Eco Diario de la Palabra
 

COMER Y BEBER

¿Cómo puedo dar gracias a Dios,

si me da de comer y beber sólo a mí,

y mi vecino sufre hambre y sed…?

¿Cómo podré decir entonces:

gracias, Señor, por la comida?

¿Y debo alabar a Dios

si viste sólo mi cuerpo y da habitación a mi familia

mientras mi vecino está desnudo

y duerme en la calle?

¿Cómo podré decir entonces:

alabada sea la bondad de Dios?

¿Debería dar gracias a Dios

porque me ha elegido a mí,

mientras millones de hombres

viven en la oscuridad?

¿Debería rezar entonces:

te doy gracias, Señor,

por ser uno de tus elegidos?

 

Hijo mío: No te doy de comer y de beber

para que sólo tú puedas hartarte y estar alegre.

Te doy comida para que la compartas

con tu vecino que padece hambre:

satisfecho por ti, reconocerá mi cuidado

y me lo agradecerá.

Hijo mío: no te doy vestido y habitación

para que tú vivas en el bienestar

y te enorgullezcas.

Te doy para que tu vecino, que pasa frío,

esté protegido con tu vestido

y para que tu casa sea un refugio

para los que están en la miseria:

cuando sientan por ti mi bondad, me alabarán.

Hijo mío: no te he elegido

para que te sientas tranquilo

y seguro para siempre.

Más bien, te he elegido

para que seas mi colaborador.

Cuando des testimonio de mi amor entre

tus prójimos se darán cuenta de mi presencia,

su oscuridad se aclarará

y, junto contigo, me darán gracias,

me alabarán y me servirán.