Eco Diario de la Palabra
 

MÍSTICA DE LA ECOLOGÍA UNIVERSAL: EL CARRO SIEMPRE DETRÁS DE LOS BUEYES.


(…) Toda la naturaleza, además de manifestar a Dios, es lugar de su presencia. En cada criatura habita su Espíritu vivificante que nos llama a una relación con él. El descubrimiento de esta presencia estimula en nosotros el desarrollo de las «virtudes ecológicas». Pero cuando decimos esto, no olvidamos que también existe una distancia infinita, que las cosas de este mundo no poseen la plenitud de Dios. De otro modo, tampoco haríamos un bien a las criaturas, porque no reconoceríamos su propio y verdadero lugar, y terminaríamos exigiéndoles indebidamente lo que en su pequeñez no nos pueden dar (Laudato si, 88)

El carro delante de los bueyes, se dice en castellano cervantino. ¿Quieres hacer tu apuesta por el medio ambiente? Comienza por ecologizar tu interior.

Generalmente somos las personas las que nos complicamos la vida. Y, cuando la vivimos así de complicada (trabajos, responsabilidades, agenda repleta,… pura ley, en lenguaje paulino), nos damos cuenta, tras insistir largo tiempo (algunos somos bien insistentes), de que el reseco y el vacío interior nos encienden el piloto que nos avisa: te has alejado demasiado tiempo del surtidor que colma tu corazón: tú no eres lo que haces (ni lo que hiciste o lo que harás), ni lo que proyectas, ni lo que piensas (ni tan siquiera sobre ti), ni lo que sientes o deseas o crees… Todo eso tiene su lugar ecológico en lo que eres y estás llamado a ser, y en cuanto existe, pero en este caso el orden de los factores sí que altera el producto y el reseco interior nos avisa de un orden equivocado. El carro jamás puede ir delante de los bueyes.

Pero el buen Dios, y esto es lo mejor de todo, no deja de emplear todo para nuestro bien (cf. Rom 8,28), a través de esta sed que nos alumbra cual antorcha en noche oscura, «sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía» (cf. JUAN DE LA CRUZ, Noche oscura). Nos abre verdadera y maravillosamente los ojos (fe) y la Vida mayúscula, la Vida de calidad.

«Lo único que hay que encarar es que la vida es así de simple: vivimos en un mundo que es absolutamente transparente y Dios brilla por doquier a través de él. Esto no es solo una bonita historia, es verdad. Dios se manifiesta en todo lugar, en todo ser» (Thomas Merton). El Espíritu de Dios brilla por y para ti. Personal e intransferiblemente. Desde el fondo del infierno hasta al techo del cielo. En cada célula, microorganismo, árbol, montaña o desierto, mínimo atisbo de vida o compleja vida animal. Para defenderlo, primero hay que amarlo. Y para amarlo, primero hay que escucharlo. Y escuchar, de verdad, es volver al primer amor (cf. Ap 2,4-5). Luchar por su dignidad es, entonces, primerísimamente conectar con la epifanía que mana de ellos cuando simplificamos las tonterías de la vida, que son, por cierto, más muerte que vida. Y si la manifestación, la acción-protesta o la reflexión no brotan de aquí, el piloto se te volverá a poner en rojo, indicando peligro. El carro nunca delante de los bueyes, por favor.

¿Quieres hacer tu apuesta por el medio ambiente? Comienza por ecologizar tu interior. Hazle caso a Sócrates, el misterioso trabajador de la estación de servicio de la película El guerrero pacífico, cuando le dice al joven veinteañero que aparentemente lo tiene todo para ser feliz y, no obstante, no puede dormir por las noches: «Saca la basura Dan. La basura está aquí dentro. Basura es todo aquello que te aleja de lo único y verdaderamente importante: este momento, aquí y ahora. Cuando logres sacar la basura te sorprenderá todo lo que puedes hacer (y proyectar, sentir, desear, creer… ) y lo bien que lo haces».