Eco Diario de la Palabra
 

SINFONÍA DE LA CREACIÓN 


Es domingo y todo se está preparando para la celebración de la Eucaristía. Van llegando las niñas del coro, bien arregladitas, contentas cuando ven a sus compañeritas y a la maestra que dirige el coro. Sus edades entre 8 y 11 años.  

No me canso de mirarlas y de admirar la labor de la maetra y de estas niñas que se han dejado guiar y preparar. Cada cual sabe lo que tiene que hacer y lo hace con responsabilidad. A la hora de cantar lo hacen al unísono no se oyen voces que sobresalgan, es un placer escucharlas. 

Mi pensamiento vuela a la creación, a la obra maravillosa de Dios en que todo es armonía, bondad y belleza… y vio Dios que todo lo que había hecho era muy bueno. 

En el primer capítulo del Génesis el autor sagrado va haciendo desfilar delante de nuestra imaginación la obra de Dios como quien prepara una casa para ser habitada por un ser querido y esperado. Los elementos de la creación van apareciendo de menos a más y cada cual sabe lo que tiene que hacer: luz, agua, astros y estrellas, tierra, vegetación, animales en el cielo,mar y tierra… y como una música de fondo se repite … y vio Dios que era bueno.  

Es como una gran sinfonía que empieza con una música suave que va creciendo hasta llegar al punto culminante cuando aparece sobre la tierra el ser que Dios ama por encima de todos los demás, con quien se comunica amorosamente, y este amor va perfeccionando cada vez más el ser del hombre y de la mujer.  

A esta sinfonia de colores, y sonidos se unen ahora las voces de los seres humanos que cantan al Creador como cantaban estas niñas en el coro de su iglesia. Y ellos  cantan cada día en todo el mundo las maravillas que Dios hace, no es que Dios las ha hecho en el pasado, es que Dios las hace hoy porque Él es siempre presente, y la humanidad de todos los tiempos sigue entonando  un himno de agradecimiento y alabanza al Padre y Creador.  

No permitamos que esta alabanza se interrumpa, no permitamos que esta armonía, belleza y amor sean destruídos por la falta de amor de las criaturas humanas. La creación que sufre por nuestros errores nos recuerda que hemos sido creados para ser como nuestro Creador.