Eco Diario de la Palabra
 

El clamor de la Madre Tierra

Contaminación, deforestación, derrames de petróleo, residuos industriales, islas de plástico, cambio climático, pérdida de diversidad, accidentes nucleares, deshielo de las zonas polares… ¿Oyes el clamor de la Madre Tierra?

El 22 de abril celebramos el Día internacional de la Madre Tierra, una oportunidad para concienciarnos sobre los problemas que nos afectan a todos los que habitamos el planeta. Porque la Madre Tierra no es ajena a nosotros y su clamor también ha de ser el nuestro.

El Papa Francisco, en su llamada al cuidado de la «casa común» (Laudato si´), se hace eco de este clamor denunciando «el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella» (2). Más adelante afirma: «Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos» (53).

Francisco nos apremia a realizar «un cambio en los estilos de vida», un cambio que aunque pueda parecer anecdótico, «podría llegar a ejercer una sana presión sobre los que tienen poder político, económico y social» (206). Además nos recuerda que «estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que Él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud» (53).

En agosto de 2018 una joven de 15 años, Greta Thunberg, tras la ola de calor y los incendios forestales vividos en Suecia, se sentó ante el Parlamento sueco haciendo «huelga escolar por el clima» para que su gobierno redujera las emisiones de carbono. Su acción trascendió a nivel internacional. En su discurso ante la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas afirmó: «si algunos niños pueden generar titulares en todo el mundo simplemente por no ir a la escuela, entonces imaginen lo que todos podríamos hacer juntos si realmente quisiéramos». ¿Queremos?

DIA INTERNACIONAL DE CONCIENCIACIÓN SOBRE EL RUIDO -¿Tu ruido interior es un agente contaminante?

El ruido interior es un agente contaminante “invisible”. Lo llevamos siempre con nosotros allá donde estemos, no hay escapatoria, y además, siempre ha sido así, porque así es nuestra naturaleza humana. Puede ser tan perjudicial como el ruido exterior, como otros agentes contaminantes.

Porque también puede producir efectos negativos, tanto fisiológicos como psicosomáticos. Su impacto en la salud individual y en la calidad de vida está aceptado y muchos son los estudios que lo investigan con rigor científico.

Por eso, ya en el siglo IV d. C. un Padre del Desierto creó una buena práctica sonora para sanear el ruido interior, un método para disminuir los pensamientos erróneos que no sólo hacen daño, sino que distorsionan la realidad.

Él decía que esta visión ilusoria, además de ser el origen de gran parte del malestar, no expresaba la verdadera naturaleza del ser humano, que era imagen y semejanza de su Creador. Su método consistía en sanear el ambiente interior contaminado, regándolo con algo que sería como un agua pura y cristalina. Era sencillo: consistía en repetir frases de la Sagrada Escritura que irían sanando el corazón herido además de afianzarle en su verdadera naturaleza.

Os propongo que, en los actos del Día Internacional sin Ruido, éstos finalicen con dos minutos de silencio en vez de uno. El primero para ser consciente del ruido ambiente que os rodea y el segundo, para tomar contacto con los pensamientos, y también con los sentimientos y con las necesidades que durante ese minuto tengas y sean como sean, que te lleves suavemente una mano a tu corazón y te digas: éste, ésta soy yo… y te sonrías.