Eco Diario de la Palabra
 

MI HUELLA

A mi alrededor todo en movimiento. Vida. ¿VIDA?
Me pregunto: ¿A qué llamo vivir?
Te pregunto: ¿A qué le llamas vivir?
¿Es vivir «sobrevivir? ¿Nos define nuestra capacidad de «aguantar»?
¿Es vivir estudiar, encontrar un trabajo, cobrar a final de mes, comprarse cosas y estar tranquilo viviendo lo mejor posible porque «total, son dos días»?
¿Es vivir crear un personaje para atravesar esta jungla vital?
¿Qué es vivir de verdad?
Escucho tantos actos que causan confusión, desasosiego, dolor, muerte, destrucción, pérdidas, discriminaciones, injusticia estructural…
Veo, escucho…
Incendios provocados.
Corrupción política.
Guerras provocadas por mentiras, por intereses económicos, por fundamentalismos religiosos.
Discriminaciones por identidad sexual, por género, por raza, por nivel económico.
Niños y niñas maltratados por otros niños y niñas, por adultos sin escrúpulos, por multinacionales.
Ricos muy ricos, pobres muy pobres.
Fronteras cerradas al ser humano pero abiertas de par en par al dinero venga de donde venga.
Miles de seres humanos ahogados en un mar de racismo.
Cerca de mí:
basura tirada junto a un contenedor vacío.
Ruido.
Malas caras.
Falta de educación.
Agresividad.
Dispersión mental.
Incultura.
Prejuicios.
Escaso cuidado del entorno.
Personas que siempre exigen sus derechos, pero no cumplen sus obligaciones.
Pensamiento mediocre.
Analfabetismo espiritual.
Pero, también veo y escucho:
Hombres y mujeres que en todo el mundo dan la vida por puro amor, con absoluta generosidad.
Jóvenes que sueñan y arriesgan en busca de un sueño.
Educadores/as que se dejan la piel cada día por una mejor educación, por la felicidad de niños y jóvenes.
Seres humanos que cuidan el planeta.
Seres creativos que aportan todo cuanto pueden a la mejora de nuestra vida.
Luchadores que vencen la enfermedad con optimismo y fuerza.
Hombres y mujeres honrados que lo dan todo cada día, siendo fieles en lo pequeño y en lo grande.
Familias acogedoras.
Comunidades humanas abiertas acogiendo a todos y a todas.
Amigos fieles, amorosos.
Artistas que regalan belleza al mundo.
Personas cuidadosas y respetuosas que no ensucian ni contaminan ningún entorno.
Personas deliciosamente educadas, cultas, íntegras, presentes.
Seres verdadera y profundamente espirituales.
Dulzura y serenidad en la mirada de muchos ancianos.
Hombres y mujeres que se sitúan conscientemente junto a quien sufre.
¿Qué es Vivir? Quizá sea caminar dejando una huella positiva en el mundo.

Cambia el mundo

El lema del Octubre Misionero de este año es “Cambia el mundo”. Como dice el director de OMP España: La apuesta es audaz y atrevida. Produce una cierta sonrisa de incredulidad”. El mundo está demasiado podrido, demasiada injusticia…
Últimamente se han puesto de moda las pelis y las series de superhéroes. Siempre destacan por algún superpoder. En mi casa hay una persona con superpoderes: es mi mujer. Y no hablo del superpoder de ver una pelusa de polvo donde ningún otro miembro de la familia puede llegar a verlo (que lo tiene). No: se trata de otro superpoder bien distinto.
Hasta en las mejores familias hay momentos de oscuridad. Momentos en los que se va la luz. Son momentos de dolor y confusión. Los hay de pequeñas tinieblas y de grandes oscuridades. Pues en mi familia tenemos un talismán. La “mama” (no la mamá), la “mama”, como la llaman de broma mis hijas.
El superpoder de mi mujer consiste en iluminar hasta la situación más enrevesada, complicada o dolorosa. Cuando ya todos en la familia -yo incluso- hemos tirado la toalla, llega ella dando luz, y paz…
Cambia el mundo. Puede parecer atrevido y audaz. Puede que produzca incluso una sonrisa de incredulidad. Pero yo sé que es posible. Ahí fuera hay mucha gente con “superpoderes” como los de “la mama”. Superpoderes domésticos, íntimos, que nadie conoce, puede ser. Pero con ellas el mundo cambia. Vaya que si cambia…

Intentar arreglar el mundo

¿Cómo vamos a intentar arreglar el mundo, si no sabemos qué hacer con nuestras vidas? ¿Cómo queremos arreglar una sociedad, si no tengo mi futuro asegurado?
Estas son las preguntas que se haría un joven si alguien, como hace el lema del DOMUND, le sugiriera la frasecita de cambiar el mundo.
Primero tenemos que cambiar nuestra vida, nuestras fachadas exteriores ponerlas en armonía con nuestro interior, que no sean escaparates de decoración, sino expresión verdadera de nuestra belleza y riqueza interior.
Pero nosotros, los cristianos, jugamos en otra división, tenemos una brújula, un timón, un guía, un camino, el que ya puso los andamios de este proyecto de Vida y nos da día a día aliento para realizarlo. Un proyecto grande, pero que empieza con las cosas pequeñas, que pasan desapercibidas, lo cotidiano, lo ordinario…
Para realizar el proyecto del Reino hay muchas trabas: la edad, la poca experiencia, el deseo de que te tengan en cuenta y no lo hace casi nadie, que la gente de tu entorno te acompañe o al contrario que vayas contracorriente. Y se hace duro.
Siempre te pueden ayudar personas que a lo largo de su vida se han entregado plenamente a este proyecto, y caminan muy cerca de ti. Contemplar sus textos, su vida, incluso sus fracasos te ayudan a continuar trabajando y aprendiendo.