Eco Diario de la Palabra
 

EL OLVIDO DE SÍ de Pablo D’Ors


EL OLVIDO DE SÍ

de D’Ors, Pablo

(Ed. Pre-Textos)

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amisa narrativa contem.Como lectura para este octubre misionero, os proponemos un obra biográfica sobre Carlos de Foucauld, “El olvido de sí”.

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Quizá nunca antes hayas oído hablar de él… Carlos, nació en el seno de una familia adinera, de la nobleza francesa del s. XIX. Tuvo una infancia difícil y una adolescencia especialmente problemática, marcada por la rebeldía, la apatía… Muy pronto se alistó en el ejército, destacando por su carácter juerguista, indisciplinado y mujeriego… por ello fue destinado al norte de África, donde participó en distintas campañas militares en Marruecos y Argelia. Ése sería su primer contacto con el mundo musulmán y cambiaría su vida radicalmente, aunque él aún no lo supiera…

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Después de una profunda experiencia de Dios decidió dejar atrás su vida como militar, para ingresar en un monasterio trapense, donde vivió varios años. Pero su espíritu inquieto le hizo abandonar la  comodidad de la abadía, para llevar una vida en soledad, eremítica… Tras años de intensa lucha interior, regresó de nuevo a la tierra que tan profundamente le había marcado, África, estableciéndose en Argelia, en la región del Sahara, donde entró en contacto con los pueblos locales, a los que intentó presentar el mensaje del Evangelio.

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Su recorrido vital no fue sencillo, pero su tenacidad, su pasión y sobre todo, la fuerte experiencia del amor y la presencia de Dios en su vida, le han convertido en uno de los místicos más importantes de la época moderna.

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“El olvido de sí” nos presenta a un hombre cercano, sencillo, en búsqueda constante de la voluntad de Dios… que intenta encarnar en su vida el Evangelio y ser testimonio para otros del amor del Dios, tal y como se recoge en el siguiente fragmento del libro:

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“Pocos servicios sociales son tan buenos y necesarios como el de escuchar a los demás (…) ¿Cuándo habrá sido la última vez que alguien haya escuchado a toda esta gente?, me preguntaba. Y, como ya no padecía de ese celo evangelizador con que en otros tiempos había malentendido mi misión, les escuchaba sin prisa, convencido de que sólo con aquella escucha la semilla del Evangelio quedaría sembrada. Así fue: me propuse no evangelizar y, curiosamente, empecé a hacerlo. En realidad, se hable o no de Dios, siempre se evangeliza si se lleva a Cristo dentro. (…) He querido que mirándome, el mundo pudiera decir: “¡Mirad cómo ama!”. Y ser interrogante, convencido como estoy de que el Evangelio es, fundamentalmente, una interpelación.”

Puedes leer alguno de los capítulos de la novela: aquí

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Jovita Álvarez

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