Eco Diario de la Palabra
 

OCTAVA CANDELA · JANUKÁ (VIII)


Octava Candela

Somos como ondas del mismo mar, perturbaciones que crean la apariencia de que nos hallamos ante olas individuales pero que no son nada sin otras olas, y no son nada sin el mar. Las olas existen porque existe el mar.

Sentimos que algo nos transciende e intentamos conectarnos, alinearnos con ello. En ocasiones la tarea es no desacoplarnos. Somos la fuerza que nos agarra por el talón. Somos Jacob. Sufrimos transformaciones, cruzamos el río Yabok, luchamos en la noche y nos sobreponemos. Luchamos porque ansiamos conectarnos a lo transcendente. Entonces nos convertimos en Israel (ישראל). Reconocemos que somos parte de esa realidad transcendente, nos sentimos determinados por ella, inmersos en ella.  

Esa realidad es nuestro Elohim. Esa realidad es Única, es la Existencia. Todo es Dios. 

Por eso tras encender la octava candela sólo cabe una rotunda afirmación: SHEMÁ ISRAEL, ADONAI ELOHENU, ADONAI EJAD. Comprende Israel, Adonai (=YHWH, la Existencia) es nuestro Elohim, Adonai es UNO. 

Y como siempre, en un murmullo, concluiremos: BARUJ SHEM KEVOD MALJUTÓ LEOLAM VA ED. Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre jamás.