Eco Diario de la Palabra
 

CREER, ESPERAR, AMAR

“La paradoja estriba en que hay una etapa en la historia personal, en que uno cree que el sentido de la vida se alimenta de proyectos, y otra (¡gracia fundante!) en la que se descubre que el sentido de la vida consiste en CREER, ESPERAR Y AMAR”

      (Javier Garrido: Releer la propia historia. Sobre los ciclos vitales y sus crisis. Frontera-Hegian 1997)

Creer, esperar, amar… Bien pudiera ser el título de una película “made in Hollywood”: el protagonista, tras una ruptura amorosa o tras el derrumbe de su gran empresa, decide dar un giro a su vida, se va a un exótico y sabio país y termina descubriendo las claves de la verdadera felicidad.

Este guión, un tanto manido, resulta que es el guión de la vida de no pocas personas. Antes o después, cada uno en su momento oportuno, experimentamos la emergencia de un dinamismo interior que nos hace sentir que lo de siempre y como siempre ya no vale. Se siente el peso de varias certezas: he de morir, mis seres amados morirán, soy falible, todo es relativo… ¡el sentido profundo no está en lo que hago! Se experimenta la intemperie de la pura existencia. La crisis de realismo, dirán algunos. Llega un momento en el que el Ser busca abrirse paso por entre las capas que hemos ido tejiendo en nuestra personalidad y que nos han servido para crear una identidad que  ahora debe morir.

Para un cristiano este es un momento clave. Momento del despertar a la vida teologal, despertar a la potencia inmensa de la FE, de la ESPERANZA y de la CARIDAD: Se aprende poco a poco a CREER, ESPERAR Y AMAR. Curiosamente ese es el momento del “no hacer haciendo”. Tiempo de la Gracia.

Esa crisis existencial que nos atenaza a todos con más o menos virulencia, me parece que no es sino el estertor del hombre/mujer viejo/a que no quiere abandonarse en manos del Amor, que no quiere abandonar los esquemas conocidos y controlables.

La Vida nos invita a ir más allá. De uno depende secundar o no esa llamada. Quien vive como aprendiz del amor siempre podrá enseñar algo, simplemente su vida se hará lección viva.

Sería una gran idea crear proyectos “CEA”: Creer, Esperar, Amar. Dotar a nuestros niños y jóvenes de estrategias que hagan que crean en sí mismos, que crean en los demás dejando a un lado ese mar de sospechas que nos atenazan a todos. Guiarlos en el gusto por la Espera, por los tiempos dilatados, sin ADSL, los tiempos amplios y serenos del SER. Enseñándoles a Amar con nuestro propio ejemplo en la sencillez de la vida cotidiana.

Esperar contra toda esperanza III

Seguro que conocéis la historia de Anne Frank. Fue una mujer resiliente porque a pesar de su trágica vida, perseguida por ser judía y recluída en el campo de concentración nazi, tuvo la fuerza necesaria para hacer frente a estas adversidades, superarlas y transformarlas en algo positivo, su diario, El diario de Ana Frank.

Boris Cyrulnik, nació en el seno de una familia judía. Con cinco años presenció cómo sus padres eran deportados y asesinados en un campo de concentración. Realizó varios estudios, entre ellos psiquiatría, para analizar los acontecimientos de su propia vida. Es autor de Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida.

También Víctor Frankl, neurólogo y psiquiatra que sobrevivió al Holocausto tras permanecer recluido en cuatro campos de concentración. Sus padres y otros familiares no consiguieron resistir y murieron durante el internamiento. A partir de esta experiencia, y debido en parte al sufrimiento experimentado, desarrolló un acercamiento revolucionario a la psicoterapia que hoy es conocido como logoterapia. Es autor de El hombre en busca de sentido.

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento (…) La vida exige a todo individuo una contribución y depende del individuo descubrir en qué consiste (…) Las ruinas son a menudo las que abren las ventanas para ver el cielo (…) El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida”.

Esperar contra toda esperanza II

Hoy vamos a recordar algunos personajes bíblicos que supieron esperar contra toda esperanza y además, salieron renovados y fortalecidos, aportando lo mejor de ellos a su entorno.

¿Conoces la historia de Jose? Era el hermano más pequeño y los celos y envidias de sus hermanos le llevaron a verse vendido como esclavo fuera de su familia y su patria.

“Vosotros intentasteis hacerme mal, Dios intentaba convertirlo en bien, conservando así la vida a una multitud, como somos hoy” (Gn 50,20)

O el caso de Job que pierde todo, hasta su propia salud y es capaz de reponerse en lugar de buscar explicaciones racionales donde muchas veces no se pueden encontrar.

O el apóstol Pablo, que llegó a encontrarse en situaciones sumamente difíciles y pudo aprender a estar en paz en medio de ellas:

Sé andar escaso y sobrado. Estoy avezado a todo y en todo: a la saciedad y al hambre; a la abundancia y a la privación “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Filipenses 4, 12-13).

Y así, en cada momento poder decir: lo pongo todo en manos de Dios porque “en la tormenta, Señor tú eres mi calma”.

Esperar contra toda esperanza

Con frecuencia vernos en el espejo de otras personas nos ayuda a avanzar, a reconstruirnos, a aprender a ser personas resilientes, a orar…. ¡a vivir!

Mª Antonia París, fundadora de las Misioneras Claretianas con el P. Claret, fue una mujer resiliente, una mujer que supo esperar contra toda esperanza y que quiso que cuantos venimos detrás, lo recordemos siempre.

Este año, vamos a prepararnos para su fiesta, el 17 de enero, recordando a otros muchos testigos que también lo vivieron desde situaciones muy diversas. ¿Te apuntas?

“Y una vez que la tormenta termine, no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura. Cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella. De eso se trata esta tormenta.”   Haruki Murakami

¿Conoces la historia de Tim Guenard?: https://www.youtube.com/watch?v=K8af2JBB7vc

Sin perder la esperanza #nopierdolaesperanza

En 2013 me diagnosticaron un cáncer. Hablar de ello me provoca un enorme pudor. De los muchos tipos que hay, el mío era de buen pronóstico. Tocaba operar y comenzar la quimioterapia cuando antes, pero el horizonte que dibujó el médico fue desde el principio muy esperanzador.

Como digo, con mis circunstancias no cabía que todo esto fuera el centro de mi vida. Así que desde el inicio tuve que vivirlo en un cierto segundo plano, aunque era imposible. Esto me ayudó, y desde el principio lo supe y lo agradecí. Tenía que hacer una buena vida normal y aportar en casa lo mejor de mí. La esperanza que viví no fue, para nada, pasiva y condescendiente con lo que sucedía, sino exigente y en ocasiones dura.

No fue un acto valiente. Encontré personas que me acogieron desde el principio y me cuidaron. Especialmente en mi nuevo trabajo, que había firmado un día antes del diagnóstico. Y un día después me acogió el director dispuesto a darme todas las facilidades.

Además, el grupo humano de enfermeras del hospital de día, que siempre estaban ahí y nos conocían por nombre. Junto a las voluntarias de AECC, a quienes no siempre pude atender como debía cuando venían a interesarse en las horas de quimioterapia. Procuraba entrar en el Hospital con alegría, con entusiasmo y fuerza, a pesar de ir notando semana tras semana su peso. Lo primero, mientras se busca la vena que no siempre se puede encontrar a la primera, rezar mirando a mis compañeros de sala. No agachar la cabeza, sino mirar y dejarme mirar por Dios en mi situación. Agradeciendo siempre las posibilidades que tenía y otros no disfrutarían jamás. Por las tardes, la vida más normal posible. Y así, una y otra vez.

La esperanza que yo viví se la debo a otros, no a mí mismo.  

¿La esperanza es lo último que se pierde?

#yonopierdolaesperanza  en situaciones críticas

Todos nosotros en algún momento de nuestra vida nos hemos enfrentado a situaciones que no esperábamos, que nos han puesto sobre las cuerdas. A mí me ha tocado vivirlo hace tan solo unos meses…

A veces en esas situaciones inimaginables uno duda de todo; de si el propio mal es uno mismo, o es que vemos las cosas con perspectivas  tan divergentes, que nos separan. Y es que nuestra sociedad parece basarse en lo efímero; la amistad, el amor, incluso la Fe, tienen caducidad. Así que, ¿a qué puede uno aferrarse para buscar la solución?, ¿está todo perdido?

La Esperanza podría definirse como un estado de ánimo a partir del cual uno confía en que puede lograr lo que desea. Otra acepción sería, la figura en la que se deposita esa confianza; sin dudarlo, para los creyentes es Dios.

Si perdemos la esperanza, no habrá vida. Vivir esperanzados en que nuestro Padre está ahí, iluminando y protegiendo nuestro camino, ese que muchas veces no vemos, que parece se divide, borra, ensucia…

La solución es innegable: debemos vivir desde la esperanza.  Personalmente, me aporta plenitud en momentos buenos y fuerza para luchar y no rendirme en los malos; a veces, los malos momentos son etapas necesarias para conseguir las metas. Esperanza no es conformismo, es aceptación y superación.

Estamos llamados a renovar nuestra esperanza cada día, en cada nueva situación. Y al comenzar un nuevo año, más aún. Dios pone en nuestros corazones una y otra vez que por muchas piedras o flores que tengamos en nuestro “viaje”, una actitud esperanzadora es lo que nos hará elegir lo correcto.

Sin duda para mí,  la Esperanza tiene nombre: Dios.

¿Por qué seguimos confiando en la Iglesia?

Todos nosotros tenemos una familia. Con sus defectos y sus virtudes,  reconocemos que es bueno amarla y construirla para que en ella podamos ser felices y aprendamos a crecer como personas.

No quisiera que sonara a “sermón” pero cuando me amenaza la desesperanza en la Iglesia recuerdo que el día de nuestro bautismo, el Espíritu Santo nos une a Jesucristo, haciéndonos hijos de Dios y hermanos entre nosotros. La Iglesia es una gran familia compuesta por personas, con virtudes y miserias, unidas en Dios. En ella buscamos la fuerza para ser más buenos, capaces de construir un mundo mejor.

Una sugerencia: reza el Salmo 42,11: ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré.

En Dios, como familia, ponemos nuestra esperanza. Él nos hará más santos y sabios en nuestros gestos y palabras para poder cumplir con nuestra misión de anunciar la Buena Noticia del Amor de Dios a todos las personas.  #Yonopierdolaesperanza

¿DÓNDE PONEMOS NUESTRA ESPERANZA? #nopierdolaesperanza

Por mi profesión de trabajadora social tengo la suerte de estar en contacto a diario con personas que sufren, que están en situación de dificultad, pobreza, exclusión… Son los rostros concretos de las grandes cifras que vemos en los telediarios: desempleo, migraciones, desahucios,… Y también las de otros sufrimientos más comunes y cotidianos: enfermedad, vejez, problemas familiares…

¿Cómo mantener la esperanza en medio de estas situaciones? A veces ocurren dentro de esta realidad pequeños milagros: los ciegos ven, los cojos andan, una familia que tenía fecha de desahucio consigue un aplazamiento o un alquiler social… a veces pasa. Nunca son milagros mágicos y fáciles. Suelen tener detrás mucho esfuerzo en medio de la incertidumbre. Es una esperanza activa, luchadora. Es el combate de aquellos para quienes la esperanza no es una opción, sino lo único que tienen y lo que les lleva a luchar. Es una esperanza activa, luchadora. Esa lucha por la dignidad es en sí misma motivo de esperanza. Y también lo es el trabajo de tantos que tratamos de acompañar esas esperanzas, tantas personas que conozco que con su vida tratan de construir eso que algunos llamamos Reino (para que otros tengan vida en abundancia) y otros llaman fraternidad, igualdad, justicia… ¿Será esto preparar el camino al Señor?

A veces los milagros no son tan tangibles. Buena parte de nuestro trabajo consiste en rastrear (¡velad! ¡estad atentos!) esos destellos de esperanza y de posibilidades de cambio donde parece que no las hay. Hay que rastrear tanto en las circunstancias como en las propias potencialidades de las personas que viven estas situaciones (no son solo gente con carencias, como solemos pensar). Porque nuestra esperanza no está solo en los resultados, sino en cómo vivimos estas situaciones. Una vez escuché a alguien que trabajaba en cuidados paliativos es decir que “no acompañamos estas situaciones porque la cosa vaya a salir bien, sino porque tiene sentido estar ahí”.

Acompañar estas situaciones te enseña que siempre tiene sentido estar ahí, acoger, acompañar, poner luz y amor…aunque no tengamos los resultados que buscamos. Nos toca entonces poner la esperanza más allá de nosotros mismos. Porque creemos en un Dios que tiene la último Palabra. Y sabemos de parte de quien está. #Yonopierdolaesperanza

#nopierdolaesperanza

¿No os da la impresión de que convertimos el sentido de la esperanza en deseos sin más?. Cuando está a punto de derrumbarse algo que sueñas o deseas profundamente, nos sale de dentro o de alguien cercano ese… “no pierdas la esperanza” “la esperanza es lo último que se pierde”. Y ahora pensaba, mientras escribía estas líneas… que traduzco muchas veces esperanza solamente como “espera”, como si nuestro día a día fuera una lucha constante entre las expectativas que tenemos y las realidades que se nos presentan. ¡Y creo que reduzco su sentido!

Por ejemplo, en mi vida, con mis hijos, mi mujer,… ¿qué esperanza tengo depositada en ellos, con mis alumnos, con mis proyectos…? ¿son sólo expectativas, o sea, lo que espero de ellos?

Me ayuda, para pensar qué tipo de esperanza quiero vivir y cómo de esperanzado quiero ser, buscar su significado real, o al menos el que más amplía su valor. Seguramente esperanza tiene que ver con esperar, con desear… pero de todas las interpretaciones posibles… elijo la que tiene que ver con vivir con confianza. Una vida esperanzada, la que yo deseo para mí, es la que confía. Por eso, no perder la esperanza, para mi significa no dejar de confiar… seguir mirando y no perder, la mirada de fe. Con los mismos ejemplos: a mis hijos, mi mujer, a mis alumnos, a cada uno de mis proyectos. Y con esa confianza en las manos… ¿cómo no desear? ¿cómo no seguir esperando? Con fe, con la alegría que se pueda. Con confianza. Con esperanza. #Yonopierdolaesperanza

“La nostalgia es buena pero la esperanza es mejor”

Cuenta el mito de Pandora que cuando esta bendita mujer abrió su caja todos los males se esparcieron por la tierra y sólo quedó dentro la esperanza. Sí, esa hermana pequeña de la fe y el amor que a veces tan poca atención prestamos y que, sin embargo, su sola presencia o ausencia puede cambiarnos la vida.

¿Tú estás como Pandora y sientes que alguien ha abierto la caja de los truenos en tu vida o en tu mundo?, ¿te quedan fuerzas para mirar al fondo de la caja y recuperar a la pequeña esperanza?, ¿la buscas?

Nosotros te proponemos aprovechar este tiempo para crecer en esperanza, para acogerla, para cuidarla ¡Es tan fácil desesperarse, desvincularse de la vida, de los sueños, de las ganas de amar y de fiarnos! ¡Pero necesitamos tanto este ejercicio de esperar contra toda esperanza…!

Ayudémonos unos a otros. Necesitamos elegir la esperanza. Que nada ni nadie nos la robe. Que ningún mal nos la arrebate.