Eco Diario de la Palabra
 

Grietas y posibilidades


No hace mucho que he sabido que el actor español más solicitado en Hollywood es un tal Javier Botet. Él sufre el síndrome de Marfan, por lo que midiendo dos metros pesa solo sesenta kilos. Aunque se lo rifan para rodar películas de miedo, él reconoce que no le contratan por su peculiar cuerpo, sino por el modo en que ha aprendido a moverlo. Lo que podría parecer un límite se ha transformado en una posibilidad de convertirle en un actor único.

A Pablo le debió pasar algo parecido. No sabemos muy bien qué es lo que le pasaba, pero sí que le pidió al Señor que le librara de alguna dolencia física (2Cor 12,7-8). Aunque al principio se rebelaba contra su situación, descubrió que Dios utiliza nuestras fragilidades para hacer evidente su fuerza. Experimentó que nuestras grietas personales, esas que nos gustaría reparar y cambiar, son en realidad la oportunidad que encuentra el Resucitado para “colarse” en nuestra existencia y entrar ahí donde no siempre le dejamos hueco.

Aunque a veces nos cuesta reconciliarnos con nuestros “puntos débiles”, estos se convierten en la excusa perfecta para reconocer nuestra vulnerabilidad, que nos acerca e iguala a las demás personas, y en plataforma desde la que intuir lo que Dios es capaz de hacer en nuestra vida si le dejamos. Nosotros, como Javier Botet, también podemos aprender a “mover” nuestra fragilidad de tal manera que se convierta en posibilidad más que en limitación, en espacio privilegiado en el que la fortaleza de Otro se muestre evidente para nosotros y para los demás.