Eco Diario de la Palabra
 

¿qué hace sonreír a Mª CRUZ GRANADOS?


¿qué te hace sonreír? 

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Ante esta pregunta ya esbocé una sonrisa…. ¿Qué me hace sonreír en la vida?

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Esta pregunta resonó en mi interior por varios días… resonó en mi cabeza y en mi corazón… y lo que descubrí finalmente es que lo me hace sonreír son las cosas más sencillas de la vida, aquellas que quizás para muchas personas son insignificantes o pasan desapercibidas…

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Descubrí que desde mi vocación, hace ya años, la sonrisa de un pequeño, un niño/a, ha sido para mí siempre, la sonrisa de Dios, sencilla y tierna, limpia y libre, me sentía contemplada y amada por esa sonrisa, esa sonrisa que fue capaz de transformar y motivar toda mi vida… porque la sonrisa brotaba desde la profundidad de mi ser.

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Ahora que los años han pasado sigo percibiendo esa sonrisa, en lo cotidiano de la vida, transformada de mil maneras, desde la admiración ante la naturaleza, la maceta que veo crecer, alimentada por una gotas de agua en mi habitación, …en el cactus del jardín que ofrece una flor cada cierto tiempo… en el esfuerzo de unas manos maltratadas por la artrosis y que elaboran pequeñas artesanías para ayudar a otros… en el cariño con que se da de comer a una hermana enferma de alzhéimer… en las palabras de aliento que cada día me animan en la tarea diaria… en un whatsapp de una amiga que te recuerda desde la infancia y te pide oraciones… En definitiva en la vida de cada día contemplada con la sonrisa de Dios.

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¿dónde está la fuente de tu alegría?

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Sin dudarlo: en Dios, Él es la fuente de donde mana la alegría que recibo cada día… aunque a veces, no soy consciente de ello.

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Es la alegría que Dios pone en lo profundo de mi corazón, en mis entrañas, que me motiva y me hace ver la vida en todas las tonalidades… y así enfrentarla y acogerla, porque Él va conmigo.

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También he descubierto que la alegría me brota del servicio, poner mi vida a disposición de los hermanos/as, es ya vivir en alegría, darme a los demás con lo que soy y tengo, es vivir en alegría… Es sentir que la vida, para mí, no tiene sentido sino la vivo desde esta clave y por lo tanto hace brotar en lo más profundo de mi ser las ganas de vivir y ser feliz cada día, con la sonrisa de Dios en el corazón. Y por supuesto el sentirme amada y querida por este Dios, ternura y misericordia, encarnado en todas las personas que me rodean y trasmiten  su amor.

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María de la Cruz Granados Varo, Misionera Claretiana