Eco Diario de la Palabra
 

¡SÁCALE PARTIDO A LA TRISTEZA!

Blue Monday = El Lunes Triste. El día de la tristeza.

Ya por fin se han dado cuenta.

Un profesor adjunto ha necesitado para ello una supuesta “fórmula matemática”.

Yo estudié otras matemáticas, y no las necesitado para darme cuenta de eso.

Ha pasado la Navidad y se va llegando a fin de mes. Todo en Navidad ha sido exceso y la economía personal se resiente. En estas condiciones, en pleno invierno, hay poco que se tenga posibilidad de hacer… aunque quisiera. Y surge la tristeza.

Esa tristeza que es el salario de un consumismo desbocado. Ese consumir y consumir que en vez de llenar, vacía, y no solo la cartera.

Esa tristeza que es la oportunidad para darse cuenta que otro vivir es posible, y necesario.

Otra vida que no produzca blue days, sino muchos sun days, días de sol y alegría, muchos Sundays, Domingos, Días del Señor, días llenos de Vida, “días llenos”.

Y si pierdes esta oportunidad, pierdes la Vida, y tu vida se irá llenando de blue days.

Pero ahora me regocijo, no de que fuisteis entristecidos, sino de que fuisteis entristecidos para arrepentimiento; porque fuisteis entristecidos conforme a la voluntad de Dios, para que no sufrierais pérdida alguna de parte nuestra.

Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte(eso dice Pablo en el capítulo 7 de su segunda carta a los corintios, en los versículos 9 y 10)

¡Sácale partido a la tristeza! Deja que te visite la Alegría.

EL RETO DE SER COMO NIÑOS

Seguro que hemos oído muchas veces la invitación y el reto que nos lanza el Evangelio de ser “como niños”. Vivimos en un momento histórico y en una cultura en la que se tiene muy en cuenta a los más pequeños. Ellos son los primeros a los que atendemos en situaciones de urgencia o de necesidad, y su bienestar se busca por encima de todo. Este es el motivo por el que no nos sorprende tanto que Jesús diga a sus discípulos que dejen que se le acerquen los niños (Mt 19,14-15). Pero no nos imaginamos siquiera el asombro que tuvieron que experimentar los que escuchaban al Maestro que debían cambiar para asemejarse a un niño y que recibir a estos era como recibirle a Él (Mt 18,2-6).

Y es que en la época de Jesús, y aún hoy en muchos lugares, quienes no habían llegado a la edad adulta no contaban para la sociedad. Los niños eran considerados los últimos, unos “adultos sin cuajar” a los que no se debía escuchar hasta que no tuvieran los años suficientes como para adquirir voz propia. Por eso, los seguidores de Jesús sólo hacían “lo normal” cuando reñían a los que acercaban niños para que el Galileo los bendijera (Mc 10,13).  

La llamada a hacernos como niños implica renovar la inocencia, el asombro y la capacidad de admirarnos ante la realidad. Cuando nos hacemos mayores parece que todo “es normal” y ya no nos dejamos sorprender con cosas habituales como la belleza de un amanecer. Además se nos “retuerce” el colmillo y damos demasiada credibilidad al refrán “piensa mal y acertarás”.  

Pero, además, desde ese contexto cultural e histórico en el que predicaba el Señor, “ser como niños” adquiere unas nuevas connotaciones, pues supone también asumir nuestra incapacidad, aprender a recibir, reconocer que dependemos de otros y aceptar ser considerados “menos” que los demás. Lo más importante de nuestra vida siempre es don que se nos regala de forma inmerecida y no podemos arrebatarlo. Ser “niños” nos enseña a no pretender ser “súper-hombres” ni “súper-mujeres” y reconocer sin complejos nuestros límites, a acoger esos regalos inmerecidos, a vivir una libre dependencia con el Dios que nos cuida y a no sentir que “valemos menos” simplemente porque otros no nos tengan en cuenta. ¿No es un reto maravilloso?

FELICIDAD Y EVANGELIO

Me encanta pasar un tiempo tranquilo en una gran librería. Mirar con calma los libros expuestos, recorrer sus portadas y echar un vistazo a los pequeños resúmenes que aparecen en la parte de atrás. Una de las cosas que más me llama la atención es la cantidad de libros catalogados bajo el título de “autoayuda” que pueblan las estanterías de estos comercios. Se supone que la pretensión de todos ellos es hacer posible que los lectores “solucionen” un aspecto de su vida que no les permite ser felices. Y es que, si hay algo que todo ser humano anhela en lo más profundo de su corazón, eso es ser feliz. Nadie está “a salvo” de este deseo que brota de nuestro interior, pero seguro que la definición que damos de lo que significa “ser feliz” varía mucho según la persona que responda.

Para muchos, ser feliz tiene que ver con ser queridos, con mantener un trabajo estable y no tener problemas económicos, con tener buena salud y poder prescindir de atenciones médicas… pero, si le preguntamos al Evangelio por lo que da la felicidad ¿qué nos respondería? En distintos momentos, se afirma que hay gente feliz: es feliz María porque ha creído en la promesa dada por Dios a pesar de que ésta le haya complicado la vida (Lc 1,45). También se dice que son felices los pobres, los que tienen hambre y los que lloran porque el Señor no se desentiende de su suerte aunque las apariencias engañen (Lc 6,20-21). Todos nosotros podemos ser felices según el Evangelio cuando nos odien y maltraten a causa de Jesús (Lc 6,22), o cuando la vida y las palabras del Galileo no nos escandalicen (Lc 7,23). Pero, sobre todo, somos felices cuando acogemos la Palabra de Dios y la guardamos en el corazón (Lc 11,27-28).

Sí, es verdad que esta felicidad que nos promete Jesús es un poco paradójica y que es muy probable que estas promesas de dicha no se vendieran muy bien en ninguno de esos libros de “autoayuda”. Pero, en algún lugar de nuestro corazón, ya hemos saboreado que la verdadera bienaventuranza tiene que ver con saber que estamos en las Manos de Dios aunque las circunstancias no sean halagüeñas, que amar de modo incondicional y gratuito es mejor que empeñarnos sólo en recibir cariño y que haber conocido a Jesucristo y su Palabra es el mayor regalo que jamás hemos recibido. ¡Y esto nos hace extremadamente felices!