Eco Diario de la Palabra
 

ORAR CON EL CRISTO DE LA SONRISA. por Consuelo Ferrús


ORAR CON EL CRISTO DE LA SONRISA

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Proponemos en esta pista un ejercicio de contemplación. La del Cristo del Castillo de Javier, que nos lleva al acontecimiento pascual de Cristo muerto y resucitado, el centro de nuestra fe.

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El Cristo de Javier es un Cristo humano, con un cuerpo bonito, armonioso, digno. No es un Cristo de esos cargados de sangre, dramático y doliente. Guarda las huellas de la muerte, sobre todo esa herida en el pecho, directa al corazón, pero está vivo, porque sonríe y sus ojos están discretamente abiertos.

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Podríamos decir que es un Cristo joánico: un Cristo sereno y victorioso asentado en la cruz como en un trono de gloria. Su contemplación da paz y alegre serenidad. Es famoso por su sonrisa, con lo que parece que puede ilustrar bien el lema de que todo va bien… ¿incluso sobre una cruz?

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CRISTO-SONRISA-2El Cristo de Javier acoge y sonríe especialmente al que se acerca desde abajo a contemplarlo, lo cual ya es una invitación a la pequeñez, a situarnos como Él al comienzo de su pasión: a los pies de sus amigos, amando hasta el extremo. El Cristo de Javier sonriendo, en su serena  majestad parece decirnos el secreto de la vida pascual: el amor es más fuerte que la muerte. La alegría brota de la entrega, no en vano la contemplación de este cristo debió marcar la infancia de un gran misionero, S. Francisco Javier.

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La alegría brota de la certeza de que al final todo acaba bien, porque la última palabra la tiene el Dios de la vida, que no podía permitir que se perdiera la vida del ser humano que más amó, haciéndose obediente hasta la muerte y  muerte de cruz. Por eso, levantado en la cruz atrae a todos hacia sí (Jn 12, 32)

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  • Contempla la imagen entera en primer lugar. Fíjate en los detalles: la postura, las venas, la llaga… ¿Qué sentimientos provoca en ti?

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  • Enfoca tu atención en la cara, lo más llamativo de esta imagen. Contémplalo, como si estuvieras presente ante él, desde abajo y por el lado derecho de la imagen, desde donde más se percibe el semblante sonriente. Contempla en silencio. Es impresionante. Luego dialoga con tu Cristo: ¿por qué sonríes? ¿dónde está el secreto de tu alegría, de tu confianza? Deja que te responda con calma. VIVE LA PASCUA desde esas claves.

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Consuelo Ferrús,rmi

@consuelormi

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