Eco Diario de la Palabra
 

Resiliencia educativa


¿Y si nuestro reto fuera hacer del ámbito educativo un lugar resiliente?

El enfoque de la resiliencia surge en el ámbito educativo porque existe la necesidad de fortalecer a las personas interiormente para que puedan enfrentarse adecuadamente a las dificultades. «Porque si caigo, me levantaré, y si estoy postrada en tinieblas, Dios es mi luz” (Miqueas 7,8).

La Buena Noticia es que los seres humanos tenemos capacidad para aprender a ser resilientes. El afecto positivo, la aceptación de sí mismo, la ilusión, la alegría, el amor, la generosidad, el optimismo realista, la esperanza, la capacidad de perdonar son destrezas que pueden ser enseñadas, aprendidas y desarrolladas.

Jesús de Nazaret sabe que ha llegado su hora y que su pasión y muerte tendrán un efecto devastador sobre sus discípulos. Se anticipa y los fortalece con el mensaje de que su muerte no será un punto final al proyecto compartido. Los hace resilientes. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto.” Juan 12, 24

En el ámbito educativo, el docente resiliente favorece espacios de comunicación dando oportunidades a todo el alumnado para que establezca vínculos positivos que en algunos casos compensarán sus experiencias negativas de otros contextos sociales. “El profesor resiliente construye resiliencia en los alumnos cuando les acepta y aprecia tal cual son, al margen de su rendimiento académico” Juan de Dios Uriarte.

Según este autor, la principal cualidad del docente para construir un entorno resiliente es el afecto porque “es el alimento básico de la vida humana y sin afectos positivos no hay proyecto educativo que merezca la pena”. Combinarlo con una actitud optimista y un pensamiento positivo es la clave del éxito pues las personas que mantienen una actitud optimista y positiva se centran en los medios que contribuyen hacia la solución, hacia el logro de las metas propuestas.  No en las carencias, en los problemas, en los riesgos.

Los estudiantes resilientes se encuentran a gusto y convierten el aula, el centro escolar, en su segunda casa. Quizá en un posible refugio de otros entornos que no sean adecuados.

“Vivirás seguro porque habrá esperanza, aun después de confundido te acostarás tranquilo” Job 11,18.

¿Estamos construyendo entornos educativos resilientes?