Eco Diario de la Palabra
 

URGENCIA DE LA FRATERNIDAD

CONSIDERACIONES SOBRE LA URGENCIA DE LA FRATERNIDAD EN NUESTROS PLANES DE URBANISMO 

La fraternidad está en peligro. La inconsciencia, según Freud, era el gran peligro de la humanidad, porque constituía el 80% de la psique humana y la mayoría de las decisiones tomadas estaban sustentadas en ese océano no consciente. Inconsciencia que suele estar anestesiada –ya lo denunciaban los Padres de la Iglesia– por la sobreabundancia. Anestesia alimentada, a su vez, por dicha inconsciencia. Nadie en su sano juicio a quien preguntáramos acerca de la fraternidad la tildaría de algo nocivo. Sin embargo, hay decisiones políticas que afectan, como su nombre indica, al bien común y que, no obstante, bajo supina inconsciencia de quienes creen saber lo que ejecutan, suponen un ataque a la fraternidad, y lo que es peor, sus condiciones de posibilidad. Y, en concreto, algunos de nuestros proyectos de supuesto desarrollo urbanístico suponen un atentado cuasiterrorista e inconsciente contra la fraternidad, esto es, contra, en mi opinión, la única esperanza de la actual civilización mal llamada desarrollada.  

Y me refiero, por ejemplo, a que en una población cercana a donde yo habito se ha aprobado públicamente la construcción de un aparcamiento innecesario en una parte de una población donde apenas viven unas decenas de vecinos con sus baserris1, su riqueza cultural y su patente fraternidad. Obra por cierto, a manos de una Unión Temporal de Empresas (UTE) que apantalla la verdadera autoría de la fechoría social, en manos de un conocido presidente de galáctico club de fútbol de cuyo nombre no quiero acordarme.  

En otra población no lejos de ésta, un socavón ofrece su bienvenida a los visitantes, donde hace un par de años se quemó misteriosamente el trozo de monte que falta. El proyecto es una gran superficie comercial con supermercado de dudoso trato a sus trabajadores en pleno auge en España y con establecimiento específico para prendas y complementos deportivos. Todo ello después de que el consistorio vizcaíno se comprometiera con la población del municipio a fomentar e impulsar el comercio local. Este y otros proyectos enmarcados dentro de los Planes Territoriales Parciales del País Vasco, incluso la prometedora (y dilatada en el tiempo) creación de un Tren de Alta Velocidad para las tres provincias vascongadas, con homólogos en ambos casos, a lo largo y ancho de toda la geografía española, tienen un eje común: buscan la creación y la prevalencia masiva de ciudades dormitorio, y, con ello, modelos de convivencia (éxodo rural y masificación en grandes urbes), consumo (privilegio sistémico de los grandes centros de consumo, desaparición progresiva de los pequeños comercios, dificultad de una manera responsable y justa de consumo)2 y de vida (entre otros, el famoso individualismo postmoderno que denuncia G. Lipovetsky3 en sus obras) con consecuencias graves para la fraternidad y, por tanto, para la capacidad de respuesta común y comunitaria, participativa, verdaderamente política, humana, cristiana, a fin de cuentas. Atentar contra la fraternidad de manera tan sutil y subrepticia es atentar contra la fe, contra la posibilidad de vivirla en el amor y contra la posibilidad de ensanchar con ello el corazón en, como diría Pedro Casaldáliga, «la terca esperanza».  

A uno no se le escapa que el conflicto de valores existente entre enriquecimiento de unos y bien conocidos pocos y la creación de una necesidad, por un lado, y empobrecimiento cultural y humano del lugar, por otro, se resuelve en los últimos tiempos y sistemáticamente de facto, sin diálogo ni discernimiento –he aquí el verdadero problema, la inconsciencia– a favor de lo primero. Ante esta realidad se comprende claramente lo que Jesús de Nazaret quería decir cuando aseveraba tajantemente que «no se puede servir a Dios y a las riquezas (mammon)» (Lc 16,13).  

Lo que a nuestra sociedad le pasa es que, parafraseando a san Basilio en esa maravillosa homilía sobre el joven rico: «En la medida en que abundas en riquezas, en esa misma medida estás falto de fraternidad»4. Y es aquí donde la gran reivindicación de la «civilización de la pobreza»5 que Ignacio Ellacuría defendió hasta su asesinato cobra su verdadero mordiente transformador. ¿Para cuándo un sistema global, que sin olvidar la justicia y la libertad, subordine ambas a la fraternidad? De hecho, la experiencia que acabó con el imperialismo más mortífero del Imperio Romano fue la de las primeras comunidades cristianas siguiendo a Jesús en eso tan íntimo y tan verdadero («lo esencial es invisible a los ojos», que diría A. de Saint-Exupéry6) y que Y. Congar llamaba el verdadero «protagonista de la misión de la Iglesia»7: el Espíritu santo8. Necesitamos un sistema con esta altura de miras, de acuerdo a ese plan de Dios manifestado en Jesucristo y de cuyo sello somos partícipes por creación por salvación. Citando a los Padres de la Iglesia, de nuevo, el ser humano es «puesto en la tierra plasmado a imagen de Dios», con el único fin de que «tanto en el soplo como en la carne plasmada el hombre fuera semejante a Dios»9. La tierra es, en definitiva, según la cosmovisión cristiana, la casa de y para todos10 y está llamada a ser hogar de libertad, igualdad y fraternidad, como otrora reivindicara, aunque solo fuera como horizonte, la revolución francesa y muchos siglos antes la saboreamos en su inicio en Jesús de Nazaret. La revolución de la fraternidad está, de nuevo, en nuestra mano y nuestro corazón y nuestro mundo lo reclaman a gritos. 

BENDITOS ABUELOS

La relación entre nietos y abuelos es muy especial para ambos. Qué enriquecedor es el intercambio intergeneracional: los pequeños enseñan a los mayores las novedades del mundo y estos transmiten sus valores y su historia vivida a los nietos. Es una oportunidad para que ambas generaciones ejerciten la paciencia, la ternura, la comprensión, la alegría, la fe, la generosidad, la esperanza… 

Cada 26 de julio se celebra en España el “Día de los Abuelos” coincidiendo con la festividad de San Joaquín y Santa Ana, los abuelos de Jesús. Es un buen momento para poner la atención sobre ellos y sobre cómo viven esta etapa de sus vidas. 

¡Benditos abuelos!, es la expresión que se escucha a menudo entre los padres y madres que tienen niños y niñas en edad escolar y tienen dificultades para combinar el trabajo con la atención de la familia. Los nietos son una fuente de satisfacción y de alegría para los abuelos pero su edad y sus achaques los obliga en muchos casos a hacer un sobre esfuerzo, reduciendo su tiempo de descanso y limitando también su necesario tiempo de cuidado personal y de ocio. Ellos, que ya sacaron adelante a su familia, vuelven a ser los principales cuidadores de los pequeños, especialmente en época de vacaciones. 

 

Los ancianos tienen una vocación particular. 

El Papa Francisco, dedicó en marzo de 2015 dos catequesis a resaltar la situación de los ancianos y destacar la vocación particular en esta etapa de la vida. 

Simeón y Ana, de quienes se habla en el Evangelio de la infancia de Jesús escrito por san Lucas, eran ciertamente ancianos, el «viejo» Simeón y la «profetisa» Ana que tenía 84 años. El Evangelio dice que esperaba la venida de Dios cada día, con gran fidelidad, desde hacía largos años. Esa larga espera continuaba ocupando toda su vida, no tenían compromisos más importantes que este: esperar al Señor y rezar. Y, cuando María y José llegaron al templo para cumplir las disposiciones de la Ley, Simeón y Ana se movieron por impulso, animados por el Espíritu Santo (cf. Lc 2, 27). El peso de la edad y de la espera desapareció en un momento. Ellos reconocieron al Niño, y descubrieron una nueva fuerza, para una nueva tarea: dar gracias y dar testimonio por este signo de Dios. Simeón improvisó un bellísimo himno de júbilo (cf. Lc 2, 29-32) —fue un poeta en ese momento— y Ana se convirtió en la primera predicadora de Jesús: «hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén» (Lc 2, 38). 

Necesitamos ancianos que recen porque la vejez se nos dio precisamente para esto. Podemos dar gracias al Señor por los beneficios recibidos y llenar el vacío de la ingratitud que lo rodea. Podemos interceder por las expectativas de las nuevas generaciones y dar dignidad a la memoria y a los sacrificios de las generaciones pasadas. Podemos recordar a los jóvenes ambiciosos que una vida sin amor es una vida árida. Podemos decir a los jóvenes miedosos que la angustia del futuro se puede vencer. Podemos enseñar a los jóvenes demasiado enamorados de sí mismos que hay más alegría en dar que en recibir. Los abuelos y las abuelas forman el «coro» permanente de un gran santuario espiritual, donde la oración de súplica y el canto de alabanza sostienen a la comunidad que trabaja y lucha en el campo de la vida. Las palabras de los abuelos tienen algo especial para los jóvenes. Y ellos lo saben 

¿Qué podemos hacer tú y yo, nosotros? 

Aunque te parezca que pueda ser poca cosa, hay muchos gestos “pequeños” y concretos que nos pueden ayudar a tomar conciencia de la realidad en la que viven nuestros mayores y poder ir articulando espacios de relaciones que posibiliten una vida digna en la ancianidad y un mayor enriquecimiento entre las generaciones. 

  • Agradece 

Toma conciencia de lo que has recibido de tus abuelos, sus cuidados y atenciones, su herencia de vida… Busca la forma de que ellos sientan tu gratitud. Ten paciencia con ellos, como ellos la tuvieron contigo 

  • Sirve 

Hay pequeños gestos de servicio que son obras grandes de amor: escucharles con afecto, acompañarlos, resolver sus dudas “tecnológicas”, asistirles en la debilidad y enfermedad… lo mismo que ellos hicieron contigo cuando eras pequeño. No los abandones. 

  • Emprende 

Cada vez son más frecuentes las iniciativas de encuentro intergeneracional, como la que se da entre una residencia de ancianos y un centro escolar para recuperar la tradición de la costura y ayudar a jóvenes y mayores a aprender los unos de los otros y desarrollar actitudes positivas ante la vida. 

  • Ora 

Da gracias a Dios cada día por el don que recibimos de nuestros mayores y pídele que nos ayude a promover una sociedad del encuentro y la acogida. 

 

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8 HORAS DE TRABAJO, 8 HORAS DE RECREO, 8 HORAS DE DESCANSO

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Cada 1º de mayo celebramos el día del trabajo. Esta fiesta tiene su origen en la conmemoración de la huelga iniciada el 1º de mayo de 1886 en Estados Unidos y por la que fueron ejecutados varios sindicalistas: los “Mártires de Chicago”, como consecuencia de su participación en las acciones de lucha que reclamaban una regulación de la jornada laboral en 8 horas. Entonces algunas industrias requerían de sus trabajadores jornadas de hasta 18 horas diarias seis días a la semana, a cambio de un salario insuficiente para el sustento familiar, lo que obligaba a mujeres y niños a trabajar en las fábricas para poder sobrevivir.

También para los católicos, el 1º de mayo es un día de especial celebración, desde que Pío XII, en 1955, ante un grupo de obreros reunidos en la Plaza de San Pedro, instituyó que la Iglesia celebrara en ese día la Fiesta de San José Obrero, pidiendo que «el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también guardián diligente vuestro y de vuestras familias».

El 1º de mayo, se ha consolidado en buena parte del mundo, como una jornada de reivindicación de la dignidad en el trabajo y de lucha por la mejora de las condiciones laborales. Sin embargo, a la vista del panorama laboral actual, el paso de los años no ha dejado superada la reclamación de “Ocho horas de trabajo, ocho horas de recreo, ocho horas de descanso” que se exigía en el siglo XIX.

Son muchas las personas que, a pesar de tener un empleo, trabajan en unas condiciones de precariedad y de abuso, falta de regulación, horarios extensos, salario injusto, temporalidad… que les impiden desarrollar una vida personal, laboral y familiar digna. En muchos puestos se exige que estemos permanentemente conectados y las llamadas al móvil, los correos electrónicos, los mensajes de Whatsapp… continúan tras finalizar la jornada laboral. Esta precariedad afecta también gravemente a pequeños empresarios y autónomos que han de prolongar indefinidamente el tiempo que dedican al trabajo para poder obtener unos ingresos de subsistencia.

No podemos dejar de recordar que persiste el tráfico de seres humanos, la trata de personas, el trabajo y la migración forzada y un elevado nivel de desempleo (especialmente en la población más joven). El trabajo no está al alcance de todos. En España, aunque la Constitución Española (art. 35) recoge, entre otros aspectos, “el derecho al trabajo y a la libre elección de profesión u oficio”, los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) de abril de 2018, sitúan el número de parados en 3.796.100 personas. Se habla de recuperación del empleo, pero… ¿habrá trabajo para estos casi cuatro millones de personas?

Juzgar

La Biblia, desde sus primeras páginas, nos enseña que “El trabajo ha sido querido y bendecido por Dios. Creado a imagen suya, el hombre debe cooperar con el Creador en la perfección de la creación (…) Dios, que ha dotado al hombre de inteligencia, le ha dado también el modo de acabar de alguna manera su obra; ya sea el artista o artesano, patrono, obrero o campesino, todo trabajador es un creador. Aplicándose a una materia que se le resiste, el trabajador le imprime un sello, mientras que él adquiere tenacidad, ingenio y espíritu de invención. Más aún, viviendo en común, participando de una misma esperanza, de un sufrimiento, de una ambición y de una alegría, el trabajo une las voluntades, aproxima los espíritus y funde los corazones; al realizarlo, los hombres descubren que son hermanos” (beato Pablo VI, Populorum progressio, nº27)

Benedicto XVI añade, que el trabajo debe ser “un trabajo decente“, es decir, “un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación” (Caritas in veritate, nº63)

También el Papa Francisco en su carta al Cardenal Peter K.A. Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, con motivo de la Conferencia Internacional acerca del trabajo y el movimiento de los trabajadores, De Populorum progressio a Laudato si’ celebrada en noviembre de 2017, nos recuerda la advertencia de su antecesor Pablo VI: La persona «no es sólo trabajo»; hay otras necesidades humanas que necesitamos cultivar y atender, como la familia, los amigos y el descanso. Es importante, pues, recordar que cualquier tarea debe estar al servicio de la persona, y no la persona al servicio de esta, lo cual implica que debemos cuestionar las estructuras que dañan o explotan a personas, familias, sociedades o a nuestra madre tierra.

Cuando el modelo de desarrollo económico se basa solamente en el aspecto material de la persona, o cuando beneficia sólo a algunos, o cuando daña el medio ambiente, genera un clamor, tanto de los pobres como de la tierra, que nos reclama otro rumbo. Este rumbo, para ser sostenible, necesita colocar en el centro del desarrollo a la persona y al trabajo, pero integrando la problemática laboral con la ambiental. Todo está interconectado, y debemos responder de modo integral. (…) No queremos un sistema de desarrollo económico que fomente gente desempleada, ni sin techo, ni desterrada. Los frutos de la tierra y del trabajo son para todos, y deben llegar a todos de forma justa”.

Finalmente quiero hacer mención de un aspecto que recoge el Cardenal Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid, en la Carta «Iglesia, ¡anuncia a Jesucristo en el mundo del trabajo!» con motivo de la celebración de este 1º de mayo de 2018: Distingamos entre trabajo y salario, para revalorizar el trabajo de cuidados. El trabajo así concebido se convierte en un don, que como tal no puede tener precio ni ser pagado. Nada puede pagar el valor del trabajo. El salario solo puede ser reconocimiento agradecido de una actividad, pero no puede medir el valor del trabajo. Con eso incluimos en la categoría de trabajo el cuidado de la familia, de los niños, de los ancianos y discapacitados, el que se despliega en el hogar o en tareas de voluntariado”

Actuar

¿Qué podemos hacer tú y yo: nosotros?

Aunque te parezca que pueda ser poca cosa, hay muchos gestos “pequeños” y concretos que nos pueden ayudar a tomar conciencia de que la falta de derechos laborales no son inevitables y que podemos ir articulando nuevos mecanismos y relaciones humanas que posibiliten una vida y un trabajo digno para todas las personas.

  • Ama

Toma conciencia de que eres creador. Cualquiera que sea tu actividad, no tendrá el mismo sentido si la vives como una oportunidad para continuar con la obra creadora de Dios. Proyecta ese amor creador de Dios en tus actividades y en tus relaciones.

  • Sirve

Trabajar es siempre trabajar por alguien, olvidarse de sí mismo para darse a los otros. No sólo porque en el marco de cualquier organización (empresa, familia, asociación…), cada persona cumple una función y presta un servicio al bien común, también porque cuando se obtiene un salario por el esfuerzo, este contribuye al bienestar de la persona y su familia.

  • Agradece

Mira con dignidad a quien te sirve con su trabajo. Respeta su persona, y valora y agradece su labor, incluso aunque su trabajo te pueda resultar molesto (como cuando te llaman de una empresa multinacional para ofrecerte un producto).

  • Enrédate

Los cambios sociales requieren acciones colectivas, enrédate con otras personas y organizaciones para exigir un trabajo decente para todas las personas, acorde con su dignidad.

  • Celebra

Cada vez que compartimos la Eucaristía presentamos en el altar el pan y el vino y con ellos, nos ofrecemos a nosotros mismos para que por la gracia de Dios, nos transformemos también en ofrenda permanente y así contribuir con nuestro trabajo en la construcción del Reino de Dios.

  • Ora

Da gracias cada día a Dios por el don del trabajo humano y pide a San José obrero, que guarde y proteja especialmente, a quienes sufren la deshumanización del trabajo.

 

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TODOS UNO, COMO TÚ EN MÍ Y YO EN TI

“Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres” (E. Galeano).

Los nadies llenan las masas, las alimentan. Hijos de nadie, dueños de nada, aquellos que no son, aunque sean. Refugiados. Inmigrantes. Marginados. Nadies que perdieron el rostro tras los genéricos que los nombran. Se olvidan sus nombres porque no se ven sus ojos, diluidos en las aguas de miles como ellos. Producen noticias que arrojan frías cifras: Más de 30.000 personas pidieron asilo político en España en 2017. 20 inmigrantes muertos en el Mediterráneo a cuatro millas de Melilla … 

Cuando alguien es un número, se hace nadie y su sufrimiento se vuelve difuso para el resto. Es difícil empatizar con un dolor abstracto. Sólo en un tú con rostro, con nombre e historia, amores y sueños, es posible encontrar a alguien. 

Mehdi Kassou, belga descendiente de marroquíes, cruzó la línea de lo abstracto aquel día en que quiso conocer el parque Maximilien de Bruselas, famoso por ser el hogar de cientos de refugiados, y vio a un niño de tres años descansado sobre un plástico. El rostro de este pequeño cambió su vida para siempre. Dejó un exitoso trabajo en una multinacional para dedicarse a tiempo completo a estos “nadies” que, para él, de pronto, cobraron el valor infinito de las personas.  

Su acción inicial desencadenó una ola de solidaridad que, ahora, organizada a través de redes sociales, da alojamiento hasta 500 refugiados cada día. Los belgas abren las puertas de su casa, de persona a persona, mirando a los ojos del nuevo huésped y ofreciéndole, además de una cama, la escucha, el afecto y el diálogo. 

Esta generosidad no sólo ha traído calor a los que antes dormían en las aceras. Los que acogen han sentido cómo el corazón se ensancha al recibir a otros, especialmente a los más débiles.  

Se desvela un secreto al abrazar el rostro de un prójimo, pues el gesto despliega un significado existencial que responde al deseo humano más hondo: la comunión. Decir tú al otro le hace vivir. Sólo si somos nombrados, si alguien pronuncia sobre nosotros un “Tú eres”, nacemos como personas y acertamos a decir “yo soy”. Vivimos nutridos por estos vínculos que nos confieren un rostro.  

En la palabra de quien nos dice “tú”, percibimos el eco profundo de aquella Palabra del Padre: “Tú eres mi Hijo amado”, que hace existir al Hijo. Sellados por el fuego del amor del Espíritu, el Padre es donación total en el Hijo, y éste receptividad total y entrega absoluta al Padre. Los tres son uno, pues existen en relación a los otros. 

Nosotros, a imagen y semejanza de aquellos, vivimos gracias a tantos que nos dan de sí mismos. Y experimentamos que sólo al darla, nuestra vida crece y cobra sentido.  Con un plato caliente, una conversación sencilla o una simple mirada de respeto a los que se sienten “nadie”, es posible volver a ser, ellos y nosotros, personas de infinito valor. Se borran las diferencias y se estrechan los lazos en una novedosa unidad.  

Se abre entonces desde la tierra una grieta a lo infinito, a la Fe que Jesús pide al Padre: “que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 21). 

ESCURRIR EL BULTO… ENTRE TODOS

VER 

“Entre todos” es el nombre que el Ministerio de Agricultura de España ha dado a la pestaña, que en su web intentaba convencer a los ciudadanos, para que realizáramos aportaciones en un tema tan importante como es el cambio climático. En concreto, se trata de la consulta pública a la que se ha sometido la Ley de cambio climático y transición energética. Es una ley, dentro del marco de los acuerdos de París, que a groso modo, pretende crear un sistema energético competitivo, revertir el cambio climático y hacerlo compatible con una energía asequible para todos. ¡Casi nada! 

En la propia web anuncian que las aportaciones recibidas son 350 tras casi tres meses de plazo para realizarlas. 

 

JUZGAR

He querido recurrir al tema de la participación ciudadana ante una ley que afecta al compromiso con la casa común, con la pobreza energética y en definitiva con temas de justicia social para poner el punto de mira en el compromiso que tenemos todos con estos temas.  

No sé si seremos capaces de revertir el cambio climático, ni siquiera si las medidas de transición energética son suficientes o si algún día conseguiremos que la energía sea asequible para todos. Me temo que, mientras no seamos capaces de darnos cuenta de la raíz del problema, “echaremos balones fuera”. Quizás pensaremos que este, como otros problemas, lo desencadenan los intereses económicos de las empresas, las políticas de los distintos países…  

Sin duda, todos estos actores afectan y mucho, pero ¿no estaremos escurriendo el bulto? 

 

ACTUAR

Sin olvidar llevar a cabo las pequeñas o grandes acciones cotidianas que nos permiten mejorar la vida de los demás, ASUMAMOS EL COMPROMISO DE CONVERTIRNOS día a día e intentar transformar el mundo acudiendo a la raíz o causa del problema. 

Juan Pablo II en la Carta Encíclica Redemptor hominis, 1979, n 16 nos recordó 

No se avanzará en este camino difícil de las indispensables transformaciones de las estructuras de la vida económica, si no se realiza una verdadera conversión de las mentalidades y de los corazones. La tarea requiere el compromiso decidido de hombres y de pueblos libres y solidarios. 

¡Aprovechemos este tiempo de conversión! 

 

 

EL VALOR DE LAS MUJERES EN LA CIENCIA

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Esta noticia me llegó por Whatsapp unos días más tarde: había fallecido Gabriela Morreale de Escobar y no nos habíamos enterado. Su foto mostraba a una mujer que sonreía con una expresión afable, pero yo no tenía ni idea de quién era.

Mi curiosidad me hizo buscar en internet. Encontré algunas breves reseñas: nacida en Italia, se licenció en Químicas en Granada y desarrolló en España casi la totalidad de sus trabajos. Investigadora apasionada y tenaz, se había dedicado, junto a su marido Francisco Escobar del Rey, al estudio de la glándula tiroides y a la relación del retraso mental con la deficiencia de yodo en los niños. A pesar de la burocracia y las reticencias de las autoridades sanitarias, consiguió que se implantara en España la detección precoz del hipotiroidismo en los recién nacidos, un enorme avance a favor de la prevención de la salud.  Ella era la causante de que a mis hijos los pincharan, poco después de nacer, para hacerles la famosa “prueba del talón”. ¡Gracias Gabriela!.

El Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la ciencia, que las Naciones Unidas nos invita a celebrar cada 11 de febrero desde el 2015, expresa la necesidad de que reconozcamos el papel clave que desempeñan las mujeres en el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Como humanidad no podemos prescindir de sus capacidades, de su ingenio y de su trabajo investigador.

Sin embargo, la realidad es que aún mantenemos estereotipos discriminatorios que ponen obstáculos a las niñas y a las mujeres para acceder a la educación en los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. En España, según el informe “Científicas en Cifras 2015” realizado por la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, sobre la situación de las mujeres en el ámbito de la investigación en España, la segregación horizontal en áreas científico-tecnológicas indica que la tasa de investigadoras en Ingeniería y Tecnología es del 19,5% en universidades y del 14,7% en la Administración Pública, frente al 23,3% y 22,1%, respectivamente, en el caso de los investigadores.

Juzgar

Les propongo reflexionar sobre tres aspectos extraídos del discurso que el Papa Francisco dirigió a las participantes en el Congreso Nacional del Centro Italiano Femenino, el 25 de enero de 2014, donde junto a su deseo de que se extienda la presencia y la actividad de las mujeres en todos los ámbitos y destaca la importancia de lo “femenino” para el desarrollo de una humanidad plena, también expresa la necesidad de no olvidar su papel insustituible en la familia y plantea cómo dar respuesta a estos retos mediante el discernimiento y la oración.

“Estos nuevos espacios y responsabilidades que se han abierto, y que deseo vivamente se puedan extender ulteriormente a la presencia y a la actividad de las mujeres, tanto en el ámbito eclesial como en el civil y profesional, no pueden hacer olvidar el papel insustituible de la mujer en la familia. Los dotes de delicadeza, peculiar sensibilidad y ternura, que abundantemente tiene el alma femenina, representan no sólo una genuina fuerza para la vida de las familias, para la irradiación de un clima de serenidad y de armonía, sino una realidad sin la cual la vocación humana sería irrealizable. Esto es importante. Sin estas actitudes, sin estos dotes de la mujer, la vocación humana no puede realizarse.

Si en el mundo del trabajo y en la esfera pública es importante la aportación más incisiva del genio femenino, tal aportación permanece imprescindible en el ámbito de la familia, que para nosotros, cristianos, no es sencillamente un lugar privado, sino la «Iglesia doméstica», cuya salud y prosperidad es condición para la salud y prosperidad de la Iglesia y de la sociedad misma.

Pensemos en la Virgen: la Virgen en la Iglesia crea algo que no pueden crear los sacerdotes, los obispos y los Papas. Es ella el auténtico genio femenino. Y pensemos en la Virgen en las familias. ¿Qué hace la Virgen en una familia? Por lo tanto, la presencia de la mujer en el ámbito doméstico se revela como nunca necesaria para la transmisión a las generaciones futuras de sólidos principios morales y para la transmisión misma de la fe.

En este punto surge espontáneamente preguntarse: ¿cómo es posible crecer en la presencia eficaz en tantos ámbitos de la esfera pública, en el mundo del trabajo y en los lugares donde se toman las decisiones más importantes y, al mismo tiempo, mantener una presencia y una atención preferencial y del todo especial en y para la familia? Y aquí está el ámbito del discernimiento que, además de la reflexión sobre la realidad de la mujer en la sociedad, presupone la oración asidua y perseverante.

Es en el diálogo con Dios, iluminado por su Palabra, regado por la gracia de los Sacramentos, donde la mujer cristiana busca siempre responder nuevamente a la llamada del Señor, en lo concreto de su condición.”

Actuar

¿Qué podemos hacer tú y yo: nosotros?

Aunque te parezca que pueda ser poca cosa, visibiliza la labor pasada y presente de las mujeres científicas, busca información sobre ellas y habla de ellas en tu entorno. Hay muchos gestos “pequeños” y concretos que nos pueden ayudar, a tomar conciencia de la importancia de que la feminidad esté también presente en la ciencia. Aquí tienes algunos enlaces que pueden ayudarte a profundizar y buscar caminos sobre este tema. No podemos permitirnos prescindir del genio de las mujeres.

Enlaces para más información

  • Artículo sobre el informe ‘Científicas en cifras 2015’. El porcentaje de científicas en España no aumenta desde 2009 y baja cuanto mayor es el rango.
  • #EllasSonCSIC, iniciativa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), para visibilizar el papel de la mujer en la ciencia.
  • 11 de febrero, iniciativa para fomentar la organización de actividades y materiales que contribuyan a cerrar la brecha de género que actualmente existe en el ámbito científico.
  • Las mujeres en la sociedad. Mayo 2016. El Video del Papa: Para que en todos los países del mundo las mujeres sean honradas y respetadas y sea valorizado su imprescindible aporte social.

LA SOBREPRODUCCIÓN DE ALIMENTOS, UN GRAVE RIESGO PARA LA HUMANIDAD…

En el mes de enero tuvimos la oportunidad de reflexionar, al hilo del artículo de Laura Rodríguez, sobre como en España a lo largo de un año, terminan 1.245,9 millones de kilos de alimentos en la basura.

Hoy me gustaría hablar acerca de la sobreproducción de alimentos en el mundo desarrollado, que supone un grave riesgo para el planeta y la humanidad.

 

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Para ello, vamos a comenzar viendo la realidad que nos rodea. Ya no nos llama la atención ir al supermercado y ver las estanterías llenas de productos perecederos o ver los productos como sacados directamente de un bodegón de los que nos ponían como modelo en las clases de plástica para que reprodujéramos. Las formas de cultivo han ido evolucionando, el cultivo hidropónico, es decir, cultivo sin necesidad de tierra, sino agua y sustratos minerales, cada vez es más frecuente y junto a nuevas técnicas para el cultivo y explotación de la tierra, nos ha permitido ver cultivos en lugares donde antes no crecían ni las malas hierbas y aprovechar al máximo los espacios para que en lugar de un único cultivo, tengamos dos o tres diferentes. Ya no hay una determinada época del año para recolectar algunas frutas y hortalizas. La incorporación de nuevos abonos químicos y pesticidas, han dejado de lado técnicas muy antiguas como el barbecho. Ya no se ven tierras descansando para recuperar sus nutrientes, como máximo se alternan cultivos cuyas demandas son diferentes. Y los pesticidas ayudan a tener cosechas más abundantes y más perfectas.

 

JUZGAR

Pero, ¿Todo esto es signo de progreso?. Lo lógico sería pensar que estos avances tecnológicos, nos van a permitir tener más alimentos y que cada vez menos gente pase hambre. Según la FAO, frente a las 2360 kilocalorías por persona y día que había disponibles en la década de 1960, para el 2050 el suministro aumentará hasta las 3050 kilocalorías. No hace falta irse tan lejos. Ya hoy en día, existe exceso de producción de alimentos, pero los recursos están mal distribuidos. En el mundo, hay 800 millones de personas que pasan hambre y desarrollan enfermedades, como el marasmo o el kwashiorkor, por la falta de nutrientes en la dieta, y en cambio otros tiran hasta el 40% de los alimentos envasados. Como dice Yolanda Kakabadse, presidenta internacional del fondo mundial para la naturaleza (WWF), “la fecha de caducidad de un alimento es lo más irracional del mundo. Nos hemos olvidado de tocar, de oler, de probar las cosas; vemos el letrerito y a la basura si pasó la fecha, pero sólo debería aplicarse en carne, pescados o cosas tóxicas”. Mientras tanto, lo que ocurre es que lo que no comen algunos, es consumido por otros. En la actualidad cerca de 1600 millones de personas tiene sobrepeso y 400 millones son obesas, y el futuro que la organización mundial de la salud proyecta es más alarmante.

También sería lógico pensar que los avances tecnológicos nos van a proporcionar alimentos de más calidad y con mejores nutrientes que nos permitirán estar más fuertes y sanos. Según un artículo de la universidad de Montpellier en el que se compara la composición de algunos alimentos en cuanto a vitaminas y minerales entre el 1985 y 2002, se ha visto que cualitativamente, cada vez contienen menos nutrientes debido a las formas de cultivos y productos que se emplean. De este estudio se desprende que, por  ejemplo,  un plátano tenía en 1985 un 23% más de magnesio, un 75% más de ácido fólico y un 12 % más de calcio que en 2002.

¿Está realmente preparado el planeta para este aumento en la producción de alimentos? El cambio climático, los recursos hídricos limitados y cada vez más escasos y el aumento del uso de los cultivos alimentarios para la producción de biocombustibles, constituyen graves riesgos para la seguridad alimentaria y del planeta a largo plazo. Los expertos nos están avisando y es el momento de ir tomando decisiones al respecto.

 

ACTUAR

¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros?

Por un lado, favorecer y apoyar la compra de productos frescos en comercios locales y mercados. Con esto, no sólo ayudamos al pequeño agricultor sino que no generamos tanto residuo como cuando consumimos productos envasados. Cuidar las cantidades que compramos para que no se pongan en mal estado y tengamos que tirarlo. El simple hecho de tener ordenada nuestra despensa y poner delante los productos con caducidad más temprana también evitará el desperdicio de alimentos.

Reciclar plásticos, vidrio, papel hará que cuidemos el medio ambiente y que la huella que cada uno dejamos, sea lo más pequeña posible.

Debemos tomar conciencia de la situación que vivimos, de lo necesario que es el consumo responsable tanto de alimentos, como de recursos naturales. La herencia que podemos dejar a nuestros hijos es lo suficientemente importante como para empezar a cambiar hábitos. Cualquier acción que nos lleve a paliar los efectos sobre el medio ambiente, hay que tenerla en cuenta y llevarla a cabo.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Como alimentar al mundo en 2050. Informe de la FAO.
  2. Agricultura mundial: hacia los años 2015/2030. Informe de la FAO.

NO VIOLENCIA EN TIEMPOS DIFÍCILES

COMUNICACIÓN NO VIOLENTA PARA TIEMPOS DIFÍCILES 

 

Dado que el día 30 de enero celebramos el Día Escolar de la Paz me gustaría reflexionar sobre la mejor manera de afrontar un conflicto. Para ello me voy a servir de la experiencia de un psicólogo llamado Marshall Rosenberg, experto en comunicación no violenta. 

Él mismo relata que en una ocasión acudió a un campo de refugiados palestinos para trabajar con ellos sobre la resolución de conflictos. Llegó allí y cuando iba a comenzar su exposición ante 170 personas, nada más escuchar que Rosenberg era americano, un señor se levantó y comenzó a gritarle: “¡Asesino! ¡Asesino de niños!” 

Ante estas acusaciones, ¿cómo reaccionó Rosenberg? Él mismo dice que no escuchó lo que este personaje pensaba de él, sino que conectó con lo que ese palestino estaba sintiendo y trató de descubrir qué necesidad se ocultaba tras esos insultos. Así que se puso en su lugar y recordó que, al entrar en el campo de refugiados, había visto latas de gas lacrimógeno por todo el entorno que habían sido disparadas la noche anterior contra los habitantes del campo de refugiados. Y en las granadas se leía claramente: “Made in USA”. Esto explicaba por qué, al oír que era americano, saltara de esa manera, dado que Estados Unidos proporciona armas al gobierno israelí. 

Acto seguido Rosenberg le contestó: entiendo que usted está furioso, ¿verdad? y luego trató de escuchar sus necesidades: “me imagino que usted esperaba otro tipo de apoyo distinto del que da mi país”. Ante esta reacción de Rosenberg, el palestino se quedó perplejo y le contestó: “¡pues claro, no tenemos letrinas, no tenemos vivienda! ¿Por qué en vez de eso mandáis armas que nos hacen daño?” Y Rosenberg responde: “Bueno, ya veo claro por qué estás enfadado, no tenéis lo más elemental para vivir y lo que recibís son armas, entiendo que tenéis necesidad de otro tipo de apoyo”. Y él le responde: “¿Sabes lo que es vivir en estas condiciones durante todos estos años?”. A lo que responde: “Ya  me doy cuenta de lo desesperante que es incluso para mí que llevó un día, así que, sí, me imagino lo duro que debe ser…”. 

Pero la cosa no acaba aquí. El propio Rosenberg reconoció sus sentimientos y necesidades y les dijo a todos: “Verás, ahora mismo, me siento muy frustrado porque he venido de muy lejos con la intención de ayudar y me preocupa que, como me has etiquetado de americano ya no vas a escuchar”. Y el palestino le respondió: “¿Y qué quiere usted decirnos?”. Y Rosenberg continuó su charla. 

Al final, el hombre que montó el escándalo, lo invitó a su tienda a cenar y, gracias a la visita de Rosenberg, se creó una escuela de comunicación no violenta en ese campo de refugiados. 

¿El truco? No escuchó lo que pensaba de él y no respondió a la defensiva diciendo “oiga, que yo no mato a nadie”. Por el contrario, intentó captar lo que estaba sucediendo dentro de él y le mostró que realmente le importaban sus sentimientos y necesidades. 

Detrás de todo conflicto hay personas que se sienten contrariadas, furiosas e incluso llenas de odio hacia el que consideran su enemigo. Y resulta claro que el conflicto se agravará y acabará con violencia mientras las partes implicadas no se sienten a entablar una comunicación no violenta y no se pongan en los zapatos de los que piensan distinto. Aprender a empatizar con los sentimientos y necesidades del otro que se enfrenta a mí es una inteligente manera de celebrar el Día escolar de la Paz y la no Violencia. 

MAESTRO, ¿DÓNDE VIVES?

Existen lugares nacidos de guerras y guerras que se convierten en el único lugar de muchos. Hay países que no son de tierra porque son de metralla y nada puede germinar en su suelo. La hierba que crece en Yemen ha de marchitarse pronto, pero incluso en su leve espacio vital será un signo de esperanza para su pueblo. Ellos no conocen más cielo que ése que a menudo destila un humo gris, un hedor de pólvora y azufre que golpea sus pulmones y les recuerda su nombre: Yemen. En la década de los 90 comenzó a llamarse solo así, Yemen, cuando el sur y el norte renunciaron a su apellido y borraron las fronteras que los constituían en dos naciones. 

 La unificación prometía tiempos mejores que, sin embargo, aún están por llegar. Estalló de nuevo una cruda violencia que provocó el derrumbamiento de la débil estructura política. Los vacíos de poder fueron aprovechados por los hutíes, otro importante grupo étnico que se sumó al resto de agentes de guerra. Arabia Saudí e Irán juegan en el terreno, clave para la hegemonía de la península arábiga. Intervienen con bombardeos masivos, arman a los guerrilleros de bandos opuestos, bloquean la ayuda humanitaria en zonas enemigas, azuzan el fuego e ignoran el derecho internacional y los más elementales derechos humanos.  

Los yemeníes sufren hoy la “peor catástrofe humanitaria del planeta”, según la ONU. Perdidos en un tablero de rivalidades múltiples, tratan de sobrevivir a las bombas, el hambre y la epidemia de cólera provocada por la falta de acceso a asistencia sanitaria y a agua potable. Hasta ahora, más de 900. 000 personas se han contagiado de la enfermedad, más de 18 millones dependen de la ayuda humanitaria y casi 13. 000 han muerto en los últimos dos años. Las ciudades, demolidas, parecen escombreras. 

El símbolo de este infierno son los ojos hinchados de Buzaina al Rimi. Con sólo cinco años de edad, resistió milagrosamente al feroz bombardeo saudí que acabó con la vida de toda su familia. Su foto ha empapelado las calles de Sanaa, su barrio, e invade las redes sociales como un silencioso grito. Es la voz callada de millones de inocentes que, como ella, cargan con las injusticias de otros y no tienen fuerza ni poderes para exigir un ajuste de responsabilidades. Los inocentes litigan a diario con el horror y la muerte pero no llevan fusil, no alzan estandartes políticos, no persiguen al culpable.  Pocos conocen sus luchas, pues esta guerra ha sido olvidada por los medios de comunicación internacional y las sociedades “pacíficas” del norte. 

Nosotros, los del norte, miramos de lejos mientras apuramos las sobras de turrón y conseguimos guardar los últimos decorados navideños que han celebrado la venida del Dios niño, inocente, pequeño. A Él preguntamos en este tiempo ordinario: – Maestro, ¿dónde vives?  –  Venid y lo veréis, nos responderá (Jn 1, 35 -42). Ojalá entonces nuestros ojos viren en dirección a los suyos y descubramos al Dios con nosotros escondido en los últimos, los sufrientes, los pobres para los que Él ha venido. Sólo ellos, extenuados hasta el límite, pueden abrir completamente su existencia a la venida del Salvador. Él responderá a las súplicas que nadie escucha, cuando entregue su Reino a estos pequeños y vivan por fin en la paz que aquí les fue negada. Y si el Reino está ya entre nosotros es que Él habita ya con ellos, en el fondo de sus dolores, como Luz incandescente que les eleva a una Esperanza definitiva, vencedora del mal que les oprime.  

 Vayamos y veámosle. Desinstalemos nuestras rutinas y prioridades para mirar al rostro del Emmanuel que mora en los que a menudo ignoramos. Quizá así Él se vuelva más de carne ante nosotros, que con tanto afán le buscamos; y la carne nuestra se llene del Espíritu que nos configura con los rasgos de Jesús, para que también nosotros moremos, junto con Él, entre los olvidados.  

¡ESTO ES COMIDA, NO BASURA!

Ver

Cuando queremos celebrar algo: un cumpleaños, la celebración de la Navidad, nuestro fin de carrera, la victoria de nuestro equipo… organizamos una comida. El compartir la mesa siempre ha significado un momento de celebración, alegría y fiesta. ¿Pero qué pasa cuando terminamos de comer? Revisemos por ejemplo, las últimas fiestas de Navidad y Fin de año ¿Compramos cantidades apropiadas al número de comensales? ¿Tuvimos la sensación de haber comido más de lo necesario? ¿Qué hicimos con las sobras y con los restos que quedaron en los platos? ¿Tiramos comida a la basura?

Según el Informe del consumo de alimentación en España en 2016, realizado por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, durante el periodo comprendido entre octubre de 2015 y septiembre de 2016, los hogares españoles tiraron a la basura 1.245,9 millones de kilos de alimentos en condiciones de ser consumidos (unos 24 millones de kilos semanales). De ellos, un total de 1.066 millones (85,6% del total) corresponden a productos sin elaborar desperdiciados tal como se compraron, y 179,8 millones (14,4%) son de recetas cocinadas por el propio hogar y desechadas directamente desde el plato o después de un tiempo guardadas en la nevera.

Es una cantidad muy considerable, aunque constata la concienciación de las familias en la lucha contra el desperdicio alimentario, ya que esta cifra supone una reducción del 6 por ciento con respecto al período anterior: se tiraron a la basura 80,1 millones de kilos menos.

La Comisión Europea estima que cada año se desaprovechan en el mundo, más de 1.300 millones de toneladas de alimentos, es decir, un tercio de la producción mundial, de los que 89 millones de toneladas de comida en buen estado corresponden a la Unión Europea.

Juzgar

El Papa Francisco, en junio de 2013, con motivo de la Jornada Mundial del Medioambiente, nos invitaba a recordar el relato del milagro de los panes y los peces: “Jesús da de comer a la multitud con cinco panes y dos peces. Y la conclusión del pasaje es importante: «Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos» (Lc 9, 17). Jesús pide a los discípulos que nada se pierda: ¡nada de descartar! Y está este hecho de los doce cestos: ¿por qué doce? ¿Qué significa? Doce es el número de las tribus de Israel; representa simbólicamente a todo el pueblo. Y esto nos dice que cuando el alimento se comparte de modo equitativo, con solidaridad, nadie carece de lo necesario, cada comunidad puede ir al encuentro de las necesidades de los más pobres.

 La «cultura del descarte» tiende a convertirse en mentalidad común, que contagia a todos, (…) nos ha hecho insensibles también al derroche y al desperdicio de alimentos, cosa aún más deplorable cuando en cualquier lugar del mundo, lamentablemente, muchas personas y familias sufren hambre y malnutrición. En otro tiempo nuestros abuelos cuidaban mucho que no se tirara nada de comida sobrante. El consumismo nos ha inducido a acostumbrarnos a lo superfluo y al desperdicio cotidiano de alimento, al cual a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que va más allá de los meros parámetros económicos. ¡Pero recordemos bien que el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre, de quien tiene hambre! Invito a todos a reflexionar sobre el problema de la pérdida y del desperdicio del alimento a fin de identificar vías y modos que, afrontando seriamente tal problemática, sean vehículo de solidaridad y de compartición con los más necesitados.

Así que desearía que todos asumiéramos el grave compromiso de respetar y custodiar la creación, de estar atentos a cada persona, de contrarrestar la cultura del desperdicio y del descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro.”

 

Actuar

¿Qué podemos hacer tú y yo: nosotros?

Aunque te parezca que pueda ser poca cosa, hay muchos gestos “pequeños” y concretos que nos pueden ayudar, con un poco de voluntad y algo de planificación, a que la comida nunca termine en la basura. Aquí tienes algunas ideas, que podrás ampliar en los enlaces que encontrarás al final de este artículo.

  • No compres más de lo que necesites. Elabora la lista de la compra en función de tus necesidades. Organiza tus compras y planifica lo que vas a cocinar según lo que calculas que vas consumir. Si tienes miedo de que pueda surgir algún comensal inesperado, es preferible tener previsto algunos alimentos “comodín” que puedas descongelar o recetas que puedas preparar con rapidez (como el arroz, o la pasta). Si optas por comprar de más, por si acaso, tenlo previsto y reorganiza tu menú, congelando si es preciso.
  • El orden previene el despilfarro. Organiza tu despensa y tu nevera de forma que te permita tener los alimentos agrupados y ordenados según la fecha de caducidad. Coloca los alimentos nuevos en el fondo y aprovecha para revisar la caducidad de lo que colocas delante.
  • Ojo con la fruta y la verdura. Son los más perecederos y los que más debes vigilar. Acostúmbrate a revisarlos todos los días y, si ves que no te dará tiempo a consumirlos, prepara compotas o mermeladas con la fruta o lava y trocea las verduras para congelarlas y consumirlas en otro momento.
  • Sírvete raciones más pequeñas, es preferible que sobre en el caldero que en tu plato y siempre podrás repetir si te ha resultado poco.
  • Guarda las sobras. Conservadas en la nevera, pueden servir para acompañar otra comida o ser la base para realizar nuevos platos, por ejemplo: con restos de pollo, puedes preparar unas croquetas o enriquecer una ensalada. Si crees que no vas a poder aprovecharla, siempre puedes congelarla.
  • Si comes en un restaurante, pide con mesura. Si no conoces el volumen de los platos, pide orientación al camarero. Si quedan sobras en la mesa, no te cortes y pide que te lo envasen. Si ves que te has pasado pidiendo, pregunta si es posible anular algún plato o que no te lo sirvan y te lo preparen para llevar.

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