Eco Diario de la Palabra
 

Mucha annuntiatio y poca incarnatio


En la sociedad actual, hay muchos anuncios y pocas encarnaciones. A los que dicen llamarse políticos (no muchos merecen ese digno nombre) se les llena la boca de promesas y anuncios que luego quedan en nada. La “información” se reduce a meros titulares, a cual más escandaloso, por cierto. Nos apuntamos a cualquier reenvío solidario en facebook sin comprobar siquiera la fuente. Retuits, likes… con una ligera pulsación en la pantalla de nuestro smartphone nos adherimos a una gran causa en change.org en menos que un reinicio del móvil.

¿A cuántas de estas causas dedicamos algo más que el tiempo de leer el titular?

Sobran anuncios y faltan encarnaciones. Sin encarnación, todo anuncio es fanfarria, humo, sal que se vuelve sosa.

Hoy se celebra en la iglesia católica un anuncio, la Anunciación del Arcángel San Gabriel a María, que no tiene nada de irrelevante. Porque vino acompañado de un Sí que cambió nuestra historia. Un Sí que desembocó en la Encarnación del Emmanuel, Dios- con-nosotros.

No es extraño que en la pintura barroca cuando se representa el momento de la Encarnación, justo después de la Anunciación, al ángel Gabriel se le suela pintar en gesto de reverencia, muchas veces arrodillado. Porque el Verbo se hizo CARNE y habitó entre nosotros. Sobrecogedor. Hasta para un ángel con graduación como Gabriel.