Eco Diario de la Palabra
 

¡¡HA RESUCITADO!! La resurrección de lo verdaderamente humano


Estamos en la cincuentena pascual, cincuenta días para poder entender y «gustar internamente» el gran grito de júbilo de la Vigilia Pascual: ¡¡HA RESUCITADO!! Pero ¿cómo anunciar con alegría la Resurrección de Jesús en medio de un mundo repleto de muertes? 

Demasiadas «malas noticias»… ¿Cómo de grande es esa «buena noticia» del evangelio que nos dice que «la muerte no tiene la última palabra»? ¿Tan grande como para conseguir que mi mirada hacia el mundo en el que me toca vivir sea positiva, esperanzada, amable? ¿Tan grande como para hacerme capaz de «creer contra toda esperanza»?

Esa Buena Noticia que de parte de Dios nos trajo Jesús a Él le costó la vida. Esa es la cuestión. Anunciar la Vida, trabajar por la Vida, cuidar la Vida, cargar y en-cargarse de la Vida en la vida de cada día, en la vida concreta de cada uno/a MOLESTA, ayer, hoy y, quizá, siempre.

Si algo pone ante nuestros ojos el recorrido de los textos evangélicos de la Semana Santa es el poder atroz del mal y la absoluta vulnerabilidad del Bien. La contundencia destructora de lo egoico y la mansedumbre silenciosa de lo Esencial. Me explico: es lo que siempre hemos dicho todos, que el mal «hace mucho ruido» y al bien no se le oye, pero en la vida de Jesús y de todos quienes han secundado el brillo de la Luz que nos habita, esa Luz, esa Bondad que somos sí hace ruido, hace ruido molesto en el oído de los que no quieren ver, ni oír, ni que les molesten. El Bien es un chirrido insoportable en los oídos de los poderes de este mundo. Por eso, en cada cultura, en cada época, se calla la boca al limpio, al bondadoso, cuidado: no al tonto/a que ni se entera y es un/a «bueno/ bobalicón/na». Quien molesta es la persona que dejándose traspasar por la Bondad, Belleza y Verdad que nos habita, lo anuncia y al hacerlo denuncia toda injusticia o perversión de lo genuinamente humano. Los místicos, los santos, los profetas y visionarios, quien no puede callar ante lo torcido e injusto, molestan siempre a quien está instalado en el poder, sea éste del tipo que sea.

Sin embargo, quien se deja penetrar por la fuerza renovadora de Espíritu, lejos de pretender destruir, anhela re-construir, tender puentes, aunar fuerzas, crear una mesa compartida en la que todos y todas tengan su lugar. La” marca” de quien viene “de parte de Dios” es la misericordia, el amor a todos y todas, la acogida universal; la denuncia del pecado, sí, pero la misericordIa hacia el pecador.

Afirmar que Cristo ha resucitado no es decir que ya todo está bien, no es esperar cruzados de brazos la llegada de la Jerusalén Celestial, sino anunciarlo en medio del diario y generalizado pisoteo de los derechos humanos. No podemos ser ingenuos, la Humanidad sufre y Dios con ella. Tú y yo, nosotros cristianos ¿qué gestos concretos haremos que anuncien la resurrección de lo verdaderamente humano?