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Todos somos bellas personas


enero 11

La ley de Moisés era implacable con los leprosos: no sólo tenían una enfermedad que les iba aniquilando físicamente, sino que, además, eran unos malditos a los ojos de Dios. Su enfermedad era claramente un castigo por sus pecados y su deformidad física no era otra cosa que un reflejo de su miseria espiritual. Por eso nadie podía tocarlos y no tenían derecho a entrar el Templo, la casa de Dios.

Jesús, el mismo que entendió que su misión era proclamar el año de gracia del Señor y no el día de su desquite, incumple la ley, extiende su mano y toca a un leproso para curarlo. Jesús puso a la persona por encima de su condición de enfermo y por encima de la ley sagrada.

Si Dios existe, no es para maldecir, sino para perdonar.  Si Dios existe, no puede ser un Dios que castiga a las personas de forma tan cruel, enviándoles la lepra. Lo que el Dios cristiano desea transmitir a las personas que sufren tanto dolor y rechazo es que, a sus ojos de padre, todas sus criaturas son amadas, bellas y cercanas.

Así que, en el mundo, hay dos tipos de personas: las que se acercan a las realidades miserables para aliviar su dolor y las que se cambian de acera cuando las ven de lejos. ¿Cuál de ellas eres tú?

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Fecha:
enero 11
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