Eco Diario de la Palabra
 

NO TENGÁIS MIEDO

No tengáis miedo.  

Vosotros buscad a Jesús Nazareno, 

no está aquí, ha resucitado. 

Mirad el lugar donde lo habían puesto. 

Id ahora a decir a sus discípulos y 

a Pedro que irá delante de ellos a Galilea. 

Allí lo verán, como les había dicho. 

Mc 16,6-7 

 

 

“¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?” He visto al Señor, mi amor y mi esperanza. 

Lo he visto, no lo conocía, pero Él pronunció  mi nombre, el mismo nombre que pronunció al crearme y que sigue pronunciando cada día. Me dijo “María”, me lo dijo como sólo Él sabe, y entonces supe que aquel forastero era Él. 

Había visto los testigos de su resurrección pero hasta este momento no entendía. Había visto los ángeles que me hablaron y me dieron la gran noticia, pero no entendía, mi tristeza era demasiado grande. Vi el sudario, los lienzos, la tumba vacía, abandonada. Pero sólo cuando Él me miró como nadie me ha mirado jamás, y me habló supe que era verdad, y  grité llena de alegría, gozosa, ¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! 

 Fui a ver a mis amigos, sus amigos que estaban llenos de miedo y no se atrevían ni siquiera a asomarse a la ventana y menos salir a la calle. Y les di la gran noticia, que ellos al principio no creyeron. Y les  comuniqué el mensaje de los ángeles “vayan a Galilea allí lo verán.” 

 Sí regresen a Galilea, donde todo empezó, donde todos nosotros, sus amigos, nos  enamoramos de aquel joven galileo, el carpintero de Nazaret, que nos hablaba palabras de amor cuando nos describía como era su Padre, cómo es Yahvé, que no es un Dios temible, sino que es un Abba, un papá. Y nos entusiasmamos con su sueño, su proyecto de cambiar el mundo, cambiando a los seres humanos. Su proyecto de que cada ser humano pueda sentirse amado,  por Dios a través del amor cercano y bueno de sus hijos e hijas que ya lo han conocido. Proyecto sencillo pero que nos compromete a la conversión de nuestros egoísmos. Sí, solo el amor nos cambia y cambia el mundo, nuestra sociedad. Sociedad que decimos está perdida, y que tendríamos que decir, está falta de amor y de ternura.  

 Yo cuando lo encontré quise abrazarlo,  besarle los pies, pero Él me dijo que no lo hiciera pues todavía tenía que ver a su Padre.  En mi desilusión y tristeza por no poderlo abrazar, me acordé que un día nos dijo, que todo lo bueno o lo malo que hiciéramos a otro ser humano, se lo hacíamos a Él.  Y solo entonces comprendí que su proyecto, su sueño, era esto, hacer sentir amor, ayudar, consolar…. a quienes caminan por la vida con nosotros. Que haciendo esto podemos siempre abrazarlo, besarle los pies, las manos… sentir su presencia, su mirada en la mirada de tantos que nos buscan para consolarse, sentirse que no están solos.  

 Hoy he leído en un mensaje de una iglesia de Francia donde el Obispo les decía “sólo hay que amar”

BIBLIANDO: MIQUEAS 6 AMAR LA BONDAD, CAMINAR HUMILDEMENTE…

Hombre, se te ha hecho saber lo que es Bueno,

Lo que el Señor quiere de ti:

Tan solo practicar el derecho,

Amar la bondad

Y caminar humildemente con tu Dios.

Miqueas 6,8

 

Esta cita bíblica del profeta Miqueas parece como si fuese la respuesta a una pregunta, una pregunta semejante a la que el joven, que llamamos rico, le hizo a Jesús: ¿qué tengo que hacer para entrar en la vida eterna? Y Jesús le responde indicándole los mandamientos, pero aquél joven creía que ya los estaba cumpliendo, quería algo más…

Y Dios por boca del profeta Miqueas nos explica qué es lo bueno, lo que Dios quiere de cada uno de nosotros, no importa la edad, ni la lengua, ni el color, ni la religión, ni el pueblo de donde venimos, ni la vida que hayamos elegido vivir…. Nada de esto cambia lo que el Señor quiere de nosotros:

Practicar el derecho, ¿qué quiere decir esto? Leamos lo que Dios nos repite una y otra vez en casi todas las páginas del Antiguo Testamento. Leemos en el libro del Éxodo:

  • No hagas sufrir ni oprimas al extranjero, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto.
  • No explotes a las viudas ni a los huérfanos,
  • Cuando prestes dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portes con él como usurero, cargándole intereses.
  • Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, devuélveselo antes de que se ponga el sol, porque no tiene otra cosa con qué cubrirse; su manto es su único cobertor y si no se lo devuelves, ¿cómo va a dormir? soy misericordioso”.

Podriamos decir que practicar el derecho es lo que el profeta sigue diciendo:

Amar la bondad, tener un corazón bondadoso, compasivo como el de Jesús… vio a la multitud y se sintió movido de compasión porque andaban como ovejas sin pastor…  Jesús viendo llorar a la madre del joven muerto, movido de compasión tocó al muerto y le devolvió la vida y se lo entregó a su madre… entró en la casa y la suegra de Pedro estaba postrada con fiebre, la tocó y la fiebre la dejó…  los leprosos le pidieron quedar limpios “sí quiero” y quedaron libres de su enfermedad…  La bondad de Jesús es liberadora esto es salvadora; ninguno que se acerca a Él se va sin ser escuchado, e incluso quien no pide nada como la viuda recibe los efectos de su bondad y amor incondicional, de su compasión por todo sufrimiento humano.

Caminar humildemente con tu Dios. Hay una traducción al inglés que dice “caminar humildemente de la mano de tu Dios” dándonos la imagen de la criatura que aprende a caminar sujetándose de la mano de su padre o de su madre.  Humildemente quiere decir en verdad, la humildad es reconocer lo que de verdad somos, seres creados que dependemos totalmente de nuestro Dios tanto si lo sabemos como si no, tanto si lo queremos como si no lo queremos. Seres creados amados de manera tan sorprendente que nos cuesta creerlo y necesitamos toda nuestra vida para descubrir esta verdad y hacerla carne de nuestra carne, y sangre de nuestra sangre.

MAESTRO, ¿DÓNDE VIVES?

Existen lugares nacidos de guerras y guerras que se convierten en el único lugar de muchos. Hay países que no son de tierra porque son de metralla y nada puede germinar en su suelo. La hierba que crece en Yemen ha de marchitarse pronto, pero incluso en su leve espacio vital será un signo de esperanza para su pueblo. Ellos no conocen más cielo que ése que a menudo destila un humo gris, un hedor de pólvora y azufre que golpea sus pulmones y les recuerda su nombre: Yemen. En la década de los 90 comenzó a llamarse solo así, Yemen, cuando el sur y el norte renunciaron a su apellido y borraron las fronteras que los constituían en dos naciones. 

 La unificación prometía tiempos mejores que, sin embargo, aún están por llegar. Estalló de nuevo una cruda violencia que provocó el derrumbamiento de la débil estructura política. Los vacíos de poder fueron aprovechados por los hutíes, otro importante grupo étnico que se sumó al resto de agentes de guerra. Arabia Saudí e Irán juegan en el terreno, clave para la hegemonía de la península arábiga. Intervienen con bombardeos masivos, arman a los guerrilleros de bandos opuestos, bloquean la ayuda humanitaria en zonas enemigas, azuzan el fuego e ignoran el derecho internacional y los más elementales derechos humanos.  

Los yemeníes sufren hoy la “peor catástrofe humanitaria del planeta”, según la ONU. Perdidos en un tablero de rivalidades múltiples, tratan de sobrevivir a las bombas, el hambre y la epidemia de cólera provocada por la falta de acceso a asistencia sanitaria y a agua potable. Hasta ahora, más de 900. 000 personas se han contagiado de la enfermedad, más de 18 millones dependen de la ayuda humanitaria y casi 13. 000 han muerto en los últimos dos años. Las ciudades, demolidas, parecen escombreras. 

El símbolo de este infierno son los ojos hinchados de Buzaina al Rimi. Con sólo cinco años de edad, resistió milagrosamente al feroz bombardeo saudí que acabó con la vida de toda su familia. Su foto ha empapelado las calles de Sanaa, su barrio, e invade las redes sociales como un silencioso grito. Es la voz callada de millones de inocentes que, como ella, cargan con las injusticias de otros y no tienen fuerza ni poderes para exigir un ajuste de responsabilidades. Los inocentes litigan a diario con el horror y la muerte pero no llevan fusil, no alzan estandartes políticos, no persiguen al culpable.  Pocos conocen sus luchas, pues esta guerra ha sido olvidada por los medios de comunicación internacional y las sociedades “pacíficas” del norte. 

Nosotros, los del norte, miramos de lejos mientras apuramos las sobras de turrón y conseguimos guardar los últimos decorados navideños que han celebrado la venida del Dios niño, inocente, pequeño. A Él preguntamos en este tiempo ordinario: – Maestro, ¿dónde vives?  –  Venid y lo veréis, nos responderá (Jn 1, 35 -42). Ojalá entonces nuestros ojos viren en dirección a los suyos y descubramos al Dios con nosotros escondido en los últimos, los sufrientes, los pobres para los que Él ha venido. Sólo ellos, extenuados hasta el límite, pueden abrir completamente su existencia a la venida del Salvador. Él responderá a las súplicas que nadie escucha, cuando entregue su Reino a estos pequeños y vivan por fin en la paz que aquí les fue negada. Y si el Reino está ya entre nosotros es que Él habita ya con ellos, en el fondo de sus dolores, como Luz incandescente que les eleva a una Esperanza definitiva, vencedora del mal que les oprime.  

 Vayamos y veámosle. Desinstalemos nuestras rutinas y prioridades para mirar al rostro del Emmanuel que mora en los que a menudo ignoramos. Quizá así Él se vuelva más de carne ante nosotros, que con tanto afán le buscamos; y la carne nuestra se llene del Espíritu que nos configura con los rasgos de Jesús, para que también nosotros moremos, junto con Él, entre los olvidados.  

BIBLIANDO: “SALMOS EN VACACIONES…” por Marifé Ramos

SALMOS EN VACACIONES 

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En verano, el calor, los viajes, el contacto con la naturaleza y los encuentros familiares nos ofrecen muchas experiencias que nos ayudan a comprender mejor la Palabra, especialmente los Salmos.

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“En Ti vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17, 28) Podemos cerrar los ojos al nadar y bucear, repitiendo esta frase. Dios es como el agua que nos envuelve, en la que nos movemos y nos abandonamos. En el mar percibimos su grandeza y su fuerza, junto con la cercanía y la caricia.

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También la experiencia de la sed nos ayuda a comprender la Palabra. Buscar a Dios es como tener sed, una sed que nos agobia, nos inquieta y nos pone en movimiento para buscar corrientes de agua fresca. Eso hacían los cervatillos y eso podemos hacer…, salvo que nos contentemos con dar pequeños sorbos en el agua sucia de cisternas agrietadas. Desde esta perspectiva de la sed podemos orar con los Salmos 42 y 63.

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Si hacemos senderismo y buscamos atentamente las señales del camino, podemos orar con el Salmo 25, diciendo: “Muéstrame tus caminos, oh Dios, enséñame tus sendas”. Y con el Salmo 116, conscientes de que, cada paso que damos, estamos   “Caminando en presencia del Señor…”

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Si nuestra condición física nos impide estar a la altura de quienes nos rodean, si no podemos realizar ciertas actividades, es el momento de orar el Salmo 71 (70): “Ahora que estoy viejo, encanecido, oh Dios, no me abandones. Nos ha protegido desde el seno materno”. 

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Tomamos conciencia, una vez más, de que la vejez se acerca, con todas sus pobrezas y fragilidades. Pero no es el momento de convertirnos en plañideras, sino de recordar esa preciosa historia de Salvación que el buen Dios ha ido entretejiendo conmigo, con la familia, la comunidad y la humanidad.

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En medio de la naturaleza, contemplando las montañas, no seamos plañideras que lamentan el deterioro físico, sino que cantemos al  Dios que se manifiesta como roca y refugio: “Tú eres mi padre, mi Dios y roca de salvación” (Salmo 89, 27 y 31, 3-4)

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Tendremos ratos de silencio y soledad, ratos en los que la paz exterior que nos ayude a disfrutar de la paz interior. Entonces podemos orar con el Salmo 131 (130): “No voy buscando cosas grandes, que me vienen anchas. No; en silencio y en paz guardo mi alma, como un niño en el regazo de su alma” 

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Es posible que al salir de las ciudades y pasear por el campo veamos rebaños. Es el momento de recordar que El Señor es mi pastor, nada me falta… y tomar conciencia  de las verdes praderas que hemos recibido y de las cañadas oscuras a las que nos hemos dirigido, de manera inconsciente o soberbia (Salmo 23)

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Y, sobre todo, en vacaciones podemos escribir nuestros propios salmos. Cantemos al buen Dios, desde las luces y sombras que vivimos. Expresemos el dolor que sentimos ante muchas noticias que nos ofrecen los medios de comunicación y la esperanza que nos despiertan la justicia y la solidaridad.

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Escribamos lo que vivimos y sentimos, entrelazando el sueño de Dios con nuestra incoherencia; sus llamadas con nuestra fidelidad e infidelidad.

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El salmo que recoge la alegría de los encuentros familiares se puede convertir en un recuerdo imborrable y una sencilla catequesis para los pequeños.

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Si entrelazamos con sencillez el verano, las experiencias y la Palabra… ¡Todo irá bien! 

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BIBLIANDO: “NACER DE NUEVO…”

 ¿O CONFORMARNOS CON UNAS PRÁCTICAS PIADOSAS? 

Nicodemo era un fariseo importante, miembro del sanedrín; una noche se atrevió a visitar a Jesús para charlar un rato a escondidas. Estaba impresionado por las conversiones que se producían. Jesús le descolocó, diciéndole: “el que no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios”.

Nicodemo no se calló, para eso era un maestro de Israel, y le preguntó: 

“¿Cómo puede un hombre nacer, siendo viejo? ¿Puede acaso volver al seno de su madre y nacer de nuevo?”

Jesús le respondió: “En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios”.  

(Juan 2, 23-3,15) 

Jesús, como a Nicodemo, nos invita a nacer de nuevo, a vivir al soplo del Espíritu, a experimentar una transformación tan profunda que sea semejante a un nacimiento.

Nuestros miedos y pobrezas suelen reducir esa invitación al rezo de unas oraciones y a maquillar un poco nuestro comportamiento. Así nuestra conciencia se queda tranquila, porque… ¡¡¡nacer de nuevo, es una locura!!!

Estas semanas están marcadas por la celebración de Pentecostés. El libro de los Hechos nos dice que se produjo “un ruido como el de un viento violento” (Hechos 2, 2). Es una manera de decirnos que se produjo una transformación en cada uno de los hombres y mujeres que vivieron esa experiencia. San Lucas pensó que la imagen del viento impetuoso nos ayudaría a comprender todo lo que se “movió” en la vida de aquellas personas.

Para algunos, como Pedro, fue como nacer de nuevo. Otros, salieron de sus escondites, de sus miedos, de sus esquemas y se lanzaron a predicar lo que habían visto y oído. Hombres y mujeres recibieron el don de la valentía, hasta entregar su vida por el evangelio; el don de sabiduría, les ayudó a comprender y predicar la historia de la salvación. Recibieron el don de crear comunidades, en las que hombres y mujeres compartieron sus carismas, sus luces y sombras. Acogieron el don de vivir de la providencia, sin alforja ni bastón. Experimentaron que no sólo habían sido sanados en lo más profundo, sino que eran cauces de sanación y salvación para otras personas. Perdieron el miedo ante quienes podían quitarle la vida, porque les urgía dar testimonio y contar lo que habían visto y oído.

Pentecostés no es una fiesta del pasado, que debemos celebrar con cierta solemnidad una vez al año. Es una experiencia transformadora que vivió la comunidad y que se nos ofrece hoy, a cada persona y a las comunidades cristianas, para el bien de la Iglesia y de la humanidad.

¿Nos lo creemos? ¿Pedimos y acogemos ese don? ¿A qué tenemos miedo? ¿Qué estamos dispuest@s  a arriesgar, para vivir al soplo del Espíritu?

Cuentan que un  grupo de turistas viajaba plácidamente en una embarcación por el mar del Norte. A lo lejos divisaron un iceberg de una belleza extraordinaria. El capitán de la nave fue acercando la embarcación hasta una distancia prudencial.  

Los turistas dialogaban sobre cuál sería el tamaño del iceberg que quedaba sumergido bajo el agua, incluso discutieron acaloradamente.  

Intervino el capitán:  

– No discutan sobre lo que no ven, no conocen, ni han experimentado.  Si alguien quiere saber realmente cómo es este iceberg, que se lance al mar y bucee.  

No se lanzó nadie. Siguieron discutiendo en la cubierta del barco. 

El Espíritu Santo es como un inmenso iceberg. ¿Lo observamos desde una distancia prudencial? ¿Buceamos para conocer lo que hay en la profundidad?  

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BIBLIANDO: “NOS INVITA A REVIVIR” por Marifé Ramos

¡Nos invitan a revivir! ¡Nos regalan la experiencia! 

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Celebrada la Semana Santa, hemos tenido presentes las escenas de la muerte de Jesús. Las lecturas en la Eucaristía, los Oficios, el Vía Crucis, ciertas  películas y las representaciones de la Pasión nos recordaban una y otra vez su pasión y muerte.

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Seguramente eso nos podría hacer pensar en la nuestra y en la multitud de escenas de violencia, destrucción, injusticia y muerte que nos ofrecen los medios de comunicación.

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Ante la cruda realidad de la pasión del mundo, nos resultará fácil identificarnos con la experiencia del pueblo de Israel, cuando clamó a Dios diciendo: “¡Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, estamos perdidos para siempre!”

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Nosotros, como el pueblo de Israel… ¿nos estaremos quedando siempre en ese sentimiento de fin, sin esperanza, sin continuación…?

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Pero el texto del profeta Ezequiel no acaba aquí. Dios le envía a profetizar, y su palabra nos abre horizontes hoy:

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 “Así dice el Señor: Cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Infundiré en vosotros mi espíritu y reviviréis; os colocaré en vuestro suelo y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago” (37, 11-14) 

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Pensemos en los sepulcros, de todo tipo, en los que vivimos, aún habiendo vivido la experiencia de Pascua… ¡cuánto nos cuesta salir de nuestros sepulcros!

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  • Los que contienen la savia espiritual y las experiencias que en otro momento nos dieron vida y hemos ido dejando morir.
  • Aquellos sepulcros en los que yacen las relaciones humanas que no hemos cuidado.
  • El pequeño nicho que contiene las urnas con nuestros pensamientos anquilosados, que atufan y los miedos de todo tipo.
  • El sepulcro que contiene las máscaras y las medallas que nos ponemos, cuando no somos capaces de reconocer nuestra pobreza y desnudez.

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Podríamos hundirnos al tomar conciencia de tantas formas de muerte, dentro y fuera de nosotros, cerca y lejos.

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Pero la Palabra se hace presente en nuestra realidad y nos recuerda: “Os infundiré mi espíritu y reviviréis; os colocaré en vuestro suelo y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago”. 

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Sabemos que es verdad, porque lo hemos experimentado muchas veces.

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  • Hemos recibido ánimo cuando estábamos des-animados.
  • Se ha reavivado el rescoldo cuando parecía que nuestro fuego interior se apagaba y podía morir el amor primero.
  • A pesar del agotamiento, hemos encontrado fuerzas, para seguir trabajando en la pasión del mundo.
  • Cuando estábamos desolados (sin suelo) y parecía que andábamos sobre arenas movedizas y cañadas oscuras,  hemos experimentado que Alguien nos recolocaba de nuevo en suelo firme.
  • Hemos visto cómo brotaban tallos verdes, llenos de vida, a través de las fisuras de nuestras tumbas y abrían una rendija cada vez mayor, por donde la Vida se iba abriendo paso.

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La Palabra nos invita a recordar y reavivar ese don recibido tantas veces.  A vivir este tiempo Pascual como invitación entusiasta para salir de nuestras “muertes”.

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Llegará Pentecostés, con sus dones, pero ahora vivimos ya un anticipo al reconocer las experiencias de muerte y descubrir la vida que se abre paso en medio de ellas. Y el esfuerzo no recae sobre nuestras espaldas solamente, ni requiere que tengamos una fuerza de titanes. Es un DON. Nos invitan gratuitamente a revivir, a dejarnos re-colocar. No es un farol.

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El Señor lo dice y lo hace. Si le dejamos hacer, todo irá bien. FELIZ PASCUA DE LA VIDA!

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Marifé Ramos

 

BIBLIANDO: “¡LLEGA LA PRIMAVERA!” por Marifé Ramos

¡LLEGA LA PRIMAVERA! 

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El mes de Marzo nos invita a vivir con los cinco sentidos bien abiertos. Es posible que empiece con frío, lluvia y nieve y se nos olvide que el día 20 llega la primavera.

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La naturaleza sigue su curso y habrá una explosión de vida cuando menos lo esperemos. Los árboles se llenaran de yemas y de flores. Muchos animales saldrán a cazar con sus crías. Veremos muchos arco iris este mes. Los días se irán haciendo más largos y el sol será como un cálido manto que nos envolverá; nuestros huesos lo agradecerán,  después del frío y la  humedad del invierno.

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Algo semejante nos ocurre en la vida espiritual. Pasamos inviernos. A veces inviernos muy largos, pero la primavera sigue su curso en nuestro interior. Así nos lo anuncia el profeta Isaías de parte de Dios: “No os acordéis de antaño. No os preocupéis de lo pasado. Mirad, yo voy a hacer algo nuevo. Ya está brotando ¿No lo notáis?” (43, 18-19) 

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¿Qué está brotando en nuestra vida?

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Durante muchos años nos acostumbraron  a buscar afanosamente lo negativo. Nos educaron para detectar el pecado en nuestra vida, ponerle nombre, arrepentirnos,  confesarnos, proponernos cambiar y…

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Y una y otra vez hemos repetido el proceso, como si estuviéramos atrapados en una rueda que gira sobre sí misma sin parar.

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Esta cuaresma ¿por qué no centramos nuestra atención en la vida y la belleza que albergamos?  ¿Por qué no nos fijamos en esos pequeños tallos que han ido apareciendo en nuestra vida, para cuidarlos con mimo y facilitar su crecimiento?

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¿Por qué no hacemos con nuestra vida interior lo mismo que hacemos al cuidar la naturaleza? Quitamos las malas hierbas, preparamos la tierra y luego… todo el esfuerzo se centra en la siembra y en seguir con atención y cuidado el proceso de crecimiento hasta que nazcan los frutos.

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Ojalá esta cuaresma sea más primaveral. Que la vivamos contemplando cómo nacen los tallos y las flores. Que nos identifiquemos con esos árboles que, tras perder la hoja y quedarse desnudos en invierno, ahora muestran el potencial de vida que llevaban en su interior.

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Que cuando vayamos por la calle o por el campo nos detengamos a oír el canto de los pájaros y las aves, un canto que muchas veces va unido a un vuelo delicado con el que se invitan al apareamiento.

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Que cerremos los ojos, de vez en cuando, para percibir los nuevos olores que nos ofrece la naturaleza en primavera.

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Que nuestras manos, que tocan tantas horas al día todo tipo de aparatos electrónicos, puedan acariciar las flores y la hierba, conscientes de que son un regalo gratuito de nuestro Abbá.

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Que saboreemos todo lo bueno que nos traiga cada día, ya sea la comida, las relaciones humanas, el trabajo o el ocio.

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Y todo esto, que puede parecer un ejercicio egoísta, en realidad es un proceso muy sano y eficaz. ¡Si nos llenamos de vida, podemos compartirla! Si la primavera nos conduce a un verano lleno de frutos… ¡Todo irá bien! 

BIBLIANDO: “RECETA PARA QUE TODO VAYA BIEN ” por Marifé Ramos

 RECETA PARA QUE TODO VAYA BIEN

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Hace muchos años, dos vecinas del pueblo se plantearon cambiar; querían intentar, por todos los medios, que todo fuera bien en su vida…  y, a ser posible, en la vida de todo el pueblo.

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Se reunían cada día para reflexionar juntas, charlar y discutir sobre los posibles cambios.

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Después de mucho cavilar, una de ellas creyó encontrar la solución en el tarot. Decidió que le echaran las cartas y creyó que su vida cambiaría si se fiaba de lo que le mostraba una hilera de cartas.

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La otra recordó que la Biblia le había acompañado en su juventud y le había dado luz  en las situaciones difíciles que había atravesado. Entonces, se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no la leía. Hacía años que ni siquiera la había sacado de la estantería.

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Fue a por ella y la abrió por donde marcaba un recordatorio de su primera comunión.  Leyó un párrafo al azar:

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“Surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas…; clamarás al Señor y te responderá, pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”. Brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad será como el mediodía» 

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Sí, eso es lo que buscaba. Es como si hubieran adivinado su pensamiento.

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Ella deseaba que su vida se llenara de luz, porque sentía que las tinieblas habían entrado en su vida y se habían extendido por todos los rincones, como una niebla de invierno.

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Deseaba que cicatrizaran las heridas que le había causado la vida, porque el hecho de vivir con ellas le amargaba. Deseaba que la relación con Dios fuera como antaño, cuando charlaban en cualquier  momento, como dos viejos amigos.

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Pero ¿cómo podría hacer realidad el cambio que le anunciaba el profeta Isaías?

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Siguió leyendo ávidamente, buscando la respuesta. Y la encontró en los versículos que estaban a continuación:

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“Esto dice el Señor: «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, 
cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos…  Aleja de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, ofrece al hambriento de lo tuyo y sacia al alma afligida…” (Isaías 58, 7-10) 

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Algo semejante a un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Se dio cuenta, con toda claridad, que se había ido cerrando sobre sí misma. ¿Y si el profeta  tenía razón? Decidió cambiar. ¡Tenía que intentarlo!

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Años después, en su pueblo había un comedor social y un albergue. A través de varias manifestaciones y denuncias se habían conseguido importantes mejoras para el pueblo.

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También su vida había cambiado. Al preocuparse por las heridas ajenas, las suyas habían ido cicatrizando. La niebla había dado paso a la luz, y ahora veía a las personas y las situaciones con otra perspectiva.

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Decidió que no podía quedarse ella sola con el secreto. Escribió en un papel el texto de Isaías y añadió: “Con este receta todo va bien en mi vida… y un poco mejor en la vida del pueblo. ¡Anímate a probar y te sorprenderá el resultado!”. 

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Luego entregó una hoja a cada uno de sus vecinos. Y sintió que, con ese gesto, todo iría mejor todavía.

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BIBLIANDO: “¡TATUADOS EN DIOS! ” por Marifé Ramos

¡ESTAMOS TATUADOS EN DIOS! 

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“¿Puede acaso una mujer olvidarse del niño que cría, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues aunque ella lo olvidara, yo no me olvidaría de ti. 

Mira, en las palmas de mis manos te he grabado” (Isaías 49, 15-16) 

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Empieza un Año Nuevo. Es el momento de firmar un cheque en blanco al buen Dios y predisponernos a vivirlo con una actitud muy positiva.

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¿Por qué? Porque a lo largo de 365 días la Palabra nos va a ir recordando cómo es Dios, cómo nos quiere y nos cuida… ¡Y sólo nos queda rendirnos!

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Este mes es el profeta Isaías el que irrumpe en nuestra vida diciéndonos: “Yahvé me ha llamado desde el vientre de mi madre, desde el seno ha pronunciado mi nombre” (49, 1). Si escuchamos atentamente es posible que oigamos una pregunta: Y tú… ¿Cómo lo vives?

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Isaías encontró en una madre que cría la mejor imagen para explicarnos la revelación que había recibido de Dios. Y añadió otra imagen muy significativa: estamos tatuados en las palmas de las manos de Dios. 

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Ahora mira las palmas de tus manos. Atrévete a coger un rotulador y escribe o pinta en tus manos lo que es Dios para ti. Contempla la imagen un buen rato. Haz una foto o visualízala. Atrapa la imagen con algún medio y que esta imagen te nutra en momentos bajos o difíciles.

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Que te ayude durante este año 2017 a disfrutar tu relación con Dios.  Si la disfrutas, no hay duda de que toda la gente que te rodea lo va a notar,  porque les contagiarás. Y seguramente llegará lo mejor de ti mucho más lejos de lo que te imaginas.

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Que te ayude ante el aluvión de mensajes negativos,  cuando oigas que estamos en la cuesta de enero, que falta mucho para las vacaciones de verano, que hace frío…

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Que te ayude a orar cuando palpes el dolor o veas imágenes de sufrimiento en la televisión. Aunque en la sociedad del bienestar olvidemos a los más desfavorecidos, Dios no se olvida de ningún hombre o mujer. A todos los lleva tatuados en la palma de sus manos y nos las muestra para que no los olvidemos nosotros.

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Que te ayude la imagen del buen Dios cuando des la mano para saludar a alguien. ¡Le estás ofreciendo al Dios que te habita! ¡Lo estás compartiendo!

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Que te ayude a crecer en generosidad. Al abrir la mano repartimos… solo al abrir la mano podemos ver la imagen de Dios con claridad.

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Este año nuestras manos pueden ser icono de bendición.

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Seamos conscientes de todo lo que podemos hacer por el bien de los demás a través de nuestras manos. Que ellas “hablen” a través de nuestros gestos, que expresen la capacidad sanadora que tienen para aliviar el dolor ajeno.

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Recordemos que todo nuestro cuerpo es un templo sagrado y nuestras manos son el medio por el que ese templo conecta con cada persona que nos rodea.

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Empezamos el año con un tatuaje invisible en la palma de nuestras manos. Las acariciamos, las besamos con respeto y conectamos con nuestro interior. Que todo lo que hagamos nazca ahí. ¡Y todo irá bien!

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Marifé Ramos

BIBLIANDO: “¡ES HORA DE ESPABILARSE! ” por Marifé Ramos

¡ES HORA DE ESPABILARSE! 

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“Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de espabilarse. Ahora está más cerca la salvación que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada y el día está cerca; dejemos a un lado las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz”. (Romanos 13, 11-13) 

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Cada mañana, cuando suena el despertador, tenemos que espabilarnos. No nos queda otro remedio, aunque nos tomemos un tiempo,  intentando vencer la pereza.

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Acaba el año litúrgico y empieza otro nuevo; la Palabra nos invita a espabilarnos… ¿cómo resuena en nuestro interior esta invitación?

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San Pablo, a través de esta carta, envió unas orientaciones a las comunidades cristianas de Roma, para que vivieran el evangelio con coherencia, en medio de multitud de dificultades. Les animó a darse cuenta del momento en que vivían y revestirse con las armas de la luz.

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Actualmente, el término “espabilarse” suele ser sinónimo de correr más,  de hacer las cosas deprisa,  para que el tiempo nos cunda más aún. Espabilarse evoca también “ser listillos” y conseguir una buena tajada, cuando algo está en juego.

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Sin embargo el texto de hoy nos lleva a profundizar en otras direcciones:

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  • “Daos cuenta del momento en que vivís”: Acaba el año y es hora de preguntarnos: ¿qué hemos vivido estos doce meses? ¿Cómo lo hemos vivido? ¿Hemos sido conscientes de todo aquello que ha sido GRACIA, en un mundo tan herido como el nuestro? ¿Nos damos cuenta de las fortalezas y fragilidades de este año, para actuar en consecuencia?
  • “Ya es hora de espabilarse”: ¿Qué sopores y anestesias conviene dejar a un lado, para vivir en 2017 más espabilados, más despiertos? ¿Qué tiempo precioso podemos recuperar cada día, para crecer y comprometernos, en lugar de vivir “adormecidos”?
  • “Ahora está más cerca la salvación que cuando abrazamos la fe”: Es bueno recordar el camino recorrido en 2016 para reconocer las experiencias de salvación que hemos tenido y cuidarlas como un tesoro precioso. Es importante leer nuestra vida, al menos una vez al año, en clave de historia de salvación.
  • “Dejemos a un lado las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz”. ¿Qué llamadas percibimos para vivir el 2017 con transparencia? ¿Qué tinieblas nos han enredado en 2016 y pueden enredarnos en el nuevo año si no prestamos mucha atención? ¿Cuáles son las armas de la luz que nos ayudarán a vivir en transparencia?

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No sólo hemos decidido que todo irá bien, sino que al acabar el año podemos decidir que todo irá mejor. Será necesario dedicar un tiempo a responder a las cuestiones que hemos señalado, o a otras que nos parezcan pertinentes. De este modo, podemos cerrar el año de un modo consciente, aprendiendo de los errores y siendo realistas a la hora de situarnos ante el nuevo año.

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Pero, tras este ejercicio… ¡vivamos el momento presente!

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