Eco Diario de la Palabra
 

Que nada te turbe

Nada te turbe, nada te espante todo se pasa.

Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza,

quien a Dios tiene nada le falta sólo Dios basta.”

Santa Teresa de Jesús.

Nada te turbe.

¿Qué me puede hacer tambalear?

¿Qué o quién puede descolocar mi vida?

Nada te espante.

¿Qué me da miedo, me inquieta, me quita la paz interior?

¿Qué temo o a quién temo?

Dios no se muda.

Dios no cambia. No abandona. Permanece. ¿Está presente en mi vida?

¿Me he alejado de Dios? Mis metas ¿ya no son sus metas?

La paciencia todo lo alcanza.

La virtud que ayuda a afrontar la adversidad. La calma, el sosiego, la serenidad, el autocontrol, el equilibrio interior.

¿Afronto lo que me ocurre con serenidad o voy acelerado/a?

¿Me detengo que lo que importa o voy pasando página?

Quien a Dios tiene, nada le falta.

¿Qué llena mi vida? ¿Quién llena mi vida?

¿Me empeño en consumir, en llenar mi tiempo, en tener la agenda completa?

¿Siento un profundo vacío interior?

¿Qué es lo que da sentido a mi vida? ¿Quién?

La fe en Dios, la oración, da fuerza para avanzar.

¿Cultivo mi interior? ¿Fortalezco mi fe?

Nada más quiero, nada más Cristo

Mª Antonia París

https://www.youtube.com/watch?time_continue=3&v=mKRLw2zkc8s

LA HISTORIA DEL BAMBÚ JAPONÉS: qué es realmente el éxito – cómo se consigue – cuál es su finalidad

¿Qué es realmente el éxito? ¿cómo se consigue triunfar en la vida? ¿cuál es la finalidad del éxito? o ¿acaso es él mismo éxito la finalidad en la vida?

¡Cuánto nos cuesta ser conscientes de que la formación interior e integral del ser humano -cimiento de todo triunfo personal- necesita tiempo, maduración, paciencia y dedicación!
“No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego. También es obvio que quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas!
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.  Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas en crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.  
Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que este requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es tarea difícil convencer al impaciente que solo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante. En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que -en tanto no bajemos los brazos -, ni abandonemos por no “ver” el resultado que esperamos-, sí está sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando. Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice. El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.
Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia. Tiempo…
Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos… Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chófer del taxi…nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué… Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés… ¿Para qué? Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación. Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizá solo estés echando raíces….