Eco Diario de la Palabra
 

LOS BESOS DE NUESTRA VIDA


Hoy, 13 de abril, se celebra el Día Internacional del Beso, una fecha curiosa a partir de un evento curioso. El 13 de abril de 2013 una pareja tailandesa protagonizó el beso más largo de la historia (hasta ahora): 58 horas 35 minutos y 58 segundos.

Si entendemos beso como la acción de unir los labios dos personas, muchos de los besos de nuestra vida quedarían fuera. Recuerdo, por ejemplo, a Maléfica, la versión del clásico de Blancanieves protagonizado por Angelina Jolie. Al final, como manda la tradición, la maldición de la muerte se rompe “con un beso de amor verdadero”. Y para no hacer spoiler si alguien aún no lo ha visto, sólo diré que no es el Príncipe.

Estamos a puertas de iniciar la Semana Santa. La tradición cristiana aporta uno de los besos más famosos: el de Judas. Sin duda, también alguno de estos forman parte de nuestra personal historia, ya sea porque los hemos protagonizado, sufrido o simplemente hemos sido testigos.

Judas. ¡Qué cercano a nosotros! Sin duda, si la señal para entregar a Jesús era un beso, es porque no era algo que a nadie le fuera a extrañar. Cuando queremos a alguien, le besamos. Y nos gusta que nos bese. Quizá por eso, pocas cosas hacen más daño que un beso falso, hueco, vacío, incómodo, mentiroso.

Si un beso de amor verdadero nos puede devolver a la vida, como a Blancanieves, también nos puede sostener en la vida y en las cruces y en los Getsemaní que vengan. Lo peor de un beso mentiroso no es sólo que nos vende y nos entrega a quien no nos quiere bien, sino que acaba por destrozarnos a nosotros mismos. Por dentro.

Besémonos con verdad. Con vida. Con amor del bueno. Y si alguna vez tenemos el alma un tanto envenenada o el corazón decepcionado y revuelto, mejor no besemos. Eso nunca acaba bien.