Eco Diario de la Palabra
 

HA VENIDO!!!… NAVIDAD 16


TIEMPO DE NAVIDAD:  Juan 1, 1- 18. 

 HA VENIDO Y QUÉ BIEN ME VIENE! 

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En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. 

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. 

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. 

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: ‘El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.'» 

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer. 

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¡Créeme! Ha venido a mi casa ¡y me ha venido muy bien!: muchos no me creerán, pero me ha venido bien que venga a mi casa, que es la suya. Desconfío tantas veces… me cierro en banda tantas otras… No escucho. Busco la forma de “salirme con la mía”…

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Pero hay veces, misteriosamente, que Él consigue tocar mi corazón, mi mira y me dejo mirar por Él. Y es esos momentos, cuando le abro mi casa. Le recibo. No hace falta que sea Navidad. Sólo que en estos días me doy más cuenta…

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¡¡Qué tristeza acercarte a los tuyos, de tu carne y tu sangre, y que no te reciban!!

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¡Que duro sentir que se te cierran las puertas entre los más cercanos…

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Quizá es por eso, que cuando somos más humanos, divinamente humanos, y abrimos nuestras vidas y nuestras casas a quien viene,  se nos da “el poder de ser hijos de Dios”, de ser hermanos de los hermanos…

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¿No te parece suficiente regalo? Definitivamente, ¡qué bien nos viene que vengas, Jesús! Gracias Señor.

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