Eco Diario de la Palabra
 

Gracias, Señor, he crecido


Y me miro al espejo 

del agua 

-del alma- 

transparente, 

siempre transparente. 

 

Y veo el fruto y la siembra y la espera 

y he crecido. 

 

Soy mis raíces y tu savia 

y el buen sol y el aire fresco. 

También las heladas del invierno 

que me hacían creer muerta 

por dentro. 

 

Y no era cierto. 

Iba creciendo. 

 

Soy lo que soy por pura gracia. 

Por pura savia tuya. 

También por honda poda. 

 

Has cuidado mi vida y lo agradezco. 

Sólo me queda repartir mi sombra 

con todo aquel que llegue 

hasta mi tronco.