Eco Diario de la Palabra
 

MÁS ALLÁ DE LAS APARIENCIAS

El otro día, cuando subía a un autobús de larga distancia, mi compañera de viaje me comentó que no se había atrevido a preguntarle al conductor por el lugar donde tenía que meter la maleta porque tenía cara de “pocos amigos” y parecía enfadado. Me hizo recordar que hace algunos años se puso “de moda” un pequeño libro de esos que hacen pensar: “El caballero de la armadura oxidada”. Bajo la inocente apariencia de un cuento, se ponía sobre la mesa cómo con frecuencia las personas protegen su verdadero yo bajo una rígida armadura que espanta a quienes le rodean… como le pasaba al chófer de constante rostro enfadado.  

Seguro que hemos comprobado por experiencia como hay algunas personas que, detrás de un modo de ser áspero e incluso desagradable, esconden un corazón tan grande que no les cabe en el pecho. Está claro que las apariencias engañan y que, si nos dejamos llevar por ellas, podemos perder la oportunidad de atisbar el tesoro que todos escondemos en nuestro interior. Jesús sí que fue un maestro en esto de no dejarse llevar por las apariencias. Donde todos veían a un estafador que se enriquecía a costa de doblarles los impuestos a sus vecinos, Él descubrió un corazón inquieto y buscador que anhelaba ser acogido sin juicios. Por eso, cuando se auto-invitó a la casa de Zaqueo, esto no pudo sino rendirse ante el que había descubierto su verdad más verdadera (Lc 19,1-10).   

Pero el Evangelio también nos alerta frente a lo contrario porque, aunque nuestro modo de actuar dé la sensación de que somos “hijos modélicos” de esos que no se les puede reprochar nada, nos podría suceder como al hermano mayor que se quedó en casa mientras el menor se perdía: que compartamos con el Padre todo… menos sus entrañas misericordiosas (Lc 15,11-32).  

Aunque a veces nos preocupa el qué dirán quienes nos rodean, nos debería dar mucha tranquilidad que Dios se fija en el corazón del ser humano (1Sam 16,7) y salta por encima de las apariencias que, con frecuencia, nos ciegan tanto a nosotros. ¿Seremos capaces de no dejarnos confundir por el exterior? ¿Se nos “pegará” del Padre su mismo modo de mirar a quienes nos rodean desde unas entrañas llenas de misericordia? 

SINFONÍA DE LA CREACIÓN 

Es domingo y todo se está preparando para la celebración de la Eucaristía. Van llegando las niñas del coro, bien arregladitas, contentas cuando ven a sus compañeritas y a la maestra que dirige el coro. Sus edades entre 8 y 11 años.  

No me canso de mirarlas y de admirar la labor de la maetra y de estas niñas que se han dejado guiar y preparar. Cada cual sabe lo que tiene que hacer y lo hace con responsabilidad. A la hora de cantar lo hacen al unísono no se oyen voces que sobresalgan, es un placer escucharlas. 

Mi pensamiento vuela a la creación, a la obra maravillosa de Dios en que todo es armonía, bondad y belleza… y vio Dios que todo lo que había hecho era muy bueno. 

En el primer capítulo del Génesis el autor sagrado va haciendo desfilar delante de nuestra imaginación la obra de Dios como quien prepara una casa para ser habitada por un ser querido y esperado. Los elementos de la creación van apareciendo de menos a más y cada cual sabe lo que tiene que hacer: luz, agua, astros y estrellas, tierra, vegetación, animales en el cielo,mar y tierra… y como una música de fondo se repite … y vio Dios que era bueno.  

Es como una gran sinfonía que empieza con una música suave que va creciendo hasta llegar al punto culminante cuando aparece sobre la tierra el ser que Dios ama por encima de todos los demás, con quien se comunica amorosamente, y este amor va perfeccionando cada vez más el ser del hombre y de la mujer.  

A esta sinfonia de colores, y sonidos se unen ahora las voces de los seres humanos que cantan al Creador como cantaban estas niñas en el coro de su iglesia. Y ellos  cantan cada día en todo el mundo las maravillas que Dios hace, no es que Dios las ha hecho en el pasado, es que Dios las hace hoy porque Él es siempre presente, y la humanidad de todos los tiempos sigue entonando  un himno de agradecimiento y alabanza al Padre y Creador.  

No permitamos que esta alabanza se interrumpa, no permitamos que esta armonía, belleza y amor sean destruídos por la falta de amor de las criaturas humanas. La creación que sufre por nuestros errores nos recuerda que hemos sido creados para ser como nuestro Creador.  

EL CÁNTICO DE ANA (2ª parte): La Alegría de Ana

Retomamos la historia de Ana. Avanzando en ella, sería digna de contemplar la expresión de Ana al saberse embarazada. Qué cántico debió surgir de ella cuando se dio cuenta que estaba encinta. ¿Bailó, se postró, lloró, rio como Sara? Me pregunto cuántas noches oró silenciosamente alabando al Dios que le había salvado antes de hacerlo en el Santuario. ¿Cuántos días, momentos no meditó sobre la grandeza de su Dios, no rememoró las gestas del Dios de Israel? La diferencia era que ahora era su Dios. Ahora tenía una relación personal con Él, no le hablaba solo ella personalmente, Él le había contestado también personalmente. Se tiene noticia, respuesta real y personal de Él. La vida ya no es la misma y la relación con Él, tampoco. Dios ha tocado, trastocado, la propia vida y la percepción de todo. 

La alegría de Ana no es solo porque la han rescatado y librado de la humillación y del dolor de no ser madre. Estoy segura que su alegría sería enorme. Pero el cántico que encontramos es mucho más que descubrir que sus expectativas humanas se cubren. La gran alegría viene de saberse acompañada siempre, que hay alguien que la ama y cuida, que se interesa por ella. La gran alegría de Ana es la de haberse colmado su sed de Dios. Y ya no podrá dejar de hablar de Él con sus palabras, con su mirada, su sonrisa, su forma de andar. Ha sido tocada en su historia. Una vez más el Señor ha confirmado su alianza y su fidelidad. 

Pero sabemos que la oración en la Biblia es cuestión de tres: Dios, la persona que ora y los demás. Ana habla de mi Dios y habla de nuestro Dios. Y su oración, como oración bíblica, es una oración que tiene en cuenta al otro. Su alegría se multiplica al descubrir que Dios está ahí para salvarla, pero no solo a ella. Al identificarse como necesitada, deduce que si Dios ha sido compasivo con ella, es que es el Dios que escucha a los débiles que claman e interviene en su favor. Hay esperanza para ella, hay esperanza para los desvalidos, hay esperanza para el mundo porque el que lo rige no son los hombres sino el Dios todopoderoso y sorprendentemente todo-amoroso y con preferencia del débil. Su alegría y admiración es grande porque el poder no acaba en la fuerza del ser humano, con lo que tendríamos pocas esperanzas en este mundo.  

En su oración Ana recrimina al pueblo explicando por qué lo hace: ante la grandeza del Señor no tiene sentido la arrogancia y la insolencia, es pura ignorancia de quién es Dios. Es conocerle de oídas pero no haberle “visto”, experimentado. No saben quién es. Ella que ha experimentado su poder salvador, que le ha vivido de cerca, les cuenta Quién es, e invita al pueblo a la conversión, a la humildad, a volver a su lugar de criaturas. La palabra definitiva no la tiene el hombre, sino el Señor. Ahí está la esperanza. Su Dios es el Dios que restablece al débil, que invierte el orden establecido en el mundo y que también retomará Jesús: los primeros serán los últimos y los últimos los primeros. 

EL CÁNTICO DE ANA (1ª parte): La pequeñez de Ana 

A lo largo de todo el Antiguo y el Nuevo Testamento, vemos cómo YHWH elige lo pequeño, incapaz, humilde, torpe, para salvar a su pueblo, para conducir a la humanidad hacia la plenitud. Además de elegir a mujeres estériles para dar a luz a sus guías, elige al pequeño de la familia como en el caso de David, al tartamudo Moisés, la humildad de María o la “necedad” de San Pablo. Ante la dureza de corazón y soberbia del ser humano, Dios interviene en la historia dejando claro qué humanidad quiere: no la perfecta, sino la que se sabe regalada y elegida cuando a los ojos del mundo a la persona no le correspondería semejante categoría. Precisamente ante esta incapacidad reconocida es cuando la persona se deja hacer, transformar, guiar, amar… por el Dios que lo sobrepasa todo. 

Así lo vemos en la esterilidad de Ana, que dará a luz a Samuel, que guiará a su pueblo. Salva a Ana, pero en su intervención hay toda una enseñanza, un mensaje que comunicar al mundo. Se comunica Dios mismo, y Él no es otro que el Dios misericordioso, el de los pequeños. Y nosotros nos pasamos la vida queriendo ser, aparentar, acumular conocimientos, prestigio, poder… Ahí no está Dios. Él nos da todas nuestras cualidades para poder llevar a cabo su misión, su voluntad, pero no nos ha escogido por dichas cualidades. Nos ha escogido por nuestra pequeñez, nuestra carencia, nuestra herida, se manifieste de una forma u otra, y una vez conscientes de ello ya puede hacer en nosotras, y a través nuestro, maravillas. Nos escoge para salvarnos y para salvar a la humanidad. 

Podemos imaginar el dolor de Ana ante el hecho de ser estéril, por no tener hijos y porque le quedaban pocas posibilidades de sentirse realizada. A esto hay que sumarle el sufrimiento por la creencia extendida de considerar la esterilidad como una maldición. Hubiera sobrellevado su dolor en silencio, pero la humillación a la que le sometía Feniná provocó un giro en la historia. Esto da mucho que pensar. Soportamos cierta cantidad de dolor y nos conformamos, nos resignamos a él. Es cuando ese dolor se hace tan grande que no cabe dentro cuando decimos: ¡basta!, y de alguna manera buscamos una salida. Me pregunto si lo que aparentemente puede parecer “obra del diablo”, puede ser en el fondo el empuje para cambiar la propia historia, contando con la ayuda de Dios. De manera, que aún habiendo querido hacer el mal, Peniná acabó haciendo el bien. No digo que sea ni querido ni bueno a los ojos de Dios el daño al otro, pero sí que a partir de la oscuridad puede nacer luz, de la muerte resurrección, por la acción de Dios, del Amor. Es un anuncio precursor más de la Muerte y Resurrección de Jesús. Y así lo voy leyendo en mi propia historia. Cuántas dificultades me han ayudado a crecer con la ayuda de un Dios manifestado de mil maneras diferentes. El ser humano no tiene la última palabra. Así Juliana de Norwich en el siglo XIV nos transmitía las palabras que Jesús le reveló: “Todo acabará bien”. 

Quiero también resaltar lo que a mí me parece un detalle que puede pasar desapercibido pero que a mi parecer es de gran importancia. Vemos a Ana desahogarse, poner su vida en presencia de Dios, de ese Dios que escucha, que es Todopoderoso y Misericordioso, que acompaña, que es fiel. Junto a esto debió ayudarla también, por qué no, oír de boca de otro ser humano el apoyo a su causa, la intercesión de Elí por ella: “que te sea concedido el favor de Dios”. El Dios que acompaña pero que no se ve, pone a su lado a una persona visible que le confirma en su petición. Podemos decir que el ser humano destroza y el ser humano restablece y sana, aunque sea parcialmente. Le nace la esperanza, las ganas de vivir, y come. Y ya no parecía la misma. La confianza se ha instalado en ella. El mundo ya no se ve igual. Nacen el sol y las estrellas, siempre hay algo que admirar. Alberga un secreto en su interior, una esperanza que se trasluce en un porte distinto, quizás hasta en una sonrisa y no sabemos si en un brillo en los ojos. Si fuéramos conscientes de lo importante que es el apoyo humano en las situaciones de dolor y sufrimiento… Cambia radicalmente la sensación y el propio sentimiento. La obra es culminada por Dios pero el ser humano comienza dicha obra con su súplica, su conciencia de que algo le falta y que no puede realizar por sí mismo. Va desarrollándose, gestándose gracias al apoyo de otras personas y finalmente es nuestro Dios el que hace el milagro. Pero el terreno ha sido preparado y abonado. Otras personas nos ayudan a ablandar el corazón, a abrirlo, para que luego el Señor pueda actuar. Así lo he sentido yo en mi propia historia de salvación. Dios no actúa sin el ser humano y quizá podríamos aventurarnos a decir que no actúa sin la comunión de los santos, sin la intercesión de unos por otros, sin la intervención en la historia de las demás personas. Quizá no somos conscientes de cuán en nuestra mano está la vida de los demás.  

NO TENGÁIS MIEDO

No tengáis miedo.  

Vosotros buscad a Jesús Nazareno, 

no está aquí, ha resucitado. 

Mirad el lugar donde lo habían puesto. 

Id ahora a decir a sus discípulos y 

a Pedro que irá delante de ellos a Galilea. 

Allí lo verán, como les había dicho. 

Mc 16,6-7 

 

 

“¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?” He visto al Señor, mi amor y mi esperanza. 

Lo he visto, no lo conocía, pero Él pronunció  mi nombre, el mismo nombre que pronunció al crearme y que sigue pronunciando cada día. Me dijo “María”, me lo dijo como sólo Él sabe, y entonces supe que aquel forastero era Él. 

Había visto los testigos de su resurrección pero hasta este momento no entendía. Había visto los ángeles que me hablaron y me dieron la gran noticia, pero no entendía, mi tristeza era demasiado grande. Vi el sudario, los lienzos, la tumba vacía, abandonada. Pero sólo cuando Él me miró como nadie me ha mirado jamás, y me habló supe que era verdad, y  grité llena de alegría, gozosa, ¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! 

 Fui a ver a mis amigos, sus amigos que estaban llenos de miedo y no se atrevían ni siquiera a asomarse a la ventana y menos salir a la calle. Y les di la gran noticia, que ellos al principio no creyeron. Y les  comuniqué el mensaje de los ángeles “vayan a Galilea allí lo verán.” 

 Sí regresen a Galilea, donde todo empezó, donde todos nosotros, sus amigos, nos  enamoramos de aquel joven galileo, el carpintero de Nazaret, que nos hablaba palabras de amor cuando nos describía como era su Padre, cómo es Yahvé, que no es un Dios temible, sino que es un Abba, un papá. Y nos entusiasmamos con su sueño, su proyecto de cambiar el mundo, cambiando a los seres humanos. Su proyecto de que cada ser humano pueda sentirse amado,  por Dios a través del amor cercano y bueno de sus hijos e hijas que ya lo han conocido. Proyecto sencillo pero que nos compromete a la conversión de nuestros egoísmos. Sí, solo el amor nos cambia y cambia el mundo, nuestra sociedad. Sociedad que decimos está perdida, y que tendríamos que decir, está falta de amor y de ternura.  

 Yo cuando lo encontré quise abrazarlo,  besarle los pies, pero Él me dijo que no lo hiciera pues todavía tenía que ver a su Padre.  En mi desilusión y tristeza por no poderlo abrazar, me acordé que un día nos dijo, que todo lo bueno o lo malo que hiciéramos a otro ser humano, se lo hacíamos a Él.  Y solo entonces comprendí que su proyecto, su sueño, era esto, hacer sentir amor, ayudar, consolar…. a quienes caminan por la vida con nosotros. Que haciendo esto podemos siempre abrazarlo, besarle los pies, las manos… sentir su presencia, su mirada en la mirada de tantos que nos buscan para consolarse, sentirse que no están solos.  

 Hoy he leído en un mensaje de una iglesia de Francia donde el Obispo les decía “sólo hay que amar”

BIBLIANDO: “SALMOS EN VACACIONES…” por Marifé Ramos

SALMOS EN VACACIONES 

.

En verano, el calor, los viajes, el contacto con la naturaleza y los encuentros familiares nos ofrecen muchas experiencias que nos ayudan a comprender mejor la Palabra, especialmente los Salmos.

.

“En Ti vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17, 28) Podemos cerrar los ojos al nadar y bucear, repitiendo esta frase. Dios es como el agua que nos envuelve, en la que nos movemos y nos abandonamos. En el mar percibimos su grandeza y su fuerza, junto con la cercanía y la caricia.

.

También la experiencia de la sed nos ayuda a comprender la Palabra. Buscar a Dios es como tener sed, una sed que nos agobia, nos inquieta y nos pone en movimiento para buscar corrientes de agua fresca. Eso hacían los cervatillos y eso podemos hacer…, salvo que nos contentemos con dar pequeños sorbos en el agua sucia de cisternas agrietadas. Desde esta perspectiva de la sed podemos orar con los Salmos 42 y 63.

.

Si hacemos senderismo y buscamos atentamente las señales del camino, podemos orar con el Salmo 25, diciendo: “Muéstrame tus caminos, oh Dios, enséñame tus sendas”. Y con el Salmo 116, conscientes de que, cada paso que damos, estamos   “Caminando en presencia del Señor…”

.

Si nuestra condición física nos impide estar a la altura de quienes nos rodean, si no podemos realizar ciertas actividades, es el momento de orar el Salmo 71 (70): “Ahora que estoy viejo, encanecido, oh Dios, no me abandones. Nos ha protegido desde el seno materno”. 

.

Tomamos conciencia, una vez más, de que la vejez se acerca, con todas sus pobrezas y fragilidades. Pero no es el momento de convertirnos en plañideras, sino de recordar esa preciosa historia de Salvación que el buen Dios ha ido entretejiendo conmigo, con la familia, la comunidad y la humanidad.

.

En medio de la naturaleza, contemplando las montañas, no seamos plañideras que lamentan el deterioro físico, sino que cantemos al  Dios que se manifiesta como roca y refugio: “Tú eres mi padre, mi Dios y roca de salvación” (Salmo 89, 27 y 31, 3-4)

.

Tendremos ratos de silencio y soledad, ratos en los que la paz exterior que nos ayude a disfrutar de la paz interior. Entonces podemos orar con el Salmo 131 (130): “No voy buscando cosas grandes, que me vienen anchas. No; en silencio y en paz guardo mi alma, como un niño en el regazo de su alma” 

.

Es posible que al salir de las ciudades y pasear por el campo veamos rebaños. Es el momento de recordar que El Señor es mi pastor, nada me falta… y tomar conciencia  de las verdes praderas que hemos recibido y de las cañadas oscuras a las que nos hemos dirigido, de manera inconsciente o soberbia (Salmo 23)

.

Y, sobre todo, en vacaciones podemos escribir nuestros propios salmos. Cantemos al buen Dios, desde las luces y sombras que vivimos. Expresemos el dolor que sentimos ante muchas noticias que nos ofrecen los medios de comunicación y la esperanza que nos despiertan la justicia y la solidaridad.

.

Escribamos lo que vivimos y sentimos, entrelazando el sueño de Dios con nuestra incoherencia; sus llamadas con nuestra fidelidad e infidelidad.

.

El salmo que recoge la alegría de los encuentros familiares se puede convertir en un recuerdo imborrable y una sencilla catequesis para los pequeños.

.

Si entrelazamos con sencillez el verano, las experiencias y la Palabra… ¡Todo irá bien! 

 .

.

BIBLIANDO: “NOS INVITA A REVIVIR” por Marifé Ramos

¡Nos invitan a revivir! ¡Nos regalan la experiencia! 

.

Celebrada la Semana Santa, hemos tenido presentes las escenas de la muerte de Jesús. Las lecturas en la Eucaristía, los Oficios, el Vía Crucis, ciertas  películas y las representaciones de la Pasión nos recordaban una y otra vez su pasión y muerte.

.

Seguramente eso nos podría hacer pensar en la nuestra y en la multitud de escenas de violencia, destrucción, injusticia y muerte que nos ofrecen los medios de comunicación.

.

Ante la cruda realidad de la pasión del mundo, nos resultará fácil identificarnos con la experiencia del pueblo de Israel, cuando clamó a Dios diciendo: “¡Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, estamos perdidos para siempre!”

.

Nosotros, como el pueblo de Israel… ¿nos estaremos quedando siempre en ese sentimiento de fin, sin esperanza, sin continuación…?

.

Pero el texto del profeta Ezequiel no acaba aquí. Dios le envía a profetizar, y su palabra nos abre horizontes hoy:

.

 “Así dice el Señor: Cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Infundiré en vosotros mi espíritu y reviviréis; os colocaré en vuestro suelo y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago” (37, 11-14) 

.

Pensemos en los sepulcros, de todo tipo, en los que vivimos, aún habiendo vivido la experiencia de Pascua… ¡cuánto nos cuesta salir de nuestros sepulcros!

.

  • Los que contienen la savia espiritual y las experiencias que en otro momento nos dieron vida y hemos ido dejando morir.
  • Aquellos sepulcros en los que yacen las relaciones humanas que no hemos cuidado.
  • El pequeño nicho que contiene las urnas con nuestros pensamientos anquilosados, que atufan y los miedos de todo tipo.
  • El sepulcro que contiene las máscaras y las medallas que nos ponemos, cuando no somos capaces de reconocer nuestra pobreza y desnudez.

.

Podríamos hundirnos al tomar conciencia de tantas formas de muerte, dentro y fuera de nosotros, cerca y lejos.

.

Pero la Palabra se hace presente en nuestra realidad y nos recuerda: “Os infundiré mi espíritu y reviviréis; os colocaré en vuestro suelo y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago”. 

.

Sabemos que es verdad, porque lo hemos experimentado muchas veces.

.

  • Hemos recibido ánimo cuando estábamos des-animados.
  • Se ha reavivado el rescoldo cuando parecía que nuestro fuego interior se apagaba y podía morir el amor primero.
  • A pesar del agotamiento, hemos encontrado fuerzas, para seguir trabajando en la pasión del mundo.
  • Cuando estábamos desolados (sin suelo) y parecía que andábamos sobre arenas movedizas y cañadas oscuras,  hemos experimentado que Alguien nos recolocaba de nuevo en suelo firme.
  • Hemos visto cómo brotaban tallos verdes, llenos de vida, a través de las fisuras de nuestras tumbas y abrían una rendija cada vez mayor, por donde la Vida se iba abriendo paso.

.

La Palabra nos invita a recordar y reavivar ese don recibido tantas veces.  A vivir este tiempo Pascual como invitación entusiasta para salir de nuestras “muertes”.

.

Llegará Pentecostés, con sus dones, pero ahora vivimos ya un anticipo al reconocer las experiencias de muerte y descubrir la vida que se abre paso en medio de ellas. Y el esfuerzo no recae sobre nuestras espaldas solamente, ni requiere que tengamos una fuerza de titanes. Es un DON. Nos invitan gratuitamente a revivir, a dejarnos re-colocar. No es un farol.

.

El Señor lo dice y lo hace. Si le dejamos hacer, todo irá bien. FELIZ PASCUA DE LA VIDA!

.

.

Marifé Ramos

 

BIBLIANDO: “¡LLEGA LA PRIMAVERA!” por Marifé Ramos

¡LLEGA LA PRIMAVERA! 

.

El mes de Marzo nos invita a vivir con los cinco sentidos bien abiertos. Es posible que empiece con frío, lluvia y nieve y se nos olvide que el día 20 llega la primavera.

.

La naturaleza sigue su curso y habrá una explosión de vida cuando menos lo esperemos. Los árboles se llenaran de yemas y de flores. Muchos animales saldrán a cazar con sus crías. Veremos muchos arco iris este mes. Los días se irán haciendo más largos y el sol será como un cálido manto que nos envolverá; nuestros huesos lo agradecerán,  después del frío y la  humedad del invierno.

.

Algo semejante nos ocurre en la vida espiritual. Pasamos inviernos. A veces inviernos muy largos, pero la primavera sigue su curso en nuestro interior. Así nos lo anuncia el profeta Isaías de parte de Dios: “No os acordéis de antaño. No os preocupéis de lo pasado. Mirad, yo voy a hacer algo nuevo. Ya está brotando ¿No lo notáis?” (43, 18-19) 

.

¿Qué está brotando en nuestra vida?

.

Durante muchos años nos acostumbraron  a buscar afanosamente lo negativo. Nos educaron para detectar el pecado en nuestra vida, ponerle nombre, arrepentirnos,  confesarnos, proponernos cambiar y…

.

Y una y otra vez hemos repetido el proceso, como si estuviéramos atrapados en una rueda que gira sobre sí misma sin parar.

.

Esta cuaresma ¿por qué no centramos nuestra atención en la vida y la belleza que albergamos?  ¿Por qué no nos fijamos en esos pequeños tallos que han ido apareciendo en nuestra vida, para cuidarlos con mimo y facilitar su crecimiento?

.

¿Por qué no hacemos con nuestra vida interior lo mismo que hacemos al cuidar la naturaleza? Quitamos las malas hierbas, preparamos la tierra y luego… todo el esfuerzo se centra en la siembra y en seguir con atención y cuidado el proceso de crecimiento hasta que nazcan los frutos.

.

Ojalá esta cuaresma sea más primaveral. Que la vivamos contemplando cómo nacen los tallos y las flores. Que nos identifiquemos con esos árboles que, tras perder la hoja y quedarse desnudos en invierno, ahora muestran el potencial de vida que llevaban en su interior.

.

Que cuando vayamos por la calle o por el campo nos detengamos a oír el canto de los pájaros y las aves, un canto que muchas veces va unido a un vuelo delicado con el que se invitan al apareamiento.

.

Que cerremos los ojos, de vez en cuando, para percibir los nuevos olores que nos ofrece la naturaleza en primavera.

.

Que nuestras manos, que tocan tantas horas al día todo tipo de aparatos electrónicos, puedan acariciar las flores y la hierba, conscientes de que son un regalo gratuito de nuestro Abbá.

.

Que saboreemos todo lo bueno que nos traiga cada día, ya sea la comida, las relaciones humanas, el trabajo o el ocio.

.

Y todo esto, que puede parecer un ejercicio egoísta, en realidad es un proceso muy sano y eficaz. ¡Si nos llenamos de vida, podemos compartirla! Si la primavera nos conduce a un verano lleno de frutos… ¡Todo irá bien! 

BIBLIANDO: “RECETA PARA QUE TODO VAYA BIEN ” por Marifé Ramos

 RECETA PARA QUE TODO VAYA BIEN

.

Hace muchos años, dos vecinas del pueblo se plantearon cambiar; querían intentar, por todos los medios, que todo fuera bien en su vida…  y, a ser posible, en la vida de todo el pueblo.

.

Se reunían cada día para reflexionar juntas, charlar y discutir sobre los posibles cambios.

.

Después de mucho cavilar, una de ellas creyó encontrar la solución en el tarot. Decidió que le echaran las cartas y creyó que su vida cambiaría si se fiaba de lo que le mostraba una hilera de cartas.

.

La otra recordó que la Biblia le había acompañado en su juventud y le había dado luz  en las situaciones difíciles que había atravesado. Entonces, se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no la leía. Hacía años que ni siquiera la había sacado de la estantería.

.

Fue a por ella y la abrió por donde marcaba un recordatorio de su primera comunión.  Leyó un párrafo al azar:

.

“Surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas…; clamarás al Señor y te responderá, pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”. Brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad será como el mediodía» 

.

Sí, eso es lo que buscaba. Es como si hubieran adivinado su pensamiento.

.

Ella deseaba que su vida se llenara de luz, porque sentía que las tinieblas habían entrado en su vida y se habían extendido por todos los rincones, como una niebla de invierno.

.

Deseaba que cicatrizaran las heridas que le había causado la vida, porque el hecho de vivir con ellas le amargaba. Deseaba que la relación con Dios fuera como antaño, cuando charlaban en cualquier  momento, como dos viejos amigos.

.

Pero ¿cómo podría hacer realidad el cambio que le anunciaba el profeta Isaías?

.

Siguió leyendo ávidamente, buscando la respuesta. Y la encontró en los versículos que estaban a continuación:

.

“Esto dice el Señor: «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, 
cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos…  Aleja de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, ofrece al hambriento de lo tuyo y sacia al alma afligida…” (Isaías 58, 7-10) 

.

Algo semejante a un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Se dio cuenta, con toda claridad, que se había ido cerrando sobre sí misma. ¿Y si el profeta  tenía razón? Decidió cambiar. ¡Tenía que intentarlo!

.

Años después, en su pueblo había un comedor social y un albergue. A través de varias manifestaciones y denuncias se habían conseguido importantes mejoras para el pueblo.

.

También su vida había cambiado. Al preocuparse por las heridas ajenas, las suyas habían ido cicatrizando. La niebla había dado paso a la luz, y ahora veía a las personas y las situaciones con otra perspectiva.

.

Decidió que no podía quedarse ella sola con el secreto. Escribió en un papel el texto de Isaías y añadió: “Con este receta todo va bien en mi vida… y un poco mejor en la vida del pueblo. ¡Anímate a probar y te sorprenderá el resultado!”. 

.

Luego entregó una hoja a cada uno de sus vecinos. Y sintió que, con ese gesto, todo iría mejor todavía.

 .

.