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Quiero ser Tierra buena, y dar abundante fruto de tu amor


enero 30

El sembrador esparce semillas en todo tipo de terreno, de forma indiscriminada, abundantemente. ¿Qué sembrador actúa así? ¿Quién deja caer semillas al borde del camino, o en terreno pedregoso, o entre zarzas… sabiendo que se van a echar a perder? ¿Qué sentido tiene sembrar así? Es que Dios no es un sembrador “normal”, Dios hace salir el sol sobre malos y buenos, hace llover sobre justos e injustos… Dios es compasivo y nos acoge a todos, a pesar de todo… Dios quiere darnos a todos la oportunidad de que demos fruto, aunque corra el riesgo de perder las semillas valiosas.

Tú eres el terreno donde el Señor arroja abundantemente la semilla. Ahora depende de ti el terreno que quieres ser para acoger su Palabra. ¿Cuántas semillas caen a tu alrededor pero no dejas que entren en tu corazón? ¿Cuántas no echan raíz en tu vida y se secan sus brotes? ¿Cuántas caen entre zarzas y las espinas las ahogan? Depende de ti convertirte en terreno bueno, abundante, sin piedras ni espinas… trabajado y cultivado con cuidado.

Pero también hay que aprender a esperar los frutos. A veces el invierno se hace largo, es difícil ver la lentitud del crecimiento, pero ¡la semilla sigue creciendo aunque no veamos nada! Ya vendrá la cosecha. Los frutos se ven a su tiempo y hay que saber esperar con fe.

Señor, hoy vienes a mi tierra dispuesto a sembrar tu mensaje en ella. Ayúdame a escucharte, a aceptar tu Palabra, a echar raíz en mi corazón. Dame sabiduría para descubrir cuáles son las piedras y espinas que la impiden crecer. Quiero ser tierra buena, saber acogerte, regarte, cuidarte… hasta que dé su fruto.

Detalles

Fecha:
enero 30
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