Eco Diario de la Palabra
 

LA LLAMADA (la película)


Fue como cuando estás dormido y, sin darte cuenta, te caes de la cama. Nos sentamos a ver esta película en familia con muchas expectativas y debo deciros que las ha superado con creces. La llamada es una película transgresora, moderna y, por qué no decirlo, hasta kafkiana y surrealista. El que quiera encontrarle defectos, como la verosimilitud con la vida de un campamento parroquial, la verdadera realidad de las religiosas de hoy en día o alguna que otra escena disonante, pues claro, la encontrará. Sin embargo, es asombrosamente gratificante encontrar una película española tratando a la Iglesia con bastante respeto y, para más inri, tratando el tema de la vocación. Todavía estoy alucinando, y con nominaciones a Goyas y todo. De locos y sumamente arriesgada para sus directores. 

El tema de La llamada es la vocación. La vocación a todo, a lo que estamos llamados cada uno de nosotros según nuestra realidad o condición, pero, sobre todas las cosas, la vocación de encontrarse con Dios. Y este es el punto interesante de la película, porque el Dios que se le aparece a María, una de las adolescentes protagonistas, nada tiene que ver con la imagen tradicional que tenemos de Él, sino con la que puede tener un joven de hoy en día. Y la respuesta a esa llamada que espera Dios, tampoco coincide con aquel Magnificat mariano al que nos tiene acostumbrados la Iglesia. No, la respuesta es sui generis, al estilo de lo que esperaría una joven del siglo XXI, desde lo que cada uno es, con el lenguaje que domina y desde su pobre o rica realidad. 

Creo la Nueva Evangelización pasa por ficciones como esta, con buen sentido del humor, algo disparatadas, pero respetuosas, llenas de sentido y eficaces a la hora de llegar a los más jóvenes. Sé que a algunos les espantará, pero a la mayoría, no. La llamada, entre otras cosas, plantea el dilema existente en la Iglesia, un dilema de lenguaje y formas. El Dios de María y Susana, con apenas 17 años, no entiende el lenguaje decimonónico y ancestral con el que se transmite el Evangelio a veces. El Dios de María y Susana enamora, convence y llama, y se viste a su manera y sabe escuchar a su manera.  

Digo yo, como decía Jesús en la parábola: vino viejo, pero en odres nuevos. Pero ¡cómo cuesta! ¿Verdad?