Eco Diario de la Palabra
 

ERES TÚ?… SIGO ESPERANDO?… TERCERA SEMANA ADVIENTO 2016


TERCERA SEMANA DE ADVIENTO. Mateo (11, 2-11): 

 ¿ERES TÚ …  O TENGO QUE SEGUIR ESPERANDO? 

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En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!» Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.» Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.» 

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¿Eres tú o tengo que seguir esperando? Cuantas veces en la vida tenemos ideas prefabricadas, juicios previos (pre-juicios) sobre la vida, las personas, los acontecimientos,  ¡¡sobre Dios mismo!!

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“Esto tiene que pasar así y así… Esta persona no tendría que hacer esto o aquello… Cuando pase tal asunto, entonces ocurrirá tal y tal…”  Con frecuencia son velos, etiquetas, muros que levantamos y nos impiden el encuentro de tú a ti con el otro, con la realidad. No digamos con Dios… ¡Cuánto nos cuesta a veces identificar a Dios y no dudar de dónde y cómo se hace presente! ¿Esto será de Dios?, ¿será mi imaginación?, ¿me estaré engañando?…

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Vamos a olvidar esos pre-juicios, esas expectativas cerradas. El Adviento, nuevamente,  es una invitación a abrirle nuestra puerta, dejar que venga Él tal como es; que cene con nosotros, nos regale su mirada, su perdón, su amor, y haga con nosotros eso que tan bien sabe hacer: liberarnos. Sanarnos. Acompañarnos. Seguro que superará todas nuestras expectativas. ¡Nos viene muy bien que venga!! ¿A quién se le ocurriría perderse su mejor regalo que es Él mismo? 

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