Eco Diario de la Palabra
 

Lo que hiciste a otro ser humano, me lo hiciste a Mi


Mateo 25, 25-34

Vengan benditos de mi Padre, porque tuve hambre, tuve sed…. Y me socorristes… ¿Cuándo? No recuerdo haberte visto hambriento, sediento… ¿ni siquiera recuerdo haberte visto? La verdad es que me paso la vida sin verte ni oírte, son tan pocas las veces que puedo percibir tu presencia y entonces la oscuridad de mi vida se ilumina con tu presencia, pero esto no sucede casi nunca… Siempre que lo hiciste para otro ser humano necesitado, me lo hiciste a Mi.  

Sí, podría recordar muchos rostros concretos, gente buena que da de lo suyo, se da  sí mismo a los más pequeños. Dios se lo pagará sobreabundantemente… siempre que lo hiciste a alguno de mis hermanos más pequeños… Son esas personas buenas que hacen realidad hoy la parábola del Evangelio.

Pensé también en la repercusión de cualquier obra buena en el corazón y en el recuerdo de quienes lo reciben. Tal vez a algunos les sirva para descubrir la presencia de Dios, a otros a despertar el deseo de hacer el bien cuando sean mayores, a otros cómo ser buenos y compasivos y acogedores con sus compañeros. El bien se propaga y nos invita a imitarlo. Gracias a todos los que os decidís a empezar una cadena de bondad y alegría en  nuestro mundo empezando siempre por los más pequeños.