Eco Diario de la Palabra
 

LA MÚSICA DEL SILENCIO

 

“Curiosamente la naturaleza, mientras me quitaba algo valiosísimo, la vista, me daba otro regalo, la música”

 

Título original: La música del silencio

Año: 2017

Duración: 115 min.

País: Italia

Dirección: Michael Radford

Guion: Andrea Bocelli, Anna Pavignano, Michael Radford (Novela: Andrea Bocelli)

Música: Gabriele Roberto

Fotografía: Stefano Falivene

Reparto: Toby Sebastian,  Antonio Banderas,  Jordi Mollà, Alessandro Sperduti,  Luisa Ranieri, Antonella Attiu, Paola Lavini,  Daniel Vivian, Francesca Prandi, Francesco Salvi, Nadir Caselli,  Ennio Fantastichini, Anthony Souter, Cesare Cremonini, Mariella Lo Sardo,  Marina Catalfamo, Adele Tirante, Emanuela Aurizi

Estreno en España: 24 de agosto 2018.

Etiquetas: Drama biográfico.

Etiquetas pastorales: Música, superación personal, silencio, amistad, familia, sueños.

1.- Sinopsis: Amos Bardi es un chico rebelde y arisco, pero con un extraordinario talento musical marcado por una infancia y juventud difíciles debido a su  grave problema de vista (glaucoma) que lo dejará ciego. Esto le lleva a ser una persona insegura incapaz de gestionar todo su potencial para la música. Su vida gira 360ª cuando se encuentra con “el maestro”, que le ayudará a descubrir su verdadero potencial y a encontrar la auténtica música del silencio. El esfuerzo merecerá la pena y su vida cambiará poco a poco, llegándose a convertir en uno de los grandes tenores de nuestro tiempo, Andrea Bocelli.

2.- ¿Por qué ver “la música del silencio?

Si tuviera que titular la película de otra manera, sería: “No ceder ante la desesperanza”.  Si te gusta Andrea Bocelli, su voz, su música…  esta es tu película y la disfrutarás. Algunos críticos de cine la han catalogado de poca calidad, aburrida y muy lenta, incluso pasada de moda en algunos momentos.

Nos acerca a la vida de una persona antes de ser una estrella mundial. Solo ver como se abrió camino en la vida, en la industria de la música, a veces, tan cruel… ya merece la pena. El mismo Andrea Bochelli a la hora de aceptar este proyecto solo pidió una cosa: “que no se centrara en  su ceguera y que no fuera vista como una discapacidad”.

¿Qué podemos aprender?

    • Luchar contra las adversidades, superar todo tipo de obstáculos y no dejarse avasallar por los problemas para alcanzar un sueño. Tener una voluntad de acero y mucha paciencia.
    • Las pruebas nos ayudan a descubrir de que “pasta” estamos hechos.
    • No vencer los problemas solos y dejarnos ayudar por los demás. Nuestras ilusiones, esperanzas, decepciones también afectan a los que tenemos alrededor.
    • Saber que cuando parece que todo se tuerce, casi siempre aparece alguien que nos ayuda y anima a seguir adelante. Por ejemplo, su tío Giovanni.
    • La educación como clave para superarse y mejorar en la vida.
    • Saber gestionar nuestros dones, cualidades, todo nuestro potencial.
    • Desarrollar hobbies, pasiones (música, canto, artes,…) ayuda a salir de nosotros mismos y encontrarnos con nuestro mejor yo.
    • La familia, los amigos como punto de apoyo para impulsar el potencial de una persona.
    • A enfrentarnos a la discriminación de los demás y nunca compararnos con nadie.
    • Encontrar el silencio para sacar lo mejor de nosotros mismos y el silencio de las personas que nos aman que nos ayudarán a dar un paso más en el camino del éxito (por ejemplo, su tío Giovanni, su maestro Suárez Infiesta, pasando por el amor de su vida, Elena).
    • Saber que ante una discapacidad, es importante aprender a no depender de los demás.
    • Descubrir que cuando pierdes algo, ganas por otro lado (por ejemplo, los sentidos aumentados por la pérdida de la vista).
  • La importancia de buscar desde el silencio la misión diaria de cada uno. “El silencio es lo más importante y la disciplina más difícil de todas”.

William Shakespeare, dijo una vez: “Es mejor ser rey de nuestro silencio que esclavo de nuestras palabras”. Desde lo profundo de “La música del silencio” brota la reflexión que nos recuerda que para madurar hay que aprender a callar. El éxito en nuestra vida se consigue por medio de la madurez, en este caso del silencio. El protagonista, inmaduro se queja demasiado, se desespera hasta que llega a entender que tiene que aprender a callar, aprende que en el silencio también hay música… su mejor melodía, su mejor voz. Una voz que “enamorará” a millones de personas en todo el mundo. “Estas preparado para que la música sea lo único en tu vida”

3.- Reflexión

  1. La película nos habla de la importancia de los sentidos, del silencio. Te invito a que escuches y pongas toda tu atención en el “Miserere” interpretado por Andrea Boccelli. https://www.youtube.com/watch?v=lUoY2brtbGY. Cierra los ojos y déjate llevar por la música.
  2. Una palabra, sentimiento que te brota al escuchar el “Miserere”.
  3. ¿Qué es lo que más te llama la atención del protagonista? ¿Qué personaje destacarías de la película?
  4. ¿Qué es para ti el silencio?
  5. Comenta estas palabras de Andrea Boccelli dichas en algún momento de su vida:
    1. “Incluso en la más hermosa música que hay algunos silencios, que están ahí para que podamos ser testigos de la importancia del silencio”.
    2. “Quiero tener tiempo para mí, mi familia y mis amigos. Es importante porque para cantar bien, debe tener la inspiración, y la inspiración viene de la vida”.
    3. “La vida se hace siempre de momentos. De cosas que no sueles valorar. Y luego cuando pierdes, cuando al fin te das cuenta, el tiempo no te deja regresar”.
    4. “Yo era un agnóstico hasta que me di cuenta que tenía que elegir entre Dios y el destino. La idea de que la humanidad y la naturaleza son el resultado de la suerte no era convincente en absoluto. Creo que la presencia de Dios en todas partes.
  1. Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=RZeyL1vnzF8

LAS OCHO MONTAÑAS

La sociedad de hoy en día está construida desde lo superficial y el grueso de la literatura responde a esta apetencia de la mayoría, que son los que compran los libros. El mundo editorial es una gran hidra que se alimenta de un mercado caprichoso e inmaduro y, son las menos, aquellas editoriales que apuestan por una literatura que cuestione el mundo. Ignoro si esta ópera prima de Paolo Cognetti llega a tanto, solo sé que me ha gustado mucho. 

El lector suele estar ávido de esos libros que se leen de un tirón, como suele decirse, que están llenos de sorpresas, como montañas rusas que suben y bajan, buscando el vértigo en sus páginas y alguna novedad en cada uno de sus capítulos. Sin embargo, Las ocho montañas fluye sereno como un río que desciende de las cimas entre las rocas. Avanza sereno, sin sobresaltos, con la naturalidad de la vida, sin prisas, pero sin pausas. 

Paolo Cognetti construye una historia que se basa en la relación entre dos amigos, desde niños hasta la madurez, pero ligada a las montañas, entre Turín y Milán. El lector asciende con los protagonistas a un mundo donde aprendemos a prescindir de lo superfluo, pero no exento de problemas y contradicciones. En una sociedad que siempre se empeña en lo superficial y lo gregario, Pietro y Bruno buscan elevarse, geográficamente y físicamente, trascender a su manera, lo que a la larga los llevará a vivir más hacia adentro, saboreando una interioridad que tanto echamos de menos en el mundo de hoy. 

Las ocho montañas está narrada con la pericia de un peregrino que conoce las sendas y describe el entorno natural en el que se desarrolla con la precisión de un bisturí. Su lenguaje es rico, exacto, evocador y poético. Se trata de una historia que atrae, que entretiene en su andar, pero no de una manera cualquiera, sino haciéndonos interesar por la naturaleza y obligándonos a reflexionar sobre el sinsentido que a veces nos hemos impuesto.  

Creo que el autor, experto conocedor de esas montañas, sin lugar a dudas, comprende que la felicidad está en la sencillez del ascenso, pero siempre recordando que, para subir, siempre hay que bajar. 

A DIOS POR LA PALABRA (II) · DICKINSON

 

Certidumbre 
 
Yo jamás he visto un yermo 

y el mar nunca llegué a ver 

pero he visto los ojos de los brezos 

y sé lo que las olas deben ser. 

 

Con Dios jamás he hablado 

ni lo visité en el Cielo, 

pero segura estoy de a dónde viajo 

cual si me hubieran dado el derrotero. 

 

(Emily Dickinson, Certidumbre, versión de C. López Narváez). 

 

 

Conocemos a Dios aunque no lo sepamos: alivio. 

No saberlo es conocer menos a Dios: desgracia. 

Pienso, con Emily Dickinson, que caminamos a menudo en la certidumbre de la fe, aunque no nos demos cuenta de ello o no le pongamos ese nombre a la experiencia…; pero no darnos cuenta o no nombrar la fe nos empobrece. El resultado es una mezcla de anonimato y confesión; de alivio y de desgracia. 

Al menos sigue habiendo gente a nuestro lado que está segura del viaje que emprende… Certeza. Esperanza. ¡No es poco! Quién las tuviera siempre… 

Pero qué lástima viajar tan solamente, sin poder charlar con Aquel hacia quien vamos… Silencio. Soledad. ¡Cuánta estrechez! Quien pudiera acompañarse, ensanchar el camino de palabras… 

Y hablar con Cristo. Y visitar el Cielo. 

Se aprecia más el baile de las olas si se escuchan también los rumores del fondo… 

Mejor es la voz de Dios que solo su horizonte. 

ARTE COMO HERRAMIENTA

Vivimos en una época donde la prisa, lo práctico y aquello que dé resultados (cuantitativos mejor que cualitativos) conforman, en resumidas cuentas, los carriles por donde se mueve la sociedad. Verbos como comprar, sumar, chatear, viajar, aprender, evolucionar, aprovechar, superar, hablar e incluso pensar, están constantemente conjugándose a lo largo de nuestros días. Nos definen como una sociedad activa y en constante movimiento hacia, resumamos, un futuro mejor. Pero ¿dónde están los momentos en los que usar verbos como sentir, empatizar, percibir o experimentar? Aunque la pregunta deba ser otra, ¿dónde, cómo o quién nos enseña a sentir, empatizar, percibir o experimentar?  

Gracias a las matemáticas podemos ir a la comprar; gracias a la lengua, nos comunicamos en el trabajo o con los amigos; gracias a la tecnología tenemos comodidades y facilidades. ¿Y gracias al arte? ¿Qué conseguimos? Desde mi experiencia,  conseguimos aprender a mirar aquello que nos rodea con mirada crítica, conseguimos percibir sensaciones abstractas que nos hacen darnos cuenta de lo esencial pero invisible a los ojos, conseguimos parar y dedicarnos unos segundos entre la vorágine y el ruido. Con el arte generamos un diálogo, o bien entre la obra y el público, o entre el artista y la obra, o entre el creador y el admirador, o incluso un monólogo interior. Y es en ese diálogo cuando se intercambian ideas, sensaciones o sentimientos. Y es en ese monólogo cuando se remueve nuestro interior. Es aquí donde cabe resaltar que el arte es una vía de comunicación profunda que facilita transmitir todo lo que no se puede decir con palabras. Por lo tanto, si somos capaces de dialogar o empatizar con lo que hay en un cuadro, en una canción o en una escultura, seremos también capaces de empatizar y de dialogar con aquel ser humano que tengamos en frente. De la misma manera, aprenderíamos a escudriñar en nuestro interior para cambiar aquellas pinceladas que no resaltan tanto nuestra belleza.  

Mis palabras necesitan unos pilares donde apoyarse para dotarlas de cierta credibilidad. Traigo dos citas para ello. La primera es de George Bernard Shaw (dramaturgo irlandés, 1856 – 1950): “los espejos se emplean para mirarse la cara, el arte para mirarse el alma”. Y la segunda, de una encantadora Gloria Fuertes (poeta española, 1917 – 1998): “un niño con un libro de poesía en las manos nunca tendrá de mayor un arma entre ellas”. Hay frases y ejemplos a lo largo de la historia que sustentan que el arte es simiente de una sociedad sensible y no sentimentalista. Quizá sea una manera con la que empezar  a cambiarnos a nosotros mismos y ya después, cambiar el mundo.  

A DIOS POR LA PALABRA (I) · ANTONIO MACHADO

Poned sobre los campos 

un carbonero, un sabio y un poeta. 

Veréis cómo el poeta admira y calla, 

el sabio mira y piensa… 

Seguramente el carbonero busca 

las moras o las setas. 

Llevadlos al teatro 

y solo el carbonero no bosteza. 

Quien prefiere lo vivo a lo pintado 

es el hombre que piensa, canta o sueña. 

El carbonero tiene 

llena de fantasías la cabeza. 

 

(Antonio Machado, Proverbios y cantares XXVI) 

 

 

Que venga Dios aquí por la palabra. Que vayamos a Él por la palabra. 

Eso quisiera ofrecer humildemente en medio de este mundo subyugado por la tiranía de la imagen. 

Para este viaje no sirve mi palabra, que apenas tiene recorrido y poso, pero sí la voz de los que han arañado el cielo con sus ecos, pues les ha sido dado el don de contemplar y transparentar la Belleza. La Belleza y la Verdad y la Bondad… ¡La Vida! ¡Dios! 

La Vida, sí. La Vida y Dios. Porque no nos interesa la capacidad que otros han tenido para admirarse o para decir las cosas hermosamente, sino que nos atrae Aquel a quien todos podemos admirar en nuestra propia vida, y la vida misma con sus cosas. 

Si el poeta y el sabio no llevan también dentro un carbonero, huera poesía, sabiduría vana. 

Saquemos del baúl de la poesía lo antiguo y lo nuevo. Convoquemos sus voces al camino. Quizá sin mucho tino, quizá con menos orden que concierto, rescatemos legajos de viejos poetas, cuartillas de poetas frescos… Vayamos hacia Dios por la palabra. Llena de fantasías la cabeza… ¡Y el capacho de moras! Y las manos tiznadas de carbón para encender el fuego.