Eco Diario de la Palabra
 

EL VALOR DE LAS MUJERES EN LA CIENCIA

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Esta noticia me llegó por Whatsapp unos días más tarde: había fallecido Gabriela Morreale de Escobar y no nos habíamos enterado. Su foto mostraba a una mujer que sonreía con una expresión afable, pero yo no tenía ni idea de quién era.

Mi curiosidad me hizo buscar en internet. Encontré algunas breves reseñas: nacida en Italia, se licenció en Químicas en Granada y desarrolló en España casi la totalidad de sus trabajos. Investigadora apasionada y tenaz, se había dedicado, junto a su marido Francisco Escobar del Rey, al estudio de la glándula tiroides y a la relación del retraso mental con la deficiencia de yodo en los niños. A pesar de la burocracia y las reticencias de las autoridades sanitarias, consiguió que se implantara en España la detección precoz del hipotiroidismo en los recién nacidos, un enorme avance a favor de la prevención de la salud.  Ella era la causante de que a mis hijos los pincharan, poco después de nacer, para hacerles la famosa “prueba del talón”. ¡Gracias Gabriela!.

El Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la ciencia, que las Naciones Unidas nos invita a celebrar cada 11 de febrero desde el 2015, expresa la necesidad de que reconozcamos el papel clave que desempeñan las mujeres en el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Como humanidad no podemos prescindir de sus capacidades, de su ingenio y de su trabajo investigador.

Sin embargo, la realidad es que aún mantenemos estereotipos discriminatorios que ponen obstáculos a las niñas y a las mujeres para acceder a la educación en los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. En España, según el informe “Científicas en Cifras 2015” realizado por la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, sobre la situación de las mujeres en el ámbito de la investigación en España, la segregación horizontal en áreas científico-tecnológicas indica que la tasa de investigadoras en Ingeniería y Tecnología es del 19,5% en universidades y del 14,7% en la Administración Pública, frente al 23,3% y 22,1%, respectivamente, en el caso de los investigadores.

Juzgar

Les propongo reflexionar sobre tres aspectos extraídos del discurso que el Papa Francisco dirigió a las participantes en el Congreso Nacional del Centro Italiano Femenino, el 25 de enero de 2014, donde junto a su deseo de que se extienda la presencia y la actividad de las mujeres en todos los ámbitos y destaca la importancia de lo “femenino” para el desarrollo de una humanidad plena, también expresa la necesidad de no olvidar su papel insustituible en la familia y plantea cómo dar respuesta a estos retos mediante el discernimiento y la oración.

“Estos nuevos espacios y responsabilidades que se han abierto, y que deseo vivamente se puedan extender ulteriormente a la presencia y a la actividad de las mujeres, tanto en el ámbito eclesial como en el civil y profesional, no pueden hacer olvidar el papel insustituible de la mujer en la familia. Los dotes de delicadeza, peculiar sensibilidad y ternura, que abundantemente tiene el alma femenina, representan no sólo una genuina fuerza para la vida de las familias, para la irradiación de un clima de serenidad y de armonía, sino una realidad sin la cual la vocación humana sería irrealizable. Esto es importante. Sin estas actitudes, sin estos dotes de la mujer, la vocación humana no puede realizarse.

Si en el mundo del trabajo y en la esfera pública es importante la aportación más incisiva del genio femenino, tal aportación permanece imprescindible en el ámbito de la familia, que para nosotros, cristianos, no es sencillamente un lugar privado, sino la «Iglesia doméstica», cuya salud y prosperidad es condición para la salud y prosperidad de la Iglesia y de la sociedad misma.

Pensemos en la Virgen: la Virgen en la Iglesia crea algo que no pueden crear los sacerdotes, los obispos y los Papas. Es ella el auténtico genio femenino. Y pensemos en la Virgen en las familias. ¿Qué hace la Virgen en una familia? Por lo tanto, la presencia de la mujer en el ámbito doméstico se revela como nunca necesaria para la transmisión a las generaciones futuras de sólidos principios morales y para la transmisión misma de la fe.

En este punto surge espontáneamente preguntarse: ¿cómo es posible crecer en la presencia eficaz en tantos ámbitos de la esfera pública, en el mundo del trabajo y en los lugares donde se toman las decisiones más importantes y, al mismo tiempo, mantener una presencia y una atención preferencial y del todo especial en y para la familia? Y aquí está el ámbito del discernimiento que, además de la reflexión sobre la realidad de la mujer en la sociedad, presupone la oración asidua y perseverante.

Es en el diálogo con Dios, iluminado por su Palabra, regado por la gracia de los Sacramentos, donde la mujer cristiana busca siempre responder nuevamente a la llamada del Señor, en lo concreto de su condición.”

Actuar

¿Qué podemos hacer tú y yo: nosotros?

Aunque te parezca que pueda ser poca cosa, visibiliza la labor pasada y presente de las mujeres científicas, busca información sobre ellas y habla de ellas en tu entorno. Hay muchos gestos “pequeños” y concretos que nos pueden ayudar, a tomar conciencia de la importancia de que la feminidad esté también presente en la ciencia. Aquí tienes algunos enlaces que pueden ayudarte a profundizar y buscar caminos sobre este tema. No podemos permitirnos prescindir del genio de las mujeres.

Enlaces para más información

  • Artículo sobre el informe ‘Científicas en cifras 2015’. El porcentaje de científicas en España no aumenta desde 2009 y baja cuanto mayor es el rango.
  • #EllasSonCSIC, iniciativa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), para visibilizar el papel de la mujer en la ciencia.
  • 11 de febrero, iniciativa para fomentar la organización de actividades y materiales que contribuyan a cerrar la brecha de género que actualmente existe en el ámbito científico.
  • Las mujeres en la sociedad. Mayo 2016. El Video del Papa: Para que en todos los países del mundo las mujeres sean honradas y respetadas y sea valorizado su imprescindible aporte social.

¡HARAMBEE!

Harambee. Todas juntas con un mismo objetivo. En swajili se dice «harambee». Una mujer hace 20 años en pleno Kenya se atrevió a alzar la voz. Su nombre, algo difícil de pronunciar: Wangari Maathai. Le costó la cárcel («por tener demasiada educación», le espetó su entonces marido con la connivencia cómplice de las autoridades locales y estatales) y la consecuente denigración social. Pero no calló. «¡Harambee!», gritaba más fuerte todavía. La llamaron la mujer-árbol, por empeñarse en plantarlos donde las autoridades solo veían el beneficio de unas pocas empresas transnacionales ante la desolación de las comunidades y, especialmente, de las mujeres, que son las que en muchos casos dependían directamente del ecosistema para acceder a agua potable y a los alimentos necesarios para sus familias.

Harambee. ¿Nos atreveremos hoy a entonarlo con la misma fuerza que su precursora keniata o fosilizaremos y domesticaremos, más bien, su espíritu en la inofensiva vitrina de los premios Nobel de la paz, año 2006? Por si valen de algo los datos, el año pasado en el Estado español cada minuto se efectuó una denuncia por agresión sexista, en la práctica totalidad de los casos violencia machista. 49 muertas. Y eso, mientras Jason Devillo canta Wiggle («voy a aprovechar la ocasión en el callejón, voy a revolcarla») y Daddy Yankee hace millones con su Gasolina, con el aplauso casi unánime de la juventud de hoy. Se hace muy necesario gritar hoy más que nunca «Harambee» y no mirar hacia otro lado con las más de 100 denuncias (¡y los casos que jamás sabremos!) de jóvenes entre 14 y 20 años. «Harambee», y levantarnos de una vez ante el vergonzoso uso del cuerpo de la mujer en los medios de comunicación social (Cf. Papa Francisco, Amoris laetitia 54) a los que inconscientemente aplaudimos cuando las cadenas suman gracias a nosotras cotas de audiencia, y los periódicos y las páginas web clientes y usuarios.

Harambee, porque somos «carne de la misma carne y hueso del mismo hueso»(Gn 2,20). Harambee, por la búsqueda conjunta y sincera de ese Dios que está por descubrir (así lo demuestran nuestros actos una y otra vez) y que es lo que nos une junto con todo el planeta (cf. Wangari Maathai). Harambee, por que esto dejen de ser palabras bonitas, «hasta que no cavamos el agujero, hasta que no hemos plantado el árbol, hasta que no hemso regado y cuidado, no hemos hecho más que hablar», Ibid.). Harambee, simple y llanamente harambee.