Eco Diario de la Palabra
 

buscando: EN CUERPO Y ALMA Por Santi Casanova


EN CUERPO Y ALMA

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Hace unas semanas, un profesor de grado de Ciencias Religiosas comentaba, no sin cierta dramática ironía, que proponía que el próximo Jubileo fuera, sin duda, el Jubileo de la Inactividad. Tras la risa generalizada en clase, terminaba su propuesta con una inquietante afirmación: “No duramos ni cinco minutos sin hacer nada”. Me dio mucho que pensar.

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Parece que en nuestra genética eclesial, portamos la convicción de que es mejor cristiano quién más “hace”, quién más Reino “construye”; haciendo realidad aquella pregunta que caracterizaba a los que se acercaban a Juan el Bautista, a orillas del Jordán: “Juan, ¿qué debemos hacer?”. ¿A qué tú también llevas en tus genes un poco de esto? Convertimos nuestro compromiso en una sucesión de reuniones, de días sin noches, de tardes enteras, de paredes sin horizontes, de cansancios inhumanos… ¡Todo por la salvación! ¡Todo revestido de un toque de entrega que camufle nuestra convicción de que nos salvaremos por nuestros propios medios, de que “nos merecemos” el amor de Dios!

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¿Cuándo descubriremos tú y yo que somos cuencos hechos para recibir y no tanto para dar? ¿Cuándo descubriremos que toda palabra ya fue dicha, que toda acción ya fue hecha, que todo amor ya fue consumado? ¿Cuándo nos enteraremos que no somos lo que hacemos sino lo que recibimos? Cuando nos demos cuenta de esto, gestionaremos nuestro tiempo de otra manera y seremos capaces de entender que lo que hoy llamamos “tiempo para nosotros” es también “tiempo y lugar de encuentro con el que se dio definitivamente”. Entonces sabremos sentir a Dios en nuestro silencio, encontrarlo en nuestra soledad, saborearlo al calor de una buena comida alrededor de una mesa, escuchar su voz tras la notas de alguna pieza de Tchaikovsky o de Bach, de verlo en el simple brillo de nuestros ojos descansados en una bonita mañana de sábado o domingo, tras una semana de locos hasta arriba de trabajo.

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Cuidarse no es un derecho sino una obligación. Y eso incluye nuestro cuerpo, a la par que nuestro espíritu. No somos compartimentos estancos, piezas unidas. Cuerpo y espíritu van juntos y forman en nosotros una unidad indivisible. Procurarnos una sana alimentación, hacer deporte, cuidar nuestra imagen exterior, dormir y descansar… son actividades de valor espiritual tan alto como postrarse en oración o echar las horas ayudando en la asociación del barrio que se encarga de trabajar con ancianos y personas descartadas. ¿Cuándo entenderemos esto?

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Todo va bien si descubrimos a Dios en todo. Nuestros cinco sentidos son camino privilegiado para encontrarle. Jesús fue un gran maestro en esto. Nosotros, todavía no nos lo creemos. Ha llegado la hora. Párate, descansa, admira la belleza de lo que tienes alrededor, vete a correr un ratito, una cenita sana y luego la oración de la noche. Recuerda que hasta Dios descansó en la creación y así hizo del descanso, también, un sacramento.

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Un abrazo fraterno

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Santi Casanova

@scasanovam