Eco Diario de la Palabra
 

BUSCANDO: UNA MISIÓN TE ESPERA. Por Santi Casanova


UNA MISIÓN TE ESPERA 

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Se acaba el viaje. No hay mucho más que decir. No hay mucho más que pensar. Tal vez, amigo, amiga, ha llegado la hora de las decisiones. Porque la vida no nos la jugamos con las ideas y con los deseos, la vida nos la jugamos con nuestras opciones y nuestras acciones. El subidón de la Pascua ya ha concluido. Muchos subidones de nuestra vida se han ido diluyendo y ha llegado la hora de la fidelidad, de la valentía, de la fuerza, del Espíritu…

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Hay muchas cosas que no van bien ahí afuera. Muchas personas, con nombres y apellidos, que sufren cada día la injusticia, el dolor, la indiferencia, la soledad, la pobreza, el fanatismo, la incomprensión, la violencia… El mundo está herido. Siempre lo ha estado y tú, sencillamente, no vas a arreglarlo. No se trata de eso. No se trata de ponerse la capa de Superman y demostrar a todos lo bueno que tú eres. Ni siquiera Dios espera una demostración. Se trata de caminar, de salir, de dar pasos, de abrir puertas, de comprometer un poquito de corazón, de vivir con menos, de darse más, de cansarse, de perder seguridad, de estar dispuesto a dar lo mejor de ti…

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La verdadera misión no se afronta desde el “yo”. No es una actividad para crecer uno, para formarse, para sentirse mejor, para ganarse la propia salvación. Uno no elige la misión sino que es llevado a ella. Uno escucha la voz del que le llama y simplemente opta por responder en positivo o en negativo. La misión va a vaciarme, a ponerme contra las cuerdas, a cuestionarme, a zarandear mi fe, a examinar mi corazón, a probar mis fuerzas y mi aguante y mi confianza…

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El “todo va bien” de este año no puede tener mejor final, porque sólo se entiende desde la donación, desde el seguimiento, desde el abajamiento, desde la alegría de cumplir la voluntad de Aquel que me conoce, que me ama, que cuenta conmigo. Todos los que han caminado antes de nosotros y han dicho SÍ a la misión encomendada, todos ellos, probaron el sabor de la verdadera alegría, de la auténtica felicidad, pese a las dificultades, las incomprensiones, las persecuciones o los sacrificios. Porque nada tiene comparación con confiar en el Padre y abrir con confianza la puerta de lo que nos tiene preparado.

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Llega el verano. Tómate tu tiempo. Descansa y celebra la vida. Y rumia todo esto en tu corazón. Pide valentía y se te dará. Ya lo verás. ¡Felices vacaciones!

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