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DANOS LOCOS, SEÑOR


enero 26

Me imagino que, en ese instante, Jesús no pudo aguantar más y debió de explotar.

Y me viene a la mente ese Jesús de Un Señor como Dios manda y esa carta de despedida que le escribe a su madre, María: «A veces, madre, cuando llegaba el cartero y sonaba la trompetilla en la plaza del pueblo, cuando la gente acudía corriendo alrededor, yo me fijaba en esas caras que esperan ansiosamente, de cualquier parte y con cualquier remite, una buena noticia. ¡Hubieran dado la mitad de sus vidas para que alguien les hubiera abierto, desde fuera, un boquete en el cascarón! Me venían ganas de ponerme en medio y gritarles: ¡La noticia buena ya ha llegado! ¡El Reino de Dios está dentro de vosotros! ¡Las mejores cartas os van a llegar de dentro! ¿Por qué os repetís que estáis cojos si resulta que Dios os ha dado piernas de gacela?

El ansia de quien ha descubierto algo fabuloso y quiere que los demás también lo descubran, lo sientan.

Por otro lado, me imagino que ese momento debió de suponer para Jesús un gran aprendizaje: saber esperar el momento, respetar procesos, tener paciencia…

Y, entre tanto, sus parientes fueron a por él y decían que estaba loco.

¡Danos de esos locos, Señor! (busca esta oración, de L.J. Lebret y reza con ella)

 

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Fecha:
enero 26
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