Eco Diario de la Palabra
 

BUSCANDO: LA VIDA HACE FALTA LEERLA Por Santi Casanova


LA VIDA HACE FALTA LEERLA 

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Dicen los expertos que Jesús no hablaba en parábolas porque las personas que tuviera delante fueran “cortitas”. Hemos pensado tantas veces que el Señor contaba historias porque era la única manera de que los que le escuchaban le entendieran… ¿Y si esto no fuera exactamente así? ¿Y si Jesús quisiera revelarnos algo? ¿Y si Jesús nos estuviera intentando decir que a Dios es mejor contarlo y narrarlo que definirlo y describirlo? ¿Y si Jesús nos estuviera insinuando lo que los antiguos intuyeron también antes que él: la importancia de la narración, de la historia, del cuento… para entenderlo casi todo?

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Estamos dejando de leer y de escribir. Nos estamos acortando hasta caber en un tuit. Nos estamos convirtiendo en titulares de nuestra propia vida, pero en el camino nos dejamos muchas veces el cuerpo de la misma. Estamos olvidando que necesitamos leernos, narrarnos, contarnos nuestra vida y la de otros, pararnos a estudiar, a aprender, a pensar, a discurrir, a argumentar, a justificar, a construirnos también desde la mente que se nos ha dado…

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Es triste comprobar cómo los niños pasan años en el colegio sin adquirir realmente, la mayoría de ellos, gusto por el estudio, por el conocer, por el cuestionarse, por el lenguaje, la filosofía, la historia, el razonamiento lógico y deductivo, las reglas matemáticas… Hemos convertido el estudio en una tarea y, a veces, en un infierno por el que hay que pasar, como precio del éxito que queremos alcanzar de mayor. La intelectualidad y la lectura son peajes para una calificación, para un futuro de ensoñación… Hemos olvidado ayudarles a “perder el tiempo” narrándose, contándose, construyendo su propia historia, conociéndose a partir de la historia que Otro ha hecho con él… 

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En esta parada de nuestro viaje, yo te animo a parar y a redescubrir el placer de conocer, de saber, de aprender, de estudiar, de leer, de escribir… ¡Nunca es una pérdida de tiempo! ¡No suele haber cosas ni más importantes ni más urgentes que hacer! Así que no lo dudes. La capacidad intelectual es también alimento de la espiritual y viceversa. Estudiamos para ser mejores. Leemos para ser mejores. Aprendemos para ser mejores. No en un sentido técnico o profesional, sino en un sentido profundo, que habla del desarrollo pleno de aquello que somos, de aquello que se nos ha dado.

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Si has perdido la práctica, poco a poco. Busca un rincón, un momento, una música suave y no te quedes atrás. Proponte algo. Y multiplícate, crece, expande tu interior y emprende el vuelo. La mediocridad y la incultura son un síntoma de una podredumbre mayor. No te abandones a ella. El Señor ama a los pobres pero vomita de su boca a los tibios. ¡A por todas!