Eco Diario de la Palabra
 

ORAR – PARA QUE TODO VAYA BIEN. Por Consuelo Ferrús.


PARA QUE TODO VAYA BIEN 

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Es nuestro lema: TODO VA BIEN… así lo he decidido. La segunda parte es muy importante. No elegimos las cosas que nos pasan. Sí elegimos cómo vivirlas. Se nos repetirá por activa y por pasiva…

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Desde las pistas de oración queremos hacer una pequeña aportación para esto. Es la ORACIÓN DE INTERCESIÓN. Es decir, rogar por otra persona. Es precioso el episodio en el que Abrahám intercede por el pueblo de Sodoma, regateando ante Dios para evitar la destrucción de este pueblo (Gn 18, 16-33). También se nos recomienda en 1Tim 2, 1 “que elevemos oraciones por todos los hombres”. Vemos en el Evangelio al mismo Jesús intercediendo por otros: todo el capítulo 17 de S.Juan es una oración de intercesión por los discípulos, y por todos los que creerán a través de su testimonio y predicación. El Señor pide por cada uno de nosotros. Pide al Padre que cuide de nosotros. Pide sobre todo la UNIDAD, como el Padre y Él son UNO. Sabe que es algo costoso y que solo con ayuda de Dios podrán vivirla los discípulos.

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En la cruz vuelve a interceder, esta vez por sus enemigos, pide al Padre los perdone (Lc 23, 34)

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Creo en la fuerza y la “eficacia” de la oración de los hermanos y hermanas, vivos o difuntos. Es lo que llamamos la comunión de los santos. Por eso también procuro tener muy en cuenta las necesidades de aquellas personas que me piden a mí que rece por ellas.

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Pero también confieso que no he dejado de preguntarme si es bueno este modo de orar. Y he llegado a la conclusión de que debe ser agradable a Dios. Es una manera de decirle al Padre: acuérdate de… necesita que le eches una Mano. Es una manera de contribuir a que las cosas le vayan mejor a ese hermano nuestro, con la ayuda de Dios. Pues cuando un padre oye a uno de sus hijos o hijas pidiendo, intercediendo por otro hermano o hermana se le conmueven las entrañas y hace todo lo que puede y más por ese hijo más débil o necesitado. Así es Dios. Le pedimos que lo cuide especialmente,  le haga sentir su cariño,  le dé fuerza ante la adversidad, le mueva con creatividad a sacar de dentro todas las posibilidades de superación, que no se hunda…

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Por otra parte, este modo de orar implica poner en el centro al hermano y su necesidad. Implica el olvido de mí y mis historias, grandes o pequeñas, lo cual hace bien porque nos descentra.

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En la práctica, se puede hacer de muchas maneras. La oración de intercesión va por medio de Jesús que es el Intercesor, el Mediador por excelencia entre Dios y el ser humano, y por medio de Él le presentamos a tal o cual persona. Lo traemos a la mente, al corazón y lo depositamos con fe en el Corazón de Dios. Él tiene mucho más interés que nosotros en que ese hijo sea feliz, y nunca lo abandonará.

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También en el Corazón de María Madre, auxiliadora, abogada (como decimos en la Salve) pendiente de las necesidades de sus hijos e hijas, podemos poner a nuestros hermanos. Ofrecer un Rosario en esta clave intercesora, a quien le vaya este tipo de oración vocal. Ella siempre nos devolverá otra tarea: “Haced lo que él diga”. Porque no basta con decir “Señor, Señor” sino hacer la voluntad de Dios, que es vivir en el amor.

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También se puede recitar alguna oración ya compuesta, por ese hermano o hermana. Acompañamos estas pistas con una oración.

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Pidamos con fe. Aceptemos activamente lo que venga, con la misma actitud de María: “Hágase Señor”. Tú Señor sabes lo que más me conviene, aunque ahora no lo entienda, no lo vea. Vivamos siempre el amor. Busquemos el Reino de Dios y su justicia, lo demás se nos dará por añadidura (Mt 6, 33)