Eco Diario de la Palabra
 

EL CÁNTICO DE ANA (2ª parte): La Alegría de Ana

Retomamos la historia de Ana. Avanzando en ella, sería digna de contemplar la expresión de Ana al saberse embarazada. Qué cántico debió surgir de ella cuando se dio cuenta que estaba encinta. ¿Bailó, se postró, lloró, rio como Sara? Me pregunto cuántas noches oró silenciosamente alabando al Dios que le había salvado antes de hacerlo en el Santuario. ¿Cuántos días, momentos no meditó sobre la grandeza de su Dios, no rememoró las gestas del Dios de Israel? La diferencia era que ahora era su Dios. Ahora tenía una relación personal con Él, no le hablaba solo ella personalmente, Él le había contestado también personalmente. Se tiene noticia, respuesta real y personal de Él. La vida ya no es la misma y la relación con Él, tampoco. Dios ha tocado, trastocado, la propia vida y la percepción de todo. 

La alegría de Ana no es solo porque la han rescatado y librado de la humillación y del dolor de no ser madre. Estoy segura que su alegría sería enorme. Pero el cántico que encontramos es mucho más que descubrir que sus expectativas humanas se cubren. La gran alegría viene de saberse acompañada siempre, que hay alguien que la ama y cuida, que se interesa por ella. La gran alegría de Ana es la de haberse colmado su sed de Dios. Y ya no podrá dejar de hablar de Él con sus palabras, con su mirada, su sonrisa, su forma de andar. Ha sido tocada en su historia. Una vez más el Señor ha confirmado su alianza y su fidelidad. 

Pero sabemos que la oración en la Biblia es cuestión de tres: Dios, la persona que ora y los demás. Ana habla de mi Dios y habla de nuestro Dios. Y su oración, como oración bíblica, es una oración que tiene en cuenta al otro. Su alegría se multiplica al descubrir que Dios está ahí para salvarla, pero no solo a ella. Al identificarse como necesitada, deduce que si Dios ha sido compasivo con ella, es que es el Dios que escucha a los débiles que claman e interviene en su favor. Hay esperanza para ella, hay esperanza para los desvalidos, hay esperanza para el mundo porque el que lo rige no son los hombres sino el Dios todopoderoso y sorprendentemente todo-amoroso y con preferencia del débil. Su alegría y admiración es grande porque el poder no acaba en la fuerza del ser humano, con lo que tendríamos pocas esperanzas en este mundo.  

En su oración Ana recrimina al pueblo explicando por qué lo hace: ante la grandeza del Señor no tiene sentido la arrogancia y la insolencia, es pura ignorancia de quién es Dios. Es conocerle de oídas pero no haberle “visto”, experimentado. No saben quién es. Ella que ha experimentado su poder salvador, que le ha vivido de cerca, les cuenta Quién es, e invita al pueblo a la conversión, a la humildad, a volver a su lugar de criaturas. La palabra definitiva no la tiene el hombre, sino el Señor. Ahí está la esperanza. Su Dios es el Dios que restablece al débil, que invierte el orden establecido en el mundo y que también retomará Jesús: los primeros serán los últimos y los últimos los primeros. 

BUSCANDO: “¡Alégrate!” por José Ángel Beltrán

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“La alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”, con estas palabras comienza el Papa Francisco la “Evangelii gaudium” recordándonos que la alegría está en el centro del mensaje de Cristo y de la vida cristiana.

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Si hablamos de vocación no podemos dejar de hablar de alegría. La alegría constituye y da forma a la vocación a la que Dios nos llama a todos y a cada uno de nosotros. Dios nos quiere felices, nos llama a ser felices y a vivir una vida en plenitud (cf. Jn 10, 10) en la que sepamos disfrutar de todo lo recibido y en la que sepamos transmitir la alegría profunda de su “buena noticia”.

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Es cierto que en el camino personal de cada uno el conflicto y el sufrimiento jugarán un papel  importante. La vida está llena de sinsabores y desesperanza pero es precisamente el encuentro personal con Jesús uno de los mayores motivos para la alegría. Este “Dios encarnado” del que ya hemos hablado es el mismo cuando sufre que cuando celebra. Su gozo, su paz, su mensaje que es capaz de tocar el corazón y movilizarnos sacando lo mejor que Él ya ha puesto dentro de cada uno, su alegría contagiosa que llena de dicha a los que le rodean y “se dejan hacer por Él”… todo es fruto de este encuentro personal que constituye el acontecimiento central de nuestra fe… de nuestra vida.

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La Pascua representa muy bien esta situación al hacernos conscientes de un mensaje que se encarna en la realidad con todas sus consecuencias pero que es capaz de vencer el pecado y la muerte con la fuerza del Amor. Sí, Cristo ha resucitado, su Amor por el mundo es más fuerte y más grande que el pecado. Su resurrección nos trae la paz y la alegría no solo como una promesa escatológica sino como una fuerza capaz de transformar nuestra vida hoy, aquí, ahora.

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Tanto si estamos en búsqueda de la vocación a la que Dios nos llama, como si lo que hacemos es afianzarnos en la vocación recibida, la alegría es una señal segura que indica el camino correcto. Cuando Dios llama despierta en nosotros el deseo más íntimo, su llamada es fuente de gozo, de tal manera que no sólo es capaz de suscitar alegría en uno mismo sino que esa alegría se contagia a todos los que nos rodean.

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Por supuesto que la búsqueda vocacional no está exenta de problemas, tenemos muchas resistencias para dejarnos hacer por Dios y estamos aferrados a muchas cosas en las que buscamos la felicidad… pero solo Dios colma el corazón, y cuando nos dejamos vencer por Él descubrimos la dicha que nos tiene ya preparada como camino personal.

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Así que si quieres vivir vocacionalmente… busca, escucha y… ¡ALÉGRATE!

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Para este mes:

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palabras:

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“Alégrate”… ”todo es posible para Dios”… ”vidas multiplicadas por el Amor”

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Palabra:

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“Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito estad alegres” (Flp 4, 4-5)

  • ¿Qué motivos tengo yo para la alegría?
  • ¿Es mi relación con Dios fuente de alegría para mí?
  • ¿La vocación a la que Dios me llama me llena de alegría?
  • ¿Cómo transmito a los demás la alegría del evangelio?

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José Ángel Beltrán

@tharatar

 
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