez por sus enemigos, pide al Padre los perdone (Lc 23, 34)

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Creo en la fuerza y la “eficacia” de la oración de los hermanos y hermanas, vivos o difuntos. Es lo que llamamos la comunión de los santos. Por eso también procuro tener muy en cuenta las necesidades de aquellas personas que me piden a mí que rece por ellas.

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Pero también confieso que no he dejado de preguntarme si es bueno este modo de orar. Y he llegado a la conclusión de que debe ser agradable a Dios. Es una manera de decirle al Padre: acuérdate de… necesita que le eches una Mano. Es una manera de contribuir a que las cosas le vayan mejor a ese hermano nuestro, con la ayuda de Dios. Pues cuando un padre oye a uno de sus hijos o hijas pidiendo, intercediendo por otro hermano o hermana se le conmueven las entrañas y hace todo lo que puede y más por ese hijo más débil o necesitado. Así es Dios. Le pedimos que lo cuide especialmente,  le haga sentir su cariño,  le dé fuerza ante la adversidad, le mueva con creatividad a sacar de dentro todas las posibilidades de superación, que no se hunda…

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Por otra parte, este modo de orar implica poner en el centro al hermano y su necesidad. Implica el olvido de mí y mis historias, grandes o pequeñas, lo cual hace bien porque nos descentra.

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En la práctica, se puede hacer de muchas maneras. La oración de intercesión va por medio de Jesús que es el Intercesor, el Mediador por excelencia entre Dios y el ser humano, y por medio de Él le presentamos a tal o cual persona. Lo traemos a la mente, al corazón y lo depositamos con fe en el Corazón de Dios. Él tiene mucho más interés que nosotros en que ese hijo sea feliz, y nunca lo abandonará.

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También en el Corazón de María Madre, auxiliadora, abogada (como decimos en la Salve) pendiente de las necesidades de sus hijos e hijas, podemos poner a nuestros hermanos. Ofrecer un Rosario en esta clave intercesora, a quien le vaya este tipo de oración vocal. Ella siempre nos devolverá otra tarea: “Haced lo que él diga”. Porque no basta con decir “Señor, Señor” sino hacer la voluntad de Dios, que es vivir en el amor.

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También se puede recitar alguna oración ya compuesta, por ese hermano o hermana. Acompañamos estas pistas con una oración.

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Pidamos con fe. Aceptemos activamente lo que venga, con la misma actitud de María: “Hágase Señor”. Tú Señor sabes lo que más me conviene, aunque ahora no lo entienda, no lo vea. Vivamos siempre el amor. Busquemos el Reino de Dios y su justicia, lo demás se nos dará por añadidura (Mt 6, 33)

ORAR – DECÍDETE A ORAR

Desde las distintas secciones de esta web vamos a insistir en el LEMA: TODO VA BIEN, así lo he decidido. Porque eso de estar bien o mal, no depende tanto de lo que nos pasa por fuera, al vaivén de lo que la vida nos depara esperada o inesperadamente, sino que es un OPCIÓN, una determinada actitud ante la vida, una óptica, una DECISIÓN. Pero esta decisión requiere un entrenamiento en distintos ámbitos. No es mágico ni automático.

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¿Cómo ayuda la oración para ello? Nos serviremos de imágenes, de textos, de oraciones, de testimonios, que nos van a facilitar esa decisión, desde la perspectiva propia de la oración.

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Al leer la segunda parte del lema “así lo he decidido” me vienen a la cabeza las palabras de una maestra de oración, Santa Teresa de Jesús, que habla de “determinada determinación” para emprender este camino hacia la fuente de Agua viva, que es Cristo, el amigo, el Amado. Orar es también una decisión. Esta sería la primera pista. DECÍDETE A ORAR.

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¿Y por qué nos conviene tomar esta decisión de orar? ¿Y por qué nos viene bien orar para poder decir siempre y en toda ocasión “Todo va bien”? La oración es vida, (no es un “rato” de oración) es una relación personal yo-Tú, y este Tú es especial, muy especial. Es un Tú que nos sustenta como Buen Padre, es totalmente digno de nuestra confianza porque es Amor (1Jn 4, 8), su Palabra es de fiar y nos dice que nos ama con entrañas de madre, nos cuida, nos protege, nos acoge y restaura por dentro… nos dice que Él mismo ha tomado la decisión de salir a nuestro encuentro para regalarnos vida en abundancia, que quiere cenar en intimidad con cada ser humano y charlar, y hacer fiesta, y escuchar nuestras preocupaciones, aspiraciones… y hasta danza con cada ser humano que acoge esta invitación suya, tan contento como le pone que abramos nuestra puerta. La oración nuestra es respuesta a este deseo de Dios de hacernos felices.

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Decídete a dar una oportunidad a Dios. Háblale como un amigo habla con otro amigo. Abre tu corazón con todo lo que lleves dentro. Él escucha, no desoye ni una sola de tus palabras. Lo ha demostrado a lo largo de la historia y solo pide tu fe, tu confianza. Él saca lo mejor que hay en ti, lo conoce porque te ha creado como un objeto valioso, y si no fuera así no te habría creado.

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Muchas veces la causa de nuestras desdichas, la raíz, es la falta de amor, no sentirnos valorados tal como somos, por los demás, o por nosotros mismos. Mira a ver si no, ¿qué te impide hoy decir que todo esté bien en tu vida? ¿qué va mal? ¿Cuál es la raíz? Permite, con determinada determinación, con paciencia, escuchar en tu corazón las palabras de tu Dios y dale una oportunidad. Créelas porque van dirigidas a ti personalmente. Con un Dios como es el Abbá de Jesús, nuestro Papá también, no desaparecerán las dificultades, pero nos sabremos en buenas Manos. Contempla a un bebé en brazos de su madre… espera así, junto a Su pecho cuando arrecie la tempestad. Decide no soltarte de su lado y Él actuará. Y persevera en esa decisión. No dudes. Eso es la fe, te sepas o no el Credo. Podemos con Él decir “Todo va bien” porque Él es Amor. Con Él nos invade una secreta esperanza de que siempre, la última palabra es la Vida.

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Esta canción te puede ayudar a orar:

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Consuelo Ferrús, rmi

@consuelormi