Eco Diario de la Palabra
 

La vida con­sa­gra­da pre­sen­cia del amor de Dios


Jornada VC 2019

Los obis­pos es­pa­ño­les recuerdan  este año que “la vida con­sa­gra­da es pre­sen­cia del amor de Dios. Dice Papa Be­ne­dic­to XVI en el primer número de la Deus Caritas Est “Hemos creído en el amor de Dios […] No se co­mien­za a ser cris­tiano por una de­ci­sión éti­ca o una gran idea, sino por el en­cuen­tro con un acon­te­ci­mien­to, con una Per­so­na, que da un nue­vo ho­ri­zon­te a la vida…

 Me piden que, como laico, escriba sobre la vida consagrada. Para mí no existe la vida consagrada. No sé teorizar sobre ella. Para mí existen personas consagradas. Personas con las que he tenido muchos encuentros a lo largo de mi vida.

Hay quienes tuvieron ese encuentro con consagrados y les trajo oscuridad. A algunos esa oscuridad les acompañará y empañará el resto de su vida, no sólo de fe. Rezo por el ensombrecido y el que trajo la sombra…

No es mi caso. Consagrados y consagradas, amigos y hermanas, hermanos y amigas, han configurado en gran medida mi modo de creer en el amor de Dios. Decir eso es muy heavy, tanto o más que en el caso anterior, pero es completamente así. 

Recito el padrenuestro, poco a poco, y no leo teologías ni exégesis, veo encuentros, veo rostros:

Padre nuestro que estás en el cielo… y veo a quien me mostró que Dios no es mi padre, sino nuestro padre. Y que no es Padre, sino Papá… y Mamá.

Santificado sea tu nombre… y veo a quien, en su debilidad, se hace caridad, partiendo-se y repartiendo-se abandonandose en el nombre perfecto de Dios: el Amor.

Venga a nosotros tu Reino… y veo hombres y mujeres con fino olfato para casi pre-sentir las necesidades de quien tiene tiene frío, o hambre, o sed, o se siente solo, o desgraciada, o desplazado, o maltratada… y acudir al encuentro, dando vida, tiempo, silencio y palabra.

Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo… y veo consagradas castigadas, fatigadas, consagrados enjuiciados, envejecidos, pero que saben en Quién han confiado.

Danos hoy nuestro pan de cada día… y veo consagrados que, viviendo la Providencia, me enseñaron a CONFIAR.

Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…   y veo personas con hábito (de tela o de espíritu) a las que no se les caen los anillos por pedir perdón.

No nos dejes caer en la tentación… y veo hermanos y hermanas que, en situaciones muy concretas, han sido para mí rostro vivo de Dios Misericordia.

Y líbranos del mal… y veo amigos y amigas que se dejaron moldear, acrisolar, a veces por el fuego, a veces por silencio, a veces por las caídas, para vaciarse, para convertirse en puro recipiente.

Rostros de carne y hueso. Rostros débiles, algunas veces incongruentes y malhumorados. Otras, algo apáticos o un poco mandones. De barro al fin. Como nosotros… Pero ellos y ellas se fiaron. Dijeron sí. Fiat. Para toda la vida. Se nota. Y me gusta.