Eco Diario de la Palabra
 

En una cultura de la banalidad: ¡VÉ MÁS ALLÁ!


Cada persona tiene ante sí un camino a recorrer. Se trata del camino que va desde “lo que uno ha nacido” hacia “lo que uno ES”. Así lo expresaba el magnífico George Moustaki: “Crecer es elegir hasta convertir lo que uno ha nacido en lo que uno es”. 

El hecho de nacer no nos asegura nada y en el caso del ser humano queda bien claro. Necesitamos muchos años para poder “manejarnos” en la vida, tener un oficio y alcanzar la maestría en él, formar una familia o asumir un compromiso comunitario. Solemos pensar que todo esto es algo normal simplemente porque es lo que hace todo el mundo. No obstante, desarrollar al máximo todas nuestras capacidades físicas, mentales, emocionales y espirituales es una labor de titanes.

La mejor manera de explicarlo sería copiar aquí el mito de la Caverna de Platón. Para quienes lo recordéis os propongo imaginar que la cueva o caverna que propone Platón sería hoy una cómoda casa y en ella personas sentadas en su sofá viendo día tras día la TV, mirando su tablet, móvil u ordenador y creyendo que esa es la vida real: lo que esos medios dicen, las imágenes que en ellos se proyectan, las ideas que allí se proponen… Podría ser también un bar con una super pantalla para ver el fútbol o un cine abarrotado de gente comiendo palomitas mientras disfruta de una película comercial. Hoy seguimos encerrados en cavernas y creyendo que las sombras que en sus paredes se proyectan son toda la realidad existente.

Pero la Vida se nos da como oportunidad para desplegarnos. La Vida, una vez en camino no puede estancarse. Quedarse quieto es morir. Creer que uno ya lo sabe todo es morir, es apretar más y más las cadenas que nos aprisionan y que nos impiden ver la Luz que hay tras todas las atrayentes sombras que nos entretienen.

Y es que la banalidad sigue siendo la enfermedad del ser humano. La banalización es una práctica manera de no asumir el riesgo de Ser. En una cultura de la banalidad la atención al Ser pleno no es contemplada como posible objetivo de la vida de una persona. ¡Qué facilidad tiene nuestro “modus vivendi” para distraernos de lo esencial y hacernos vivir la vida como un espectáculo!

Sin embargo, la llamada de Dios sigue resonando: “¡VE MÁS ALLÁ!”. ¡Sal de la prisión y atrévete a mirar la Luz de toda luz! En ella brilla lo que tú eres, tu verdadera identidad. No has venido a este mundo a vivir dormido o medio despierto. La Vida te ha sido regalada, ahora… ¡LEVÁNTATE Y RECORRE TU CAMINO!