Eco Diario de la Palabra
 

ORAR AL COMPÁS. Por Consuelo Ferrús.


ORAR AL COMPÁS. ORACIÓN 10 ANIVERSARIO 

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Proponemos este mes como pista la misma oración que realizamos en la celebración del pasado día 14 de enero.

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Las distintas intervenciones en la celebración tenían un denominador común. ¿cuál creéis?… pues la palabra ACOMPASANDO: con qué palabra se “traduce” en la Biblia, en la búsqueda diaria del querer de Dios, de felicidad, acompasando en la música, en la poesía y JPIC…

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Al tratar de sugerir una pista de oración caemos en cuenta de que la vida, la naturaleza, el cosmos tiene un ritmo inscrito, un compás. Se van sucediendo los días, estaciones, el año, también en la liturgia… En esta sección de acompasando habrá quedado ya claro que se puede orar de muchísimas maneras, en todo tiempo y lugar. Si se trata de acompasar nuestra vida con Dios, de caminar a su ritmo, vamos a realizar una sencillísima oración que es también una pista para cualquier momento.

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Todo en la naturaleza es ritmo, pero ¡no lo sabe!, simplemente lo vive. La grandeza del ser humano está en poder hacerse consciente de ello. Vamos a tomar consciencia de nuestro ritmo vital.

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En sus palabras de felicitación a la web, Miguel ángel Vázquez afirmaba lo siguiente: “Dicen que si dos personas se miran fijamente a los ojos durante el suficiente tiempo (no es necesario demasiado) los latidos del corazón de ambas se acompasan de forma automática”… ¿no os parece impresionante?

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Este texto nos da algunas pistas para la oración: Mirar y Acompasar latidos. 

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  • ImagenVamos a cerrar los ojos y concentramos la mirada del corazón en el corazón de Dios, que es todo amor“El mirar de Dios es amar” (S.Juan de la Cruz). “Mire que le mira. Y le acompañe y le hable y pida y se humille y regale con Él-” (Sta. Teresa de Jesús. V13). Mírale. Los ojos son el espejo del alma, transmiten diáfanamente lo que llevamos por dentro, lo que somos. Y así, con esta transparencia miramos a Dios y nos dejamos mirar por Él, que nos conoce bien, muy bien (Sal 138) y vamos alimentando nuestra mirada de fe.

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  • Puedes acompañar la mirada del corazón con un ejercicio de imaginación con los sentidos… métete en la escena de la última Cena en la que Juan apoya su cabeza en el pecho de Jesús. Lo más seguro es que escuchara su latido… descansa tú también tu cabeza en su corazón. Y escucha. Y acompasa.

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  • Por último escuchamos el latido de nuestro corazón, y concentramos la atención en la respiración. Un tiempo suficientemente largo, hasta ir percibiendo el sosiego y la paz de todo nuestro ser… hasta poder llegar a sentir que somos seres habitados, por Aquel que nos mira, nos cuida, nos sustenta.

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Orar sería eso: una mirada a los ojos, ¡durante el suficiente tiempo! Para que nuestro latido vital se vaya acompasando cada momento al de Dios, sin disonancias ni estridencias… suavemente, libremente, consentidamente. Es lo mejor que nos puede pasar. ¡Y podemos hacer prácticas en cualquier momento!

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