Eco Diario de la Palabra
 

¡FELICES AQUELLOS CUYOS DÍAS SON TODOS IGUALES!. Oración


Lo mismo les es un día que otro,

lo mismo un mes que un día,

y un año lo mismo que un mes.

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Han vencido al tiempo; viven sobre él,

y no sujetos a él.

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No hay para ellos más que las diferencias del alba,

la mañana, el mediodía, la tarde y la noche;

la primavera, el estío, el otoño y el invierno.

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Se acuestan tranquilos, esperando el nuevo día,

y se levantan alegres a vivirlo.

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Vuelven todos los días a vivir el mismo día.

Rara vez se forman idea de su Señor,

porque viven en él, y no lo piensan,

sino que lo viven.

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Viven a Dios, que es más que pensarlo, sentirlo o quererlo.

Su oración no es algo que se destaca y separa

de sus demás actos,

ni necesitan recogerse para hacerla,

porque su vida toda es oración.

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Oran viviendo.

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Y por fin mueren como muere la claridad del día

al venir la noche, yendo a brillar en otra región.

¡Santa sencillez! Una vez perdida no se recobra.

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Miguel de Unamuno