Eco Diario de la Palabra
 

buscando: TODO VA BIEN… SI TE DEJAS ENCONTRAR. Por Santi Casanova


Se abre el telón.

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De los focos sale una luz blanca, tímida, que llena el escenario de intimidad.

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En el patio de butacas, sólo yo.

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Acostumbrado a los focos juguetones, a los colores cambiantes, al ruido de los escaparates fugaces de mi propia existencia, me cuesta afrontar un comienzo donde nada parece suceder, donde la banda sonora de la obra es el silencio, donde la historia que se me ofrece parece no estar ni siquiera escrita. Acostumbrado a ir, a hacer, a enseñar, a convocar, a estudiar, a trabajar, a cuidar, a componer… me cuesta simplemente ser.

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Comienza el curso. Es el décimo ya de esta web y uno más, de muchos, para las personas que están detrás y para los que, como tú, os acercáis por delante. Y esta sección, incombustible, va a pretender tender puentes para aquellos que decidan situar su vida en un éxodo continuo, en una búsqueda permanente. Pero no vamos a buscar pokémons, no vamos a buscar respuestas, no vamos a buscar el lugar más cercano en google para calmar nuestras ansias de felicidad, no vamos a buscar pareja ni vamos a buscar tesoros. La propuesta que os lanzo es, si cabe, más apasionante.

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Mirar el escenario vacío, antes tan incómodo, empieza a gustarme. A la cabeza me viene la primera vez que mi madre me llevó a un teatro o las risas con mi novia en aquella comedia tan buena que disfrutamos en su cumpleaños. Recuerdo la primera vez que me vestí de príncipe para hacer las delicias de mi hijo y de sus pequeños compañeros, en una obra de teatro de papis y mamis. Sonrío sin querer y saboreo los recuerdos, los deseos, los sueños que se me agolpan. Traigo a la mente grandes papeles protagonistas de mi vida, sugerentes secundarios, olvidos de guión, disfraces, máscaras, los muchos “yo” que he sido tantas veces… El patio de butacas, antes vacío, empieza a llenarse de nombres, de rostros… Parece que está llegando el clímax dramático de la obra porque mi corazón, inquieto, late fuertemente y con rapidez.

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Y ahí, en el silencio de un escenario vacío y tenuamente iluminado, acompañado de mi soledad, redescubro que soy amado por tantos… y pienso en Dios y en su amor incondicional que hace que en mi vida, con todo y pese a todo, todo vaya bien. Me levanto y aplaudo emocionado, entregado.

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Ese es el viaje que os propongo: transitar del “soy lo que hago” al “soy lo que recibo”, transitar del “buscar” al “dejarse encontrar”. Lo haremos despacio y parando en siete lugares que nos pertenecen y que, aunque los conocemos, os invito a redescubrir. Siete dimensiones en las que dejarse encontrar para comprobar que, como dice nuestro lema de este curso, TODO VA BIEN. ¿Os saco los billetes? Encantado de ir acompañado y acompasando mi vida con la tuya. Nada va a ser igual a la vuelta. Ningún viaje deja indiferente, ningún viaje devuelve a casa al mismo que partió de ella.

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Un abrazo fraterno –

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Santi Casanova

@scasanovam